Murcia-Dépor, J25. La crisis.

Jornada 25 de la Liga Adelante 2013-2014. Domingo 9 de febrero.
Real Murcia 1-0 R.C. Deportivo (Dorca, 41).

Era una crisis de valores, que estábamos sufriendo todos y por culpa nuestra, ojo, porque habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades.

Estaba todo muy claro hasta que nos dimos cuenta de que no era una crisis de valores: nos habían robado siempre, y antes, cuando los buenos valores, incluso las monjas robaban bebés. Ya sólo les quedaban dos coartadas: que vivimos por encima de nuestras posibilidades y que la crisis la sufrimos todos. Que todos lo estamos pasando mal. ¿Está claro, no? Los niños vuelven a comer muchas patatas y a no quitarse el pijama para ir al colegio. Pero, ¿y ese pequeño inversor inmobiliario que ha tenido que vender su Porsche Cayenne? ¿Eh? ¿Y ese otro que ya no puede invitar a gamba roja a todo dios? Parece que la crisis al final era eso, que todos vivamos un poco peor, menos los que nunca vivirán peor.

Mira al Deportivo y al Murcia, por ejemplo. Uno ganaba títulos y tenía a Fran, a Bebeto y a Mauro Silva, y luego a Rivaldo, a Djalminha, a Valerón. Tenía hasta a Coloccini, y quizá no era consciente de tanta dicha. Y el otro quería hacer lo mismo, y no había manera. Pero al menos subía a Primera de vez en cuando, y tenía a Jensen y a Hurtado, y luego a Baiano. Y míralos hoy en Nueva Condomina, austeros, maldita sea esta crisis que todos sufrimos. Qué ruina. ¿Y tú cuánto debes? ¿Seguiremos vivos al final de temporada? ¿Qué hacemos con Hacienda? Dos rivales de siempre, enfrentados como dos enemigos íntimos que se juntan en un bar a comentar su decadencia, maldita crisis, pero que vuelven a luchar por la rubia de la barra, que ya no es tan atractiva, pero qué diablos, sigue valiendo tres puntos.

Y la batalla por la rubia fue como la de los viejos tiempos. Con lo que cada uno tiene ahora. Con esa impresión inicial de que a las chicas le siguen gustando los Salomaos, claro, de que en cualquier momento los gallegos invitarían a una ronda y se la llevarían fácil. ¿Pero alguien piensa que en la Segunda A actual se folla fácil? En este bar, las cervezas, o el ambiente áspero, o a saber qué, iguala las fuerzas todas las tardes. Y el Murcia de este año pasa hambre, pero viste de manera impecable, y cuando se echa colonia puede llegar a parecer guapo.

O puede que sea la maldita crisis, que sí la sufrimos todos, menos los grandes. Que ya nadie puede invitar a gamba roja, y Casto, Molinero y Toribio no sean menos que Fabricio, Laure y Bergantiños, que Eddy tenga prisa por dejar de comer patatas y que Toché esté cerca de vender el Porsche Cayenne. Y la rubia, que se podía haber ido con cualquiera, se fue con un Murcia que insiste tanto que termina por tener su encanto, como el partido, en el que Murcia y Deportivo recordaron los buenos tiempos, hablaron de sus achaques y se despidieron con esa tristeza de los que no saben si se volverán a ver algún día.

No era una crisis de valores, pero parece que sí la sufrimos todos, menos los que nunca sufren. ¿Y la culpa es nuestra? ¿Vivimos por encima de nuestras posibilidades? Cuentan que al final del partido, Kike García se acercó a Marchena y le preguntó, preocupado: “Carlos, ¿hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, tío?”. Y el central, con una sonrisa, abrazó al delantero y le contestó: “¿Acaso hay otra manera de vivir?”.

sadman*Esta crónica es fruto de la colaboración con Mondo Moyano.

Ponferradina – Dépor, J15

Jornada 15 de la Liga Adelante 2013-2014. Domingo 24 de noviembre.

