Villareal – Dépor, J37

Jornada 37 de la Liga BBVA 2015-2016. Domingo 8 de mayo.

Villareal 0 – 2 R.C. Deportivo (Fayçal Fajr, 32; Lucas Pérez, 56).

Despedida y cierre. La fiesta preparadísima, nos vamos a Segunda. Está la afición con una ilusión que no se la cree. Banderolas, hormigoneras, bocinazos. Luisinho se inventa un plan de tarde para no tener que ver el partido, va a ir a IKEA, va a ayudar a un colega con una mudanza, va a cortar el césped, va a mirar pisos en Madrid en Idealista hasta que sus ojos le estallen. Hacemos consigna en casa y mi padre y yo nos ponemos las bufandas.  No funciona rojadirecta y nos la suda. Mi padre se queda sopas y a mí me hierve el whatsapp. Vamos allá.

Le echo un ojo al once, me meto en internet para informarme porque no sé de que va esto, si descendemos por impagos, si desaparecemos por alineación indebida, si le vendemos la plaza al Alcorcón. Miro la alineación para ver cómo vamos a organizar el evento. Manu Fernández, cojonudo, un tío que nos impuso Tebas como hándicap, lo acabamos de renovar hasta el 2023 y va a llevar el brazalete de capitán. En las bandas Laure y Juanfran enfermos de ébola, confraternizados con Luisinho (que está ahora mismo clavando unos cuadros), van a jugar caminando y tienen reservado una quincena de agosto un pisito en Cangas. Sidnei y Arribas, ex-jugadores, primados hasta arriba por el Sporting de Gijón. Mosquera y Álex, rivalidad legendaria, odian al entrenador, quedaron con sus pandillas para pegarse luego, Mosquera dijo que la hija de Bergantiños estaba muy canija y si no tenía que haber empezado a hablar ya. Cartabia, los odia a todos, quiere que el Dépor descienda, ha envenenado las botellas de agua de la nevera del utillero, no soporta al Poroto. Más gente: Fayçal, no perdona lo del bus, les ha pinchado las ruedas antes de salir de Coruña, ya tiene pensado el gol que va a marcar en propia. Lleva una camiseta de homenaje debajo. Luis Alberto está has-ta-los-co-jo-nes del puto Lucas Pérez que le quiere copiar los tatuajes, que le llama a las tantas, que se pasa de gracioso cuando se lo presenta a amigos. Este también juega, la gran esperanza, Lucas de Monelos, contrato firmado a partir de la 2016-2017 con el Celta de Vigo que va a pagar 45 millones por él que van a ir íntegros al PAOK, al ISIS y al representante de Piscu. Arranca el partido en la tele y veo que Messi la clava bastante elegantemente. Todo sale bien.

Mi padre se despierta, engancha la radio. Las últimas noticias que nos llegan es que Víctor Sánchez del Amo lleva una gorra del Getafe y está borracho. Balbucea incoherencias. Parece feliz. Los jugadores se vuelven locos y empiezan a correr. Miradas de intranquilidad entre la afición deportivista. No les gusta que sus jugadores no den asco, que les quiten la razón. Luis Alberto se olvida de lo borde que fue Cani con su novia en la última cena y sacude con rabia un balonazo al palo. La gente se impacienta porque no huela a cadáver. Lucas, me cago en Dios, se equivoca de portería y casi marca un gol olímpico a favor. En el palco Tino se desespera y se clava otro trankimazin. Ahora que ya tenía comprado medio Balaídos. Vamos no me jodas. Las calculadoras. Me pongo a animar al Getafe para que le empate al Sporting, para que se cumpla la profecía. Quique Pina lleva ya cuarenta y cinco goles, esto no puede salir mal. Fayçal recibe una llamada de Juan Louro en la banda en un móvil de tarjeta prepago de PepePhone, se vuelve loco y enchufa un chicharro más loco aún. Enmudecemos, claro. Se levanta la camiseta y pone VIVA CRISTO REY HIJOSDEPUTA. Los aficionados deportivistas empiezan a abandonar el Madrigal, qué puta decepción de encuentro. Barritos se entera del gol de la Real y se pone a temblar. Qué tarde nos están dando. Descanso.

Vamos ganando por uno. Calma. Baja Tino al vestuario. Baja Manu Sotelo. Baja Lendoiro. Baja Sambade. Skype con Valerón desde Las Palmas. ¿Se puede saber qué coño os pasa? Whatsapps de Agapito. Whatsapps de Gabi. Whatsapps de Sergio. Whatsapps de Helder Postiga. Whatsapps de Nelson Oliveira. Whatsapps de Javito. Qué mierda estais haciendo. Llega un telegrama de Fernandez Borbalán con condolencias. Sigue llegando gente al vestuario. Está Arsenio, está Fran. Está Luis Suarez. Está Antón Varela. Está el speaker nuevo y el viejo, y el pavo de la tienda Ekipos y Suso el de la radio. La tensión es palpable. No os mereceis sudar esta camiseta. Fayçal y Cartabia llegan a las manos, se revientan los pómulos, se besan con sangre.

