Una odisea ibérica

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“Hay más posibilidades de ver a un cerdo volando por encima del Bernabéu que de que yo rectifique”

El primer cerdo volando que ví en mi vida no fue el de Pink Floyd. En la edad de oro de su carrera como entrenador John Benjamin Toshack era un dandy, un outsider a lo Frank Zappa. JB supo integrarse en una nueva cultura (blanca), con tipos como José María García y la gente del Marca. El titular de dicho periódico con el cerdo volando fue, es y será la portada de una Ópera Rock llena de ritmos transgresores y melodías que rozan lo épico. A pesar de no vender muchos discos, con esta obra de arte se ganó un despido y 500 millones de pesetas de indemnización: sus palabras generaron ríos de tinta que bañaron las comidas de navidad de gran parte del país en el año 1999 (sin olvidarnos de todos los hits que fue dejando en su odisea ibérica). Mucho antes de que otro profano como Mourinho se colase en los sueños, deseos y pesadillas de muchos periodistas, las intervenciones de JB en el teatro de las ruedas de prensa y las entrevistas de la casa blanca dejaron perlas que todavía huelen frescas. Lo realizado como entrenador a nivel deportivo y a nivel de comunicación durante sus dos etapas en el Real Madrid ha dejado un legado conservado durante quince años y en el cual José Mourinho ha puesto la última piedra. La verdad es que, antes de hablar de Mou, prefiero imaginarme los jetos de Anelka mientras viciaba con la PS ONE, pero eso es otra historia.

“Soy un cabrón simpático”

En su segundo año en A Coruña y tras una larga racha si perder en Liga, llega el Barça y vence a un Dépor a golpe de talonario pero sin capacidad para encandilar a la torcida. Tras la derrota, JB declara que el 30 de junio deja el club y la gente explota con un “go home, J”. En ese momento, como diría Cañita, se rumorea que Johan Cruyff o Luís Aragonés podrían sucederle. Parecía que el banquillo blanquiazul gozaba de un alto prestigio, pero amigo mío: era sólo un oasis en el desierto. De Corral y Silva poco se puede decir, pero qué gozada suponía ver a Mickael Madar congelado el aire, dentro del área rival, con esa melena a lo último mohicano. Es interesante ver a Toshack como todo lo contrario a su antecesor, Arsenio. Si la relación del Zorro de Arteixo con la afición se asemejaba a un matrimonio santificado, la llegada del galés supuso un periodo de paganismo, lujuria, infidelidad y magia negra. El oscuro ritual comenzó nada más llegar a Alvedro, cuando los periodistas fueron de caza a por el nuevo coach y se toparon con un tajante rechazo por parte de JB: ese mismo día concedió una entrevista exclusiva a José María García y el día de la presentación iba acompañado por dos redactores de Marca. Como si se tratara de un chamán, un santero o un orisha, JB cuidaba mucho su imagen para que el ritual tuviera el poder hipnótico necesario. En París, antes de aquella semifinal de Recopa contra el PSG, cuentan que se presentó en rueda de prensa con una poción mágica de sangre de unicornio. En Chipre, atendió a los periodistas en el hotel vestido con un bañador y con una birra en la mano.

“Los lunes siempre pienso en cambiar a diez jugadores, los martes a siete u ocho, los jueves a cuatro, los viernes a dos y el sábado ya pienso que tienen que jugar los mismos cabrones”

Que su Madrid con Schuster, Míchel o Hugo Sánchez lograra el que hasta hace poco era el récord de goles en Primera no asegura que la preparación de sus equipos fuese un punto fuerte: a falta de controles anti-dopping, nadie sabe si el brebaje mágico de JB podía mejorar el rendimiento deportivo de sus pupilos. Fuera como fuese, en el Deportivo no funcionó, aquí somos más de ajos y meigas. No le quedaba más remedio que sacar a relucir una de sus mayores virtudes, la motivación. Si no, pregúntenle a Paco Jémez:

Era un tipo que no tenía medida, la verdad. Era como era, pero era muy gracioso. Recuerdo un entrenamiento en el que yo tenía una molestia en el tobillo, que te lo vendabas como podías y tirabas, pero me dolía de verdad y no podía. Estábamos chutando a puerta y yo le estaba dando fatal. Entonces se me quedó mirando: “Qué te pasa?” preguntó. “Pues que cuando le pego al balón me duele”. Y contestó con su acento galés: “Sí, ya, ya, ya. A todos también nos duele cuando le pegas al balón”. Era un tío gracioso, pero había que aguantarlo.