SD Ponferradina 0 – R.C. Deportivo 1 (Culio (p), 31)

Cual niño-bestia en plena transformación, el Deportivo saltó (4-1-4-1) a la mina del Toralín buscando un buen lugar donde plantar la bomba y hacer volar el wólfram berciano. Todo salió bien. La calma de los primeros minutos dio paso a un crujir de tibias, omóplatos, cabezas y en las cabezas pantanos, monumentos grises a un fútbol de otros tiempos. El equipo de Vázquez se asentó como siempre, su caparazón repelió apenas dos embestidas y, tras una buena combinación, penalti a favor, gol, serenidad en las filas, brigada del Gas que a partir de ese momento luchó en cada rincón de la peña. Entre tanta voladura, medio equipo ponía el pecho para que las astillas no destrozasen a los tímidos, a saber: Lux, el poeta ligón que guiña un ojo cuando el humo se disuelve; Machete, juntacadáveres que pide más al enemigo; Ínsua, el que todo lo entiende sin abrir la boca; Bergantiños, roca cuarcífera; Culio, sí, no hay pacto posible entre leones y hombres. Difícil maniatar a semejante tropa. La Ponferradina lo intentó, pero había muchas trampas y al final del túnel el Poroto, que va mereciendo odas y un buen trago. Paradas de escándalo, suavidad asombrosa, golpeo del balón plano y preciso. Tirará bien las faltas? Una lástima no haber disfrutado de sus habilidades hasta esta temporada.

Dios!

Fuego ardiendo!

La dinamita, Claudio Barragán, dos mil deportivistas aporreando la hojalata. La segunda parte pasaba y, con el Eibar ganando en Huelva, nos acercábamos a la cima. Líderes.

Tenemos carácter, demostrado queda, tenemos un mérito de la hostia. Asesinamos posesiones, las hacemos estériles, somos los más fuertes. Asesinamos equipos de ninjas, escuelas enteras de toca y vete. En verano bailamos con la muerte, partíamos del fango, pero uno tras uno fueron cayendo a nuestro paso y ahora queremos más, como Machete. Tenemos elecciones, las gradas llenas, el alcohol subiendo, estamos excitados, nos lo merecemos. Y el equipo parece comprenderlo.

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Dépor – Mallorca, J14

Jornada 14 de la Liga Adelante 2013-2014. Domingo 17 de noviembre.

R.C. Deportivo 3 – 1 R.C.D. Mallorca (Luisinho, 23; Luis Fernández, 32; Víctor Casadesús, 48; Marchena, 57)

Me dice Martín Castiñeira que él no vio oltrismo en el Mallorca que ayer salía derrotado de Riazor, que el oltrismo que conocimos aquí fue creer por encima de todo y él vio a un equipo que metía el dedo en la herida como Tomás incrédulo. Yo vi, en cambio, a un buen equipo plantarse en un campo difícil, luchando con un planteamiento valiente y las ideas bastante claras mientras se topaba con la desgracia en cada esquina. Durante los primeros minutos montó un temporal desde el sector izquierdo que amenazó con llevarse por delante el Paseo Marítimo. El dique estaba hecho de azucarillos, con un Seoane dubitativo y unas ayudas de Juan Domínguez y Arizmendi que nunca llegaban a tiempo. Aquello no iba a durar.

Situación nueva: el Deportivo de Vázquez desbordado por un rival, inferior sin buscarlo. El de Castrofeito lo tuvo claro, pidió un tiempo muerto para que su equipo se pusiera el traje oscuro de las visitas, que es más sufrido para las manchas, mientras aceptaba el intercambio de golpes. Si no había robo, repliegue a campo propio, salida de balón con cinco jugadores casi en línea y balones a Culio, que con su culo tamaño balón medicinal, forzaba una y mil faltas más allá de mediocampo. Funcionó. Además, en una de estas, robo del 19, balón profundo a Arizmendi que centró desde las Esclavas para que Luisinho la empujara. El portugués no ha hecho demasiado como para asentarse en el once titular, pero va a más en cada partido, habla un castrapo mezcla de lateral y extremo  y nos lleva un pelo que parece recién llegado de Santa Comba. Apto.

A partir de ahí, Oltrismo. Mutó el Mallorca en un inconcebible 3-3-3 cuando a Geromel se le pusieron las dos neuronas a bailar un zapateao y se autoexpulsó tras insistir dos veces en menos en pocos minutos buscando la segunda tarjeta. Se vio reflejado a sí mismo en un espejo el Dépor y pinchó donde dolía, como vengándose de la sombra del recuerdo del año pasado. Lo hizo a balón parado, en uno de esos balones tensos que pone el argentino Culio. El rechazo del portero a remate de Marchena lo empujó Luis, que ya celebraba el gol cuando Juan Emmanuel tocaba el balón con su zurda caníbal, de tan solo que estaba en el segundo palo. El de Burela trae y lleva el pescado de un sitio a otro, está lejos de ser un prodigio en nada, pero tiene la inteligencia práctica de quien tiene las cosas claras y eso le convierte en un delantero, a día de hoy, más útil que Borja.

