Almería – Dépor, J25

Jornada 25 de la Liga BBVA 2014-2015. Sábado 28 de febrero.

Almería C.F. 0 – 0 R.C. Deportivo

Una semana después empiezo a tener la sensación de que se me ha pasado la resaca. Bueno, no. Todavía no tengo ganas de emborracharme otra vez, así que no. Sigo resacoso y deprimido. Resacoso porque bebí como si no hubiese mañana desde 24 horas antes del derbi. Y total, al final no hubo mañana, así que debí hacer bien. Deprimido porque lo suyo sería que todo esto me importase una mierda, como a una grupi del instagram de Lopo que se lo hubiese follado esa misma noche, así a lo cerdo, con la peluca y la tarjeta roja todavía pringando sudor.

Pero no. La abominable realidad es que me siento como un yonki que se cruza con su peor enemigo en el portal de la casa de su camello y al subir las escaleras descubre que “lo siento tío, acabo de vender lo último”. Hay muchos vasos que apestan a ginebra o ron garrafonesco que pueden atestiguar que más de uno y de dos pagaríamos barbaridades por ese último chute que se han llevado. Dame la puta droga y haré gustoso penitencia de un año en Segunda, que de Madrid hacia arriba ya he probado el agüilla del suelo de todos los tugurios.

En el instituto no había tanto alcohol y ni siquiera follaba, pero todo era mejor, sobre todo cuando perdíamos. Los del Vigo se ponían así como son ellos, con ese cándido orgullo de cristal; pero los nuestros hacíamos piña y nos la sudaba todo, porque éramos nosotros. Nosotros, qué palabra jodida. Ahora ya no, ahora somos más como ese colega que siempre quiere pegarse con alguien cuando bebe un poco y con sus propios amigos cuando se lo bebe todo. Damos asco y creo que por eso sigo teniendo resaca, seguramente por eso prefiero autocompadecerme viendo la Paramount en un hotel que tragarme la derrota a medias con Adrián.

De modo que ahora Almería. Los bares cierran aunque estés a punto de convencerla y la liga sigue aunque claves el colmillo en la lona. El mundo se va al carajo, a quién cojones le puede importar Almería por muy sábado que sea de nuevo. Encima les quitan tres puntos justo antes de jugar contra nosotros, verás como somos tan gilipollas de regalarles lo último a nuestro enemigo. Pero si tengo un canuto me lo fumo aunque lo haya dejado y si tengo una navaja me corto las venas. Voy a ver el partido y tendré los benditos huevos de gritar cuando rojadirecta falle y de resoplar cuando piense en por qué no fichamos nosotros a Hemed, a Thievy o a Juan Ignacio.

Ahora me acuerdo de un celeste que conocí el sábado del derbi en la previa. El cabrón me ganó un cubata porque se acordaba exactamente del año en que habían ganado por última vez en Riazor. Bueno, qué digo del año, el tipo se acordaba hasta del árbitro. Mucho tampoco ganó, porque si dejé vendidos a mis colegas no iba a presentarme tras el partido a pagarle la copa, que era lo pactado. No me arrepiento, pero creo que él sí hubiese aparecido si le hubiese tocado pagar; y pienso que a lo mejor son mejores personas que nosotros. Probablemente lo sean y por culpa de eso tengo una cosa más que me importa una mierda en la que pensar.

Total, que al final lo de Almería nada. Dominar, gobernar, controlar, mandar; todo suena demasiado autoritario para la sensación sumisa de que nos están dando por culo a nosotros. Nosotros, qué palabra jodida. Es sábado y sigo teniendo resaca, todavía no tengo ganas de emborracharme de nuevo. Sólo quiero que llegue otro sábado y entonces Sevilla, entonces quizá llegar a tiempo a casa del camello, quizá beber todos los cubatas que perdimos contra los vigueses. Nosotros, no sólo yo ni yo solo.

