Dépor – Sevilla, J26

Jornada 26 de la Liga BBVA 2014-2015. Sábado 7 de marzo.

R.C. Deportivo 3 – 4 Sevilla F.C. (Oriol Riera, 28,72; Lucas Pérez (pen), 93; Vitolo, 33, 52; Gameiro (pen), 65; Sidnei (pp), 83)

Romper el candado de la transición vazquista. Construir la nueva hegemonía. Derrocar a los populismos. Unificar frentes opuestos bajo una estabilidad, ficticia o no, que solo puede dar una permanencia tranquila, casi democrática. Apagar el incendio. Tranquilizar el entorno. Limar las diferencias. Víctor Fernández, pacificador sin ceja, nunca tuvo un trabajo fácil. Por eso llama tanto la atención la aparente calma con la que sale el equipo al campo, aún en esta temporada infinita de resultados pírricos. Por eso llama menos la atención el oltrismo extremo vivido el sábado en Riazor.

Fue mejor el Deportivo durante gran parte del partido. 60 minutos en los que presionó con acierto, recuperó arriba y llegó con claridad. 60 minutos que entroncan con los momentos de buen fútbol que viene realizando el equipo en las últimas semanas, pero que resultaban en otra derrota en el marcador. Vimos los dedos y la lengua de Riera por primera vez esta temporada, tras conducción de un Lucas turbulento y centro tenso de un Cavaleiro siempre útil. Vimos en cambio endeblez en Juanfran, Álex y Borges, que junto a la desubicación de Insua y las genialidades de Bacca y Vitolo, permitieron al Sevilla darle la vuelta al partido.

Quizás la metáfora más acerada y cruel de la temporada fueron los minutos posteriores al segundo gol sevillista. Ejemplares los jugadores en esos minutos de locura oltrista, desafortunados en su ataque desbocado que causaba grietas pero no derribaba pilares. Probablemente ese era el momento de tomar decisiones desde el banquillo, justo antes de que una bala perdida dejara sin consciencia a Juanfran, que tirado en el suelo rompía el fuera de juego previo al penalti de Insua sobre un omnipresente Vitolo. Hubo más goles y más ocasiones de ambos equipos, un Deportivo epiléptico que atacaba entre convulsiones y no era capaz siquiera de defenderse. Al final, nada relevante más allá del desconcierto que asolaba a un público que reclamaba dimisiones sin saber muy bien a quién apuntar.

Hubo caos, se perdió el control, sí. Hubo confusión. Otra vez, sensaciones conocidas y agradables cuando montados en la ola nadábamos hacia la portería del rival. Otra vez, también y sobre todo, frustración cuando tocó remontar el río a contracorriente. Hubo aplausos al final, pese a todo, porque nadie pudo dejar pasar el arrojo con el que los jugadores están asumiendo los últimos resultados que, justos o injustos, nos dejan a un paso del abismo. Hubo además la-crítica-que-no-cesa al entrenador. A un técnico que hace tres meses se mostraba desolado ante la autodestrucción en la que vivía el entorno del club y que ha conseguido que no afecte a un rendimiento deportivo que es bueno, aunque cierto es que no lo son así los resultados. Algunos empiezan a hacer cuentas que no salen. Otros no paran de escuchar una y otra vez las confesiones del caso Osasuna, para identificar patrones por venir. La afición de los equipos de la zona baja se vuelve determinista en las diez últimas jornadas, aparece un Hobbes vestido de lobo en los sueños de cada socio. Cada uno sabe muy bien qué jugadores serán los que nos van a salvar y qué jugadores no. Cada uno conoce la solución, pero solo uno tiene la responsabilidad de aplicarla. Es momento de unirse en la confusión, de reír y perder el control cuando sea necesario y aceptar y tomar consciencia de que la única lucha es por salvar la categoría, que es ir salvando al club. Consenso de mínimos. Revisionismo. Y puntos.

Confusion in her eyes that says it all
(She’s lost control)
And she’s clinging to the nearest passerby
(She’s lost control)

And she gave away the secrets of her past
And said: I’ve lost control again
And a voice that told her when and where to act
She said: I’ve lost control again

And she expressed herself in many different ways
Until she lost control again
And walked upon the edge of no escape
And laughed: I’ve lost control

She’s lost control again
She’s lost control

jpg (6)

Dépor – Eibar , J22

Jornada 22 de la Liga BBVA 2014-2015. Viernes 6 de febrero.

R.C. Deportivo 2 – 0  S.D. Eibar (Lucas Pérez, 52; Iván Cavaleiro, 79)

Cuatro días completos. Cuatro días de incertidumbre en los que la gente caminaba inquieta por las calles mirándose y empero no atreviéndose a comentar nada,  crepitando mientras tanto la política en los bares ante la ausencia de un tema más adecuado. Cuatro días raros, desconectados de toda la vorágine de destrucción en la que se había sumido la ciudad en los últimos tiempos. Cuatro días fueron los que tardó la LFP en confirmar que lo que algunos habían experimentado en persona y otros habían visto desde la distancia era cierto. No fue hasta el martes a mediodía que por fin lo supimos. De una manera curiosa, además. Al mismo tiempo que confirmábamos lo que todo el mundo sabía pero nadie se había atrevido a expresar, toda la jornada 22 en primera división parecía reducirse a lo sucedido el viernes por la noche en Riazor.

not

Menos mal que así lo quiso Tebas y por fin lo confirmó el martes, acabando de este modo con la incertidumbre que nos asolaba. Menos mal que así lo quiso, pues de no haber querido igual nadie se daba cuenta y esos tres puntos conseguidos en viernes nunca habrían subido a la clasificación. Y habiendo esperado cuatro días, tampoco nadie se iba a quejar por tener que esperar hasta la última frase para confirmar lo que todos y cada uno de nosotros estábamos esperando. Ahí estaba: el resto de espectadores presentes en el estadio se habían comportado de forma correcta. Nadie había consumido ninguna sustancia prohibida, nadie había empujado a otro en la, imaginamos ordenada, salida hacia la calle. A nadie ni siquiera se le había resbalado la cáscara de un fruto seco hacia el espectador presente en el asiento anterior, de tal manera que le podría haber causado una ligera sensación de molestia, de incomodidad. No. Todo había salido a la perfección.

