O esencial

Poñédevos en disposición de desfrutar o que resta de temporada. Voltamos porque voltou Bergan. Esa fixación polo rubio, eh? Brutal. Sagrada. Outra vez o brullar dese cable de alta tensión lembrándonos o que somos. Ese son traéndonos a Lucas de volta e levándonos en colo pra cama. Facéndonos chorar, rolar como ourizos fervendo polo chan adiante e atrás por puro efecto da beleza. Aí está, ben perto. A posibilidade que Bergan abriu para este derbi que ven non é unha calquer. Cheira como antes. Bergantiños está rachando coa vosa lóxica. Voltou nun momento clave da temporada, cando estaba esquecido como un can. Iso di tanto sobre so seu amor que devezo por chimpar como el chimpou sobre Jordi Alba e rematar o computador coa testa.

A posición, compañeiros deportivistas, é perfecta pra buscar ao Celta de Vigo como posesos. A posibilidade é dar un paso vital pra devolvelos ao seu terreno natural. Voltou Bergan, por iso voltamos. Olá, Fajr! que corres como un salvaxe polo parquet adiante, sacándolle lume! Olá, Andone!! Sede de vinganza cigana!! Cuestión de ollos, ollos vivos por toda-a-parte. Os ollos e a cabeza de Bergan no bus, nas plantas, nos penedos. Agora todo dios quere correr, e vas pensando que non estar en Riazor pra velo é peor que calquer desgracia e faiche odiar mais se cadra Alemaña e Berlin e a puta nai do continente continental. Odiar todas as caras de todos os países. Ver só Alejandro Bergantiños Ventureira da Costa, home de paixón. Ver só as cellas dos teus, o músculo, o dente esencial. Só ese salto sobre Jordi Alba que che abre a porta do tempo e o soño.

Amigo, estou contigo plenamente. Quero voltar. Voltar como Bergantiños, que estivo polo mundo adiante. Xa o chaval ten o nome. Xa o chaval é un emblema do seu clube e da súa cidade. Un chaval dos que non hai. Cuestión de infinito. Queremos que a próxima temporada sexa o da volta dos pivotes Álex-Juando. Queremos ese ollar de sobremesa coas avoas falando a língua e ternura de empanada, empanada de bicos, billetes de 50 pra cada un. “Meu Alejandro”, “meu neniño”. A xente sempre xogando ao mesmo, con agarimo. Galicia ulterior, ao cubo: parados nun momento sen hora estamos na pantasma do bar “Sol Naciente”, onde tres camareiras drogatas desmontan o altar de Bebeto que tiñan ao lado do surtidor de Estrella para cambialo por un dedicado a Bergantiños. “Iba sendo hora”. “Eu non sei porque non xoga”. “Pásame un Lucky” e nós que como as pantasmas desas camareiras fumábamos esperando sen entendelo moi ben. Afinal chegou asi, por circunstancias, e mira ti por onde vai provocar a foto perfecta pra encarar o derbi, momento crucial. Alejandro Bergantiños, o autor do gol.

Toda apreciación lévame ao rubio, estou contigo totalmente. Vexo ao adestrador do Leicester que se chama Shakespeare e aí está Bergantiños nunha chalana con cara de pasalas putas. Vexo un espasmo. Síntome racial e pulverizado. Quero que me salven da merda.

Logo están as visións esas de xente montada no lume. Os das peñas. Móntanche unha festa á mínima. Bérranlle a Bergantiños, que voltou no mellor momento. Encheu de povo o discurso, e iso o Celta ódiao. Prepárase todo pra unha abordaxe fundamental, penso que alérxicos ás emocións non sodes e que o vedes igual ca min. Chega o momento mais importante da temporada e, despois de vagar pola ruina anímica, hai unha música que vos eleva cara o teito.

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Vigo – Dépor, J31

Jornada 31 de la Liga BBVA 2015-2016. Sábado 2 de abril.

R.C. Celta 1 – 1 R.C. Deportivo (Borges, 21; Nolito, 30)

Parte de Balaídos se inunda cuando llueve mucho. Es una parte similar a lo que sería el parking de Riazor-Esclavas y la zona de entrada a la grada de Pabellón. Cuando llueve realmente fuerte, incluso la circulación por las calles aledañas al estadio se ve afectada. Dicen los que dicen que saben que estas inundaciones se deben al río Lagares, que circula por debajo del estadio y parece que desborda cuando su caudal aumenta a causa de las precipitaciones. El río Lagares da nombre a la grada de Río y yo tampoco soy mucho de fiarme de los que dicen que saben, pero no parece una mala teoría. En Vigo llueve mucho con bastante frecuencia.

