Dépor – Sporting, J7

Jornada 7 de la Liga Santander 2016-2017. Sábado 1 de octubre.

R.C. Deportivo 2 – 1 Sporting de Gijón (Borges, 34; Álvarez, 65; Babel, 92)

Fue precioso. La justicia poética que arrasó el momento nos dio todo lo que necesitábamos y a lo bestia. Fue una locura y no fue Çolak, el mejor jugador del partido, quien la desató. Aún seguimos flipando. Dio un aviso, luego otro. Y otro. Va en serio? Y al cuarto intento la clavó, pegada al palo, creando una imagen alucinante. Ryan Guno Babel, aquel tío medio bueno, medio trucho, al que cundía bastante pillarse en el PES hace casi diez años, puso Riazor de verano con un golpeo de balón a rebosar de romance. La fusión de los conceptos deportivismo y ryanbabel provocada por su gol supuso la reactivación de mil cosas bellas en nuestras cabezas, el delirio. Fue luz extraña de la que nos hincha el pecho, y que llegó después de venirnos abajo con el gol del empate y estar perdidos hasta que apareció Ryan, tocando, haciendo

todo lo que no había hecho Marlos

como dijo el idiota de Segurola, acertado esta vez. Ryan, nuestro Babel Ryan Babel, hizo que nos quedáramos con la esperanza de marcar hasta el último minuto, por lo que se puede decir que nos folló las mentes a base de bien, con ritmo, y luego soltó el chorrazo. Delirio, grandeza. En Babel algo hay, algo bueno. Criterio que hace moverse bien a las masas. Estilazo. Ryan nos la puso dura y no hay más. Y a Gaizka lo puso en llamas. Antes de ese momento cumbre hubo un partido, también. Enfrentó a un buen Dépor contra un Sporting penoso y supuso la vuelta de Sidnei, motivo por el cual el visitante disparó una sola vez entre los tres palos. Fue gol. Lo que era ilusión se convirtió en un continuo rascar de ojos y de piel, una pesadilla. Los detalles de Ryan daban algo pero no parecía suficiente hasta el boom del 92. Al final, todo por los aires y hecha la justicia que el equipo merecía. Momento Ryan, momento clave: las consecuencias de otro partido sin ganar en casa siendo netamente superiores al rival podrían haber sido jodidas de llevar, pero

combustión espontánea ahora que va a salir el docu de los Stooges

funhouse, toda la pesca

y con Emre Çolak, otra mención especial. Ayer quedó patente que con el turco vamos a disfrutar tela. Toca y sufre, sufre y toca, menea el culo como nadie, va por ahí provocando y además lanza el balón parado con maestría. Fue el mejor del partido con diferencia. Hay que tener en cuenta que su labor se ve lastrada por un mediocampo de cinco raspado, donde estuvo otra vez Mosquera, que volvió a estar mal. Borges cumplió, pero algo falla. Emre lo sabe y es por eso que la pide siempre. Emre piensa en turco, Emre está mirando el mar, Emre pasa media hora en un taller de Constantinopla mirando un buga. Emre se la da a Andone, que es un bestia trabajando pero que no encuentra el gol. Emre quiere a Bruno Gama, pero la temporada del guaperas portugués está siendo decepcionante. Emre Çolak es un dios futuro que traerá conflicto porque vamos a enamorarnos locamente de él. Ya lo estamos, pero no así de Marlos. Una cosa es hacerlo mal y otra dar vergüenza. Está claro que el chaval tiene que salir (si sale) en el 67. Se vio también que un jugador que no puede vestir la camiseta nunca más es Fernando Navarro, sin duda el peor jugador de la plantilla, cero carismático y que encima le arrebata el puesto a Luisinho, que es todo corazón y nervio. Que se vaya en enero. El Deportivo estuvo bien a pesar de estas trabas, logró marcar y controlar el partido hasta el gol del empate, que dejó al descubierto la fragilidad mental del equipo y que lo llevó a un pasadizo sombrío, lleno de fantasmas, que duró hasta que Babel empezó a intentarlo una, dos, tres veces. En el mejor momento. De la mejor manera. Con esa pausa del amago repetida, con tensión de gol importante. Haciendo saltar literalmente a un deportivismo que anhela la belleza. Haciendo cuadrar cada puta cosa, alimentando el recuerdo de rolletes pasados como el de Wilhelmsson, creando tanta gloria pequecha, cantando a tanta historia de amor breve pero loquísima.

20102-ryanbabel

Breve lembranza do bo

2315d2625d77529f24b9c95ddcd22ba9Wilhelmsson pensouno mellor. Volta a Mjällby para botar unhas carreiras co equipo que o veu medrar, comer un pouco de peixe, sentar no porto e, nun solpor quizá opiáceo, lembrar aquela temporada na que xogou para nós ás ordes de Lotina. A mellor temporada en primeira desde Jabo? Incluso mellor que algunha das últimas de Jabo. Facede memoria: o equipo comezara fatal e trás vinte partidos aparece unha defensa de cinco na que sobresae un Coloccini épico. Pablo Amo e Lopo acompañan ao arxentino, que naquel tempo era o mellor central do universo segundo os grosos tomos da Delirante Literatura Deportivista, e todos visten de Canterbury of New Zealand. Ten lugar o debut do lexendario Piscu, que chega a xogar bastantes minutos porque Lopo andaba coa hernia aquela. Vemos como agroma Manuel Pablo, zumbando e alcanzando a liña de fondo, frenando en seco para non bater contra a publicidade. Vemos espasmos maravillosos. Os penaltis de Sergio, infalibles. Goles que pesaron toneladas, como o de Pablo Amo ao Betis no Villamarín tras centro proverbial do Peluca. Vivimos a segunda volta enchidos dunha enerxia atronadora que nos voou aquelas cabezas murchas coas que cargábamos. Tíñamos corpo, sangue, festa e puntos, tamén de sutura, e se non que fale Xisco, que portou a venda branca non se sabe se por necesidade ou tolemia pura, e que nunha tarde-noite de Marzo esmagou ao Murcia de Clemente con tres dianas. Fois ese ano o de Colocho brincando diante de Caparrós na vitoria frente ao Athletic en Riazor, ensinándolle as credenciais, o do 0-1 no Sadar con Taborda de titular e con penalti que non era, o daquela ostia de Munúa a Aouate que nos deu para 247 cafés no Delicias, o do retorno de Valerón, repetimos, naquel partido clave diante do Valladolid no que a Lotina se lle dá por poñer defensa de cinco e todo funciona. Levábamos catro meses sen gañar na casa. A partir daí o sueco, que chegara no mercado invernal chiscando un ollo, multiplicou a súa figura en desmarques asombrosos, e fíxose de querer. As frechas torcíanse excitantes no noso escáner mental: Filipe por aqui, Guardado por alá e Willy pisando as verzas, pedíndoa, matando pantasmas. Tamén foi o ano no que un xardineiro municipal vestido de xardineiro municipal berraba en Preferencia “enamorao de Lafita, aunque a veces duela!”, mentres fumaba ducados rubios. Preto del, un veterano con boina murmuraba aquilo de que “o Deportivo importa o mesmo que todas as cousas, o caso é a literatura que lle poñas”.

Paga a pena sentar como o sueco na madeira do porto pequeno e alucinar un pouco con aquelas imaxes, agardando que esta temporada xurdan de novo maxia, droga e sorrisos de Valcobo ao Matadero.