También fue muy de Oltra el amago de remontada que con el gol de Casadesús (sexto a balón parado de los ocho encajados en catorce partidos, más anecdótico que preocupante, en mi opinión) y el anulado a Alfaro tras asistencia de Lux (sabíamos que un par de estas iban a tocar a lo largo de la temporada) trajo nervios a las gradas, aplacados de nuevo por un centro de Culio que Marchena empujaba en el segundo palo tras la salida en falso de Rubén Miño. Decir solo del argentino que estuvo involucrado directamente en los tres goles del Dépor estaría restando méritos a su partido. Ya asentado en la zona del interior izquierdo, ejerce de líder pegando dentelladas al aire para proteger a sus compañeros, reteniendo el balón para sacar de atrás a un equipo diésel y encontrando con facilidad combinaciones en corto en su sector y cabezas que rematen sus centros en el área. Él es la variable principal en la ecuación de Vázquez, ecuación empírica que aún nadie ha sabido explicar pero que se ha plantado, ya terminado el primer tercio del campeonato y tras obtener resultados positivos contra tres rivales directos, en la segunda posición. Y Vázquez, a hombros de Culio, ya pide más y más mientras le brillan los ojitos detrás de las gafas.

DEPORTIVO MALLORCA

Dépor – RM Castilla, J12

Jornada 12 de la Liga Adelante 2013-2014. Domingo 3 de noviembre.
RC Deportivo 2 – 0 RM Castilla (Marchena, 14; Luis Fernández, 92).

Los partidos frente a filiales siguen habitualmente un ritual muy similar. El público se acerca, curioso, a ver esas caras que salen en las portadas de los diarios y que provocan peleas en las tertulias. Los jugadores, encendidos, huelen la grandeza y gritan oficio oficio oficio muy fuerte y muy alto mientras salen al campo. Y parecen partidos muy especiales, pero es todo un paripé y al final nunca nada. De nada.

Se presentaba el Deportivo en Riazor con la baja del barrendero polaco y ejerciendo el ucraniano de Os Mallos como fontanero de urgencia en una medular que no parecía extrañarle tras sus más que buenas actuaciones en el eje de la zaga. Se presentaba el Castilla porque le tocaba, con 4 puntos de 33 posibles y Toril con cara de circunstancias desde que se quedó sin nécoras para la segunda parte del Rayo – Real Madrid de la noche anterior. Volvía también Marchena, muy jaleado por la multitud, que añoraba una historia de amor que aún estaba por producirse. Así, tras un mal centro y una peor prolongación, el sevillano cazó una media chilena desde la frontal que, con trayectoria de mortero, caía en la escuadra poniendo un 1-0 que sonaba ya a resultado final, cuando en el reloj del municipal herculino no se había alcanzado aún ni el ratito de partido. Manos a la cabeza y algarabía en los locales, maldiciones en los visitantes, que se sabían en aquel momento protagonistas de una foto en la que no querían salir. Incredulidad general por un gol que no hace sino prolongar la admiración hacia el nuevo ídolo blanquiazul, que no lo es más que por trayectoria y profesionalidad. No es poco. Tampoco demasiado.

A partir de ahí, el ejército desarmado de Castrofeito conocía su labor a la perfección y cumplió con las planificadas y ya habituales maniobras de destrucción y desconcierto, pese a que la lesión de Insua pareció que podía añadir incertidumbre a una tarea tan rutinaria a estas alturas de la competición. No fue así y apenas concedió dos oportunidades a los visitantes en jugadas que sería generoso no calificar de fortuitas. Subido a los hombros de un omnipresente Culio, el Deportivo aplacó cualquier duda sobre la ya acostumbrada pobreza de su juego ofensivo con un ligero movimiento de cabeza en dirección al marcador. La expulsión de Cabrera sirvió tanto para revelar aún más la incapacidad de los coruñeses a la hora de cerrar partidos como para encender los ánimos del Castilla hacia un árbitro al que también le reclamaron con vehemencia un penalti de Kaká al Cristianito de turno. Aquí nos pareció que el colegiado acertó en las dos jugadas, pues creemos que toda falta a Juan Domínguez debería acarrear la tarjeta roja y somos incapaces de concebir que Bezerra, el brasileño que llegó de Hungría, sea capaz de hacer algo mal. De todas formas, no tenemos nada en contra de ganar robando. Y si puede ser impune y descaradamente, mejor que mejor.  Y ya puestos a reivindicar, también creemos que la maría para Rudy ha de ser de mejor calidad, pues lleva dos partidos más perdido que Juan Carlos, el descartado, en la Facultad de Filología.

