Madrid-Dépor, J15

Jornada 15 de la Liga Santander 2016-2017. Sábado 10 de diciembre.

Real Madrid 3 – 2 R.C. Deportivo (Morata, 50; Joselu, 63,65; Mariano, 84; Sergio Ramos, 92)

Hay una película y en esa película está todo. Esa película se llama As I was moving ahead occasionally I saw brief glimpses of beauty y yo creo que en esa película está todo, aunque nunca la he visto entera y seguida porque es casi tan larga como su título o esta frase. Hay una película cuyas imágenes me hipnotizan y me atan a la pantalla porque creo que en ellas está todo, pero luego es que no porque Jonas Mekas me lo niega todo:

I have never been able, really, to figure out where my life begins and where it ends. I have never never been able to figure out what it is all about, what it means. (…) Because I don’t know where any piece of my life really belongs. So let it be, let it go just by pure chance.
Disorder.
There is some coherence, some kind of order in it, order of its own, which I do not really understand, same as I never understood life around me. The real life. Or the real people. I never understood them. I still don’t understand them. And I really don’t want to understand them.

Yo veo tramos de la película y, como decía, lo entiendo todo. Veo una imagen que dice que ESTA ES UNA PELÍCULA POLÍTICA y pienso que sísisisí lo es porque qué es la política sino esta manera de flotar por la vida, esta pasión desatada por la belleza de las cosas que nos gustan sin importar su importancia y esa falta total de conexión temporal entre los hechos y los sentimientos que estos producen. Veo la película y me reconozco proyectado sobre el Dépor en su ligereza y en su profundidad, ¡y en su política! Me veo y me reconozco el sábado, saltando y corriendo por mi casa tras ese minuto y medio mágico en el que le dimos la vuelta a un partido en el Bernabéu.

Os pongo en situación con retazos de mi sábado. Yo preparando con prisas la cena navideña con mi grupo de amigos. Yo indudablemente ilusionado porque, como el año pasado en el Camp Nou, jugamos antes de que estos se vayan a Japón al Mundial del Clubes y les importará un huevo el partido. Yo quemando parcialmente la cena porque joder balón al palo. Yo levantándome de la mesa con cierta frecuencia ante los cambios de tono de Carlos Martínez. Yo nervioso y tremendamente ausente de lo que sucedía en aquella mesa. Yo saltando y gritando los goles de Joselu. Yo golpeando cosas tras el empate. Yo insultando gravemente a árbitro, futbolistas del real de madrid y a mis familiares aficionados a ese equipo tras el gol en el descuento. Yo disfrutando con cierto orgullo de la noche posterior porque es lo que, sin duda, hubiera hecho Florin Andone.

Revivo el partido en diferido y nada es otra vez lo mismo porque ya ha sucedido. Veo a un Madrid superior y a un Dépor digno, agarrado a los arrebatos de locura del rumano de Pastoriza. Al final, la dignidad es todo aquello a lo que puedes aspirar mientras esperas por esos breves momentos de belleza, esos destellos de que todo tiene sentido. Al final, otra vez, está todo condensado en esos 2 minutos, pero también en los 90. Y en los otros 90 minutos de la derrota del juvenil contra el Vigo o en los de la derrota del femenino en Oviedo. Sale todo mal en el fin de semana, pero da igual porque la derrota da igual si consigues sufrirla. El fin es vivirlo, como dice nuestro amigo Oliva y, queramos o no, Garitano y Andone y Çolak y Borges y Babel y toda esa gente están consiguiendo que los miremos otra vez y les digamos: lo estamos viviendo con vosotros, se nos quema la cena, pero no nos falléis porque somos vosotros.

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Creerse la copa

Suena la radio. Abres la web del marca. Sintonizas algún canal en la televisión. Inicias sesión en tu cuenta de tuiter. Un mensaje en whatsapp. Un artículo en pocket. Escucha.

“una oportunidad para los no habituales, rotaciones, dar descanso involucrar a jugadores que no han tenido minutos, rotaciones rotaciones, coger confianza, rotaciones rotaciones rotaciones”

No, nonononono, NONONO. No, mira, no. No. La copa del rey, con su formato opresivo, inhumano. La copa del rey y sus nulas esperanzas de victoria final, de trofeo, de final, de celebración. La copa del rey, en la que ganas un par de rondas y te acabas ilusionando para nada, porque para qué si no la vamos a ganar. No, mira, no. No.

