Real Sociedad – Dépor, J20

Jornada 20 de la Liga BBVA 2015-2016. Sábado 16 de enero.

Real Sociedad 1 – 1 R.C. Deportivo (Luis Alberto, 25; Xabi Prieto (p), 75)

Lo normal. Después de una primera vuelta acumulando superlativos, el Deportivo entra en fase de titubeo y pierde contra el Villarreal y el Real Madrid en liga y contra el Mirandés en Copa. Las dos de liga duelen muy levemente, pero la de Copa provoca un gesto general de jodienda antes de visitar a la Real. Jornada 20: 27 puntos. Anoeta sin Arribas, con Lopo, con Luisinho, con Lucas acompañado de nuevo por Luis Alberto (algunos empiezan a decir que rinde mejor con Oriol o Jona al lado), con dudas, con algo que decir. Seguimos punzantes? Desenfocados? Por dónde tiramos? Lo normal. Un equipo con síntomas de cansancio evidentes y un poco desconcertado en el campo de un rival que no cuenta con Agirretxe pero sí con niveles de energía muy potentes. Un zumbido. Otro zumbido. Su gol no sube. Lux despeja, ataja, se acomoda y saca desde su área a un lado y a otro. Pérdidas de balón. Centro del campo escaso. Equipo cansado y atomizado. Mucha distancia entre las piezas y Luis Alberto con kilos de pan para pocas bocas. Lucas corre que se mata, estira el cuello, pero no alcanza las migas. En una que tiene, tira mal ante Rulli. En otra se le va el control y Luis Alberto se aprovecha. El gol parece llegar de un no-lugar. El rival gira y gira impaciente, como oliendo la descomposición, pero el Deportivo no rompe y aguanta de la mano de un portero soberbio, de maneras arrebatadoras, elegantísimo. Germán Lux, esa mirada. Germán Lux, silencio en el puente. Germán Lux, parientes cantores. Germán Lux, guitarra negra. Así, con la imagen del argentino en el cenicero, pasa el partido. El gol del empate de la Real sólo puede llegar de penalti, cometido por otro argentino, Jonás Gutiérrez, nada más saltar al campo. Como buenos deportivistas deberíamos darle una importancia residual al rendimiento de Jonás hasta ahora, pues las dudas que genera tienen exactamente el mismo tamaño que los condicionantes de la situación, esto es: el hombre viene de una situación jodida. Démosle tiempo y confiemos en que Víctor hace lo correcto al darle minutos. Del penalti al final, la Real aprieta sin descanso y ahí cada quien responde como puede. Lopo mal. Sidnei más o menos bien. Los laterales estresados. Mala segunda parte. Pedro Souto fuma y bebe mierdas en un local de apuestas de Berlín con su camiseta de Luisinho tocándole los huesos. Luisinho sustituido en el 71, y Navarro que lo nota. Cositas. Souto fuma y grita mientras un negrata no le quita ojo. Turcos susurran desde el fondo. Les sabe a gloria el punto a estos colgados. Se van contentos. Deben estar locos.

lux_depor_115251926

Dépor – Mirandés, 1/8 Vuelta CdR

Consulta las puntuaciones de los jugadores aquí:

Manu Fdez. 2 picas. Se despidió de la afición que le vio aprender a vendimiar con una actuación sobria y estoica. Supo aguantar los silbidos de los Blues cuando le apremiaban a sacar de puerta. Intentó capturar esa pitada como un souvenir sólido de su regreso turístico a Coruña. Pudo haber hecho algo más en los dos primeros goles del Mirandés. Se me ocurre, no sé, pararlos.

Laureano. 4 de trébol. No se volverá a afeitar, lección aprendida.

Lopo. 20 de Abril del 90. Hola, chata, cómo estás. Te sorprende que te escriba, tanto tiempo, es normal. Pues es que estaba aquí solo. Me había puesto a recordar. Me entró la melancolía y te tenía que hablar.

Robespierre. 1758-1794. Fue uno de los más prominentes líderes de la Revolución francesa, diputado, presidente por dos veces de la Convención Nacional, jefe indiscutible de la facción más radical de los jacobinos y miembro del Comité de Salvación Pública, entidad que gobernó Francia durante el periodo revolucionario conocido como el Terror.

