Consigna

Como cientonueve toneladas de hormigón, una a una, como si formasen un gólem gigantesco que carga con parsimonia contra la acera, un paso detrás de otro, implacable pero cuidadoso para que no se desprendan las banderolas de los balcones. Por donde pasa crece la mala hierba más fuerte. Cadencia de ruido, ensordecedora y seca, un hedor a cloro que lo conquiste todo. A sus pies van sorteando las cargas milicias salvajes, salteando los destrozos, ganando terreno a base de rasgar el aire y correr a través de las hogueras en un forcejeo eterno y criminal. Como una expedición al corazón de la mina, estábamos equivocados pero estaremos en lo cierto, no tenemos porque querer lo que tenemos, no tenemos porque temer lo que tememos, el gigante sigue en marcha.

Incidiendo en el aburrimiento atroz, ríos de arena que llenan las aceras como una lengua de lava, como disparos rompiendo la tensión superficial y ahogando a los insectos, como Sísifo en una lucha que no termina pero solo durará un segundo, es esa y no otra la estampida imparable al gol.

La hoja de ruta del “no vamos a ninguna parte”, la grada llena de niebla, de gritos de óxido, rehenes de lo que sea con lágrimas de cocacola. Tras el despiece: asfalto ardiendo y tú buscando las gafas en el tumulto. Los aviones vuelan locos mientras corremos, cines ardiendo, prisioneros de algo que no conocemos y que solo sabemos expulsar mediante la auto-lesión. Nos siguen vomitando las madrigueras como a habitantes asfixiados, como un ciclón por sorpresa y por definición todo acaba por llegar.

Las precauciones son las mismas y la canción suena igual: en la portería Fabricio Agosto. Lo que viene después debe ser temido. Lo que viene después será temido. La consigna sobre una bandera negra, como un arma abandonada en la hierba: golpear hasta vencer, golpear aún olvidándonos de vencer, como un buey embistiendo contra la pared infinita. Aquí somos. Suena el silbato.

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Alcorcón-Dépor, J27

Jornada 27 de la Liga Adelante 2013-2014. Domingo 23 de febrero.

A.D. Alcorcón 1-2 R.C. Deportivo (Ángel Sánchez, 13; Juan Domínguez, 11, Lopo, 91)

Sonreía Fernando Vázquez en el banquillo. Sonreía bajo su gorra, la que le escondía del sol en la matinal del domingo, pensábamos nosotros mientras en casa le limpiábamos las pestañas al sábado; la que escondía pensamientos violentos, casi malvados en un profesor de instituto, resultó ser al final. Lanzaba el Tony Pulis de Castrofeito un guiño a lo reaccionario con dos especialistas en vendimia fuera de temporada en el doble pivote y JuanDo pululando por delante de ellos, exhibiendo caderas con cara de se mira pero no se toca. Al ver los nombres de la alineación, alguno auguraba un 433 como evolución lógica del vazquismo en 2014 (¡vazquismo socialdemócrata!) y se echaba las manos a la cabeza, prediciendo la llegada de un magnate malayo que nos cambiaría los colores de la camiseta y, oh, el fin del Dépor tal y como lo conocemos.

Resultó que ni hubo 433 ni hubo tiempo para que, una vez más, se cumplieran los peores presagios imaginados por el sector de aficionados maltusiano. Se adelantó el Dépor en la jugada más aislada de la primera parte y puso el empate el Alcorcón poco después con el clásico hostiazo a la escuadra de lateral cojo (© @antonio grito). Todo bien. Se han confiado. Minuto 35 y ningún expulsado. Minuto 35 y el mejor es Fabricio. Lo tenemos donde lo queríamos. Eso decía la gorra, Sombrero Seleccionador camuflado, en la cabeza de Vázquez, convenciéndolo para que fichara por Slytherin.

Había trabajado don Fernando una venganza perfecta del 4-0. Había planeado hasta el último detalle y la señal era un simple canturreo. Un-día//cual-quiera//en-Te-xas//en-Te-xas, corearon gorra y Harry Potter al unísono. Lopo por Wilk, cinco atrás, que comience la matanza. Todas las jugadas terminan en falta, que nos cuelguen balones, que se atrevan a jugar a lo que quieren jugar, amenazaba Vázquez en el descanso en pársel, pues solo los iniciados podían conocer el plan. Y tuvo razón, pues apenas se registró un par de llegadas locales en la segunda parte, que fueron respondidos com balones cruzados de Lopo e Insua sobre el área alfarera. Lopo e Insua, generadores de juego casi en campo rival, pero sin concesiones al espectáculo. Toché tuvo una y la marró, pero no fue malo su partido. Salomão y Luisinho (después Núñez de delantero centro (¡!) y Rabello), en cambio, no fueron capaces de encontrar su sitio en los pocos espacios que concede Santo Domingo al juego abierto. Fútbol de pasillo, tropezones y percusión. Estaba en el plan.

Nadie puede recordar cómo consiguió el Dépor un córner en el minuto 90 porque los hechizos de desmemoria eran potentes y antiguos. Pero lo hizo. Lo botó Luisinho para que Núñez la tocara y Lopo, recién llegado desde 2008, la empujara en el segundo palo con toda la fuerza del pasado y del plan y de la venganza y la rabia. Algo nuevo se pudo ver en este Dépor que ganó en Alcorcón, algo que hacia dos meses que no veíamos. Claridad, fidelidad a una idea y un objetivo. Ser candidatos va más allá de estar arriba en la clasificación, ser candidato en la segunda división es aclimatarse a una variedad de escenarios inigualable, disfrazarse para colarse en todas las fiestas. Y en ello estamos, llegan los carnavales.