Niego categóricamente. Lo niego todo. Bueno, no niego el formato, cuya única virtud es ser una cruel representación metafórica de las teorías de la opresión. Los humildes pelean en el barro hasta que los supervivientes elegidos tienen el honor de ser pisoteados por los gigantes recibiendo lametones de compasión desde los medios, intentando una gesta que (ya) no puede ser. Intentando morir con honor, pues a poco más se aspira. Pero, ¿y qué es si no evitar el descenso/luchar por Europa/tener una temporada tranquila?

Empecemos aquí con las negaciones. No hagáis caso, por más que os lo digan, porque la copa no son dos partidos amistosos colocados al principio del invierno, haciendo de puente entre la época de los parones constantes para los partidos internacionales y el sprint de enero, mercado mediante (dicen que suenan Luis Alberto, Klasnic y Acciari). Nunca fue eso. La copa conecta con lo más primitivo de la competición y, aunque sólo sea por eso, debería ser respetada. Dos rivales y un rato -180 minutos e igual nos gustarían solo 90, pero qué más da- para eliminarse mutuamente. Apenas cuentan las dinámicas, apenas cuentan los cálculos estratégicos a medio plazo, los objetivos, las evaluaciones y los DAFOS. No puedes hacer un GANTT de la copa, no hay milestones intermedios ni deadlines a cumplir. No hay plazos, no hay equipos de trabajo ni horas extra. Es aquí y ahora. La competición y sus cositas, sales a ganar o a empatar o a pillar una contra y a ver pero nunca nunca nunca sales porque estás obligado a ello. Eso es competir.

Quedará en el debe, escrito en letras mayúsculas, de Víctor Sánchez del Amo lo que hicimos el año pasado contra el Mirandés. Aquel día en el que un gran equipo que en una mala racha dio por cerrada la temporada saliendo a Riazor porque no quedaba otra opción. No sabemos lo que quedará en el de Gaizka, pero el partido de Sevilla no augura nada bueno.

Si no nos creemos la copa, con su crudeza competitiva y sus idas y vueltas y su afortunada ausencia de control y orden. Si no nos creemos la copa y la embadurnamos también de asqueroso cinismo posibilista. SI NO NOS CREEMOS LA COPA, yo ya no sé ni para qué seguimos el fútbol. No sé vosotros, pero yo tampoco estoy en la vida como para andar tirando a la basura posibilidades como las de pasar un par de rondas de una competición cualquiera. Imagínate si pudiera jugar (¡si tuviera acceso a!) la putísima copa del rey.

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Recordando a Riki

Me acuerdo de ir por los baretos de Manuel Murguia comentando la jugada. “Riki es muy malo”, decían unas voces. Todos aquellos charranes quisquillosos, rajando, me parecían cosa baja, porque yo adoraba a Riki, el Godzilla bonachón de Aranjuez.

Riki empezó flojo en el Dépor, con Caparrós, el que apretaba los dientes y no tenía a Maakay en plantilla. Tenía a Riki, y se quejaba. Riki no hacía goles, aunque era titular. Enchufó tan solo dos en su primer año. Jugaba de delantero y también en banda. A Riki lo acompañaba Arizmendi, uno de los pájaros más raros del fútbol español reciente. Eran tiempos bien locos para el club, inmerso en plena resaca post-Irureta.

Vestíamos aquella camiseta Joma, más fea que pegarle a un padre…

Con la llegada de Lotina, Riki fue más suplente que titular, al menos el primer año. La gente seguía rajando. Al fin y al cabo, el precio pagado por el Deportivo al imbécil de Ángel Torres había sido bastante alto, cerca de cuatro millones de euros, por lo que la parroquia quería mambo. El contexto, como decíamos, era de cierto nerviosismo. Había que construir un nuevo Dépor.

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Durante el lotinismo, Riki fue parte de un combo de jugadores que se repartían las labores ofensivas en un equipo bastante romo en ataque. Allí estaban Omar Bravo, Rodolpho Bodipo, Lassad, Xisco. El panorama pintaba difuso para Riki, claramente negado para el gol en sus dos primeros años a las órdenes del entrenador triste de Meñaka. Al tercero las cosas cambiaron, y el bonachón de Aranjuez encontró una cierta estabilidad que le llevó a anotar ocho goles en aquella temporada. Volvíamos a ver al jugador que había sobresalido en el Getafe.

