Nuevas impresiones de Luisinho (II)

((((Tales: –  Luís en el Parque de Santa Margarita, esse parque. Las hojas de los árboles hacen piruetas y el Planetarium tiene una boca que habla en portugués.

Agora… tudo… é teu… Agora… és…. intocável…

La chaqueta con brillos espásticos arde traslúcida sobre el pecho de Luisi, que se arquea mareado. Es una epifanía, una reverberación de todas las cosas que le han estado pasando, una afirmación de los dioses que le conecta directamente con las visiones que tenía su vieja en Avintes, cuando él era solo un bebé.

Cristo do Céu… em breve virá…

20’37 de la tarde. Coches acumulados en la Avenida del Ejército. La mirada de Luisinho Correia se para en los tres estuches de gafas de sol que rodean la palanca de cambios. Los tres son de la misma marca, Silvano Domani. Se pregunta durante unos minutos por qué Sidnei quiso esas y no las otras, de Guess, que estaban claramente mucho mejor.

En casa, desde que no está su mujer, hay cuadros nuevos. Una reproducción en gigante del “Convergence” de Pollock preside el corredor de entrada. Foda-se. También cosa de Sidnei. A Luisi le gusta andar con Sidnei pero le está empezando a tocar un poco las bolas… De todo sabe más. De películas. De bañadores. Que si folla de pie… Pero piensa en cómo sería si no le tuviera y se sienta en el cheslong de cuero blanco. Son humanas situaciones…

Ya ves. Dos meses desde que Fernandina agarró las maletas y se najó con los niños, harta de subidones, de teles cada vez más grandes y horas cada vez más altas. Farta de tudo… Del instagram, de todas esas fotos con Luisinho vestido de fáquer, de los 37 modelos de gafas de sol acumulados en una estantería de caoba que su marido mira embobado mientras se viste.

22’03 de la noche. Suena el teléfono pero Luís no lo pilla. El espejo dice te quiero. Vogue, vogue… let your body move to the music… Era Sidnei. El espejo está sudando. La música invade el diseño. Era Sidnei diciendo todos los nombres de la puta canción en el Moom: Marlon Brando, Jimmy Dean, on the cover of a magazine… Esos nombres que él se sabe.

Puta…

Dos ángeles entran por las puertas de cristal de la terraza. Traen unos papiros que Luisinho firma en pelotas. Foda-se mais e mais, caralha… Sidnei le da un beso, lo ama. Ya no hay violencia en su vida, solo amor, pero no para Fernandina, sitiada por el recuerdo en una casa de Matosinhos. Todo el chorro va a parar directamente al esófago de Luís Carlos Correia Pinto, quien, con los dioses de su mano, recorre ya el camino del héroe.

Mas olha…

Con una amante, otra vez en el Parque de Santa Margarita. Es un fracaso. Conversaciones de mierda, gelado da merda do mango e a puta que o pariu… Se siente vacío y conduce hasta Santa Cristina. En el escaparate de una tienda de sofás cree ver a un niño que le saluda. Foda-se minha vida… Luego para, sale del Audi A5 Sportback y se sienta en su morro. Hay una palmera. Hay otro domingo sin familia. Nuevos vicios. Hay un recuerdo del Luisinho que se dedicaba poco más que a repartir ostiones, de la lobotomía a la que ese Luisi fue sometido en casa de Fernando Vázquez, una noche, sin parar de hablar. Luís, faime caso… re-den-ción. Luís frunce tanto el ceño que una purila tropieza en la acera, a sus espaldas. Luisinho es tan Luisinho que tiene ganas de encararse con su exitoso nuevo yo, que se le ponga farruco y meterle un puño en el estómago. Luisinho siempre siempre siempre

Cuspo-te, puta…

peleará contra sí mismo.

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Barça – Dépor, J8

Jornada 8 de la Liga Santander 2016-2017. Sábado 15 de octubre.