La grada de Río es la más nueva del estadio y en la que las actuales obras de reforma son más evidentes, visto por televisión. En esta grada te mojas si llueve y hace viento, tal y como en nuestra preferencia. En Vigo llueve y hace viento con bastante frecuencia.

Hay una parte del celtismo a la que se le inunda parte del cerebro cuando llueven las buenas noticias. En Vigo no solían llover las buenas noticias para el Celta con frecuencia, pero sí lo hacen recientemente. Salidos ya de la vorágine financiera y con una generación de jóvenes difícil de repetir, las cabezas están llenas de agua. Y el agua brota como un torrente de palabras que acude a la boca con el único propósito de ser repetidas una vez tras otra. No hace tanto lo más importante era tener muchos jugadores de la cantera. Decenas de ellos. O gallegos, aunque no fueran de la cantera. Otras veces ha sido el fútbol de salón, la IFFHS o que llevan tropecientas temporadas en la máxima categoría. El tema es cambiante e irrelevante, el caso es repetirlo hasta la saciedad. Y en esas estamos, que han impregnado su estadio con un logo horrible que hace pasar por título la más absoluta intrascendencia futbolística, social y competitiva de 50 temporadas en Primera División. De la cantera y de esa generación que será la mejor que jamás vea A Madroa pocos de ellos se acuerdan ya, porque la Champions está a tiro, o eso dicen.

Hay una parte del celtismo empeñada en hacerle el juego hasta al más limitado de los deportivistas, asumiendo un discurso insostenible que supuestamente basan en la realidad pero que está ridículamente fuera de ella. Cojamos como ejemplo la supuesta tradición que, incluso, llega a aparecer en el himno. La tradición resumida en este dato. Ese celtismo nos provee en cada derbi o en cada alusión de una imaginería que igual no hace justicia a todo el conjunto pero que nos gusta pensar que sí. Porque es divertido. Es divertido porque el derbi que nos une es el más igualado que podíamos tener y, de haber diferencias, están en los detalles. Es divertido porque es un derbi que, aún cuando está desequilibrado a nivel de clasificación, sigue siendo igualado. No hay que añadirle mucho más, la verdad, para disfrutarlo.

El Celta es, a día de hoy, mejor equipo que el Deportivo. No duele decirlo y no hace falta adjetivarlo, pero sí colocarle una adversativa. Es mejor, salvo en los derbis. Esto concede un mérito algo limitado al buen trabajo que los nuestros hicieron en campo vigués. Fue un empate y pudo ser una victoria, sí, pero no lo fue y para hablar de méritos se lo dejamos a los expertos en resultados a posteriori. Fernández Borbalán seguramente se equivocó expulsando a Arribas, pero fue un error comprensible, no como los del día de Villarreal. El gol de Borges fue precioso y la vuelta de Sidnei una confirmación de lo radicalmente importante que fue su baja. Con él en el campo, el Dépor se parece más al de la primera vuelta. Por rachas, no le da al equipo para mantener 90 minutos a ese nivel, pero las líneas juntas y la defensa tanto lejos como dentro del área mostraron, igual que en la ida, las carencias de un Celta inane a la hora de atacar la portería defendida por un señor por barba que nadie sabe muy bien dónde encontramos. Lucas y Luis soltaron un par de pishas, Fede acompañó con su habitual galería de aciertos y errores garrafales y la cosa tampoco fue a más porque había un récord que batir. Son 16 empates en esta temporada, récord histórico del club y a uno del récord absoluto de la Primera División. No sé a vosotros, pero a mí me hace mucha ilusión batir récords. Mientras tanto, la imaginería del vigués seguirá creciendo en Coruña a costa de un Balaídos desangelado y un mosaico en la grada de Río que permanecerá para siempre en nuestra memoria colectiva.