Esta dinámica positiva hizo que Riki empezase la temporada 2010-11, cuarta de Lotina al frente del Dépor, como primera opción para la delantera. Todas las previsiones tardarían poco en irse a la mierda, ya que Riki caía lesionado nada más empezar el curso. El jabato resoplaba en una camilla. Así pues, año casi en blanco (reaparece y juega en aquella pseudorevolución de final de temporada, cuando Lotina recupera a Valerón y pone en liza un 4-3-1-2) y doble desgracia: el descenso.

Riki, tras las lágrimas, se ofrecía para jugar en Segunda.

Un tipo sensible. Lo dijo la señora Elvirita, la de la charcutería:

“es muy bueniño, siempre me viene por aquí a comprar los chicharrones. Se le ve campechano, muy preocupado siempre por la gente y esas cosas…”

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Con el descenso hubo lágrimas, pero también un estallido en el deportivismo. La gente hizo piña para devolver al equipo a Primera y Lendoiro facilitó las cosas dándole entradas adicionales a los socios por muy poco dinero. Había efervescencia, calor en las gradas, pero también mucho opinante que meaba fuera del tiesto. Recuerdo amigos míos que en su puta vida se habían preocupado por el Deportivo y que iban allí a dar sentencias y a reírse, entre otros, de Iván Sánchez. Había mucha batalla que dar. En el campo, el propio Riki se encargaba de callar bocas con un repertorio de acciones desbocadas, intensas a más no poder. Pero ni por esas. Solo a alguien muy estúpido se le podía escapar el hecho de que Riki estaba haciendo una campaña buenísima. A mí se me daba por pensar que aquellos gañanes lo criticaban porque no tenía lo que se dice “estilo”.

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Iván Sánchez Rico “Riki”. Su subida, como la del equipo, fue al final imparable y terminó por convencer a todos. Ya nadie rumiaba por los bares. Riki creó unanimidad con su compromiso y su ternura. Era casi un ídolo.

Aquella temporada, la del ascenso fulminante con récord de puntos, marcó goles importantes y disfrutó de lo lindo. Regaba el aire con su carisma, encendiéndonos. Mi amigo Álvaro Arribi y yo, de tan entusiasmados que estábamos, empezamos a llamarnos Riki el uno al otro. “Míralo, míralo”, nos decíamos en Riazor. “Míralo qué loco está!” Y nos reíamos y celebrábamos con energía mastodóntica. Alegría, comedia, goles. Todo con Iván. Dio lo mejor porque estaba enamorado de Coruña. Marcó en los dos derbis de aquel año. Un genio. El día del ascenso su cara lo decía todo. Solo amor.

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Riki era eventos. Siempre pasaba algo cuando aparecía. Cuántas veces no se habrá tirado Riki a la piscina? Cuántas faltas no habrá provocado? Cuánta confusión? Cuánta belleza? La parroquia gritaba PENALTI!!! La parroquia gritaba GOL!!! Y con aquellas piruetas de aire y de goma reforzaba nuestro deseo de ir a Riazor. Riki desprendía amabilidad y era honesto con la hinchada, gracioso como pocos. Un sol.

Riki le ponía comedia y goles, acción de la buena.

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El día del ascenso fue el más feliz que Riki vivió como deportivista. Mi amigo Álvaro, que es fotógrafo profesional, pidió acreditación aquel día para entrar en Riazor y estar a pie de campo retratando el vital partido contra el Huesca. Buscó a Riki todo el tiempo, y lo encontró. No paró hasta que, ya con el delirio consumado, se abrazó a él, espetándole:

Riki, ahora a cenar, o qué?? 

a lo que Riki respondió “HOMBRE, HAY GAZUZA…”

“Eres un atleta, Riki… Rikiño, carallo!”

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Riki aprovechó aquel día para mostrar su solidaridad con los 166 trabajadores de la planta de Unilever en Aranjuez, despedidos dos meses antes por los chacales capitalistas. Estuvo con ellos, estuvo con nosotros, estuvo con el pueblo, su hábitat natural. Ya en la cena posterior bailó salsón con Bodipo, charló de tranqui con Guardado, con Morel (al que dedicaremos un post extensísimo en breve), besó a los chavales extraordinarios del penúltimo Dépor de Augusto César Lendoiro.