Ya la gente de Riazor se retiraba con gesto taciturno por la reiterada falta de lucidez en el último tercio del campo rival cuando Luis rompió su virginidad en Liga con un fuerte disparo de pierna derecha y fue agradeciendo la paciencia recibida con grandes aspavientos, abrazando uno por uno a todos los asistentes, que se retiraron finalmente a sus casas, hoy sí, alegres por la segunda victoria en territorio local y la tercera plaza en la clasificación.

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Real Jaén – Dépor, R3 CdR

3ª Ronda de Copa del Rey 2013-2014. Miércoles 16 de octubre.

Real Jaén 2-0 R.C. Deportivo (Servando, 72; Juanma, 78).

Brrrrrr, pareció escucharse entre la mayoría deportivista al ver la línea de 5+Marchena. Terminó el partido y el pueblo aún no había parado de resoplar.

Fue horrible.

Saltaron los pupilos de Vázquez a un campo en el que los jóvenes coruñeses no habíamos visto nunca jugar a nuestro equipo. Capitán casi siempre de alma y hoy también de brazalete, salía el Páter con varios de los niños de la mano. Uxío, que volvía tras dejarse la nariz en Córdoba, se colocó por detrás de él. Teles a su lado. En una banda Bicho, que se dio cuenta de que por ahora sus picaduras solo son venenosas en Tercera. Para completar el ataque, Juan Carlos y Luis, a los que ya damos por hombres y todavía miran debajo de la cama al acostarse a dormir en Segunda División.

Los laterales la perdían y se perdían ya fuese intentando defender o amagando con atacar. Por delante de Teles, el que intentó poner algo de criterio de vez en cuando, JuanCar y Bichito no hicieron más que tropezarse y perderla, como si las botas les quedasen pequeñas o nunca hubiesen visto un césped seco del Sur.

La línea de 5 funcionó a veces pero solo porque eran muchos y el Jaén si no se empotraba contra uno lo hacía contra el otro. Jona, que parece jugar mejor cuando mira con su culo gordo a la portería, acumuló más uys hoy que goles en su etapa como fabrilista.

Fabricio, el único que se acercó al notable, salvó goles hasta con la cara pero no pudo con Servando. Servando Sánchez Barahona, ex de Roquetas, San Roque o Díter Zafra. Entró a un córner corriendo desde la Segundabé con tanta fuerza que nos hizo gol y KO en el mismo instante. El de Juanma, otra vez tras una jugada a balón parado, sirvió para dejarnos claro que los adolescentes no hacen el amor todos los días.

Salió Núñez al final, que debutó corriendo en línea recta pero bien. Como queriendo decir que igual lo que hace Arizmendi, él lo puede hacer un poquito mejor.

Si ha de ser, será en Liga.

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El machete entre los dientes

A éste los veranos le cogen que no sabe si meter en la maleta la ropa de invierno o de verano, si las palas o las espinilleras, que si el paraguas o el bañador. Pero en Coruña aún no se había ni propuesto descongelar el refrigerador y el FIFA14 no bajó a comprarlo porque a Carlos Marchena estos pasatiempos modernos le parecen de niñatos de la sub-19, deseando que acabe el partido para sacarse una foto en la cabina del avión y meterla a Instagram. Y eso a él se la trae al pairo, o peor aún, lo devuelve a algún verano de Las Cabezas de San Juan, a una mesa de bar rezando porque llegue la fresca y tocar balón o espinilla, con unos naipes raídos en la mano y palillo entre los dientes, que si no fuera por el 35% de paro veríamos un retrato perfecto del lejano oeste y a Marchena en el papel de sheriff de permiso.