Luisinho. Dorsal 16. De manga corta y con guantes pero con una camisa de fuerza en su espíritu. Julius murió a los dos meses de que lo internasen, no permitamos que pase lo mismo con nuestro Luis.

Juan Domínguez. 4’9999999 sobre 100. Confuso. Hiriéndose a sí mismo. Me hace sufrir mucho. Ayer llevé pantis debajo de los vaqueros para no pasar frío pero ni con esas. Cada vez que miraba a Juando me invadía Siberia. Le miré a los ojos desde Pabellón Inferior y vi cómo colgaban de ellos dos lágrimas congeladas, como si fuese un árbol de Navidad. Me parto en dos.

Pedro Mosquera. Sucesión de Fibonacci. Jugó bastante bien, se habría acoplado a la perfección a la maquinaria mirandesa.

Jonás Gutiérrez. Revolution #9. Funciona de modo análogo a la homeopatía. Jonás corre, brinca y gira sobre sí mismo para diluirse en el césped y combatir así a los miasmas. Y tiene, exactamente, la misma eficacia que la homeopatía.

Federico. II el Grande. Forma una continuidad casi perfecta con Luis Fariña. Es como si uno nunca se hubiese ido y el otro ya hubiese estado aquí cuando VF. No sé, es muy complejo, no me pidáis que me posicione aquí.

El Míguel. 6’95€. Su brunogamismo se atenúa con el paso de los partidos. Cumplía magistralmente la función de jugador número 26 del equipo y ser el 19 le está lastrando. A veces hay que retroceder para tomar impulso.

Origol. 10/10. Oriol todo no lo puede hacer. No, detente ahí. Mira, Oriol no lo puede hacer todo. Oriol todo tampoco lo va a hacer.

Luis Alberto. 20.000 leguas de viaje submarino. Oriol bastante hace, queréis que haga todo y eso tampoco puede ser.

Álex Bergantiños. 7. Estrelló un balón a la escuadra para que fuese imposible ironizar sobre su hombría en Matadero. Es majísimo y debió haber salido de inicio.

Lucas. **. Descubrimos que puede autopropulsarse rosmando. Como un tenista cuando grita al golpear la pelota, pero durante todo el partido. Adquiere velocidades de vértigo a partir del aire que expulsa cada vez que rosma. Fede lo sabe y por eso no le respondió a ninguna de las 10 o 12 amenazas de muerte que le dedicó a lo largo de la segunda parte.

Víctor Sánchez del Amo. Sin calificar. Apenas entró en juego.

Equipo arbitral. Linier calvo para no perder la costumbre. Sencillez y buenhacer, qué más se puede pedir.

1 1 1

Mirandés – Dépor, 1/8 CdR

Octavos de final de Copa 2015-2016. Miércoles 5 de enero de 2016.

Mirandés C.F. 1 – 1 R.C. Deportivo (Ortiz, 25; Lopo, 65)

Meandros dibujas
Año: 1949
Director: (desconocido)
Productora: Matadero Producciones
Árbitro: Prieto Iglesias, del comité navarro

1

Entre el griterío que copa el diálogo de esta nuestra España con su historia (con su memoria histórica) a veces emergen voces quasi fantasmales que parecen iluminar más que cualquier erudito en la materia. Fósiles de un pasado reciente que descubre más heridas de las que el nombre de una calle podría reabrir. El día de Reyes de 2016 obsequió a la cinefilia nacional -y, por qué no, internacional- con un documento sin precedentes. En un piso franco de Burgos, sede de una antigua productora de cine tan independiente como era posible serlo en la posguerra, apareció un rollo de película que data de no más tarde de 1949. Un pedazo de historia, censurado en su momento por las autoridades franquistas, latiendo durante años bajo el suelo, como el corazón delator de Poe.

2

Meandros Dibujas es un ladrillo de esa catedral de oscuridad que fue el primer período de la dictadura, una pintura viva de aquella ciénaga intelectual que no conviene olvidar. Un relato criminal, situado a orillas del Ebro, que une a dos detectives: el veterano, Terrazas y su compañero, recién licenciado, Sánchez. El débil estado del celuloide superviviente nos impide seguir sus pesquisas con toda la minuciosidad que merecen pero su grito de socorro, el de toda una generación, llega nítido a nosotros.

