Atlético – Dépor, J29

Jornada 29 de la Liga BBVA 2015-2016. Sábado 12 de marzo.

Atlético de Madrid 3 – 0 R.C. Deportivo (Saúl, 18; Griezmann, 60; Correa, 83)

Hemos perdido contra los siervos de Satán. Es lo que hay. Y esa es toda la crónica que este analista tan poco dotado puede hacer sobre el partido. Añado: jugó Manolo. Se lesionó.

No deja de ser admirable el esfuerzo titánico del Deportivo por desandar el grandísimo paso hacia delante que parecía haber dado en la primera vuelta. Como un sprint de Messi pero hacia atrás. La misma habilidad para sortear obstáculos uno que para ponerse palos en las ruedas el otro. Aquella vez que pensamos que nuestro Depor ya era un hueso duro de roer para las ratas del top 5, estábamos reincidiendo en el mismo pecado que cuando creímos que Juando ya era THE MEDIOCENTRO. Nos presentábamos con cara de póker ante rivales poco más que aristocráticos y se la plantábamos bien plantada. Y a recoger cosechas abundantísimas, más en autoestima que en puntos, pero con una confianza bestial de la que ya no queda nada. No he visto un partido del Levante en toda la temporada pero, ¿habéis visto qué dupla tienen arriba? Deyverson, ¿habéis visto qué tío? Está a un par de goles de que aparezca el número de su representante subrayado en rojo en una agenda vieja de Lendoiro. Un maquinón. ¿Y Rossi? ¿Pero ese no estaba en la órbita del Madrid hace no tanto? Jugador fundamental para comprender el siglo XXI. Y míranos a nosotros. ¿Pero con qué nos vamos a presentar ante semejante rodillo? ¿Qué trinchera de pañales y periódicos viejos vamos a edificar para que el colista no nos pinte la cara color esperanza? ¿A qué espíritu podemos invocar? ¿Qué religión abrazar? ¿Qué vacío legal nos puede rescatar de este Juicio Final?

Como no sé nada de nada, le he preguntado a Martí. Martí es un chico de nuestra edad (de la edad que tiene todo el mundo, vaya) que es hincha del Levante. Y ni siquiera lo es por afinidad geográfica, que tiene más mérito, sino por una suerte de hechizo raro de la temporada 11/12 en la que el Levante cabalgó a la vanguardia del campeonato. Qué pocos recuerdos tengo de esa temporada: el Depor ni estaba en primera y la ganó el Madrid, parece de los 80. Me ha dicho que están bien, que están confiantes. Que las imágenes de la grada al finalizar el partido eran de equipo que se va a salvar. Que tienen a dos o a tres que ahora mismo se creen Laudrup. En fin, ninguna buena noticia. Y todo esto como antesala de un #onosoderbi. Uno al que podríamos incluso llegar desahuciados pero ya de ningún modo crecidos. La confianza metanfetamínica pasó a mejor vida. Tal vez sea mejor así y no llegar con el cuello de Djalminha subido. Llegar pidiendo perdón por el penal de Medunjanin y que nos canten el Desime. Y que vuelva la flor.

Sí, que vuelva ya la flor.

efe_20160312_213146028

Real Zaragoza-Dépor, J31

Jornada 31 de la Liga Adelante 2013-2014. Domingo 23 de marzo.

Real Zaragoza 0 – 1 R.C. Deportivo (Laure, 30).

De pequeños, a esta pregunta mis amigos daban siempre la misma respuesta: el coño.
Pero yo respondía: el olor de las casas de viejos.
La pregunta era: ¿Qué es lo que realmente te gusta más en la vida?
Estaba destinado a la sensibilidad.

Jep Gambardella es un tipo limpio, fino y educado. Un auténtico hijo de puta sofisticado y encantador. Un vividor algo pasado de moda. El puto amo.

El bueno de Jep baila La Colita mientras celebra su sexagésimoquinto cumpleaños. Se sienta en su cocina y bebe un zumo de naranja mientras intercambia pullas cariñosas con su asistenta. Aconseja a su amigo y mánager Romano sobre la vida y el amor. El viejo Jep diciéndonos que ya no tiene tiempo para hacer cosas que no quiere hacer. Jep detestando la vanidad, atacándola, destruyéndola. Jep sumido en la nostalgia, evocando un recuerdo. Jep llorando en un funeral, pervirtiendo sus normas, derrumbándose. Deejays y violinistas. Performances y copias romanas de un original griego. Y nos queda el recuerdo, porque La gran belleza es vivir el recuerdo, derrumbarse sobre el recuerdo, convertirse en recuerdo como antídoto contra la decadencia.

