Viva la Copa!

Al fin llegó la Copa. La Copa es una competición guay. Algunos la ensucian poniendo a los suplentes y vaciando los campos a propósito. Los pobres son unos desagradecidos de categoría. A quién se le ocurre? Salir con suplentes es un puto insulto. Nos gusta la Copa. La Copa es tierna, algo infantil, con todos esos equipuchos mirando la cara de sus papis desde el suelo. Nos gusta la Copa y además nos toca contra un Betis exquisito dirigido por Víctor Sánchez del Amo, lleno de jugadores random. Con Ryan Donk. La Copa facha. Con criollos marcando goles. La Copa caciquil de formato admirable, claro como el agua. La Copa del Mirandés, del Navalcarnero, del Tuilla, la Copa de los milagros. Bastante nos ofrecen con esto de poder jugarla. Somos basura y aún encima nos quejamos. Mira eso: delante del trabajo de papi hay 349 periodistas protestando. Se ve que no les gusta la Copa. No se dan cuenta de que es guay. Proponen que los equipos de provincias jueguen con juveniles para echar abajo la competición. Es triste despreciar semejante honor. Jugar la Copa a doble partido, poner el jeto, soñar para luego morir olvidados, sin que a nadie le importe un carallo. Morir por la familia, por el Estado. Viva la Copa! La boca del rebelde porta gangrena! Y los propios periodistas lo dicen:

la Copa como bálsamo

el refugio de la Copa

En la Liga estás como la mierda pero en la Copa puedes soñar! Como la Deportiva Minera! Como el Athletic, que la gana todos los años! Tú también puedes sacar tu barco a la ría! Es cuestión de tiempo, amigo, que te den tu buen pedazo de pan duro. No es ella rara, esa Copa? Blanca y bella? No es sin embargo un agujero negro precioso? Un bucle espacial temporal? Gravidad cuántica de bucles y la Copa, la misma cosa. Viva la lógica de la Copa! Orden divino! A quién le importa un formato? A quién le importas tú? Es la Copa y merece una genuflexión, maricón. Además, no tienes ni que ir a jugar a Plasencia o al Rododendro de la Sierra, vas directamente a Betis, a Sevilla la grande, al santísimo Benito Villamarín, no te tienes ni que humillar delante de la nación! Menos mal! Y los periodistas delante de la oficina de papi protestando, como si hubiese un camino que tomar para solucionar algo… Ya está bien de lecturas heterodoxas, marcusianas, supratentoriales! Viva la Copa y su aniquilación de todo conflicto. Muerte al recuerdo, que trae depresión. Todos contentos, frota que frota en el lavadero. En el reino de las cosas simples. Con su código, con su arriba y abajo. Con la promesa que viene de la cantera. Para que la veas fugazmente antes de que salga cedida y vuelva tres años más tarde en lo que supone un giro magistral en la planificación de tu club, que habla y habla y luego vende agua a los pozos, entendiendo que bueno, para eso estamos. Para la Copa, sueño envasado al vacío. Nada cantada y formateada. Viva la Copa.

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El rock’n’roll de las lerchas

En el combate a muerte por los cuartos de los coruñeses que se libró años ha entre las grandes superficies y las tiendas de barrio no está muy claro quien ganó. Para rebajar tensiones, a los márgenes del conflicto se quiso escoger un país neutral al que pintarle la cara (y quien dice pintar la cara dice pintar la fachada y tapar cuatro goteras) y este papel le tocó a los mercados municipales, reinventados con la noble intención de contentar a todos consiguiendo lo esperado, no satisfacer a nadie. Para ello y haciendo gala del dinamismo que necesitan estos tiempos y siempre en nombre de la progresía, algunos se dedicaron en cuerpo y alma a mover los puestos de cada plaza de una planta a otra como en un tetris maquiavélico mientras calculaban cuantos Bershkas podían meter en la ecuación sin que el edificio se viniera abajo.

Aquí en Elviña optaron por armar un sándwich a las hueverías-queserías con un hipermercado y un buffet asiático, así, sin lubricar. En el quincemilcuatro, que hay más guita, apostaron por mantener un núcleo al que le fueron escarchando capas de efnacs, estradivarius y vequios según se estuviera dando la cosecha de ese año o el IBEX35. Por aquella corrala vuelta del revés que era el mercado de la plaza de Lugo, con su verde musgo de los tejados casi patrocinado por Feiraco, no hubo cojones en toda María Pita a marear a las pescaderas.

Los de la banlieue solo las vemos por la tele. Cuando aparecen en antena entre silbatos y aturuxos, alguna tiene tantas tablas ante la cámara que da la impresión de no haber limpiado una lubina en su puta vida. Como cualquiera de esas chicas que sacan las canciones y parece que reciben a los extranjeros a la altura de Palavea con la cara pintada de cincuenta mil colores, las pescaderas también quieren –mamá– ser artistas.

En la víspera del crucial encuentro (que todos lo son), tiñendo de sangre una piel azul y blanca que firma Donato o Romero, le cuelan goles en fuera de juego a la cartera de los señoritos del barrio que no les caen bien, todos esos papás de santamaría y compañía que van a comprar las cigalitas a Rey Barona y paran en la carnicería a que les envuelvan un par de sanjacobos para los niños “que les encantan”.

No sé si les gusta el fútbol, si les importa un carajo la nueva normativa FIFA o el proceso concursal, testifican desde tiempos inmemoriales anuarios de victorias y naufragios con denominador común, el amor por la ciudad y sus gentes cuando se unen en esta suerte de orgullo entre costumbrista y obligado, ser del Deportivo ya sea por defecto o por exceso. La quintaesencia del coruñés de a pie que para a la salida de Riazor a los chavales y les dice “mira, ¿cómo quedó el partido?” y sigue andando sin esperar la respuesta.

Mucho caldo tienen que repartir en las cajas del Primark de Marineda para que se les quede todo este marketing. El día que armen la liga de fútbol indoor de pescaderas nos la llevamos de calle con Champions League y Golden Boy incluido (y evidentemente sin el trofeo al fair play). Y como al Iván Ferreiro se le ocurra volver a entrar para celebrarlo van a tener que repartirse los de seguridad, uno para decirle “¿no te puedes callar un poquito que estas señoras están trabajando?” y nueve para agarrar a la Gitana antes de que lo saque a patadas.

Si se les eriza el vello cuando salta Bichiño a calentar, si son naturales de Corcubión o Muros y si sacan el género bueno cuando vienen las amistades, eso al final da igual. También que no se vayan a quedar a ver como acaba todo. Se las quiere por lerchas, por cuando colorean el telediario de bocinazos, guarachas y nostalgias, de camisetas gastadas y guirnaldas, por meter al Deportivo hasta en la sopa aún con desgana, con ese sentimiento brigantino del que escucha los goles de espaldas al campo, impostando la sonrisa por la calle Barcelona, la Gaiteira, el Cantón Pequeño o la avenida Los Mallos sin tener ni idea de cómo vamos en la clasificación. Cuando las veo, veo aquellos años y aquellos tiempos que indefectiblemente cambian. Quizás ahora nos conformamos con menos porque estamos consiguiendo más. Últimamente entre gritos de lonja solo anuncian los mayos como quien festeja el último cumpleaños de un difunto. Señores, véanlo por el lado positivo. Aquellas primaveras no se escaparon en un furgón repleto de maletines. Se las llevó una caravana de hormigoneras.

La foto es de fotoscanon en Flickr.