Avisan de que arranca la segunda parte. Mi padre se ha vuelto a quedar dormido. Sintonizo ArenaVision y me cabreo a ver a los 11 jugadores del Dépor de pie. Abro Matadero, escribo un título motivacional para convencerme: voltaremos por cojones. Pienso en el fanzine que voy a dejar lleno de esperanza en la Nave 1839, pienso en el fanzine que dejé ayer, pienso si ayer al final dejé alguno. Pienso en qué coño hice ayer. De repente Lucas la agarra y echa a correr. Se cree que aún juega en el PAOK, se olvida de Jonás mangándole el iPod, se olvida de Juando llamándole subnormal, se olvida del contrato millonario del EuroCelta, se olvida de los Blues escupiéndole la camiseta, se olvida de que es del Barça, de que odia a Víctor, a Tino, al Dépor, que lo unico que quiere es que arda Riazor, eliminarnos en Copa, que le partan la pierna, que liquidemos, que fundan la plata de nuestros títulos para regalar cuberterías en La Voz de Galicia y sobrepasado por tanta excitación marca su gol diecisiete y mira al cielo pidiendo perdón. No besa el escudo, lo muerde. Llora de pena. ¿En qué nos hemos convertido? El banquillo enmudece. La desolación no se puede explicar con palabras.

Entra Jonás para dejarnos con diez. Lucas está mudo, perdido, desconsolado. Valerón sufre un desmayo en Gran Canaria. Esto no mejora, sacamos a Luis Alberto antes de que haga detonar la bomba instalada bajo la portería de Manu Fdez. Cuarto gol del Granada, solo faltamos nosotros. Lucas, perplejo, abandona el campo. Victor le da un gancho de derechas al salir y lo tienen que agarrar. Lucas con la boca sangrando solo sabe decir “lo siento”. Lucas in the sky with diamonds, Lucas quédate sin respiración. Sale Oriol, es infalible, no puede salir mal. Que están ganando coño. Acaba el partido, estamos en Primera un puto año más. Suicidio colectivo. Para esto tanta ilusión, joder. Canta Aspas, canta. Ahora sí, que nos lo merecemos.

Bergan

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Athletic – Dépor, J27

Jornada 27 de la Liga BBVA 2015-2016. Miércoles 2 de marzo.

Athletic Club 4 – 1 R.C. Deportivo (Muniain, 13, Aduriz, 36, 53, 60; Oriol Riera, 51)

Cuando juega el Dépor yo ya solo puedo pensar en Borxa y Souto. Borxa ni siquiera se llama así, pero nos creemos su hiperenxebrismo. Borxa puede asustar porque te cuenta su oscuridad mientras sostiene su corazón palpitante en las manos, pero su sentido de la lealtad se lo ha traído de otra época. A Souto lo conocí hace poco, visitando a Borxa. Me lo presentaron como uno de los artífices de esta genialidad y vimos juntos un 0-0 del Hertha. Recuerdos inolvidables de los que unen para siempre.

Los dos viven en Berlín y cuando juega el Dépor yo ya solo puedo pensar en ellos vagando por Sonnenallee, buscando un Sportwetten en el que concidir con gente de nacionalidades extrañas. Al final lo único que me interesa es eso, imaginarlos comentando el partido con un ludópata egipcio, aficionado de Al Masry y superviviente de la masacre de Port Said. ¿Qué gracia tiene lo demás cuando uno puede dedicarse a imaginar qué están haciendo Borxa y Souto mientras ven al Dépor?

Llevábamos ya un tiempo avisando de la decrepitud que asomaba en cada partido. Pensemos otra vez en Berlín. En Berlín nieva y, los primeros días, la ciudad cubierta de nieve puede engañar. Brilla y es esponjosa. Pero esos días pasan y la nieve se junta con el barro, aparece el hielo y el frío empieza a doler. Cuando la nieve se va, la ciudad ya no es brillante ni esponjosa. Está sucia, muy sucia, y desvencijada. Eso fue el Dépor ayer y eso fue el Dépor el sábado, aunque al Granada le costó más aprovecharlo. Un equipo sucio y desvencijado donde antes había brillo y esponjosidad. Un equipo que ya no es una foto de Tumblr y sí una calle llena de mierdas de perro sin recoger por la que Aduriz y Susaeta se pasearon sin mancharse.