F. C. Barcelona 0 – R. C. Deportivo 0 (Messi, 58; Luis Suárez, 43; Rafinha, 36; Rafinha, 21)

El encuentro da comienzo con Paco Alcácer recibiendo un pase de la línea de fondo a escasos 2 metros de la portería de Poroto, la distribuye inteligentemente a Arda Turan y se inicia la clásica maquinaria tikitakinética blaugrana. El Dépor, que inició el partido con 10 y con las camisetas sudadas, se deja llevar. Hay un monólogo en el Camp Nou, el de siempre pero más raro. El marcador proyectaba un engañoso 4-0. Primera incidencia: sale Laure del vestuario y entra tan pancho al campo, revisa si la tarjeta roja del árbitro funciona bien y levanta a Neymar del chan con un giro mágico de codo. Las cabezas a punto de estallar. Dos señores intentando atar cabos detrás de mí. Hay un murmullo ininteligible en el estadio. La gente arranca con un aplauso y Messi, como interpelado por este jolgorio, se empieza a abrazar con sus compañeros. En un gesto técnico grandioso le resta un gol a su equipo y le unta un poco de emoción al partido. Los nuestros parecen deprimidos todo el rato. Babelinho y Luisinho se marchan del campo y entran Turkinho y Bruninho como si acabasen de llegar de Vietnam. A Gaizka hay que quererle, entenderle ya tal. Lo comentaba yo eso con mi colega, que me llevó al Camp Nou con los carnets de sus padres, que llevan más de 50 años siendo socios y con dificultad pueden encontrarle incentivos a un Barça-Depor. Pero aquello era una experiencia diferente. Yo me sentía como irradiando rayos de luz y enviándolos al sol, rellenando enfermizamente mi botella de agua con largos escupitajos. En fin, que entre una cosa y otra nos dio el descanso.

La gente se va a devolver las consumiciones al bar de dentro. A donde fueres haz lo que vieres, así que yo también. Iniciamos el segundo acto. Luis Suárez, con el magnetismo de los grandes goleadores, extrae un balón del fondo de la red y pone el 2-0 en el resultado. En el Camp Nou saben lo que es ir 2-0 contra el Dépor y, no nos vamos engañar, se pusieron nerviositos. Y los nervios hicieron lo suyo y, mira tú por donde, ironías de la vida, fue un vigués el que, por partida doble, dispuso las tablas en el marcador. El Depor lo había logrado, otra vez. A partir de ahí nos dedicamos a estar muy ordenaditos en el campo y a mostrar seriedad, camisetas limpias y hasta metemos a Sidnei en el campo para que enseñase la cojera que llevaba un rato ensayando en la enfermería. Y lo fuimos preparando todo para que el árbitro pitase el final con el balón en el punto central. Barcelona es nuestra.

Me largué de allí con el pecho lleno. Exhalando el mejor de los oxígenos. Oyendo cómo los viejos del lugar ponían sobre aviso a los más jóvenes “uy, el Dépor, estamos jodidos, de aquí sacan algo. Siempre.”

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Espanyol – Dépor, J25

Jornada 25 de la Liga BBVA 2015-2016. Sábado 20 de febrero.

R.C.D. Espanyol 1 – 0 R.C. Deportivo (Asensio, 52)

Hombres montados a caballo descenderán de los cielos y comenzarán una cruenta batalla, dije, pero ahora creo que tardará en llegar, o que no llegará, o que llegará con más ímpetu, pero Sidnei se fracturó la polla y Bergantiños, cuando le estalló el tripi en las neuronas, dio pases a las sombras de sus compañeros, dije, en ese Sports Bar, que es estremecedor que desde que vivo en Berlín el Dépor no haya ganado, y esta no es una ciudad con palmeras, sol y calles sin asfaltar, es asfalto, cuervos y una metereología asesina.

No fue mal, con escuadra, cartabón y calculadora, pero luego, a Luis Alberto se le cayó la bandeja con todas las birras y Fayçal no hizo el movimiento. Oriol Riera, acarreado, portando escopeta de feria, no tenía pasta para otro intento. Y entonces le hicieron bullying a Lux, el puto Espanyol, me cago en dios. Así que escupamos a la escuadra, al cartabón y a la mierda de calculadora, sin detenernos, sin temer a entrar en conflicto con la lógica. Porque trabajar en una oficina es aburrido y frustrante, y el fútbol es de estadios y de bares.

Dije, hasta el minuto 90, vamos joder, dije, poco más tarde, vámonos joder. Y deriva, joder, porque debemos seguir las emociones, radical, y que juegue Luisinho, nuestro puto Ian Brady.

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Dépor – Betis, J24

Jornada 24 de la Liga BBVA 2015-2016. Sábado 13 de febrero de 2016.

R.C. Deportivo 2 – 2 Real Betis Balompié (Álex Bergantiños, 15; Musonda, 20; Vargas, 37;  Fajr, 51)

El Dépor es un globo que se deshincha. Es algo evidente para cualquiera que vea sus (todavía buenos) partidos. Sea la efectividad o un error grosero en una zona de riesgo, siempre hay algo que no funciona y el resultado es un empate. El Dépor es un globo que se deshincha y yo no sé si sabéis por qué los globos se deshinchan.