Con algunos de ellos empezaría la siguiente temporada, la última de nuestro presidente, la del despido de Oltra, la de la huida de Domingos y la llegada redentora de Fernando Vázquez, la del segundo descenso. Riki hizo todo lo que pudo para ayudar a evitar la debacle y luego se fue, jodido aunque satisfecho por haber vivido aquellos años con nosotros, conectando a la gente, cambiando nuestra manera de hablar, quedándose al final y para siempre en nuestras cabezas blanquiazules.

Allí donde estés, un besazo, compañero.

Semper fidelis

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Vigo – Dépor, J9

Jornada 9 de la Liga BBVA 2016-2017. Domingo 23 de octubre.

R.C. Celta 4 – 1 R.C. Deportivo (Hugo Mallo, 32; Aspas, 60(pen), 83; Orellana,78; Albentosa, 37)

“Un símbolo contiene en sí mismo un significado definido, una fórmula intelectual determinada, mientras que la imagen es una metáfora”, Andrei Tarkovski, 1976.

Aceptemos que la derrota está en el símbolo. Es cierto, hay números y sensaciones e intención estratégica y moral y resultados y técnica. Pero no, eso no es nada. La derrota siempre está en el símbolo y este partido llevábamos más de tres años perdiéndolo. Para alguien como yo, veintitantos años de deportivismo, lo del domingo pasado fue la (durísima) confirmación de nuestra primera derrota.

El 1 de junio de 2013, un gol de Natxo Insa nos mandaba de vuelta a Segunda División. La imagen, ¡entonces imagen!, fue la de Aspas recortando a Colotto para poner el pase de gol. Este hecho se encargan de recordárnoslo ellos machaconamente desde la grada de Balaídos con un ritmo copiado de la sección de noticias curiosas del telediario y una métrica paupérrima. Este hecho nos hemos encargado de maquillarlo nosotros durante este tiempo, equilibrando la balanza con muy meritorias y a veces incluso bellísimas victorias parciales, pero sobre todo con esa mezcla de ingenuidad y desprecio hacia todo lo que viene del Sur.

Pero ya no. Al contrario que en 2013, al contrario que el día de Aspas y Colotto, hay una cierta intencionalidad subyacente en lo que pasó el domingo. Por primera vez, lo ocurrido sobre el campo obedecía al discurso extremista del irredentismo vigués. Y no tanto por el juego, ramplón por parte de los dos equipos, sino por la sensación de dominio del discurso que precedía al partido, alineaciones y planes de juego mediante, y sobre todo por la que lo sucedió. El entrenador, nuestro entrenador, reconoció a posteriori con una naturalidad impropia del tenebroso lugar en el que se encontraba la aparentemente evidente superioridad del rival, superioridad que le pagan por disimular. Y lo hizo para justificar una derrota que nunca tuvo que llegar de esta manera, pero que al mismo tiempo acabó pareciendo inevitable.

La hegemonía es suya, se la han ganado y nos la han arrebatado a fuerza de hacer las cositas bien, mientras nosotros nos mantenemos en pie a duras penas sobre una fe que se extingue. Nos la han arrebatado en un partido malo, suyo y nuestro, repleto de desaciertos y sobre el que poco hay que contar. Gaizka, en cuya figura vimos a un irredento gudari pero que cada vez se parece más al Borja Pérez de Basauri, salió a jugarles directo. El equipo compitió con acierto en un partido igualado hasta que se volvió loco tras verse por detrás en el marcador. Entonces, alguien decidió regalar el partido al rival colocando a la línea defensiva más lenta del mundo a no menos de cuatrocientos metros de distancia de un portero que juega agarrado con una cuerda a las vallas de publicidad tras la portería. Más o menos tal y como se describe en el Sagrado Códice de Cosas que no se Deben Hacer contra un equipo como este Celta, que terminó por meternos cuatro.

Tras este partido, tras esta semana de reflexión intensa, la decisión es nuestra y solo nuestra: aceptar la derrota y prepararnos para un invierno polar bien refugiados de las inclemencias o seguir saliendo en manga corta, ignorantes a todo lo que nos rodea y arriesgando la pulmonía. No os vamos a engañar, el debate ha sido crudo en las catacumbas del matadero, pero la opción de aceptar la derrota ha salido ganando. El turno es vuestro, vigueses. El odio es lo único que no se negocia.

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PD: Sea como sea, la derrota siempre está en el símbolo. Y el nuestro, encerrado en un experimento sociológico en el que alterna grada y banquillo, aún no ha debutado esta temporada. La broma ya valió.

