E seguimos chorando pola nai

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Fotografías de Álvaro Arribi, deportivista alucinante (http://alvaro-arribi.squarespace.com/)

El resultado nos da igual

Hay un banco en la Plaza de Portugal en el que veíamos desde las ventanas de clase cómo el insigne dealer Naranjito le comía los morros día-sí-día-también a la hija del director de estudios. Allí mismo, años más tarde, sin más pelotón de fusilamiento que los nervios, tuve a bien consumir apresuradamente una botella de Brugal añejo para pasar el trago, regalando tan solo una sexta parte de ella a mis amigos no tanto por cortesía sino por temor a que la ingesta me impidiera llegar al campo por mis propios medios. Los hay que al pisar grada se quedan de espaldas; yo asumo que pasaré el encuentro apoyado en el urinario.

Luego Dani pasearía la bandera y todo se magnificaría. Para cuando recogieron los restos de la fiesta, de la orquesta solo quedaba un quinteto de cuerda.
Y el centro de la zaga bastante cojo.

Un año después decidí tomármelo con calma y fui a beber la misma cantidad pero a un sótano y con un solo amigo. Organizamos una especie de misa negra en la que no sabíamos que la cabra a sacrificar era de nuestro rebaño. Al salir y ver la luz hiriente del día reflejada sobre la cascada del Palacio de la Ópera, el golpe fue suficiente para que cuando llegamos a la Plaza de Pontevedra ya nos habíamos perdido el uno del otro. Ya en el partido y desde el baño, recé padrenuestros a moreas para que Riki estuviera marcando hasta con las cejas pero eso jamás llegó a ocurrir así que decidí ir resbalando poco a poco hacia una casa donde resguardarme. Cuando Twitter me confirmó lo inevitable – lo indefectible – me quedé dormido sentado en el suelo apoyado en una pared de la cocina. Así me encontró la madre de la que era mi novia, con la bufanda asida aún en la mano mientras el perro me lamía las lágrimas resecas de las mejillas.

Cuando desperté, el flaco ya no estaba allí.

Al parecer solo se había quedado a consolar a la chica hasta que vinieran las amigas.

No sé si fue la bebida la que hizo que creásemos a un monstruo. En la derrota cruel se abrieron esclusas de llantos, quejas y chivos expiatorios. ¡Nosotros! Que la vida se nos perdió en un minuto, que en el pitido de inicio ya vislumbramos la derrota, ¡nosotros! Ahora nos veníamos con quejas de un Griezmann insufrible, de txuri-urdin que no querían ascender, hasta flotaban rabias lejanas de un Aduriz pidiendo perdón y por poco abroncamos a la media tonelada de toro que mató a Manolete porque Hacienda no quisiera negociar.

 

Nosotros, que éramos reyes.

 

Media hora después de medianoche, Xisco acababa de marcar al Nástic con el lagrimal a punto de caramelo y el encargado de la gasolinera de enfrente de mi casa cruzaba a pie el puente de Alfonso Molina. Cuando vio a los bailarines negociar con las pieles del oso entre los chorros de la fuente les gritó ¡idiotas! pero su voz la apagaron los coches frunciendo bocinas nerviosas. Así nos lucía. Seguro que hay algún bar de Los Mallos bajos en el que siguen gritando el gol de Silvio. Seguro que siguen creyendo que Filipe sacó la otomana por nosotros. Algo habría que aprender del Lugo, de todos aquellos a los que encontramos en aquellas noches en las que, prepotentes, les deseábamos que subiesen a Primera y nos contestaban “¡no me jodas, espero que no!”.

No olviden quiénes son. No olvidemos quiénes somos. Tampoco quienes éramos.

Trece años antes, temblando desde el minuto 4 se apostaron sin miedo en el paraavalanchas los nuestros, esa república del chandal, de camisetas con faldones, mucho antes de que la Roma y la Azzurra tanto daño hicieran a nuestros michelines. Cuando encendieron la tele se vieron allí, pailanes perdidos, y mientras tanto los jugadores volvían a casa a las tantas como quien llega de campamento y sus madres, brazos en jarras inquirieron, ¿pero qué pelo me traes? – yo qué sé mamá, todos lo hicieron y tras ver que Ramudo se levantaba resignado, claro que todos lo hicieron.

