Sí a todo

José Mel Pérez. Ex-delantero. Escritor. Entrenador. El DXT Campeón me lo confirmó. Repaso rápidamente en mi archivo mental. Primera escena: Pepe Mel hablando mierda de que si el Depor y los árbitros y la concursal y las siete plagas y unos llantos que han dejado 14 muertos en Extremadura a falta de confirmación por fuentes oficiales. Siguiente ficha. Pepe Mel disculpando a la escoria de Rubén Castro cuando este defendió a los fascistas misóginos que le coreaban en el Villamarín para consolarle por haber dado de hostias a su novia. Tercer asalto y final. Pepe Mel fracasando una y otra vez, cada vez más fuerte, arrastrándose dentro del fango del fracaso, yendo a ver entrenamientos del Arsenal ¡para ver si aprendía inglés! como si sus padres le hubieran pagado dos semanas en Irlanda para que intente enchufársela a medio Levante. Pepe Mel, amigo de tus enemigos, otro hijo de puta en el que no confían ni los suyos. Como Oltra. Como Fernando. Como Víctor. Como Gaizka.

El caso es que le veo en las fotos y algo de Inglaterra se le tuvo que quedar. El dinero no fue en vano. Le veo en la banda de traje, gesto reflexivo, y pienso que en vez del Leganés nos vamos a zurrar con el Queens Park Rangers. Mirad esta foto, joder:

Parece un entrenador random, criatura nacida en el musgo de una happy hour, que se abraza en Anfield a Gascoigne, que lo interpreta nuestro Luisinho, que también, para qué negarlo y que no lo tome a mal, es un poco hijo de puta. Y me acuerdo de que mi hermana me dijo que Luquitas se dejó ver por el Brit en carnavales y pienso que si el año pasado el Leicester ganó la Premier, malo será que no le soplemos la carita a alguno que yo me sé. Enciendo la máquina que hay ganas de probar el cacharro.

Atletico de Madrid. Bien. Que casi nos carguemos a Fernando Torres solo maquilla un punto con el que no contábamos. Mosquera y Fajr en el verde. Vivimos un episodio repetido pero esta vez acaba bien. Sale Bergantiños con siete meses de retraso. Partido para permitirse licencias claramente. Pepe no ha deshecho las maletas y ya están pasando cosas. 1-1.

Toca Xixon. No sé porque han reservado para esta estación pelearnos con todos los batallones del bando nacional. Vamos allí a pasearnos y como hijos de puta que somos hacemos lo contrario. Los periódicos titularían que si las aficiones hermanadas y que si ficciones idílicas y que el amor todo lo puede pero cualquiera que estuviera en el Molinón sabe que lo mínimo que se cantó fue que Xixon soterrado es mucho más bonito. Que estamos ahí para el descenso, ¿qué esperabais? ¿que llevásemos gorras de Fernando Alonso? Golito de Mosquera, que parece que ha ido a pasantía o se le ha quitado la tontería y rascamos de repente todos los puntos que nos han robado en la historia y mandamos las buenas sensaciones a tomar por culo. Los tres puntitos y qué bonito, hostia. 0-1

Sale Pepe Mel a la rueda de prensa y hasta él parece preguntarse cómo ha pasado todo. Dice que no ha hecho mucho, que al Deportivo hay que decirle que sí a todo, que llevamos un tiempo que nos gusta mucho hacernos daño, que ha juntado a los jugadores y que casi no ha tenido que hablar, que ellos mismos se sabían la cantinela. Y que Mosquera ha prometido que no volvería a repetir Matemáticas.

“Dígale al negro ese que usted es mejor que él” que decía el ludópata de Aragonés.
Pues algo así habrá ocurrido, imagino.

Viene el Betis. Partido perfecto para bajarnos los humitos. Para que Victor Sánchez y Rubén Castro se den un abrazo en la banda tras un gol. Para la expulsión de Luisinho Correia o para que Pepe Mel envíe un saludo a los aficionados béticos y les desee un buen viaje de vuelta. Desde luego que no para que Borges moje en el 92′ de penalti e irnos a casa con gestos de hartura porque la vida no vuela en línea recta como un ave sino como un insecto suicida. Víctor rosma en rueda de prensa y tapa con la mano el marcador. 1-1.