Córdoba – Dépor, J23

Jornada 23 de la Liga Adelante 2013-2014. Sábado 25 de enero.

Córdoba C.F. 0 – 1 R.C. Deportivo (Borja Bastón, 89).

Tenía yo al Nuevo Arcángel etiquetado dentro del subgrupo que denomino Estadios del Hormigón. Usualmente sobredimensionados, amplios y muchas veces sin cubierta, su hábitat principal, aunque no exclusivo, es el sureste de la península. En contra de lo que su localización pueda sugerir, son lugares fríos. También inhóspitos, como el paisaje lunar o de polígono industrial que les rodea. Es frecuente que Madrid, Barça o Atleti jueguen en ellos de local. También es frecuente que el Dépor se deje derrotas en partidos inermes, cuando no aburridos empates ante rivales de, a priori, menor categoría. Rivales de escasa u olvidada tradición sitos en municipios con más aires de grandeza que público potencial.

Salió Fernando Vázquez dispuesto a mimetizarse con el ambiente con el once de las hormigoneras, Wilk y Bergantiños en mediocampo, con Juan Domínguez, burgués entre proletarios, enganchando. Salió dispuesto a colocar una nueva capa de cemento sobre alguna tribuna vacía y se vio sorprendido por la colocación estratégica del público local en las gradas, gran entrada y gran ambiente que desconcertó a los visitantes durante el primer tercio de la primera parte. Dominio local replicado en varias fases del encuentro y que resultó en algún remate aislado y con poco peligro. Insua imperial, Seoane muy aplicado acostado al sector izquierdo, más flojos Laure y Kaká, pero competitivos. López Silva, Abel Gómez y Xisco eran el tridente de moda en la categoría y tuvieron que quedar a tomar un café después del partido para encontrarse y charlar de sus mierdas. Por su parte, Saizar fue el mejor, con un par de bonitos vuelos sin motor.

Entre lo reseñable para los visitantes, enésimo naufragio del diez como diez, incapaz de darle continuidad a la ofensiva, aunque fue eficiente y limpio en el detalle. Necesita balón de cara y campo por delante. Muy destacable la labor de Álex y un retornado Wilk, que limpió lo habitual y entregó con mayor destreza de lo acostumbrado. La lesión de Lux, todo el mundo sabe que el hormigón no tiene resistencia a flexión, fue la nota negativa, mientras que el que más brilló, al fin, fue Luisinho, mucho menos casi que en las últimas fechas. Deslumbró en ataque cuando tuvo ocasión, ayudó en defensa cuando fue necesario y fue clave en el gol de la victoria cuando la mezquita estaba ya para cerrar. Recogió el rechazo a disparo de Salomão III el Esperado, la aguantó en la zona izquierda del área pequeña y, tras amagar un par de veces, la colocó en el interior para que Borjita Bastón la mandara a guardar. Hormigón sobre gente, silencio en las gradas, tres puntos, enfrentamiento empatado y jornada propicia. Como dijo nuestro Amado Líder, hay que estar ahí cuando se rompa la clasificación, que se romperá. Y ahí estamos.

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FC Barcelona B – Dépor, J9

Jornada 9 de la Liga Adelante 2013-2014. Domingo 13 de octubre.

F.C. Barcelona B 0 – R.C. Deportivo 1 (Culio, 2).

Se bajó Juan Emmanuel del autobús con el morro afilado y olió a sangre joven y carne fresca. Olor que le trajo recuerdos de un pasado salvaje y violento. Contó en el vestuario unas cuantas historias de sacrificios de adolescentes muy del gusto de Rudy y Wilk, que reían con la absoluta despreocupación del que sabe lo que tiene que hacer una vez sale a territorio enemigo. El conjuro funcionó y el propio Culio subió hasta el marcador del Mini a poner la tablilla con el 0-1 a favor del visitante justo antes de saltar al campo. Nadie pareció darse cuenta.

¿El partido? Bien, gracias. Fernando Vázquez dispuso los planos sobre la mesa, Kaká y Álex se encargaron de preparar el cemento, Arizmendi trajo agua y Lux las piedras. Todo dentro de una estructura pretensada que Wilk, Laure y Manuel Pablo se ocupaban de montar rellenando con detalle todos los huecos. Un Dépor de hormigón armado que aguantó 40 minutos sin recibir un tiro a puerta, a salvo de las infiltraciones de todos menos de Denís Suárez. El ex celtista pareció el único futbolista en un equipo que puso balonmano donde hacía falta fútbol, cayendo continuamente en la trampa de Vázquez, que cerraba las bandas con hasta tres obedientes japoneses que se encontró ayer de visita por la Sagrada Familia: tan capaces de defender y evitar las ventajas del rival como incapaces de encontrar las propias, que eran muchas y muy notables, en campo rival. La segunda parte se convirtió en 45 minutos de maniobras de repliegue intensivo en terreno propio, ante la imposibilidad de plantear una salida potable a campo rival. Aburrida y pesada como aburrido y pesado para el rival es este Dépor a domicilio. Uno en el que no brilla Juan Domínguez, pero que es eficaz y fiable.
E igual hay que empezar a creérselo.

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