 

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Derbi

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tiñosos pirolos julais canfurneiros miguelones piosos marulos tolais humo humo y más humo por todas partes ni un olivo bajo el que esconderos 

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centolla para todos dentro de la riñonera con bandera de portugal, calabaza rellena de plumas mierdosas, te despiertas sudando, charla con el entrenador en un restaurante, golpe en la mesa, copas rotas, platos rotos, piños que castañean, mantel sucio, espuma por la boca y ni un puto olivo bajo el que esconderos

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pitaron falta en tres cuartos y agarré una foto antigua la besé la mamé toda y también besé un chubasquero mamé todo el escudo me agarré la camiseta porque soy católico y recé claro recé a símbolos

estaba más solo que dios

qué iba a hacer

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y el tiempo que vuela como un cuervo vuela en línea recta a través de ti y no alrededor de ti

– mierda – se paró

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recuerdo que me tiraron una carcasa de cedé y que de aquella comíamos gominolas en el estadio y que nos dieron cartulinas para levantar cuando el himno gallego

las rompimos todas

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también dibujábamos al mccarthy sangrando siempre como con secuelas después del partido y a otros con cara de polla

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el pelo curly se meneó a cámara lenta como en un anuncio de champú y el bolo describió una parábola y esa parábola tuvo unos hijos y luego llegó un gol un abrazo surreal que me desnudó al instante y me hizo salir volando por la ventana

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así es la ciudad estaba ardiendo y tú solo no puedes entonces es cuando aparece el ángel francés que te guía por pasadizos aún no cerrados 

te lleva del brazo y tú vas comatoso de cojones

sudando moribundo sin fuerzas

él te lleva de la mano

es alguien al que ves por primera vez pero es muy cercano

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fueron son y siempre serán las tres reglas del deportivista atomista

NO HAY PASADO

NO HAY FUTURO

TÚ ERES LAS PIEZAS DE TU RIVAL

Dépor – Levante, J30

Jornada 30 de la Liga BBVA 2015-2016. Sábado 19 de marzo.

R.C. Deportivo 2 – 1 C.D. Levante (Luis Alberto, 43; Rossi, 49; Mariño (pp), 85)

Viaje comatoso, piños amarillos, voz del diablo que se mezcla con el susurro de las enfermeras: flipé, tan caro en el Primark… Y tú palmando, con las alucinaciones y los ojos vidriosos y toda esa mierda. Te resistes. Hay un querubín con el jeto de Hugo Mallo que sobrevuela tu cabeza y te dice que te quedan dos telediarios, pero te resistes. Aunque la enfermera se acerque y lentamente diga “aaa-rrii-baaass”, aunque el querubín lleno de babas se saque la polla encima de tu frente, tú te resistes e intentas mover la mano, la boca, escupir algo en gallego del siglo trece, para salvajemente mandar a todas esas visiones a tomar por el culo. Pero merodean, murmullan, parecen atraparte para siempre en el aullido. Estás hecho un jiñao. No hay escapatoria. Una de las tiñosas empuja tu catre hasta la ventana y ves el cielo poblado de humo negro y sudoroso que se muerde a sí mismo. Ponzoña, gangrena. Una tensión de muerte agarrota todos tus músculos. Tuerces el cuello como puedes hacia la puerta, que con un chirrido descubre a Víctor Fernández vestido de galleta. El engendro aplaude y toca la cabeza de un Vlado Gudelj enano y cojo que vocifera salmos mientras se rasca el pecho. Meados de angelito retardado riegan tu cara, y caes en trance. La turbina delirante te lleva a la estepa. En aquel terreno yermo sacaste, una vez, fuerzas de la nada, y creaste ventanas de amor, calles alborotadas donde antes solo había sequedad, hastío. En aquella nada caíste enfermo y justo cuando parecías revivir te inyectaron una dosis durísima de fiebre del dengue, fiebre quebrantahuesos, fiebre rompehuesos, una sombra te la inyectó y te dejó sin brillo, avanzando como un perro apaleado en el Birloque. Como consecuencia yaces ahora en esta mierda de habitación, rodeado de imágenes infectas que apuntan con premura al cadáver que serás. No te resignas. Empujado por el lamento impaciente de quien te espera, haces saltar por los aires las amarras, dinamitas el tumor, te alzas sobre el puto camastro con cara de angustiado, pero feroz. Los fantasmas se agitan, creando un tumulto de cojones. Metes un chimpo, no se lo esperan. Tumbas a una de las enfermeras y le pisas la cabeza. Su compañera se te echa encima, pero la noqueas chantándole un codo en la nacha. Sangre, estrépito. No te descompones y pisas más fuerte el melón de la harpía, separándolo de su cuerpo y pateándolo con destreza y convicción a la escuadra del ventanal. Hora de volar, te dices, pero el ángel con cara de Hugo Mallo se ha multiplicado por cinco, seis, siete, y esa bandada de monstruos te muerde las pelotas. Inmovilizado, con las sienes petadas de vómito y negrura, el abismo se te presenta como destino inevitable. Lago de fuego, lago de azufre. Caverna y tormento. No en vano, resistes. Con un espasmo de la poca vida que el dolor ha dejado en tus falanges, trincas las piernas del querubín jefe y lo lanzas contra la pared. Rebota, gime apestoso y explota, eliminando con ello todo resto de inframundo. Las cenizas recubren tu cuerpo, te golpeas el corazón con el puño y sales cagando leches al pasillo del hospital, donde abortos celestes te esperan. Los aplastas, los miras desafiante mientras miles de voces gritan tu nombre. Corres mareado y eufórico torciendo las esquinas de esa cárcel en la que te ibas a volver loco. Pero sales a tiempo. Lames el aire otra vez. Ofreces pelea.

