Imágenes de Riazor

28 o 29 de octubre de 1944. Fecha de la inauguración del nuevo Estadio de Riazor.

Repasamos en el Matadero alguna de las imágenes de estos 69 años de historia.

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Años 40.

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Finales de los 50.

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Panorámica años 70.

tumblr_mf1avkNFk31rey7iho1_500Preferencia años 70.

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Años 80. Antes de las obras.

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Años 80. Durante las obras.

tumblr_mtsdajDI061rey7iho1_500Años 80. Tras las obras.

tumblr_m9fljo4ZKR1rey7iho1_400Años 80. Curva Máxica.

tumblr_mls3aqItdl1rey7iho1_500Arsenio, el día del ascenso.

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El día que Riazor ardió.

tumblr_mhkf7nB4611rey7iho1_500General. Principios de los 90.

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Panorámica años 90.

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Campeonato de Liga 99-00.

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Riazor. Champions.

tumblr_mdbg3b0tyP1rr36axo1_500Década actual. El Ascenso.

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Las nuevas lonas exteriores.

tumblr_muu0q3jNuE1rey7iho1_500¿Futuro? Seguiremos ahí.

tumblr_mq8t3vncZe1rey7iho1_500Algunas de las fotos son del Anuario de Historia del RC Deportivo, editado por La Voz de Galicia en 1991. La mayoría del muy recomendable: deportivismooubarbarie.tumblr.com

Dépor – Real Zaragoza, J10

Jornada 10 de la Liga Adelante 2013-2014. Domingo 20 de octubre.

R.C. Deportivo 1 – 1 Real Zaragoza (Víctor Rodríguez, 79; Borja Bastón, 91).

Aquí ocurre algo: que el Dépor es un cubito de hielo y la grada una parrilla llena de carbón al rojo vivo, deseando arder pero sin llama. Y resulta que el cubito de hielo funciona lejos de casa, congelando los partidos y agitándolos en coctelera tras triturar bien al rival con salidas rápidas y latigazos lejanos. Pero en casa, ay en Riazor, el ansia de victoria catártica derrite la solidez. Es el Dépor, entonces, un equipo menos rígido y más resultón, con Rudy bailando salsa a saltitos sobre el pecho ardiente de Poroto Lux y pulpo a la brasa para todos. Es un equipo algo más bonito pero peor, que se apaga pronto en pases horizontales, lastrado por la escasa profundidad y la lentitud de su juego entre líneas.

Y así fue. El ambiente de la mañana era dulzón, olor a desayunos de domingo y noches de sábado que no terminan. Ambiente perfecto para un incendio. Se intentó provocar con un inicio fulgurante, pero nada. Tampoco la expulsión de Vázquez tras lanzar una botella de agua sabor frutas del bosque contra el banquillo. La grada amagaba chispas contra un árbitro respondón, pero nunca traspasó la línea de ser una #acampadaRiazor y no termina de hacerse fuerte tras la barricada lanzando bengalas sin pagar las multas. El único que verdaderamente seguía encendido era Wilk, polaco que juega con escoba, recogedor y fregona, adecentando con mandil y cofia hasta el más sucio rincón de nuestra pobre transición.

El gol del Zaragoza, escondido todo el partido bajo el manto protector de un Herrera temeroso del viento cuando está demasiado cerca de la playa, llegó en una jugada a balón parado. Ritual atávico de este principio de temporada que hasta hoy habría significado derrota, pues en los nueve partidos anteriores solo había logrado anotar uno de los dos contendientes. La expulsión de Luisinho fue el cubo de gasolina que, por fin, puso Riazor en modo de ignición. El cubito de hielo se derritió y fue llamarada atravesando Monegros, quemando cada piedra. Apareció entonces (Dra)Culio, disfrazado por fin de maestro de ceremonia y mechero, estrellando una falta lejana en la cruceta para que Borja Bastón recogiera el rechazo y firmara el empate cuando ya era la hora de comer.

Es un punto, sí. Y son 17 de 30 en total, pelotón de cabeza con un saldo de medio gol encajado por partido. Pero supo a tres puntos, sopa de primero, carne asada y chupito gratis, porque el ansia fue intención y la intención, a pesar de todo, dio resultado.

El machete entre los dientes

A éste los veranos le cogen que no sabe si meter en la maleta la ropa de invierno o de verano, si las palas o las espinilleras, que si el paraguas o el bañador. Pero en Coruña aún no se había ni propuesto descongelar el refrigerador y el FIFA14 no bajó a comprarlo porque a Carlos Marchena estos pasatiempos modernos le parecen de niñatos de la sub-19, deseando que acabe el partido para sacarse una foto en la cabina del avión y meterla a Instagram. Y eso a él se la trae al pairo, o peor aún, lo devuelve a algún verano de Las Cabezas de San Juan, a una mesa de bar rezando porque llegue la fresca y tocar balón o espinilla, con unos naipes raídos en la mano y palillo entre los dientes, que si no fuera por el 35% de paro veríamos un retrato perfecto del lejano oeste y a Marchena en el papel de sheriff de permiso.

