Real Zaragoza-Dépor, J31

Jornada 31 de la Liga Adelante 2013-2014. Domingo 23 de marzo.

Real Zaragoza 0 – 1 R.C. Deportivo (Laure, 30).

De pequeños, a esta pregunta mis amigos daban siempre la misma respuesta: el coño.
Pero yo respondía: el olor de las casas de viejos.
La pregunta era: ¿Qué es lo que realmente te gusta más en la vida?
Estaba destinado a la sensibilidad.

Jep Gambardella es un tipo limpio, fino y educado. Un auténtico hijo de puta sofisticado y encantador. Un vividor algo pasado de moda. El puto amo.

El bueno de Jep baila La Colita mientras celebra su sexagésimoquinto cumpleaños. Se sienta en su cocina y bebe un zumo de naranja mientras intercambia pullas cariñosas con su asistenta. Aconseja a su amigo y mánager Romano sobre la vida y el amor. El viejo Jep diciéndonos que ya no tiene tiempo para hacer cosas que no quiere hacer. Jep detestando la vanidad, atacándola, destruyéndola. Jep sumido en la nostalgia, evocando un recuerdo. Jep llorando en un funeral, pervirtiendo sus normas, derrumbándose. Deejays y violinistas. Performances y copias romanas de un original griego. Y nos queda el recuerdo, porque La gran belleza es vivir el recuerdo, derrumbarse sobre el recuerdo, convertirse en recuerdo como antídoto contra la decadencia.

Zaragoza y Deportivo viven fases opuestas de su decadencia. Somos entidades similares, decrépitas y destrozadas, destinadas a odiarse por sus confrontaciones recientes, por su retroalimentación salvaje de pufos y errores. Entidades similares a las que no les queda sino sentarse en una mesa y charlar de vacuidades mientras comparten una bebida bien cargada. Algo así es para nosotros, los que venimos de arriba, la Segunda División. Me gusta pensar que el Dépor ha asimilado bien esto, que es consciente de que hay que evitar la nostalgia, anticiparse a un futuro seguramente peor y humillar al vanidoso.
El domingo, olía La Romareda a casa de viejos. Con un equipo que tiraba de escudo, orgulloso en el fracaso, en la vuelta a casa de un entrenador exitoso en el pasado. Acabó desesperado, derrumbado ante el espejo, observando su reflejo, viva imagen de la frustración, con lágrimas en los ojos. El otro volvió a dar una impresión de solidez, aferrado a la enésima exhibición de Pablo Insua. Concedió alguna ocasión antes de adelantarse en el marcador, combinación entre Laure y Juan Domínguez (cada día menos bailarina y más piedra en el zapato) en el interior del área con afortunada resolución por parte del madrileño, y fue una roca en los restantes 60 minutos. Ni una ocasión recibida. Se dice pronto.
Siete canteranos partían de inicio, récord de la temporada en liga. Estuvo bien Juan Carlos en el primer acto, fino en el gesto, rápido en decisiones, sacrificado cuando tocó correr hacia atrás. Pero quien sobresalió fue Sissoko, con una salamandra rapada en la cabeza, dejando detalles técnicos, velocidad y un cierto aroma a ilusión entre los aficionados. En defensa hasta destacó Seoane, que engañó incluso al más descreído (yo) pareciendo fiable durante algún femtosegundo que otro. Arriba, en cambio, Rabello y Luis volvieron a escribirse un casi en la frente. El chileno no supo cerrar las contras de las que dispuso, conducciones todas ellas que morían en la orilla del peligro. Capítulo aparte merece el de Burela, que volvía al once inicial y lució con sus movimientos de apoyo y desmarques de ruptura, destrozando a Álvaro, pero que ni fue capaz de solventar la que tuvo ni realmente dio sensación de peligro. Aún así, resulta complicado no tenerle fe a un chaval que siempre demuestra que sabe a lo que juega.

La victoria mantiene los cuatro puntos de distancia con el tercero, Sporting, y los cinco con el cuarto, Las Palmas, que viene a galope en las últimas jornadas (13 de los últimos 15). Parecen pocos, pero una vez recuperada esa sensación de solidez, la mejor noticia del fin de semana, deberían ser un mundo.

¡Arriba la vida, abajo la reminiscencia!, gritaba el capitán Laureano en las celebraciones del vestuario.
Roma o muerte, apostillaba Fernando Vázquez, poeta certero, mientras pensaba que mejor que evocar la nostalgia va a ser tomar la vía Gambardella y convertirse en recuerdo.

scale

Dépor – Alavés, J17

Jornada 17 de la Liga Adelante 2013-2014. Sábado 7 de diciembre.

R.C. Deportivo 2 – Deportivo Alavés 1 (Juan Carlos, 29; Borja, 48; Viguera (p), 67)

Dos delanteros: emborronamos el cuaderno, el lamentable bloc de notas que ya llevaba rastas, y nos pareció bien hacer tachones para un partido que preveíamos facilongo. Juan Carlos y Bastón por Cachicote y Arizmendi, Laure por Seoane y Luisinho de vuelta al lateral por el calvo capitán, buen negocio, pensamos, y esperamos un buen rato pasándonos el bolo. Mandiá intentaba cerrar bien, soldar apellidos sin garra, pero el ejercicio de estilo le duró media hora o menos, hasta que el estirón de un pájaro canterano abrió las puertas a Luisinho, quien, visto por Culio y por todos, la puso para que el aguilucho follara con la red. Gran Juan Carlos, grandes zurdos, y hasta un buen Domínguez al que le va mejor con este dibujo (4-1-3-2).