El director (¿directora quizá?), anónimo, maneja una variedad de recursos desconocida entonces en autores nacionales. Coloca la cámara más abajo que cualquiera de sus contemporáneos, como por entonces sólo hacía Yasujirō Ozu, cuya sombra parece planear sobre todo el metraje. De esta forma el amplio campo de visión del que podríamos gozar se estrecha y elimina cualquier profundidad posible abriendo al máximo la distancia focal de su objetivo. El espacio como asfixia, como agorafobia, el miedo al exterior en una época en la que ni las paredes del hogar eran seguras y confortables.

3

Este Meandros Dibujas es una joya oculta no sólo de la cinematografía española sino de la memoria colectiva que está buscando ya una distribuidora que lo digitalice y edite en DVD. Mal acostumbrados, últimamente, a los circos anfetamínicos merece la pena entregarse a este juego de atmósferas, a este cuento de terror que habla, exactamente, sobre eso, sobre el terror. El terror coagulado de una herida que no se debe cerrar, no tan pronto.

4

Barcelona – Dépor, J15

Jornada 15 de la Liga BBVA 2015-2016. Sábado 12 de diciembre.

F.C. Barcelona 2 – 2 R.C. Deportivo (Messi, 38; Rakitic, 62; Lucas Pérez, 77; Álex Bergantiños, 86)

Estaban citados a las nueve para desayunar, pero él puso el despertador a las 7 para hacer Skype con la mujer, que le atiende con Daniela en brazos. “Que dice que voy a jugar yo solo en el medio, que bien me apaño”. La mujer asiente y le pregunta dónde ha puesto las diademas de la chavala. Mientras JuanDo, compañero de habitación y centro del campo, duerme boca abajo. Aparece Lucas a las 8 petando en la puerta. Porque los coruños petan, no llaman. Le ha robado el mate a Jona y viene con la idea de hacerle cosquillas en los pies a Juan. Al ver a Lucas, Daniela rompe a llorar y deciden colgar. “A ver neno, que he soñado que hoy marcas”, dice el de Monelos mientras mira el móvil para ver cuándo juega el Santa Margarita. Álex no contesta, ordena sus cosas y se queja entre dientes porque Juan tiene los gallumbos y los calcetines tirados por el suelo. Lucas insiste: “no pases mía que vas a marcar hoy”. JuanDo sigue durmiendo, Lucas se aburre y agarra unos calcetos para dar toques con ellos, Álex calla y ordena. Son menos diez. Álex despierta a Juan, le dice dónde le ha dejado el chándal del equipo, manda a Lucas a devolverle el mate a Jona y baja a desayunar.

Cuando entraba el balón en la portería del Barcelona, solo podía pensar que se lo merece, que no hay nadie más en el equipo que se lo merezca tanto. Me lo imaginé en su piso de Tarragona, viendo partidos del Dépor de Lotina con el pijama puesto y pensando que igual él podía haber hecho más que Antonio Tomás o Rubén Pérez. Conjurándose para aprender lo que hasta los 26 no había sabido aprender. Mentalizándose para convencer. Me lo imaginé también el día del Recre asomando su cabecita por el túnel de vestuarios diez minutos antes del comienzo para ver aquello que hicieron los Blues con los paraguas blanquiazules. Atenazado ante su debut, pensando en lo que hubiera disfrutado él de eso desde la grada, pero orgulloso y cabezón. Soy incapaz en cambio de imaginarme de qué habla con JuanDo cuando hablan. Si es que hablan. Igual no le ponen palabras a esa relación a la que llevamos cuatro años enganchados y eso me parece aún más bonito.
Pero si me acordé especialmente de algo cuando el balón entró no fue siquiera de su otro gol en primera, también al Barcelona y también en una remontada aunque al final no lo fuera. Me acordé mucho de Bilbao pero no de su sobrecogedora celebración, rodillas en el suelo y vomitando un grito desde lo más profundo de su ser. Me acordé sobre todas las cosas del gol que le robaron aquel día. De su indisimulable desesperación acumulada en unos ojos que casi lagrimeaban. Él, que lo había dado todo, no merecía otra cosa que una alegría descomunal en un escenario descomunal. Por aquel día de Bilbao y por todos los días en los que ha trabajado para ser mejor y mejor y mejor hasta poder ser, sea por casualidad o no, el único mediocentro de un equipo que compite y empata en el Camp Nou. Desde fuera igual no parece gran cosa, pero os prometo que a mí hacía tiempo que no me emocionaba tanto el puto fútbol.