Y la de Bebeto, joder. Salimos a jugar la primera parte contra el Albacete, el brasileño tuvo dos de esas que nunca fallaba y no las metió. Bebeto decía: “me cago en el puto sol”. Es cierto que el sol se ponía por la portería de Marathon y es cierto que él no era de buscar excusas. Pues en el descanso, una vez en vestuarios, Tosahck no le dijo nada especial, pero le dejó caer que había fallado dos. Ellos ya tenían muy mala relación y entonces hubo un momento en el que Bebeto se vió agredido, acosado, parecía que el otro le estaba culpando y dijo, me acuerdo como si fuera hoy: “Crees que yo tengo la culpa? Muy bien, vamos cero a cero. No hay ningún problema, me voy a mi casa”. Se quitó la camiseta, las botas y se fue a la ducha. Tuvimos que ir detrás Mauro, Donato y yo, los que llevábamos tiempo allí, y él: “No, no, no juego más en este equipo”. Lo tuvimos que sacar de la ducha entre todos, decirle que no le diese importancia, secarlo, volverlo a vestir, y cuando salió al campo… cuatro. Metió cuatro. En nada, en diez minutos. Si le ves volver al vestuario buscando a Toshack como una fiera. Y el galés nada, ya no estaba, se había ido al hotel.

“Chernóbil? creía que era un lateral izquierdo del Dinamo de Kiev”

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Tres años de amor de verano

Llegaste en un paquete raro de más allá de Los Alpes, 1996, con el bárbaro salvaje Micky y el pequeño Coco cubierto de miel, tan dulce y bonito. Cara de niño, parecer callado, todavía dibujabas sirenas en la playa cuando te encontramos, seguro que leyendo ya a Sartre hasta las tantas en cualquier rincón de Montpellier, perdiéndote en el Fabre con un walkman y cualquier mierda extraña sonando. Tú, que fuiste la apuesta de Toshack -mito galés, profeta en Donosti, coruñés fallido-, una de tantas, que te trajo a tus 23, ya capitán en las inferiores de Francia, ya tan extraño, ya tan ansioso por deambular sin rumbo en las noches de La Corogne. Mira el francés cómo galopa la banda, cómo su centro toma la rosca y muerde tenso, cómo retorna atusándose el pelo, pasando de todo quisqui. Con Silva, Corral y los brasucas ya te habías comido a Nando. Eras el puto ídolo, Jérôme. El amor de la grada. Y, de repente, la chispa que encendía tus demonios. Antisocial, malvado rostro de galán francés, oscuro Vincent Gallo en Tetro. Pero tu canción seguía sonando. General clamaba por ti. Todos los niños clamábamos por ti.

“Aquello que viene al mundo para no perturbar nada no merece ni consideraciones ni paciencia”, René Char, poeta parisino.

No lo viste mientras hacías el amor con los chicles en el banquillo, Jabo. No viste que venía a corromper para siempre la banda izquierda, que nada más había que ponerlo hasta arriba de morfina, nada más que mamadas diarias y chococrispis para desayunar. No lo viste, no querías verlo, lo que él merecía. Preferiste la simpleza, lo plano, lo laxo. Tenías la curva y los picos, la clase y el talento, el aforismo irreductible, el temperamento de un rebelde. Teníamos a Jérôme y nos lo arrebataste, pasaste de paciencias y cuidados. ¿Para qué otro gallo en el corral? Ya sudabas frío con Feitosa y Noureddine apareciendo en tu cama del Tryp todas la noches, moviendo las cortinas y tirando la foto de tu familia al suelo, descolocándote los cromos de ciclistas. Miraste para otro lado. Vete lejos, le dijiste todas las semanas, enjaulando a la fiera. Vete lejos, no quiero más tijeras, que no quiero que también a mí me rompas la nariz.

Así cedió Iruretagoyena, camelado por el víbora Romero, jerezano de izquierda suave y falsa sonrisa. Te mandaron al matadero los dos y levantaste el vuelo orgulloso para volver a cantar La Marsellesa camino de Burdeos, dejando posos de poesía y garra, desequilibrio y roturas. Una zurda de encaje, el temperamento de los grandes. Fuego y hielo. Indescifrable mirada, un libro bajo el brazo, ataques de ira. Pequeño demonio solitario, intelectual agresivo, odio repentino, el puto Michael Douglas en un Día de Furia destrozando kinitos de Vilaboa.

Aún te seguimos bancando, cabrón auténtico. Tan intenso como un amor de verano, tan fetiche con manga larga y barba sucia. Un polvo encima del capó de un Renault 5 mirando los barcos muertos de Oza. Bañarse desnudo en Santa Cristina, follar con las estrellas. El último trago a morro, abrazarse a la botella de Jack Daniel’s. Tres años de amor de verano. Fugaz idilio, nos dejaste a medias. Te echaron y te dejamos marchar. Olvídate de todo y busca un heredero. Olvídate de todo y vuelve con nosostros, Bonnissel.