Asumimos por tanto que los jugadores del Eibar, espectadores el viernes y equipo revelación hasta ese mismo día, también hicieron lo posible por comportarse de manera correcta, que es lo más importante en estos tiempos. Comportarse de manera correcta, ser generosos con el anfitrión, rechazar sus ofertas con un sincero “no, gracias”. “¿Algo para beber, SD Eibar?”, “no, gracias, vengo de tomarme un café”. “¿Te traigo una silla?”, “no, gracias, que llevo todo el día sentado y así estiro las piernas”. Es más, asumimos también que comportarse de manera correcta es ahora no intentar perturbar la victoria local, ayudarlo si acaso. Facilitarle la tarea hasta donde sea posible. Un error del portero por aquí, otro del central por allá. ¿Que el niño bonito de la afición no es capaz de marcar su golito? Tómala botando en la frontal, que no se hable de descortesía por nuestra parte. ¿Que al jugador más sacrificado de los locales no le salen las cosas? Un pase atrás un poco corto y malo será que no llegue para empujarla a gol. ¿Que la gran esperanza de la cantera no está teniendo una temporada demasiado convincente? Pues no nos acercamos al área y asunto arreglado, no vayamos a causarle un disgusto.

Tal fue la corrección vivida el viernes en Riazor, y así lo sentimos todos nosotros en aquel momento, que no tuvo Tebas más remedio que destacarla en su comunicado del martes. Destacarla incluso frente al resto de correcciones vividas en los otros nueve campos en los que se disputó la jornada 22 de la primera división. Correcciones todas ellas de gran nivel, seguro, pero no de tanto como la vivida el viernes en Riazor. Y si yo mismo pudiera haber redactado ese comunicado, que ya no se llama comunicado sino nota informativa, solamente habría añadido una pequeña acotación que acentuara aún más la corrección con la que todo el resto de los allí presentes, menos los señalados, se comportó el viernes por la noche.

Dichos cánticos no fueron seguidos ni coreados en ningún momento por el resto de espectadores presentes en el estadio, cuyo comportamiento fue correcto en todo momento. Menos los murmullistas, que son todos unos hijos de puta, se comporten como se comporten.

 

jpg (1)

Dépor – Granada, J20

Jornada 20 de la Liga BBVA 2014-2015. Domingo 25 de enero.

R.C. Deportivo 2 – 2 Granada C.F. (Piti, 6; José Rodríguez, 34; Lucas Pérez, 38; Ibáñez, 83)

Luuuu-caaaas... El personal se relamía de lo lindo con la vuelta del pirómano del Barrio de las Flores después de que su rodilla izquierda fuese enviada al Centro de Observación Incandescente Saturnino. La visita del colista a Riazor parecía el momento apropiado para que el coruñés realizase unas cuantas incisiones con sus colmillos, azuzando a un público inmensamente necesitado de una inyección como la que le meten a Uma Thurman en Pulp Fiction, pero lo cierto es que fueron los pupilos de Carapiedra los que salieron mejor, más presentes, consiguiendo un gol tempranero cocido en la mantequilla mental de Sidnei y Foda-se Caralha.

La grieta provocada por el tanto de Piti empezó entonces a echar pus, y duró unos cuantos minutos, contagiando la atmósfera y mareando no solo a gaviotas sino también a padres de familia que, vestidos de inútil mañana de domingo, se cagaban dulcemente en las palmas de las manos de sus chiquillos. Fueron ellos los primeros en murmurar y muchos los siguieron, dejando claro que esta temporada el estadio ha perdido tanta magia como el propio club. Sin pueblo y con los Blues aún convalecientes, fueron dos de los elementos más carismáticos y por ende más populares del equipo los que se abalanzaron sobre la defensa comandada por Diego Mainz. En manga corta, con guantes y a la izquierda, Luisinho percutía y montaba una oda al rayo junto a un Lucas Pérez que a día de hoy es de lo poco que nos queda, por empuje y por Amor. Así, tocado por este dúo, el Deportivo configuró dos acercamientos eléctricos a la portería granadina que acabaron por remontar el partido antes del descanso. Dos goles, dos lances, dos luces: pase animal de Bergantiños en el primero, arrancada desde Perillo y posterior penetración en el área de Sidnei Rechel da Silva Júnior en el segundo.

Tras el descanso volvieron las sensaciones torcidas y Lucas dejó su sitio a Fariña entre vítores y sueños orzanísimos. Luisito, también ansiado, rompió la monotonía poco después de ingresar soplando un golpeo tanguero que casi se cuela por la escuadra de Oier. Poco más. El tiempo se hacía plomizo y, aun más o menos asentado, el Dépor olía a tontería y mano a la frente. Al final, pasó lo que les pasa a los equipos azotados por vendavales, inestables, sin alma: empatar con el colista en casa, sin saber muy bien por qué, empapado en lugares comunes, sequedad en la boca, ruedas de prensa vacías, cierto mal fario y expulsiones que lo dicen todo. Ahí plantados. En el dolor de cabeza interminable. El que Luquitas Pérez tratará de reventar.

luquitas