Porque su frente es un pergamino donde se cruzan dolor, magia, llanto, esperas atrofiadas, cesiones tristes, infinitas. Porque su garganta tensa hace añicos un camino lleno de obstáculos. Porque su mirada espera entre juncos, matas, alambradas. Porque es él quién no desespera ni un solo instante. Porque es él quién se calza las botas por amor con una insignia chantada en frente animal, rocosa, que es espejo de todos los deportivistas, también de aquellos que pudieron perder la fe en el Bergantiños que no valía. Porque tensa es su frente y también su peso y su tráquea y su remate y porque JUGARÁ ÉL SOLO y los verá llegar en bandadas, regateando con luces y gafas de sol y anuncios de refrescos pero a todos destrozará con ojos salvajes y sabia carnicería. Porque cerrará y derribará y a todo llegará. Porque esa mirada que tanto ha esperado en otras tierras, en rincones oscuros, da con la clave de nuestros corazones y vuelve a esperar sin claudicar NI UN JODIDO INSTANTE. Porque esa cara de acero esconde un monstruo de amor y una flor del tiempo. Porque alrededor de su grito leemos poseídos la música de lo que somos: DE-POR-TI-VO.

_MG_4394

Dépor – Athletic, J8

Jornada 8 de la Liga BBVA 2015-2016. Domingo 18 de octubre.

R.C. Deportivo 2 – 2 Athletic Club (Iñaki Williams, 30; Aduriz, 63; Lucas, 80; Arribas, 89)

El videomarcador cifró en 26.239 la asistencia a Riazor pero en el minuto 71 la sensación térmica era de 9.000 personas, si no menos. En Pabellón apenas éramos capaces de devolver a los Blues el “Deportivo Alé” de rigor. Y todo esto porque los chavales en el campo no estaban haciendo las cosas mal pero se estaban comiendo un cagao. Cada cual contribuía como podía al sonido ambiente. Yo comí algunas pipas y el tipo al que siempre intento evitar pero que siempre se sienta delante de mí hizo observaciones muy poco inspiradas sobre la cojera (simbólica, supongo) de ciertos jugadores. No parecía la afición de un equipo renacido y en puestos europeos. No parecía la afición de un equipo que tiene a Fayçal Fajr en su plantilla. Pero era normal.

En el minuto 30 marca Williams con uno de los nuestros tendido en el césped, tumbado por la precognición del gol que estábamos a punto de encajar en esa misma jugada, anticipando la decepción con danza interpretativa minimalista. Ese fue Luis Alberto, creo. El mismo que luego la tiró dos veces al palo en un momento en que cualquier guionista mínimamente serio hubiera propuesto gol del empate. En la grada las gentes discutían la herencia genética del que nos había metido gol. Luego marca Aduriz, que se había pasado la primera parte rosmando y pegándole a nuestro portero. La frialdad del estadio era sociológicamente comprensible. Estás callado por temor a que todo aquello fuese la primera bocanada de realidad de la temporada. Porque viene un equipo que, en teoría, es mejor que tú y te gana. Y entonces todo lo anterior pudo haber sido coincidencia. Y a lo mejor la ilusión no es parte del plan, a lo mejor hay que plantearse posponerla. Pero no.

Ahora la ilusión es el motor del tren y Lucas Pérez, que se había pasado 80 minutos como Buster Keaton sentado en una biela cabizbajo, mete un golazo y señala a la misma afición que no había sido capaz de devolver un “Deportivo Alé” en condiciones. Y de repente había 45.126 aficionados, si no más. Y luego Alejandro Arribas, que es ya un vecino más de Monte Alto, te empata el partido con la alegría del central que está de vacaciones en el área contraria. Como Lopo en aquel otro partido. Es imposible que se vaya la ilusión con esta gente. No te dejan.

jpg (2)

 

PD: Juando, no corras, bonito, tú estás excluido.