Emeka Ezeugo

hostal

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Él lo entendió

Oíd:
Bruno Gama ha volado fuera del tiempo.
Bruno se ha acostado siendo un jugador sólido y se ha despertado en el día de su debut. Ha entrado por una puerta rotulada con Sala Calvet y dentro se ha sacado una foto con el trofeo de la Liga. Ha vuelto a traspasar esa puerta y ya nada era lo mismo, con la frente arrugada se vio diciendo adiós.
Ha visto un ascenso y muchas muertes y, según dice, ha viajado al azar a cualquier momento de nuestras vidas. Eso dice*

Bruno Gama se asomó, comprendió y actuó. Diligencia, consideración, respeto. Locura y responsabilidad. Normalidad.
Bruno Gama se subió en un barco a la deriva y la próxima vez que abra los ojos estará en mirando al Dniéper.

Tan sencillo que es normal dudar de que todo esto haya sido real.

 

*Adaptado de Matadero Cinco, de Kurt Vonnegut.

Adiós, Dani

Tarde o temprano tenía que llegar el día en el que ríos de lava salieran de la Plaza de Pontevedra en dirección a Riazor, vía tuiter. Se anunciaba un cierre de rebajas con ofertas aún más apetitosas para los buitres que aún vuelan en círculos sobre la depauperada carroña blanquiazul. Llegaba y se iba el suplente de Melgarejo, sonaba para volver el Mackay mal escrito y me dejabas, Dani, con un agujero en el pecho y el corazón sangrando a chorro.

Verás.
Yo fui portero. O he sido. O soy y seré, que ya empiezo a no controlar ni los tiempos verbales. No era especialmente torpe con los pies cuando me puse del otro lado, pero sí era pequeño y lo suficientemente hábil evitando goles. Era duro, sí, ejercer de último responsable cuando apenas llegas a los siete años. Me cayeron seis del Montañeros en mi debut antes de que Toshack nos prohibiera volver a catar el césped de la Torre. Empatamos. No puedo negar que muchos de esos domingos por la mañana utilicé la lluvia para camuflar la humedad en los ojos. Se aprende muy temprano que no hay espacio para juegos en las áreas, de ahí que solo intercambiemos miradas con los delanteros, iguales y opuestos.
Disfruté poco durante esos primeros años y, aunque la historia de cómo aprendí a divertirme es otra, creo que el hecho de que nadie me enseñara a hacerlo fue tan relevante como no encontrar un espejo en el que mirarme. No encontré a Dani Aranzubia que, con su pinta de yerno perfecto, encarna un estereotipo que se ajusta a lo que yo era de niño y, probablemente, siga siendo a día de hoy. Siempre de palabra equilibrada, incluso defendiendo lo que es suyo, profesional de etiqueta, como su técnica y su vestir. Se sabe afortunado aún en la desgracia, pasional en su frialdad, fue decisivo en la adversidad y tan discreto que ni siquiera su milagro en Almería consiguió ser nada más que una anécdota para jugadores de trivial. Siempre con tendencia al fallo grosero aún en su elegancia y tan escaso de ese puntito de maldad e indiferencia que muchas veces hace falta para imponerse. Sí, ahí está la clave. Lo cierto es que me veo admirándote en una vida paralela en la que nazco 15 años más tarde. Yo, que sólo guardo esquirlas de aquellos que fueron mis héroes. Me veo siendo feliz de espaldas a las redes tal y como se le puede ver a él bailando Samba(de) en cada entreno.
Se despide tras cinco años de montaña rusa que han parecido cinco lustros, que nos han visto caer para levantarnos de nuevo con un grito que sonó por unas horas a estertor final. Se nos va la vida sin gente como Dani, sin gente comprometida e ilusionada, pero calmada y honesta. Se nos va la vida hacia un caos de los asados y noches en llamas. Se me ponen encima diez años más viéndole irse a un Atleti que no hace tanto nos regalaba toneladas de gloria tras un descenso cáustico.

Pero qué difícil va a ser volver a creer sin ti.

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