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13.11.2011

  • Eo, Borxiña! Ven Sandra o dia do derbi… Oiches?
  • Como, como??? Pero que carallo dis.
  • Si, aproveita para facer visita, e ven con Brais. Van ver o partido infiltrados, en Preferencia Superior.
  • E por que carallo non van coa xente de Vigo? Non entendo.
  • Non sei, algo me dixo dunhas entradas.

Non o podia crer. Quedei mirando o peta mentres faiscaba no cinceiro, logo a tele, co PES parado. Iaquinta. Start. Outra vez. Dúas veces mais. Pause. Ao final rebentei:

  • Se crés que despois de estar esperando catro anos polo derbi vou deixar que me veñan aqui dous vigueses a tocar os collóns vas dada, eh?
  • Xa lle dixen que podian vir, non a vou chamar agora e dicirlle que non, asi que vaite facendo á idea, neno.
  • MECAGOHASTANCRISTO! JODER! Pero se pode saber quen carallo crés que és para foderme o dia do puto derbi? Esta tamén é a miña casa, oiches?
  • Pois terás que marchar dela se non queres aturalos, outra non che queda…

Once, trece, catorce pasos ata a cociña. Camiñando polo corredor daba berros, cagándome en todo. Volvín ao cuarto da tele e seguín dándolle ao PES, examinando a situación futura: Brais, o mozo vigués de Sandra, vigués típico, na casa. Independentista, socialista, clase obreira, celtarra, na casa, na casa, na casa. Pero non habia que facerlle, polo que os dias foron pasando sen que lle dese moitas voltas ao asunto.

Chegaron o dia antes do partido, pola tarde, e colléronme dun humor fantástico, todo benvidas, sorrisos, cervexas e mais cervexas que deron paso a conversacións nun tono conciliador:

  • O da canteira en Vigo é impresionante, non paran de sair rapaces…
  • Xa.
  • Non hai mellor xogador que Aspas na categoria.
  • Xa, xa.
  • A Galiza…
  • Xa, xa. Outra cervexa?

Falábamos, uns de pé, outros sentados. Sandra e a miña moza por un lado, Brais i eu por outro. O amorfo de Aspas viña de declarar que se puxera moi contento cando o brasuca aquel medio retardado que tiñan lle zoupara un patadón a Tristán nun derbi de infame recordo para os vigueses.

  • Se vós tivésedes un xogador como Aspas ben que vos gustaria, non?
  • Xa.

Decidiron sair a tomar algo aquela noite, pois Sandra queria visitar a algúns colegas que tiña por Coruña. Brais estaba nervoso. Eu quedei na casa, vendo pelis, bastante satisfeito por como estaba levando a movida. Aspas, a canteira, o fútbol de toque, desde Vigo para o mundo, ecuación maxistral, conciencia, todo en orde, unha man no ombreiro, palmadiñas. Xa, home, xa. Entendémonos ben, todos galegos pero nós menos, claro que si, xa estamos afeitos. 

Eu só queria que aquela merda pasase o antes posible e que chegase o puto partido. Comerlles o cráneo, darlles de ostias, gañar e soltarlle mais palmadiñas ao imbécil de Brais. “Subides seguro, home”, e veña para Vigo a rañar co garfo, que xa vos é tarde. Inundábame unha calma morna, pero sobre a medianoite algo crepitou na miña cabeza, unha idea bastante boa. Levanteime, fun ata o cuarto da tele e saquei un poster do Turu Flores desa carpeta que tiña chea de loucuras deportivistas. Abrín aquel papel de periódico e pareceume xigantesco, coa cara do noso ídolo tan grande como a miña. Biqueino nos ollos e díxenlle: veña, vai quentar un pouco as pernas, que mañá hai derbi. Quérote ben. Xa na habitación onde Sandra e Brais ían durmir, desfixen a cama cuidadosamente para meter ao Turu e logo fíxena outra vez para que ficase como antes. O Grande Perforador de vigueses fricionando o seu cuíño contra as sabas, outro gol. Boa noite.