Escenas potenciales para “Sala Calvet” (II)

Fajr fumando. Subido a uno de los muros laterales de Meicende y fumando. Camiseta de tiras, piel oscura y ajada, increpando al lateral derecho del Oza Juvenil cadete. A Fajr no le gusta su pelo brillante al sol de septiembre. Alguien despeja con contundencia y el balón rueda por una de esas cuestas que rodean el campo. Fajr y sus colegas corren tras él.

Víctor organiza una sesión de vídeo en la macropantalla de Pabellón. Todos se sientan en el césped y atienden, mientras Sidnei mira embobado hacia la de Marathon sin poder para de imaginar lo bonito que sería visionar Tabu de Miguel Gomes en aquella descomunal superficie. Al acabar la sesión llama a su mejor amigo de la infancia, un brasileño rubio y homosexual que da clases en la Sorbona y le habla en blanco y negro de su nueva novia.

Luisinho en la Vedra. Atasco. Llueve. Escucha música brasileira en el 101.5 de la FM, Radio Oleiros. Maldice mientras masca chicle. Hoy llega tarde a entrenar.

Laure probándose pantalones en el ZARA de Juana de Vega. Una dependienta lo reconoce mientras entra en los probadores. “Joder, he vuelto a coger unos slim fit” es la única frase que le escucha.

Mosquera va hacia las duchas en los vestuarios. Se cruza con Lucas, recién llegado de recoger las últimas cajas de la mudanza desde Salónica, y a este se le escapa una colleja. Cuando vuelve a su sitio a secarse descubre que le han mangado las Etnies.

Un restaurante canario cerca de Doniños. Manuel Pablo ha invitado a cenar a Celso Borges. Ríen bastante y Borges le cuenta cosas sobre el norte de Europa. Manolo se vuelve a casa jodido porque no ha parado de llamarle Laure.

Scaloni escribe un tuit. No cabe. 141. Cierra la pantalla del portátil y saca la mecedora al porche para seguir leyendo un libro sobre las Malvinas.

 

Guidetti marca el cuarto en Balaídos. Estoy fregando los platos de la cena, pero lo escucho de fondo. Río y se me cae un vaso del IKEA. Sigo riendo. Emerge Jabo en mi cabeza. Río más y más fuerte cuando recuerdo aquella temporada en la que los entrenó a ellos.

tabu3

Elche – Dépor, J34

Jornada 34 de la Liga BBVA 2014-2015. Miércoles 30 de abril de 2015.

Elche C.F. 4 – 0 R.C. Deportivo (Jonathas, 6; Lombán (pen), 20; Pasalic, 54; Garry Rodrigues, 91)

I will not outlive my father.
I will not outrun my debts.
I will only serve to embody each of your regrets.
I am made of broken promises, and I owe them to you.
I am a list of failed romances, won’t you kill me with the truth.

With every passing day that ends up the same,
I’m waiting for silence, I’m waiting for the end.

I give up.

tumblr_nmc48hgljG1tdyxnno3_1280

Dépor – Sevilla, J26

Jornada 26 de la Liga BBVA 2014-2015. Sábado 7 de marzo.

R.C. Deportivo 3 – 4 Sevilla F.C. (Oriol Riera, 28,72; Lucas Pérez (pen), 93; Vitolo, 33, 52; Gameiro (pen), 65; Sidnei (pp), 83)

Romper el candado de la transición vazquista. Construir la nueva hegemonía. Derrocar a los populismos. Unificar frentes opuestos bajo una estabilidad, ficticia o no, que solo puede dar una permanencia tranquila, casi democrática. Apagar el incendio. Tranquilizar el entorno. Limar las diferencias. Víctor Fernández, pacificador sin ceja, nunca tuvo un trabajo fácil. Por eso llama tanto la atención la aparente calma con la que sale el equipo al campo, aún en esta temporada infinita de resultados pírricos. Por eso llama menos la atención el oltrismo extremo vivido el sábado en Riazor.