Y todo va en la sonrisa. En la sonrisa de hijo de meretriz. Olviden la dulzura, Marchena si abre la boca es para enseñar los dientes, casi como recurso literario de uno al que no le apetece hablar pues se sabe esclavo, en este país de portada y portería, de cada fonema. Sonrisa como vía de escape del que acaba de intentar quitarle una legaña al delantero con el codo y es más listo que aquel Juanma que levantaba los brazos con circense gesto infantil para decir que él no había empezado la riña. A éste le sobran escuelas y pasantías y ya lo único que se otorga cuando no quiere conceder ni una palabra (porque sabe que ninguna palabra podrá salvarlo) es cerrar esa sonrisa carente de todo tipo de empatía y poner un gesto serio, maduro, con tanta seguridad en sí mismo que a veces parece que el árbitro busca su mirada de aprobación para preguntarle intranquilo si puede continuar con el encuentro.

En esa sonrisa franca de Marchena se ahogaron mil naves y otras tantas rodillas. Arizmendi lo vigila desde una esquina del vestuario y aún se pregunta cómo no le descorchó la cabeza hace ocho años, que como pudo dar un golpe tan preciso y que todo siguiera en su sitio y precisamente por eso fue, quizás, que lo pillaron.

Tiene las gónadas peladas, no por coquetería si no porque hasta el pelo le saltó de la mala hostia. Tanto daño quiso hacer que hasta se convirtió en talismán cuando llevábamos años pensando que todas esas victorias ante San Marino o Malta eran porque Su Alteza Real se dejaba caer por el palco. Tanto daño quiere hacer el sevillano como tanto amor acaba provocando. Ahora que nos rasgamos las vestiduras con tanto seny, tanto savoir faire, fair play y demás bullshit del fútbol moderno, nos olvidamos de que el fútbol se inventó para saber cuál de los dos pueblos de mierda colindantes tenía a los habitantes con la chorra más larga. De esta estirpe de la bronca, de la pillería barata y del tocar los testículos ajenos con voluntad y premeditación (que románticamente salva un Diego Costa admirable en esta generación) nos parió con dolor el estado a este Carlos Marchena al que ves como clava la cabeza desde un córner en una carambola al gol y busca la mirada de todos los contrarios mientras vuelve a su campo a paso adagio y el público se extasía, gritándole y amándole a la vez, pues a los rivales a los que más se adora es a aquellos que ves que usan las cloacas de la cancha para colarse hasta la portería o para esconder los cadáveres, los que mandan callar, los que meten la pierna o la mano en el punto muerto de visión del árbitro. En la biografía que le escribirán a Iago Aspas se reconocerá que fue Marchena quien le tiró un besito desde el suelo y que veinte años más tarde en su ranchito de Moaña aún no podrá explicar cómo cayó en el embrujo.

Está ahora mismo conectando el deshumidificador, que aún no se ha hecho a estas latitudes y eso que viene por el jornal, por dar las gracias, porque si el Deportivo le buscaba cuando estaba en la élite, ahora siguió confiando en él, como quien se va con una exnovia gordita diez años más tarde porque se acuerda de lo bien que se movía en la cama y con esta decisión arriesgada logra pegarse los polvos de su vida. Viene por menos de lo que merece porque a Carlos Marchena, con tener un balón y la posibilidad de hacer el mal durante 90 minutos con él, el resto le da absolutamente igual.

Saltaba al campo ante el Alcorcón entre bufidos de una grada que más que el fútbol le gusta desconfiar. Otros aplaudían a rabiar y los titulares escupían a la mañana siguiente: “no se pasen, no le aplaudan de más”. Aplaudir de más, claro. Lo que había que hacer con Marchena es ir a buscarlo a la salida con un fajo de billetes y números de teléfono y decirle que esa noche ya tiene todo pagado desde la calle de la Torre hasta el puente del Pasaje, que vaya preparando hígado, nariz y pene y luego dejarle que te mire a los ojos con condescendencia de sheriff saliendo del Saloon, que maneja el machete como los indios a los que dispara, y te diga “mira chaval, a Noé le vas a enseñar tú lo que es la lluvia” y te firme un autógrafo en un billete de cien mientras no cierra la sonrisa ni a tiros.

“¿Tú y cuántos más, tolai?”