Según el único registro válido, la hipérbole de la voz popular, se juró que al igual que en mayo del 68 en la cancha había seiscientascincuentamil personas. A mí no me busquen en la foto, yo estaba recogido alcohol-free en un Barrio de las Flores en el que se le iban cayendo uno a uno los prejuicios de los bolsillos a los señores mientras sus parientas aplaudían apurando un mostito GREIP. No me avergüenzo, Maradó tampoco estaba allí, vigilaba desde su hospitalcito que el de Ñuls o el de Vélez no se hicieran daño con el 10 escondido que llevaban a la espalda por si marcaban. Pero marcó Donato y el resto de la historia ya la conocen: A. Orejuela, va por ti, ánimo. Tanto da, El Diego acabó resucitando al tercer día como era previsible.

Se logró todo y la vida siguió igual. Seguimos siendo un reducto galo hecho de planes a corto plazo, temblorosos e infames, jaleando todavía a Arbeloa, Wilhelmsson, Desmarets. Bancaríamos a cualquiera que nos regalase una lambreta en un domingo lluvioso. Y ahí la belleza.

Vuelve ahora una noche de esas en las que de camino al estadio no se sabe a que hora se volverá. Pase lo que pase, beberemos igual. Y no es que no tenga importancia el resultado, Dios quiera nos contrate la ETT para una nueva temporada en Primera, enorgulleciendo a nuestros padres, llegamos de nuevo sin experiencia exigida, contrato por obra, precariedad y al parecer mucha proyección y posibilidad de contrato fijo. Del salario atractivo ni hablamos y si la comida se la traen en un tupper eso es lo que llevamos adelantado.

Pero estaremos contentos. Pediremos poquito. Que bote Tino, tanto que se le escapen ofertas de trabajo. Que vuelva la wifi a la sala de prensa. Que crezcan enredaderas de la botánica capilar de Sissoko que lo aten a los bancos del Paseo. Que sigan causando ardores en el sur. Que se vengan los buenos. Que vuelvan a acunar al protegido de la Sagrada, que obliguen a que juegue por decreto todos los partidos de Liga, con la bandera de Los Suaves a la espalda, con los latidos de Daniela en la cabeza, con la respiración de la grada en su nuca.

Tengo en el ordenador unas imágenes con Daniel De La Cuesta. Acabábamos de ascender y posábamos para una foto aún dentro de Riazor con nuestras bufandas. Esos tres segundos hasta que el momentáneo fotógrafo se dio cuenta de que estaba grabando un video transcurren con una sonrisa impostada, infantil, agotada, más nerviosa que antes de empezar. Un año más tarde salíamos fatal en todas las fotos. No se olviden de ninguna de esas noches. No se olviden tampoco de la que viene.

Lo mejor de aquel funeral fue el beso que vino a darle Lionel al cadáver. Todos mis amigos tienen fotos con él antes del partido. Yo me las perdí porque me cogió meando por cuarta vez en la previa, en un árbol de un lateral de Las Esclavas. Fue ese momento preciso, al igual que había pronosticado el flaco, en el que sé que empezamos a ascender.

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*por @erikskauch

Augusto y Juan Carlos a Contraluz, futuro de subjuntivo

A medida que pasaban los años, la imagen acabó pareciéndole casi el recuerdo de una vida anterior, deformado, disfrazado, con fragmentos olvidados, esa capital de los sueños en la que había vivido, en la que incluso había figurado entre su legítima nobleza. Al principio le había suplicado a Merle, llorando como solo ella sabía llorar, que por favor regresaran, por favor, y él nunca supo cómo explicarle que a esas alturas seguramente la mayor parte del recinto ferial había sido reducido a cenizas, desmantelado, trasladado a vertederos, saldado, destrozado, con el staff y las estructuras de madera a merced de los elementos, de los malos tiempos, traídos por la mano humana, que se habían abatido sobre Chicago y la nación. Al cabo de unos meses, sus lágrimas sólo reflejaban la luz, pero ya no caían, y ella se sumía en el silencio, y éste también, poco a poco, fue perdiendo su matiz de resentimiento.*

*tomado de Contraluz, de Thomas Pynchon.

Dépor – Las Palmas, J22

Jornada 22 de la Liga Adelante 2013-2014. Domingo 19 de enero.

R.C. Deportivo 1 – 2 UD Las Palmas (Luis (p), 9; Nauzet Alemán (p), 14; Aythami, 66)

Vestidos como íbamos, mentalmente vestidos como íbamos a la despedida y al reencuentro y a la protesta, dispuestos a encontrar algún símbolo de grandeza que nos tocase el pecho, como mínimo los ojos o las sienes, así vestidos fuimos el fondo de la foto borrosa del día. Emociones fuertes, nada, agobio. No apetece decir más sobre Lendoiro, que ayer volvió a ganar varias batallas, que muere ganando y en silencio o con You shook me all night long a lo lejos. Valerón volvió a su casa como nuevo, tocó algo de afrobeat con su orquesta morena, levantó la mano, las cejas, apretó los labios en el escenario como queriendo decir qué verde era mi valle. El pueblo, ante estas imágenes, no supo muy bien qué hacer. El vendaval, que es su insignia, fue intermitente. No hizo de cada córner un asedio. Se mostró nervioso durante el partido, gritó en la puerta 0, pero algo no acabó de cuajar. Todo parecía enrarecido.

