MOTIVACIÓN 0

Aquí estábamos, hace un mes y pico, instando a la peña para que se preparase para un final de temporada precioso, con Bergantiños en el 11 y un entrenador nuevo que parecía nos iba a sacar de pobres. Era por lo de siempre, por coger impulso y agarrarse a algo, a lo que fuese, incluso a un tío tan aburrido y lamentable como Pepe Mel. Funcionamos así. En una temporada nefasta no han sido pocos los momentos de arrebato, ya fuesen con Garitano o con Mel en el banquillo. Nos conformamos con cualquier mierda, mendigamos, así nos tienen. Qué pronto nos hacen tragarnos la ilusión, y todo lo escrito. Desde el día en que anunciaron el cese de Fernando Vázquez (un de nós!) al frente del equipo, las torturas a la afición vienen siendo muchas, demasiadas, tantas que hasta los deportivistas más disciplinados están perdiendo la motivación. La posible continuidad del taxista de Alcalá la próxima temporada no hace más que avivar el desasosiego de una parroquia que hace de tripas corazón para no arrojarse a la vía. Dicha continuidad depende, obviamente, de la salvación, que está ahí pero no matemáticamente hecha. A muchos nos gustaría que al final descendiésemos, más que nada por que algo pase, aunque sea una teórica desgracia. Antes la muerte que seguir así. Eutanasia. Adiós a los malabarismos mentales para aguantar mecha, decir: a la mierda todo, de una vez. A la mierda Tino Fernández y Víctor Fernández y Víctor Sánchez y toda la vergüenza dada y consentida. A la mierda los 245688 pases horizontales y los 156081 centros sin peligro y los 459 córners mal sacados. Devastación grado 47, barrido frontal. Nada a lo que agarrarse, finalmente, aunque lo intentemos con todas nuestras fuerzas. Y es que los entrenadores fichados por la directiva actual hace que la era post-Irureta firmada por Augusto parezca de cine. Lotina podría ser Sam Peckinpah y Caparrós un Abel Ferrara sin farlopa. La situación – ahora – es:

Los deportivistas que viajan con el equipo comprueban a la vuelta, en sus carros y autobuses, que en las redes sociales les empiezan a llamar “mártires”. Los mártires de Leganés. Los mártires de Anoeta. 

Parece que rememos como bestias para darle un beso a ese cadáver de lo que fue, vestido con pijamas sin cuello, horrible mortaja pero excelente para jugar un fútbol pastoso, sin violencia, sin gancho alguno. En las pausas, a Joselu le gustan las pics de Morata sacándose la minga en Riazor, y los demás se hacen otras fotos, con agua, gafas de sol, manicuras. Bulle en nuestras cabezas la idea de un entrenador licenciado en hijoputismo que prohíba tuiter, instagram y pintas de imbécil. Un auténtico asesino dueño de nuestras visiones que mate con la mirada. Urge la dictadura, amputar individuos para que el colectivo crezca y desaparezca así la vergüenza. Un servidor pasó vergüenza y mucha cuando, estando de vacaciones en Platja d’Aro, Costa Brava, fue a ver el partido contra el Madriz a un bar del pueblo en compañía de su cuñado, también deportivista. Allí unos charnegos fascistas paramilitares adolescentes se reían del Deportivo mientras era vapuleado por las juventudes blancas. Allí un servidor se quedó aterrado de cojones cuando veía representados sus propios pensamientos en las palabras de aquellos cabrones. Ni patadas dimos, que es lo que se dice y con toda la razón. Eso es ponzoña, hermanos, asco puro que te vuelve demente.

El Deportivo es, como muchas cosas y así a bote pronto, víctima de estos tiempos carentes de ideologías fuertes. Cuando Augusto puso pies en polvorosa muchos creímos que con su adiós nos convertiríamos en un club más, socialdemócrata y espantoso, y he aquí la certeza. Lo único que nos mantiene con vida es la gente, que sigue a lo suyo, poética y empecinada, empujando y sufriendo hasta que un día se quede sola esperando a que alguien le cante – le devuelva todos y cada uno de los cánticos! – o le escriba un libro. Hasta entonces, a este circo ya pueden llegar el insulso de Mel, Lucas Alcaraz, Míchel o el Alborotador Gomasio, que Coruña seguirá intentándolo. Esta MOTIVACIÓN CERO durará tan sólo hasta el verano.

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Sevilla – Dépor, J33

Jornada 33 de la Liga BBVA 2015-2016. Domingo 17 de abril.

Sevilla C.F. 1 – 1 R.C. Deportivo (Iborra, 20; Oriol Riera, 80)

Al Pizjuán llegamos, como un burro atontado girando en la noria, sin objetivos. Por el Pizjuán caminamos sin rumbo y con una línea de cinco que no sirvió de nada delante de un Sevilla que jugaba a medio gas después de la paliza europea. Nos metieron un gol. Llorente, al que casi revivimos si no llega a ser por su ineptitud delante de Manu, tocó e Iborra remató con violencia. Todo mal. Vimos a Lucas correr como un loco detrás de los pases horizontales que se daban Kolo y Carriço. Poco más vimos, quizás un buen rendimiento de Fayçal y a Luisinho de capitán general del desguace. Pero todo mal, fatal. Sin ambición, como si Víctor Fernández estuviese delante de Barritos con los brazos cruzados y apuntando gilipolleces a los centrocampistas. Con Navarro, que lleva dos meses dando pena, volcándonos sobre el lado oscuro de nuestras psiques. Con Lopo haciendo de escudero mediocre. Todos con los ojos vacíos y las piernas imprecisas. Los minutos iban pasando y nos pasaron un dato:

El Deportivo sólo ha remontado un partido a domicilio en sus siete últimas ligas de Primera: 2-3 en Son Moix el 31 de marzo de 2013

Sobrecogedor. Volvimos al partido. Cani, que había salido en la segunda parte por Luisinho para devolver al Dépor su dibujo tradicional, acumulaba papeletas para protagonizar un especial satírico en el nuevo número de nuestro fanzine. Un espectáculo terrible, pero el Sevilla no sentenciaba y parecía confiar en la inoperancia de su rival para llegar al final del choque con poco esfuerzo y tres puntos en el peto. El Deportivo se aprovechó. Sin apretar, sin revolución, pero se aprovechó. Oriol Riera, en el campo desde el minuto 51 por lesión de Luis Alberto, chutó a la red un precioso pase de Lucas, el único vivo de la escuadra junto con Sidnei

Sidnei está fácilmente en el TOP 5 de negros de nuestra historia

para así poner un empate en el marcador que ya no se movió y que sabe a gloria viendo las prestaciones de los de Sánchez del Amo en el feudo hispalense. El burro, que llegaba sudando y con las patas vendadas, se dio cuenta de que allí, bajo el sol y frente a las sevillanas con sus abanicos, no había pena de muerte. Tirado en el suelo, sonrió, y vio la salvación a un paso.

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