Os lo explico.

Pongamos que el globo está lleno de helio (He). El He es un gas monoatómico y muy ligero. Gas noble e inerte, es muy adecuado para diversas tareas en las que se requiere un gas más ligero que el aire y que no sea peligroso. Hinchar globos es una de esas tareas, quizá la más conocida y menos importante. Al ser moléculas tan pequeñas y al no existir He en el exterior del globo, es fácil para ellas difundir a través de la estrecha superficie plástica que separa interior y exterior del mismo. Pero el He es un material escaso y ciertamente caro para realizar semejante labor, por eso el hinchado de globos se realiza con una mezcla de He y aire, dice internet que al 30/70, de tal manera que se asegura la flotabilidad del globo. Las moléculas presentes en el aire (N2 y O2), en cambio, son bastante más grandes y pesadas que las de He y, al haber aire también en el exterior, no se ven impulsadas a salir del mismo salvo por la diferencia de presión entre exterior e interior. Por esta razón, los globos de aire duran más tiempo que los de He, pese a que no flotan.

El Dépor es un globo hinchado y aún no sabemos el porcentaje de aire que le hemos metido dentro ni cuánto nos va a durar rellenito y elástico. De momento sigue rebotando contra las paredes mientras cae en la tabla con empates en los que deja la sensación de merecer más, especialmente cuando juega en Riazor. Contra el Betis fue solo un ejemplo de lo ya vivido contra el Rayo, Valencia y Villarreal. Lucas y Luis Alberto se muestran cada día más moléculas de aire, retenidos en el globo mientras disfrutan combinando en tres cuartos o donde se encuentren, siendo peligrosos en casi cada momento del partido. Mosquera y Álex, en cambio, han huido del globo como pareja. Ni solidez ni fluidez. Y no es la primera vez que los vemos correr (a los dos a la vez) hacia atrás cuarenta metros, casi como el emigrante que vuelve a casa y no deja de pensar en que no se acuerda por qué se había ido. La defensa de las bandas y el área tampoco ayuda, el sábado agitada por un peruano pasado de kilos y un juvenil del Chelsea. En cambio Sidnei deja todavía la sensación de que es capaz de proteger el equipo (y a Arribas) aunque este juegue dejando a sus espaldas espacio para que aterrice un 747.

El Dépor es un globo hinchado y contra el Betis jugó bien, tuvo muchas ocasiones y no pudo ganar porque concedió tres ocasiones que no se pueden conceder. La efectividad va y viene, pero preocupa que los regalos sean la consecuencia visible de la falta de un objetivo claro de aquí a final de temporada. Por lo menos, con los rebotes de este globo que se nos desinfla entre las manos nos lo estamos pasando mejor que nunca.

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Las Palmas – Dépor, J13

Jornada 13 de la Liga BBVA 2015-2016. Sábado 28 de noviembre.

UD Las Palmas 0 – 2 R.C. Deportivo (Cani, 18; Lucas Pérez, 90)

El Deportivo se zambulló en la noche canaria con las mismas pintas que llevaba contra el Celta, era de esperar: cepo arriba para taponar el amarillo fútbol setiénido, robo y a galopar. Funcionó el plan. Jugó mejor que su rival apoyado en un Mosquera colosal de principio a fin. Una patada bien medida por aquí, una distribución acertada por acá, pase sencillo, pase ligero y trotar sin perder de vista el partido. Magnífico, al igual que Luisinho, que por segundo partido consecutivo nos deleitó con sus apariciones electrizantes y su buen hacer en lo que a juego oscuro se refiere. Lo echábamos de menos, al cabrón. Por cierto: sabéis lo que se dice, no? Que Luisi, Sidnei y Fayçal son colegas a muerte. Otra onza de amor. A este paso vamos a acabar la temporada bobos perdidos, muertos de placer. Vamos con el gol.

Parece ser que hay indicios de ENTENDIMIENTO entre Lucas y Cabezotas. La barriada! Lo popular! Se demostró en la jugada del 0-1, con el uruguayo habilitando magistralmente al coruñés que, a la carrera y tras cambio de ritmo infernal, asistía a Cani con su pierna mala. Los nuestros gritaban en la grada, mucho más que las decenas de miles de canarios que se dedicaban solo a silbar, posiblemente conmovidos por ir perdiendo contra un equipo tan hosco y rateril. Dos menciones

a Sidnei, que estuvo inmenso, todo esto se la sudaba. Aparecía por doquier despejando a lo bestia, en pelota picada, excitado por el calor y las próximas navidades en Curaçao. Genio. Luisinho, con su determinación completamente anti-moderna, hacía dos cosas: perforar el cosmos estético del imbécil de Setién y acercarnos al pensamiento de que él y solo él es el mejor jugador de banda de la plantilla.