Fue mejor el Deportivo durante gran parte del partido. 60 minutos en los que presionó con acierto, recuperó arriba y llegó con claridad. 60 minutos que entroncan con los momentos de buen fútbol que viene realizando el equipo en las últimas semanas, pero que resultaban en otra derrota en el marcador. Vimos los dedos y la lengua de Riera por primera vez esta temporada, tras conducción de un Lucas turbulento y centro tenso de un Cavaleiro siempre útil. Vimos en cambio endeblez en Juanfran, Álex y Borges, que junto a la desubicación de Insua y las genialidades de Bacca y Vitolo, permitieron al Sevilla darle la vuelta al partido.

Quizás la metáfora más acerada y cruel de la temporada fueron los minutos posteriores al segundo gol sevillista. Ejemplares los jugadores en esos minutos de locura oltrista, desafortunados en su ataque desbocado que causaba grietas pero no derribaba pilares. Probablemente ese era el momento de tomar decisiones desde el banquillo, justo antes de que una bala perdida dejara sin consciencia a Juanfran, que tirado en el suelo rompía el fuera de juego previo al penalti de Insua sobre un omnipresente Vitolo. Hubo más goles y más ocasiones de ambos equipos, un Deportivo epiléptico que atacaba entre convulsiones y no era capaz siquiera de defenderse. Al final, nada relevante más allá del desconcierto que asolaba a un público que reclamaba dimisiones sin saber muy bien a quién apuntar.

Hubo caos, se perdió el control, sí. Hubo confusión. Otra vez, sensaciones conocidas y agradables cuando montados en la ola nadábamos hacia la portería del rival. Otra vez, también y sobre todo, frustración cuando tocó remontar el río a contracorriente. Hubo aplausos al final, pese a todo, porque nadie pudo dejar pasar el arrojo con el que los jugadores están asumiendo los últimos resultados que, justos o injustos, nos dejan a un paso del abismo. Hubo además la-crítica-que-no-cesa al entrenador. A un técnico que hace tres meses se mostraba desolado ante la autodestrucción en la que vivía el entorno del club y que ha conseguido que no afecte a un rendimiento deportivo que es bueno, aunque cierto es que no lo son así los resultados. Algunos empiezan a hacer cuentas que no salen. Otros no paran de escuchar una y otra vez las confesiones del caso Osasuna, para identificar patrones por venir. La afición de los equipos de la zona baja se vuelve determinista en las diez últimas jornadas, aparece un Hobbes vestido de lobo en los sueños de cada socio. Cada uno sabe muy bien qué jugadores serán los que nos van a salvar y qué jugadores no. Cada uno conoce la solución, pero solo uno tiene la responsabilidad de aplicarla. Es momento de unirse en la confusión, de reír y perder el control cuando sea necesario y aceptar y tomar consciencia de que la única lucha es por salvar la categoría, que es ir salvando al club. Consenso de mínimos. Revisionismo. Y puntos.

Confusion in her eyes that says it all
(She’s lost control)
And she’s clinging to the nearest passerby
(She’s lost control)

And she gave away the secrets of her past
And said: I’ve lost control again
And a voice that told her when and where to act
She said: I’ve lost control again

And she expressed herself in many different ways
Until she lost control again
And walked upon the edge of no escape
And laughed: I’ve lost control

She’s lost control again
She’s lost control

jpg (6)

Samstag 23 August 2014

– Qué tal el Dépor este año? – preguntó Cacho, hundido en el fondo del bar, antes de meterle un par de sorbos al pastis.

– Pues bailando sobre un alambre. – respondí, pensando en la inminencia de uno de mis espiches interminables. “Relájate”, “duérmete”, eso era lo que flotaba en mi cabeza pero seguimos, inevitablemente, pues Cacho necesitaba saber.