Dépor – Leganés, J5

Jornada 5 de la Liga Santander 2016-2017. Jueves 22 de septiembre.

R.C. Deportivo 1 – 2 C.D. Leganés (Borges, 30; Luciano, 54; Gabriel, 61)

El clamor popular hizo efecto y al final Gaizka puso a Çolak y lo colocó donde corresponde, de mediapunta. Echó al chico Marlos a la izquierda y con eso hizo daño al Leganés, que sufrió en la primera parte, sobre todo en los minutos posteriores al gol de Borges. Sin embargo, ciertos síntomas reconocibles hicieron ver a un Deportivo desorientado durante varias fases del primer periodo: ansiedad, urgencia por poner en práctica un método del que aún no sabemos gran cosa, descontrol. Gaizka intenta ajustar las piezas pero cuenta con un grupo enrarecido mentalmente, falto de carácter, que en su tercer partido como local del campeonato acabó por perder los papeles delante de la adversidad. La ausencia de Lucas, ya de por sí enorme, se ve hinchada por las lesiones de Sidnei y Joselu, que tocan hueso en el esquema blanquiazul y que pueden suponer un problema demasiado grande en este inicio de temporada. Y es que simplemente no funciona: sin Sidnei, la presencia de Arribas hace peor a Albentosa, a toda la línea defensiva. No hay nadie que llegue, nadie que regule, no hay inspiración. No la hay ni atrás ni arriba, donde Andone parece desquiciado. El rumano tuvo una tras la reanudación para poner el 2-0 pero se encontró con el palo. A partir de ahí su locura no hizo más que crecer, al igual que la de todo el equipo, que se empantanó de lo lindo haciendo gala de actitudes simplemente bochornosas. No queremos ver a nadie tirándose, quejándose, llorándole gilipolleces al árbitro. Se acepta jugar mal pero sin teatro basurilla. Cuando vino Gaizka a algunos se nos dio por pensar que habría una seriedad de cojones ahí, pero hasta ahora caminamos temblando. El Leganés, obviamente, se aprovechó. Tocó menos el balón que el Deportivo pero cuando lo hacía parecía tener las cosas bastante más claras que su rival. Llegó poco pero aun así la trágica verdad de la retaguardia deportivista le abrió las puertas de la victoria. Acabaron el partido tranquilos delante de una escuadra sin cabeza, nerviosa y sin ideas que corría como puesta de speed pero sin sentido alguno. Dentro de esta revuelta en el frenopático vimos los primeros minutos de Ryan Babel como herculino y nos pareció que hasta daba algo de luz cuando la tocaba. Había algo elegante en su toque y también en sus decisiones que contrastaba con la tónica de un equipo en el que la única nota positiva fue Emre Çolak. El turco cumplió, se mató a currar y lanzó algunos cuchillos (él empieza la jugada del gol) pero salta a la vista que necesita asentarse y cobrar importancia en el equipo. Tiempo. Gaizka lo tiene, pero la gente empieza a rosmar. Hay algo turbio en el aire que no se va. Es como si llevásemos conviviendo con ello vidas enteras. Es la incerteza.

İspanya LaLiga’nın 5. hafta maçında Deportivo La Coruna evinde Leganes’e 2-1 kaybetti

Dépor – Athletic, J3

Jornada 3 de LaLiga Santander 2016-17. Domingo 11 de septiembre.

R.C. Deportivo 0-1 Athletic Club (Raúl García, 41).

Da la impresión de que el Deportivo que quiere Garitano se parece mucho al Athletic que tiene Valverde. Si algo ha caracterizado al Athletic que yo he visto desde que era niño es ser un equipo que no pide permiso ni perdón. Llega, juega, te gana (o no) y se va. En la grada, sobre todo cuando juega en casa, hay mucho aspaviento y mucha floritura; sobre el césped, rara vez. Así hizo en Riazor, oliendo la sangre derramada en honor al que ya no está y sorbiéndola toda con una actuación memorable de Raúl García: un golazo, un lesionado, cuatro patadas y los silbidos del público local.

A Gaizka, el de la fe tochísima en Borja Valle, se le vio enfurecido en la banda. Las lesiones de Joselu y Sidnei, el revoloteo inerte de Fayçal, los balones a la grada de Albentosa y los recortes hacia atrás de Carles Gil le trajeron palabras malsonantes a la boca que agotó de golpe durante el partido para no llevárselas consigo a rueda de prensa. Allí dijo que todo bien como el viudo que dice que todo bien en el velatorio de su esposa. Dijo que el mejor partido de los tres con cara de querer decir que estaba muy decepcionado porque Raúl García hubiera salido por su propio pie del campo mientras canturreaba la de un día/cualquiera/en Texas/en Texas.