Y todo va en la sonrisa. En la sonrisa de hijo de meretriz. Olviden la dulzura, Marchena si abre la boca es para enseñar los dientes, casi como recurso literario de uno al que no le apetece hablar pues se sabe esclavo, en este país de portada y portería, de cada fonema. Sonrisa como vía de escape del que acaba de intentar quitarle una legaña al delantero con el codo y es más listo que aquel Juanma que levantaba los brazos con circense gesto infantil para decir que él no había empezado la riña. A éste le sobran escuelas y pasantías y ya lo único que se otorga cuando no quiere conceder ni una palabra (porque sabe que ninguna palabra podrá salvarlo) es cerrar esa sonrisa carente de todo tipo de empatía y poner un gesto serio, maduro, con tanta seguridad en sí mismo que a veces parece que el árbitro busca su mirada de aprobación para preguntarle intranquilo si puede continuar con el encuentro.

En esa sonrisa franca de Marchena se ahogaron mil naves y otras tantas rodillas. Arizmendi lo vigila desde una esquina del vestuario y aún se pregunta cómo no le descorchó la cabeza hace ocho años, que como pudo dar un golpe tan preciso y que todo siguiera en su sitio y precisamente por eso fue, quizás, que lo pillaron.

Tiene las gónadas peladas, no por coquetería si no porque hasta el pelo le saltó de la mala hostia. Tanto daño quiso hacer que hasta se convirtió en talismán cuando llevábamos años pensando que todas esas victorias ante San Marino o Malta eran porque Su Alteza Real se dejaba caer por el palco. Tanto daño quiere hacer el sevillano como tanto amor acaba provocando. Ahora que nos rasgamos las vestiduras con tanto seny, tanto savoir faire, fair play y demás bullshit del fútbol moderno, nos olvidamos de que el fútbol se inventó para saber cuál de los dos pueblos de mierda colindantes tenía a los habitantes con la chorra más larga. De esta estirpe de la bronca, de la pillería barata y del tocar los testículos ajenos con voluntad y premeditación (que románticamente salva un Diego Costa admirable en esta generación) nos parió con dolor el estado a este Carlos Marchena al que ves como clava la cabeza desde un córner en una carambola al gol y busca la mirada de todos los contrarios mientras vuelve a su campo a paso adagio y el público se extasía, gritándole y amándole a la vez, pues a los rivales a los que más se adora es a aquellos que ves que usan las cloacas de la cancha para colarse hasta la portería o para esconder los cadáveres, los que mandan callar, los que meten la pierna o la mano en el punto muerto de visión del árbitro. En la biografía que le escribirán a Iago Aspas se reconocerá que fue Marchena quien le tiró un besito desde el suelo y que veinte años más tarde en su ranchito de Moaña aún no podrá explicar cómo cayó en el embrujo.

Está ahora mismo conectando el deshumidificador, que aún no se ha hecho a estas latitudes y eso que viene por el jornal, por dar las gracias, porque si el Deportivo le buscaba cuando estaba en la élite, ahora siguió confiando en él, como quien se va con una exnovia gordita diez años más tarde porque se acuerda de lo bien que se movía en la cama y con esta decisión arriesgada logra pegarse los polvos de su vida. Viene por menos de lo que merece porque a Carlos Marchena, con tener un balón y la posibilidad de hacer el mal durante 90 minutos con él, el resto le da absolutamente igual.

Saltaba al campo ante el Alcorcón entre bufidos de una grada que más que el fútbol le gusta desconfiar. Otros aplaudían a rabiar y los titulares escupían a la mañana siguiente: “no se pasen, no le aplaudan de más”. Aplaudir de más, claro. Lo que había que hacer con Marchena es ir a buscarlo a la salida con un fajo de billetes y números de teléfono y decirle que esa noche ya tiene todo pagado desde la calle de la Torre hasta el puente del Pasaje, que vaya preparando hígado, nariz y pene y luego dejarle que te mire a los ojos con condescendencia de sheriff saliendo del Saloon, que maneja el machete como los indios a los que dispara, y te diga “mira chaval, a Noé le vas a enseñar tú lo que es la lluvia” y te firme un autógrafo en un billete de cien mientras no cierra la sonrisa ni a tiros.

“¿Tú y cuántos más, tolai?”

Dépor – AD Alcorcón, J6

Jornada 6 de la Liga Adelante 2013-2014. Domingo 22 de septiembre.