– Un amigo comentaba el otro día que, de bajar a Preferente, Lendoiro habría montado un equipo igual o mejor que este. – me encontré repicando con los dedos en la enorme, hipersexuada, caliente botella de cerveza. Mientras hablaba, un diálogo interior me taladraba a toda pastilla: Lendoiro bienquerido, cómo te sueñan, cómo te soñamos los borrachos entre el musgo, cómo añoramos en silencio aquella partida deslavazada, audaz y desmedida de un gallego (muy coqueto) contra el mundo. De repente, queriendo salir de mi fango mental, clavé mis ojos en Cacho.

– A quién tenéis de entrenador?.

– A Víctor Fernández. – dije, ya con mueca.

– Vaya, está bien, no? Es bueno, no?

– Ni bueno ni malo, mira. No tiene carisma. – y paré ahí, enfrascándome en la imagen del nuevo técnico, tan fácil de olvidar. “Acaba de llegar y ya me estoy olvidando”, murmuré para ir finiquitando la conversación. Tres horas antes, le había preguntado al reciente Premio Nacional de Poesía que cómo iba el Dépor en el descanso, que si gastaba aplicaciones en el móvil. El aparato no tenía vida, pero me llevó dentro de la librería (Bartleby & Co., por allí andábamos después de un concierto) para chequear su portátil, que tardó una eternidad en iniciar. Finalmente, la página del puto diario español mostró un marcador rojo, al descanso: 0-1, CAVALEIRO ADELANTA AL DEPORTIVO.

Obviamente, me puse contento, pero noté al fondo una carencia, como si en Granada no tuviésemos estandartes a los que agarrarnos, como si Franganillo estuviese viendo bots con camiseta y sintiese una soledad profundísima. La segunda parte duró mucho. Sabía que el partido había acabado pero un posible asedio nazarí, córner tras córner, Lux o Laure o Laure tras Lux, poblaba mi azotea. Después de dejar la librería, quieto en la acera y camino del bar, dos personas sin conexión entre sí me hablaron del Deportivo.

La primera, un chileno llamado Enrique, recordó un partido contra el Betis en el Villamarín, cierta victoria con goles de Pandiani, Maakay y “un goleador elegante que hacía lo que quería”, como le llamó. El tío estaba ebrio perdido y cargaba con una mochila enorme que daba un toque terrorífico a su ya hinchada figura. Al principio su tono me gustó, luego me incomodó y al final, ya en el bar, acabó por darme asco. La segunda, un amigo alemán que parece un AK-47 cuando habla, todo sudor, humo y víctimas poniéndose azules. Éste comentó algo sobre un jugador de los 90, un francés, decía, un francés extraño que las ponía de miedo a balón parado.

– Corentin Martins. – dije.

– No sé. No había otro?. – respondió.

– Jérôme Bonnissel, pero era lateral y nada de balón parado por ahí. – expliqué, mientras un crujir extremadamente placentero me acariciaba por dentro.

Seguimos hablando durante bastante rato, repasando algunos grandes equipos que se habían enfrentado al Dépor durante su época de esplendor. Caminamos hasta el bar, nos sentamos, fumamos un porro, hablamos de Grenier. Más tarde, se emborrachó a conciencia, y su metralleta se perdió por los rincones de un Hanoi ficticio y flameante que podía ver a través de sus ojos. El arma comenzó a disparar tan salvajemente que se desprendió de sus manos y voló por el bar atacando a todo el mundo. En el medio de ese discurso bélico e insoportable, el cabrón la tomó conmigo y aprovechó para soltar una especie de maldición sobre el Deportivo y todos sus hinchas, quemando nuestra estampa con su lengua, gritando YOUR BORING TEAM YOUR BORING LEGENDS YOUR BORING FACES, abalanzándose hacia todos los ángulos, llevándome del brazo a la mesa donde se barajan los significados ocultos de este inicio de temporada, saco de miedos, año I después de Augusto, año en el que intento chutarme una dosis de presente con lo que puedo pero nada.

Cuando se fue, me quedé un rato vagando entre la gente, medio tocado, pensando en la esquizofrenia del chaval y en el útimo ascenso. Pensé en mis amigos. Pensé en el Martín Castiñeira inmóvil que fruncía levemente el ceño durante la celebración en Cuatro Caminos. Pensé que bastante tengo con mi deportivismo agujereado como para que ahora lleguen los locos a torturarme con mataderos, Bonnissel y maldiciones.