Tras el gol, el Alavés trató de untar la mantequilla llegando a los bordes, provocando risas generales y un plus de confianza en el ataque coruñés, que pudo hacer el segundo. No lo lograría hasta después del descanso, con un pase impoluto de Domínguez que Borja definía con un standard limpio y evocador. El camino parecía despejado, eran momentos de apuntes reverenciales para los de siempre, pero con la suficiencia llegó el lío, y un mal pase al portero acabó en córner visitante y agarrón verbenero de Culio, penalti y amarilla. Una vez transformado el castigo (pomposo Viguera), se transformó también el partido, pero Lux y Vázquez se encargaron de anular el gimoteo visitante, el primero con su mano derecha y el segundo quitando a Borja y metiendo a Kaká.

Tropiezos arriba y líderes otra vez. El equipo en su línea, muy solvente ante un rival engañoso, medio zombi. No obstante, buenas probaturas de Vázquez y tanta miel en las bocas que hasta Seo y Domínguez por el Toños. El Eibar, que de ganar hoy se pondría tercero o cuarto, espera y tiene pelos, pinchos, maneras de matar. Ipurua es un pozo de los que nos gustan. Ipurua ceniza, pólvora, sin zonas verdes. Ipurua hierro, no Vitoria.

jc

Silenciador

Es una brisa leve, casi imperceptible, la que me besa la frente. Me susurra su nombre, inhóspito, vulgar, y me acuerdo de la sucesión de cafés y pitillos en Abegondo, hace unos años, intentando descifrar a los chavales de Ramallo. Tenía entre ellos algunos amores pero, la verdad, ni a mí ni a ninguno de los allí presentes parecía importarnos una mierda el devenir de la cantera. La visión heladora de los fantasmas de tantos y tantos caídos nos impedía creer. Aun así, el olor a chungazo que emanaba del club nos llevaba a preguntarnos: y si estos flacuchos tienen que tomar las riendas? La era finalmente se descompuso y de sus escombros salen flores que, ahora sí, miramos con atención, pues de su belleza depende nuestro futuro. Una de ellas lleva por nombre Juan Carlos Real Ruiz, y es en estos momentos la que más ciego me pone.

Su influjo llevaba tiempo creciendo en mi cabeza. No sabía muy bien por qué, pero no quería perderlo, así que me acojoné cuando vi peligrar su continuidad en el equipo. Su nombre temblaba en el papel y parecía abocado a desaparecer, pero la llegada de Fernando Vázquez, el nuevo descenso y la Reconstrucción guevarista comandada por el técnico propiciaron un nuevo escenario en el que Juan Carlos es por fin protagonista. Bien en pretemporada, beneficiado por una confección de plantilla lenta que apilaba canteranos en el casting, todo el mundo vio que sí, que valía, que era futbolista del Deportivo. Empezaron a llegar refuerzos, varios de ellos ocupando plaza en tres cuartos de campo, con lo que el asunto se ponía feo para el chico. Yo, guiado por una intuición que me caía a plomo sobre la cabeza, dije desde el primer momento: Juan Carlos debe jugar. Sí, objeciones, obviamente, se pueden poner muchas, pero en agosto yo lo sentía. Ahora, transcurridas siete jornadas de liga, los canteranos son los putos amos del equipo. Con Culio, Cachicote y (disculpen) Arizmendi más bien diarreicos, son Domínguez, el Rubio e Ínsua quienes pilotan. Vázquez, inmerso en sus pausadas conjeturas, decidió tras palmar contra Murcia y Sporting que había que contar con un arma diferente cerca del área rival, un arma que no montase tanto escándalo y pensó, claro, que no era otra cosa que una pistola con silenciador. Suave, con esa elegancia como de humo, apareció Juan Carlos, mediapunta marroquí de hace años. Dos asistencias en otros tantos partidos, dos victorias, y yo sonrío por mi chorra, porque apareció por fin el chaval que me gusta, el socio que quiere Domínguez, el que estudia, no hace ruido y nos recuerda a aquel otro que también se callaba, y era fino pasador.

Dépor – Córdoba CF, J2

Jornada 2 de la Liga Adelante 2013-2014. Sábado 24 de agosto.

R.C. Deportivo 0-1 Córdoba C.F. (López Silva, 67).

Y se encontraron Deportivo y Córdoba un sábado de agosto en Riazor y fue la nada.

Y la nada duró 67 minutos. El Dépor puso en ese tiempo cara de alumno despistado ante un examen sorpresa, con la lección aprendida a medias, ejecutando planteamientos sin resolver, dándose cuenta de que se había olvidado la calculadora en el pupitre del año pasado. El Córdoba llegó y respondió todo al tuntún. Fue el Córdoba de los rechaces, los despejes, de los utileros y las lesiones. El Córdoba de Raúl Bravo y el Dépor de Arizmendi. Amor eterno al fútbol moderno.

Y la nada terminó y devino en partido de cadetes. El Córdoba cedió a las prisas y tuvo miedo del ejército infantil, en una suerte de versión deportiva de ¿Quién puede matar a un niño? Hubo ocasiones, Juan Carlos demostró ser el único capaz y Juan Domínguez que necesita campo por delante, pero no pudo ser.

Nada, neno.

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