Yo ya veo al equipo y veo Inglaterra, veo Brexit, veo obreros prendiendo fuego a las estatuas de Thatcher y veo un idioma que no entiendo pero que dicen que es universal. Resultados, hijos de puta. Veo al Depor sonriendo y ya solo por eso sé que está bien.

Ahora Pepe, última prueba (nunca se acaban, siempre queda una). Hagamos algo digno con el Barcelona, calentemos para el derbi. Y hasta ahí. Lucas le escribe un telegram desde Londres a Bergantiños (“good luck my friend ajaj loko”) y éste recupera la estoicidad del Deportivo de antaño, de los hijos de puta que solo quieren hacer daño y tocar los cojones, a esos que los demás equipos, cuando no se juegan nada, tienen ganas de mandarlos a Segunda debiendo puntos. No un equipo amable, no un equipo que guste a todos, no el Deportivo tecnicolor de los videos de fans por todo el mundo. 2-1 y ya todo está patas arriba.

Tomemos medidas:

La primera: prohibir los anuncios de “imposible sen ti”. Que no den tranquilidad sino nerviosismo. Que cuando el imbécil de Moaña diga “Sin ti Joselu no sería posible” se le atraganten cada una de las sílabas en la boca. Palabras largas que rajan la noche como la canción que hizo Xose Lois para el Matadero: ber-gan-ti-ños, flo-rin-an-do-ne, po-ro-to-lux, em-re-cho-lak, sid-nei-re-chel, bolas calientes en un sorteo que todos evitan. “No traigas a esos que nos la lían siempre”. Hooliganismo de los intelectuales de la tasca. Dios salve a la reina, ¡Brixton! mejunje fundamental de punk, misterio y bofetadas que arden.

La segunda es que eso del rearme que se discutió aquí en las catacumbas de Matadero era una mentira. Lo que necesita el Deportivo no es estrategia militar: son atentados. Nos gusta hacernos daño pero nos gusta más hacérselo a otros.

La tercera es constatar un hecho. Pepe Mel, hijo de puta, es usted lo que es y es usted lo que somos. Es ahora de los nuestros hasta que nos matemos juntos. Todo lo que yo diga ya lo sabe de sobra. Nadie se fiará pero tendremos fe porque tenemos fe en los hijos de puta de los que nadie se fía. Y usted ya será de los nuestros para siempre. Y lo digo desde la fe en los hijos de puta en los que nadie confía porque eso es exactamente lo que somos. Porque somos la cabeza de Borja Fernández recibiendo un botellazo el día de su presentación. Somos Luisinho apartado de los entrenamientos por golpear a un compañero. Somos Lucas Pérez contando las horas en Grecia leyendo los cientos de tweets que le llaman vendido. Somos el ligamento cruzado de Diogo Salomao, somos la tibia y el peroné de Manuel Pablo, somos las resacas de Diego Tristán y la calamitosa salida del club de Lionel Scaloni. Y somos más. Somos Álex Bergantiños esperando en el banquillo, jugando en el Xérez, marcando en el Camp Nou, discutiendo con los Blues a empujones, buscando equipo en la MLS y dejando inconsciente a Fernando Torres. Unos hijos de puta en los que nadie confía y que como hijos de puta, no nos gusta escuchar.

Pero toca que escuchemos algo, que la consigna es facilita y nos la trae caliente Pepe. Dice así, en inglés o en cualquier idioma:

SÍ A TODO. Dígale al celtarra ese que usted es mejor que él.