A expedición chegou a casa arredor das tres da mañá, despertándome co ruido. Agardei pacientemente. Fodeume da ostia non escoitar ben o que dician. Algo pasaba. Deleiteime diante daquela percepción que estaba a ter e que me dicia que ao vigués non lle fixera moita gracia a carallada. Fíxenme o durmido, logo durmín.

Ao dia seguinte foron risas. Nada mais espertar a miña moza comentoume a xogada. Nengunha gracia, como era de esperar. Sandra mellor, porque realmente lle importa unha merda todo isto. Pero o outro. Ai, o outro! Feito un cristo. Gardando un pouco as formas. Odio, si. Pero galegos por aqui, galegos por alá. Galegos almorzando:

  • O de onte que.
  • Nada, oh.
  • Case che rompemos o poster, por gracioso.
  • Bueno, oh. Hai que poñerlle salsa.

Tras varios bocexos de diálogo, levei a Brais a tomar unhas cañas polo barrio, atendendo á petición da miña moza. Magnífico lenzo. Catro Camiños, camisolas branquiazuis en cada esquina, bares ateigados de xente zumbada cantando VIGO NO, chistes de vigueses, copas de cristal. Brais estaba pálido e non dicia moito, polo que saquei un abano de temas non futbolísticos que tocaba o sector naval, as folgas, os cans de azul e as pestes seculares do povo galego. De pouco valian os panos quentes naquel contexto de guerra. Pobre home. Decidín non prolongar a agonia do vigués e leveino para casa pois habia que comer e estar un pouco coas chavalas. Tristemente comimos e logo vimos un pouco o fútbol, o Sevilla ou algo asi. Achegábase a hora do partido. Quedáramos dúas horas antes cos nosos amigos, que viñan timbrar para ir todos xuntos a Riazor. A relativa tranquilidade de Brais viuse alterada cando cinco loucos chegaron á porta medio borrachos.

  • Eh, estes son Sandra e Brais, veñen de Vigo, é o que hai.
  • Lo siento mucho y tal. PUTA VIGO. Que sí, hombre, que sí. Lo siento EN EL ALMA. Es lo que hay.

Sandra estaba encantada, flipada co ambiente. Brais non cruzaba palabra algunha con ninguén e centrábase no seu móvil, que daba noticias quentes sobre autocares procedentes de Vigo atascados no medio da cidade, buses cos cristais rotos, con vellos sangrando. Catro anos despois, a xenreira. Para Brais, vivilo todo lonxe dos seus, escoitando como a súa moza admiraba os cánticos deportivistas, acompañado por deportivistas salvaxes dotados de cero tacto, belísimos, brillando no solpor. Para Brais, coller coas súas mans de obreiro o fútbol de toque, pedra celeste palpitando, e repetirse: eles gañan con sorte e nós non, nós merecémolo, merecémolo porque temos canteira e son todos galegos e eles españois ou cousas peores. 

  • Brais, nós non cantamos cousas tan chulas en Balaídos…
  • Sandra, por favor.
  • E vaia ambiente. Xenial, eh?
  • Xenial, si. Viches que hai xente por aí con bandeiras españolas? Que vergoña.
  • Veña, Brais, tranquilo que era un vello con unha gorra de Fernando Alonso…

E vigueses morrendo, atascados. O plan para despois do partido, acontecese o que acontecese, era quedar para beberlle unha cervexa. Separámonos e desde as nosas respectivas localidades vimos o estourar de Riazor co calcaño de Riki, o esforzo vigués, o paroxismo de Orellana conseguindo o empate cando a cousa remataba. Nese momento pensei en Brais, metido entre señores de corpo ergueito e correctas bufandas branquiazuis. Pensei nel matándoos, cuspíndolles no seu sofrimento, liberándose finalmente despois de tanta merda tragada. Pero o propio Orellana pasou de heroi a chorimicas ao perder unha bóla que aproveitou Lassad para esnaquizar a atmósfera e darlle o derbi ao Deportivo. Eu vibrei como nunca. Foi escandaloso, non volvín pensar en Brais nen en Sandra. Non houbo noticias deles á saída do estadio. Non estaban no lugar acordado nen collían o teléfono. Aquelo doera de mais. Alá que ían, camiño de Vigo, a rañar co garfo. Xamais os volvín ver. Discusións aseguradas. Porque non é humano bendicer cando un xa ten sido maldito.