Zaragoza y Deportivo viven fases opuestas de su decadencia. Somos entidades similares, decrépitas y destrozadas, destinadas a odiarse por sus confrontaciones recientes, por su retroalimentación salvaje de pufos y errores. Entidades similares a las que no les queda sino sentarse en una mesa y charlar de vacuidades mientras comparten una bebida bien cargada. Algo así es para nosotros, los que venimos de arriba, la Segunda División. Me gusta pensar que el Dépor ha asimilado bien esto, que es consciente de que hay que evitar la nostalgia, anticiparse a un futuro seguramente peor y humillar al vanidoso.
El domingo, olía La Romareda a casa de viejos. Con un equipo que tiraba de escudo, orgulloso en el fracaso, en la vuelta a casa de un entrenador exitoso en el pasado. Acabó desesperado, derrumbado ante el espejo, observando su reflejo, viva imagen de la frustración, con lágrimas en los ojos. El otro volvió a dar una impresión de solidez, aferrado a la enésima exhibición de Pablo Insua. Concedió alguna ocasión antes de adelantarse en el marcador, combinación entre Laure y Juan Domínguez (cada día menos bailarina y más piedra en el zapato) en el interior del área con afortunada resolución por parte del madrileño, y fue una roca en los restantes 60 minutos. Ni una ocasión recibida. Se dice pronto.
Siete canteranos partían de inicio, récord de la temporada en liga. Estuvo bien Juan Carlos en el primer acto, fino en el gesto, rápido en decisiones, sacrificado cuando tocó correr hacia atrás. Pero quien sobresalió fue Sissoko, con una salamandra rapada en la cabeza, dejando detalles técnicos, velocidad y un cierto aroma a ilusión entre los aficionados. En defensa hasta destacó Seoane, que engañó incluso al más descreído (yo) pareciendo fiable durante algún femtosegundo que otro. Arriba, en cambio, Rabello y Luis volvieron a escribirse un casi en la frente. El chileno no supo cerrar las contras de las que dispuso, conducciones todas ellas que morían en la orilla del peligro. Capítulo aparte merece el de Burela, que volvía al once inicial y lució con sus movimientos de apoyo y desmarques de ruptura, destrozando a Álvaro, pero que ni fue capaz de solventar la que tuvo ni realmente dio sensación de peligro. Aún así, resulta complicado no tenerle fe a un chaval que siempre demuestra que sabe a lo que juega.

La victoria mantiene los cuatro puntos de distancia con el tercero, Sporting, y los cinco con el cuarto, Las Palmas, que viene a galope en las últimas jornadas (13 de los últimos 15). Parecen pocos, pero una vez recuperada esa sensación de solidez, la mejor noticia del fin de semana, deberían ser un mundo.

¡Arriba la vida, abajo la reminiscencia!, gritaba el capitán Laureano en las celebraciones del vestuario.
Roma o muerte, apostillaba Fernando Vázquez, poeta certero, mientras pensaba que mejor que evocar la nostalgia va a ser tomar la vía Gambardella y convertirse en recuerdo.

scale

Dépor – Córdoba CF, J2

Jornada 2 de la Liga Adelante 2013-2014. Sábado 24 de agosto.

R.C. Deportivo 0-1 Córdoba C.F. (López Silva, 67).

Y se encontraron Deportivo y Córdoba un sábado de agosto en Riazor y fue la nada.

Y la nada duró 67 minutos. El Dépor puso en ese tiempo cara de alumno despistado ante un examen sorpresa, con la lección aprendida a medias, ejecutando planteamientos sin resolver, dándose cuenta de que se había olvidado la calculadora en el pupitre del año pasado. El Córdoba llegó y respondió todo al tuntún. Fue el Córdoba de los rechaces, los despejes, de los utileros y las lesiones. El Córdoba de Raúl Bravo y el Dépor de Arizmendi. Amor eterno al fútbol moderno.

Y la nada terminó y devino en partido de cadetes. El Córdoba cedió a las prisas y tuvo miedo del ejército infantil, en una suerte de versión deportiva de ¿Quién puede matar a un niño? Hubo ocasiones, Juan Carlos demostró ser el único capaz y Juan Domínguez que necesita campo por delante, pero no pudo ser.

Nada, neno.

image