 

 

Murmullismo

Mi tío Jose Luís, que debe ser socio del Deportivo desde hace la hostia de tiempo, es un murmullitos. Vive en Adormideras, va al fútbol en chándal, bien afeitado, y se encuentra con sus compinches en el bar Estadio para ensayar los murmullos de mierda que soltará durante el partido. Como persona es ponzoña pura, un auténtico hijo de puta al que hay que tratar como tal. Hace unos años, mi padre me llevó a Coruña desde la Rioja Alavesa, donde vive, para airearse un poco y de paso jugársela al imbécil de su hermano. Era domingo y el Deportivo jugaba fuera, por la mañana, en Pamplona si no recuerdo mal, así que nos fuimos mi viejo, mi novia y yo a tomarla en el Fiuza para ver el asunto y luego comer allí tranquilamente. La jugada nos salía redonda, primero por el puro placer de estar y segundo, porque es costumbre de mi tío ir a este local para ver el fútbol. Mi padre conducía camino de Monte Alto y se relamía mientras decía “verás, verás lo que es el sarnoso este”. Yo no tenía ni idea de lo que iba a hacer. Llegamos ya con el partido empezado y, tal como esperábamos, allí estaba él, dándoselas de entendido entre sus colegas. Era la época aquella del busero, Javito y Rindaroy, un desfase, terreno abonado para esta calaña, pues dentro del caos pueden llegar a todas partes con sus lecciones. El rumiante, mirando de frente el televisor, ignoraba que allí detrás, con la cabeza agazapada entre los cojones de Gianfranco Zola, estaba su hermano, el mismo al que odia en secreto, el mismo delante del cual sonríe cobardemente para guardar las apariencias y librarse de unas buenas hostias (mi padre tiene antecedentes en la cuestión “zumbarle a hermanos”). En fin, pobre hombre. Aprovechando un córner en contra, el más canijo de los Vilas se acercó lentamente al murmullista espetándole un “¡coño, Jose Luís!” que lo dejó tieso, indispuesto, más aún cuando, sin dar tiempo ni al qué hay, tuvo que tragarse un “a ver si devuelves los relojes de papá”, puñalada que hacía referencia a un episodio vergonzoso en la familia, como tantos otros. Tintineaban los vasos, calentaba Juca. El colapso, tras unos segundos, dejó paso al temblor: “Paco, hostia… Me cago en Dios, Paco, que estamos en un bar…” o “coño, Paco… ¿cómo no llamas?”, tenues desviaciones para enfrentar los colmillos de mi padre. “No llamo porque no me sale de los cojones, es sorpresa… y si tanto estamos en un bar, pues invita a algo a los chavales”. Todo esto delante de decenas de personas, yo me deleitaba con la escena y mi novia no daba crédito. El murmullista, alterado por dentro, se intentaba zafar del acoso: “ando mal de dinero, Paco… vine con lo justo”, tras lo cual mi genial acompañante procedió a cantar las virguerías de los deportivistas de palo:

A LOS DE TRIBUNA Y PREFERENCIA SUPERIOR OS PUEDEN DAR BIEN POR EL CULO

MUCHO DEPORTIVO MUCHO DEPORTIVO PERO SIN ENSUCIAROS

PUTO ASCO

CON RAZÓN QUISE HACER AL CHAVAL DEL SPORTING, VIÉNDOTE A TI ME CAGO EN DIOS

COMO PARA QUE LO LLEVARAS TÚ AL FÚTBOL

OS PASÁIS EL DÍA RAJANDO PERO EN RIAZOR ANIMAN DOS

TE TENÍA QUE DAR VERGÜENZA ME CAGO EN MI MADRE TANTO DEPORTIVO Y ME DIJO EL CHAVAL QUE TE VIO INSULTANDO A SCALONI CUANDO CALENTABA

A SCALONI MANDA COJONES

Completamente abatido, el impoluto dominguero salió del local trastabillándose ante el estupor de los presentes, que no sabían muy bien qué hacer. Mi padre lo mandó a la mierda. Hizo lo que mismo que desde Matadero Bonnissel queremos hacer con el murmullo, con la estúpida capa de sonido que poco a poco viene invadiendo nuestro estadio, la que lo convierte en muerto, vulgar, la que atenaza nuestros propios intereses, desmembrando la energía que debe conectar a grada y jugador. Mató a un murmullista que desplegaba sus alas contrarrevolucionarias impunemente. Matadlo también vosotros, si es que sois deportivistas en la victoria y en la derrota, en la fusión y el descalabro, en el cielo y en el infierno. Escupid, estallad, animad con fuego, ¡borrad su silueta de Matogrande al Ventorrillo!