 

Carnaval

Empiezo a escribir esto tirado en el sofá de mi casa. A mi derecha, mi primo se ha quedado a ver el partido después de una comida bastante tardía. A mi izquierda mi padre sitúa un té al lado de un Jack Daniels y a su izquierda mi abuela atiende como Manuel Pablo salta al césped del Santiago Bernabeu en el año de su posible retirada. Le oigo decir “¿pero no es muy mayor?”. Mi abuela, que solo veía el fútbol para ir con el equipo contrario al que iba mi abuelo, siente pena cada vez que un portero comete un fallo. Antes de que saquen de centro desea en voz alta “a ver si con tanta presión no dan ni una”. Yo le doy un sorbo al cubata y le digo a mi padre que no firmo el empate. Mi padre sonríe. En estos dos sofás casi parecemos todos del mismo bando.

Pero allá en Riazor a veces es muy distinto.

A los anarquistas que corrían calle de la Torre arriba cuando a las fuerzas del régimen se les daba por cargar contra la irrealidad de los carnavales, la gente los jaleaba desde las ventanas. Eso escuché o eso quise escuchar. Tal vez todo sea mentira. Tal vez no sea cierto y los vecinos del barrio, de carnochos para arriba, no animasen a los anarquistas a correr y sí les exigieran con insolencia que esquivasen los palos como hacen los piperitos en el estadio desde sus tronos de plástico, siempre con ese halo amenazante de hacerse de otro equipo como si a alguien le fuese a importar lo más mínimo.

A veces quiero pensar que los murmullistas son como nosotros y solo llevan un disfraz para venderse al mundo, para paliar sus inseguridades con una proyección de condescendencia, de negación del fracaso, de ser más listos aún si cabe, condenados por el infortunio a presenciar o vivir las mismas miserias.

De noche, en la calle de la Barrera no cabe ni un alma. Los kilomberos están sonando y me pregunto si siguen estando en Pabellón Inferior porque ya va un tiempo que no les presto atención. Ya hace varios partidos que intentamos okupar algún asiento libre de la parte de arriba. Allí también existe un pequeño avispero de murmullistas; en los tres últimos partidos he tenido que preguntarle al desconocido de turno a quién cojones quería que animase o silbase para que estuviéramos todos de acuerdo. Los murmullistas resucitan las dos Españas en las gradas de Riazor con su ronroneo bovino y sus hierbas resabidas y en ocasiones ganan la partida.

Al salir de la Barrera me encuentro con Adrián y Tomás que están en un mejor estado que yo y balbuceo algo sobre los murmullistas. Noto como Adrián hace esfuerzos por entenderme pero yo no consigo explicarme. No recuerdo si  llevan disfraz al igual que no recuerdo que disfraz le toca ahora a los murmullistas.

Quiero pensar que debajo de las pipas también hay deportivismo, entre tanta amenaza, tanto discurso, tanta emboscada y tanta piel fina. Quiero pensar que no hay dos bandos de aficionados sino uno, solo que a veces algunos son tan débiles que no quieren hacer suyas las derrotas. Quiero pensar que se ponen esas máscaras para desdibujar lo feos que se ven. Quiero pensar que es algo temporal, casi climático. Fuera, la lluvia está mojando los disfraces más elaborados y quizás acabe por empapar también los cartones de los murmullistas.

Como reza la tradición el miércoles se acaba el carnaval. Volvemos a madrugar, nos vestimos de oficina. Imagino que Adrian volverá a ponerse traje y que a Tomás se le habrá pasado el cabreo. Imagino que, como en el sofá de mi casa, los tres somos del mismo bando. Mi abuela ha concluido “han jugado bastante bien, el próximo a ver si lo ganan”. Quiero pensar que sí y que estaremos todos juntos en la derrota o la victoria, sin disfraces, sin murmullos. Somerset Maugham decía que el amor es eso que les pasa a los hombres y mujeres que no se conocen entre ellos. Quiero pensar eso de nosotros, murmullistas, Riazor Blues, lendoiristas, kilomberos, piperitos, lacayos de Tino, violentos irredentos y deportivistas del palo. Que no nos conocemos del todo cuando llevamos el disfraz o la camiseta. Que lo que va a ser que nos pasa en realidad, discutiendo por comunicados como decía Augusto, es que estamos enamorados hasta las trancas.

https://i1.wp.com/imagenes.renr.es/resources/jpg/7/0/1393837845307.jpg(de La Opinión de A Coruña)