Con todo, algo de razón había en las palabras de Gaizka. No fue malo el Dépor y, de todos, el mejor fue Juanfran, que metió dos balones de mérito que pudieron ser gol pero no. Florin turrou coma sempre pero le faltó lucidez. Encontró enfrente a un adolescente vasco que hizo un partidazo. Portero adolescente vasco: titular en la selección desde el próximo mundial hasta 2030. Si se confirma la lesión de Joselu, todo pasará por aferrarse a la negritud exuberante de Sidnei y Marlos, golosa y descastada, y al recuperado refinamiento de Mosquerita.

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Betis – Dépor, J2

Jornada 2 de la Liga Santander 2016-17. Viernes 26 de agosto.

Real Betis 0 – 0 R.C. Deportivo

Sidnei es más importante que Lucas. Si se fuese Sidnei me entrarían temblores, tendría cague. Que Lucas se pire no me mete ningún miedo, lo único que siento es orgullo pues hacía tiempo que no vendíamos a un equipo tan grande, y por tanta pasta. Empujad mi columpio, hijos de puta. En el curso anterior Lucas metió una morea de goles, turró por el equipo a lo bestia, fue salvador. Sidnei se fracturó la polla en Cornellà y mientras se la reparaban casi nos vamos a Segunda. No sé, en relación a la temporada pasada me salen unas cuentas más confusas que cristo pero delante de la presente reafirmo: si me dan a elegir antes de esta semana me quedo con Sidnei. Al margen de asuntos semiestéticos (Sidnei a punto de fichar por el Valencia, equipo asqueroso, Lucas fichando por el Arsenal, con Wenger ahí hablándole de cosas preciosas) me decanto por el brasuca porque venimos de firmar bien en la parcela ofensiva y no tan bien o escasamente en una retaguardia donde el valor de Sidnei saca dos o tres cabezas al del resto de zagueros. Ahí, en los cimientos, es donde descansan la tranquilidad y los ascensos gloriosos (hola, Fernando Vázquez). Ahí es donde habitan empates como el de ayer en el Villamarín, en el que Sidnei fue el mejor jugador sobre el tapete.

a poco que lo haga bien, a Sidnei le sacas otros 20 kilos en una temporada

Buen movimiento, Don Dino. Vamos con el partido.

Con un calor africano y vestido con una cuarta equipación que debería estar prohibida, el Deportivo disputó su primer choque a domicilio de la competición repeliendo los balones aéreos colgados por Joaquín, estandarte de un Betis que sacó hasta 13 córners sobre el área de Lux, ayer capitán. Tan solvente fue el equipo en esta tarea como ineficaz a partir de tres cuartos, zona en la que Emre Çolak pidió a viva voz ser colocado en la mediapunta. La poca influencia del turco, jugador de más calidad técnica de los dispuestos ayer por Gaizka Garitano, se dejó notar, por lo que el peligro, si se le puede llamar así, llegó solo desde la banda de Bruno Gama. Estuvo bien el portugués, pero su daga reclama un auxilio que Fernando Navarro NO PUEDE dar. El resto de la producción ofensiva fueron balones largos que Florin Andone, rumano que huele a estatua en la Ronda de Nelle, luchó sin éxito pero con una insistencia encomiable. En el centro del campo la cosa nos llevó a un Guilherme aceptable con balón pero nefasto en labores de contención (esas marcas en los córners, como contra el Eibar) y a un Pedro Mosquera correcto, sin más. Con el paso de los minutos Garitano dio entrada a Borges primero y a Luisinho después, lo que implicó pasar a una defensa de cinco que deleitó al deportivismo más radical, apoyado por este blog. Defraudó, sin embargo, al no dar entrada a Bergantiños por Andone para pasar de un 5-4-1 a un 5-5-0. Hierros Servando no lo fue tanto y decidió mover delantero por delantero, dando entrada a Borja Valle. Cuando todos los caballos parecían deshidratados, un centro de Juanfran pasado de rosca encontró la cabeza del recién incorporado y casi fue gol. Empate bastante potable. Cuatro puntos al puto Vigo y

aprender a puntuar tras dos años comiendo mierda nos parece ok 

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