Tocaban, tocaban sin parar los setiénidos negruzcos y de tanto tocar casi se llevan otra hostia en la boca justo antes del descanso tras doble ocasión de Bergantiños, palo incluido. Suerte. Con la reanudación llegaron los piropos a Lux, cuyo corazón no deberíamos dejar de hinchar con besos y caricias, y también el típico momento de pensar en cambios. Fayçal a escena, por supuesto. Laure por Cani? Eso no nos lo quitaba ni Cristo. Homenaje a Jabo, otra vez.  Llegaron ocasiones, muy claras, que pudieron haber puesto el punto final al partido, pero se fallaron inexplicablemente. Tranquilidad. Tal como estaba el asunto daban ganas de meter a Laure en punta sólo para martirizar al insufrible Aythami Artiles. Mientras tanto, y sin ruborizarse, tocaban sin parar los setiénidos para que su parroquia se creyese la PROPUESTA y de repente nos dimos cuenta de que por megafonía oíamos algo que no era canario, ni siquiera español. Un tono robótico llegaba. Quizás era Wakaso, jugando con micrófono. Bellísimo. Casi sin darnos cuenta nos pusimos en los minutos finales, en un estadio de locos, muy propicio para que saltase al campo Culio, nuestro Culio, a buscar su perdido amor de verano. Difícil disfrutar más, pero… LUX, LUX, LUX!!! Sacándola por dos veces cuando el amarillo cantaba el empate, con la ayuda de Laureano y su barba de cemento. Ya en la última intentona local, Mosquera, que seguía a lo suyo, roba y suelta el pase claro para Fayçal, quien encara y cede para que Lucas haga el 0-2. Noveno gol para el de Monelos, que se va directo a la cámara de televisión, pillando del hombro al marroquí y diciendo: ÉSTE ES MI HERMANO. Lucas Pérez, cien millones de puños. Lucas Pérez, a 40 kilómetros por hora, haciéndonos estallar la cabeza, poniéndonos once puntos por encima del descenso. Descenso. Se oyen risas.

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Escenas potenciales para “Sala Calvet” (II)

Fajr fumando. Subido a uno de los muros laterales de Meicende y fumando. Camiseta de tiras, piel oscura y ajada, increpando al lateral derecho del Oza Juvenil cadete. A Fajr no le gusta su pelo brillante al sol de septiembre. Alguien despeja con contundencia y el balón rueda por una de esas cuestas que rodean el campo. Fajr y sus colegas corren tras él.

Víctor organiza una sesión de vídeo en la macropantalla de Pabellón. Todos se sientan en el césped y atienden, mientras Sidnei mira embobado hacia la de Marathon sin poder para de imaginar lo bonito que sería visionar Tabu de Miguel Gomes en aquella descomunal superficie. Al acabar la sesión llama a su mejor amigo de la infancia, un brasileño rubio y homosexual que da clases en la Sorbona y le habla en blanco y negro de su nueva novia.

Luisinho en la Vedra. Atasco. Llueve. Escucha música brasileira en el 101.5 de la FM, Radio Oleiros. Maldice mientras masca chicle. Hoy llega tarde a entrenar.

Laure probándose pantalones en el ZARA de Juana de Vega. Una dependienta lo reconoce mientras entra en los probadores. “Joder, he vuelto a coger unos slim fit” es la única frase que le escucha.

Mosquera va hacia las duchas en los vestuarios. Se cruza con Lucas, recién llegado de recoger las últimas cajas de la mudanza desde Salónica, y a este se le escapa una colleja. Cuando vuelve a su sitio a secarse descubre que le han mangado las Etnies.

Un restaurante canario cerca de Doniños. Manuel Pablo ha invitado a cenar a Celso Borges. Ríen bastante y Borges le cuenta cosas sobre el norte de Europa. Manolo se vuelve a casa jodido porque no ha parado de llamarle Laure.

Scaloni escribe un tuit. No cabe. 141. Cierra la pantalla del portátil y saca la mecedora al porche para seguir leyendo un libro sobre las Malvinas.

 

Guidetti marca el cuarto en Balaídos. Estoy fregando los platos de la cena, pero lo escucho de fondo. Río y se me cae un vaso del IKEA. Sigo riendo. Emerge Jabo en mi cabeza. Río más y más fuerte cuando recuerdo aquella temporada en la que los entrenó a ellos.

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