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En el campo, Seoane, Bezerra y Teles por Laure, Machete y Bergantiños, igual a encías sensibles. Luisiño titular, Domínguez iniciando jugada, y Juan Carlos en el banquillo, con los brazos en cruz, aguantando unos tomos de poesía medieval galego-portuguesa, preguntándose qué ha hecho para que un fumeta con rastas y un insecto palo tengan más chance que él en el equipo. El caso es que un derribo en el área de los amarillos (ayer negros) y penalti a las primeras de cambio, transformado por Luis. El caso es que cinco minutos después penalti de Ínsua enfrente de los Blues y empate. Igualdad en el marcador y en el juego, con un buen Las Palmas y un Deportivo mermado pero tenaz. Si la cosa te aburría, siempre tenías la posibilidad de echar un ojo a las porterías y ver en un lado a Lux y en el otro a Barbosa, sus pelambreras, su estilo cauto elegantísimo. En el descanso, el Presidente bajó al césped a recoger una placa y Vázquez le dijo a Cachicote que se quedara en la ducha pensando en la lentitud. Entró Wilk, añorado. Paulo Teles se metió arriba, dando sensación de poder. Fue una buena noticia. También la de Núñez, quien parecía estar jugando en Craven Cottage. El esfuerzo blanquiazul, sin embargo, no cameló a la suerte, y mediada la segunda parte fue Las Palmas quien se puso por delante aprovechando una serie de rechaces dentro del área. Una nube negra cubría al jugador que acababa de marcar. Era Aythami. Poco después entraba Bastón por Teles, el empate rozaba las gargantas, pero el remar sólo servía para constatar que el equipo está tocado pero es fuerte. Toché y Salomao, primeros refuerzos invernales, se hacían a la idea desde la grada. Grada rota. Vuelta a empezar.

Acrobacias

Aprovechando la visita de Jose Luis Oltra a Riazor, queremos recordar con estas fotografías al entrenador del último ascenso y a todos aquellos que ya no están con nosotros. Gracias por hacernos felices. Forza Dépor!

(Todo el material cedido por nuestro extraordinario colaborador alvaroarribi.com)

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UD Las Palmas – Dépor, J1

Jornada 1 de la Liga Adelante 2013-2014. Sábado 17 de agosto.

U.D. Las Palmas 0-1 R.C. Deportivo (Insua, 50).

Llegó el Dépor a Gran Canaria con la sombrilla, el cubo, la pala, las aletas de buceo y cierto aire a despedida de soltero: vas, porque tienes que ir, pero nunca sabes cómo vas a acabar. Azul y blanco de Segunda, fontanería Vázquez, ilusión porque 20.000 te animan desde el stream con una Estrella en la mano y “¡¡¡Pita el final!!!” resonando contra la pantalla del ordenador. El equipo se sintió cómodo y resultón. Venga, sal a bailar que tú lo haces fenomenal. ¡Salimos!, gritaba Lux. Culio muy suelto, respingón, amigo muy pesado y Gama con sus detallitos: un día te trae flores, otro bombones y a veces, si le dejas, te canta un fado mientras la toca desde la derecha. Renunciaremos a leer su carta de despedida. Un Dépor de la casa, de orquesta y bailar agarrados, poseído por la posesión de JuanDo, por el vitalismo de Luis, que aún no es Suárez, pero también muerde, y armado hasta los dientes en el caparazón de Insúa, kaiser del pulpo en Arzúa. Los cachelos los puso Arizmendi, plantando patatas con el arado que fue siempre su nariz mirando al suelo. Arizmendi es tan pantanoso que puede que lo haya inaugurado Franco hace 60 años y todavía nadie nos lo ha comentado. Todo fue. No dolió. Su-su-suave. Aclimatados, casi ni sentimos que Valerón estaba por allí. De amarillo. Casi ambar. Sin hacer ni deshacer, Administrador Concursal de la mediapunta canaria. Se sufrió como haciendo cola en La Bombilla cuando llueve y una de tortilla para el árbitro, más que perdonado por no entender los asados de Culio. ¿Candidatos? Joder.

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