Cuando juega el Dépor yo ya solo pienso en Borxa y Souto volviendo a casa, abrigados y esquivando las minas por una de esas calles. Pensando que ya poco queda a lo que agarrarse de aquí a mayo, mientras discuten por qué Mosquera era rubio cuando recorría el paseo en agosto y ahora tiene el pelo más oscuro. Por qué Navarro arrastra esa fama de ultracompetitividad y siempre concede por su banda un par de acciones que son de gol o gol. Por qué Víctor hace valoraciones realmente positivas de las deprimentes actuaciones de sus jugadores. Por qué ya no funciona lo que funcionaba. Pensar en Borxa y Souto me hace estar más cerca de casa, que no sé dónde es pero sí sé lo que es.

Y os digo la verdad cuando confieso que, si no pensara en Borxa y Souto cuando juega el Dépor, si no me sintiera más cerca de casa cuando me siento delante del stream, yo ya no vería los partidos.

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Dépor – Sevilla, J26

Jornada 26 de la Liga BBVA 2014-2015. Sábado 7 de marzo.

R.C. Deportivo 3 – 4 Sevilla F.C. (Oriol Riera, 28,72; Lucas Pérez (pen), 93; Vitolo, 33, 52; Gameiro (pen), 65; Sidnei (pp), 83)

Romper el candado de la transición vazquista. Construir la nueva hegemonía. Derrocar a los populismos. Unificar frentes opuestos bajo una estabilidad, ficticia o no, que solo puede dar una permanencia tranquila, casi democrática. Apagar el incendio. Tranquilizar el entorno. Limar las diferencias. Víctor Fernández, pacificador sin ceja, nunca tuvo un trabajo fácil. Por eso llama tanto la atención la aparente calma con la que sale el equipo al campo, aún en esta temporada infinita de resultados pírricos. Por eso llama menos la atención el oltrismo extremo vivido el sábado en Riazor.

Fue mejor el Deportivo durante gran parte del partido. 60 minutos en los que presionó con acierto, recuperó arriba y llegó con claridad. 60 minutos que entroncan con los momentos de buen fútbol que viene realizando el equipo en las últimas semanas, pero que resultaban en otra derrota en el marcador. Vimos los dedos y la lengua de Riera por primera vez esta temporada, tras conducción de un Lucas turbulento y centro tenso de un Cavaleiro siempre útil. Vimos en cambio endeblez en Juanfran, Álex y Borges, que junto a la desubicación de Insua y las genialidades de Bacca y Vitolo, permitieron al Sevilla darle la vuelta al partido.

Quizás la metáfora más acerada y cruel de la temporada fueron los minutos posteriores al segundo gol sevillista. Ejemplares los jugadores en esos minutos de locura oltrista, desafortunados en su ataque desbocado que causaba grietas pero no derribaba pilares. Probablemente ese era el momento de tomar decisiones desde el banquillo, justo antes de que una bala perdida dejara sin consciencia a Juanfran, que tirado en el suelo rompía el fuera de juego previo al penalti de Insua sobre un omnipresente Vitolo. Hubo más goles y más ocasiones de ambos equipos, un Deportivo epiléptico que atacaba entre convulsiones y no era capaz siquiera de defenderse. Al final, nada relevante más allá del desconcierto que asolaba a un público que reclamaba dimisiones sin saber muy bien a quién apuntar.

Hubo caos, se perdió el control, sí. Hubo confusión. Otra vez, sensaciones conocidas y agradables cuando montados en la ola nadábamos hacia la portería del rival. Otra vez, también y sobre todo, frustración cuando tocó remontar el río a contracorriente. Hubo aplausos al final, pese a todo, porque nadie pudo dejar pasar el arrojo con el que los jugadores están asumiendo los últimos resultados que, justos o injustos, nos dejan a un paso del abismo. Hubo además la-crítica-que-no-cesa al entrenador. A un técnico que hace tres meses se mostraba desolado ante la autodestrucción en la que vivía el entorno del club y que ha conseguido que no afecte a un rendimiento deportivo que es bueno, aunque cierto es que no lo son así los resultados. Algunos empiezan a hacer cuentas que no salen. Otros no paran de escuchar una y otra vez las confesiones del caso Osasuna, para identificar patrones por venir. La afición de los equipos de la zona baja se vuelve determinista en las diez últimas jornadas, aparece un Hobbes vestido de lobo en los sueños de cada socio. Cada uno sabe muy bien qué jugadores serán los que nos van a salvar y qué jugadores no. Cada uno conoce la solución, pero solo uno tiene la responsabilidad de aplicarla. Es momento de unirse en la confusión, de reír y perder el control cuando sea necesario y aceptar y tomar consciencia de que la única lucha es por salvar la categoría, que es ir salvando al club. Consenso de mínimos. Revisionismo. Y puntos.

Confusion in her eyes that says it all
(She’s lost control)
And she’s clinging to the nearest passerby
(She’s lost control)

And she gave away the secrets of her past
And said: I’ve lost control again
And a voice that told her when and where to act
She said: I’ve lost control again

And she expressed herself in many different ways
Until she lost control again
And walked upon the edge of no escape
And laughed: I’ve lost control

She’s lost control again
She’s lost control

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