R.C. Deportivo 1 – A.D. Alcorcón 0 (Juan Domínguez, 13)

Chasqueamos los dedos cuando vimos que Juan Carlos era titular y nos recostamos en la silla cuando al cuarto de hora su asociación con Juan Domínguez resultó en gol. Hasta ahí. El control del partido tiritó a partir de ese momento, con las fisuras de siempre, nuevo sistema y Culio caracol. Lo del dibujo apenas se notó, y dio la impresión de que mover a este equipo es como mover un trailer en la Rúa Ciega. Dos pedregales, tres pedregal. Arrastrando un bloque de cemento. Los canteranos siguieron hablando de punk y Arizmendi un solo de Muse. Tras el descanso al Alcorcón se le quedó cara de tonto, como a tantos otros hace dos años. Y es que a toda leche por la planicie blanquiazul, no la enchufaron de milagro.

El río está lleno de peligros, pero ahí sigue la barca, intacta. Para nosotros, que somos gente paciente que se sienta a fumar en los bordillos, las turbulencias no son ningún problema. ¿Cómo era? Muertos haciendo, vivos con ideas muertas. Semana de “incorporaciones”. Bergantiños le mete un puñetazo al espejo. Costará, costará mucho más hasta dar con el tono que marque el rumbo. Bonitos meses de ensamblaje.

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Vení, vení…

…cantá conmigo, que un amigo vas a encontrar, que de la mano del Emmanuel, ¡toda la vuelta vamos a dar! Vení, vení…

12 minutos y ya Riazor preparando la liturgia que se viene, temblando frío al evocar a Djalma por un instante, sudando cuando te disfrazaste de Scaloni en la primera que armaste. Los cuellos de tu capa, Draculio de los Cárpatos y la Mercedes. Droga dura, todos puestos en tres golpeos y varios desafíos. Gilvicentianos persiguiéndote con antorchas y tú enfrentando, escupiendo en el suelo, sacando el revólver, pistolero. Butch Cassidy and the Sundance Kid, Nueva York-Buenos Aires-La Coruña. Argentino canchero, te extrañábamos. Incluso si solo eres cancherito, incluso si solo te revuelves y giras el rostro con sangre en la mirada. Incluso si solo es para llegar a nosotros; necesitamos tanto cariño, joder.

Extrañábamos una zurdita como la tuya, porteño exiliado, tenaz buscavidas; soldado de fortuna, siempre en tu camino hacia el oeste, llegaste a la esquina para ponerte en pausa y sacarnos el blanquiazul por la garganta.  El cigarro del gol en cada córner, avalanchas sin verja, salto de altura y todos locos; garimba caliente, abrazos extraños y gritos silenciados bajo el fulgor de la barra. Necesitamos tanto cariño, joder, que tan solo unas palabras bastaran para sanarnos. “Voy a morir por esta camiseta”. Aunque lo pienses, aunque no, porque lo harás. Porque ya nos lo mostraste en el teaser, Juan Emmanuel de Todos los Santos.

Tú, que te cansaste de vagar por la Turquía mediterránea con una mochila a cuestas, llenándote de tierra y pastelitos de pistacho, dándole patadas a las piedras, harto de cordero y vasijas de yogur. Ven a nosotros redimido, revivido, Culio. Ven a la curva de Marathon, canta con nosotros, levanta los brazos, ponla teleridigida, que baje con Diazepan. Siniestra mentirosa, caderas de swing, gravedad en los pies. Cambia el Besiktas por el Mallorca oltriano-suicida, cambia el Bósforo por Riazor, ven al Mar de Plata de invierno. Tirá un túnel, escondela, burrealo. Pisalo mamón.

Con tu gesto desafiante, tu cara de Apache, esa garra en las piernas, el potrero en el corazón. Sácate las botas, juega descalzo en el Orzán, deja que el Atlántico te muerda la piel. Ternera gallega y Lux en la parrilla, los dos comiéndoos un vestuario que necesita de vuestros colmillos. “Somos el Dépor, no vale con ser terceros o cuartos”. A muerte con tu mierda, al cielo con tu zurda.

Caracolea y dribla, ponlas mejor que el cuate, córtale los rizos y agarra el banderín. Hasta el serbio de andares Frankenstein las mete para dentro, partimos con +10 con tus roscas de acordeón. Tobillos blindados, pie de bronce, carácter criollo, Lendoiro con ella fuera otra vez. Saca el codo, zancada larga, golpeo seco, un dedo al marcador. Ya se levantan las bufandas, ya el fuego comenzó.

Vení, vení, cantá conmigo, que un amigo vas a encontrar, que de la mano de Emmanuel Culio, ¡toda la vuelta vamos a dar! Vení, vení…