Dépor – Getafe, J36

Jornada 36 de la Liga BBVA 2015-2016. Domingo 1 de mayo.

R.C. Deportivo 0-2 Getafe C.F. (Pedro León, 41; Vigaray, 85)

Llegó el Getafe y cundió el pánico. Vaya si cundió. Nos decíamos los unos a los otros en nuestras conversaciones previas: que no cunda el pánico. Nos instábamos a evitar el miedo, nos empujábamos a obviar lo que ya estaba ahí. Escondíamos la realidad tras un empate ficticio que nunca llegó a suceder, porque llegó el Getafe y cundió el pánico.

Pedro León, Sarabia peinado como un puto guay, Alvarito el delantero sin gol y una tribu de randoms de los que nadie se va a acordar en tres temporadas. Pánico. Juan Rodríguez en la segunda parte para proteger en el marcador. En ese momento es cuando te das cuenta de que estás en el bando equivocado, de que la batalla está perdida y no tiene sentido más pánico. Pero el pánico no cesa.

El partido tuvo todo eso que tienen los partidos de las últimas jornadas. Ninguno jugó bien, ninguno creó demasiado peligro, ninguno falló demasiado y pocos acertaron con cierta frecuencia. Nadie se siente bien en el pánico y, aunque nosotros llevamos qué sé yo cuántas temporadas seguidas sumergiéndonos en él, seguimos sin sentirnos bien. Jugarse el pánico contra el Getafe, qué buena idea.

Al final el marcador lo decidieron los porteros. Pudo ser un empate, pero Guaita estuvo muy bien y Manu estuvo como siempre, espeso como su barba, tembloroso, ineficaz. Desde luego no se le puede culpar de la caída en picado del rendimiento del equipo, pero su contribución a la tabla de clasificación ha sido prácticamente la misma que la del gordo de la Domus.

Y ahí estamos, agarrados a Fede Cartabia y rodeados de pánico. Enfangados nuevamente en una semana ruidosa, tratando de difuminar las culpas, señalar a los mercenarios y ajusticiar a los culpables. Algunos jugadores no sienten los colores. Es que se habla de todo menos de nuestro próximo rival. Échale huevos, Dépor, échale huevos. Tertulianos y aficionados de la mano, preocupados por lo que se preocupan los tertulianos y los aficionados. Como si eso ayudar a evitar el pánico. Como si eso tuviera algo que ver con conseguir el punto en el Madrigal. Como si fuéramos importantes.

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Vigo – Dépor, J31

Jornada 31 de la Liga BBVA 2015-2016. Sábado 2 de abril.

R.C. Celta 1 – 1 R.C. Deportivo (Borges, 21; Nolito, 30)

Parte de Balaídos se inunda cuando llueve mucho. Es una parte similar a lo que sería el parking de Riazor-Esclavas y la zona de entrada a la grada de Pabellón. Cuando llueve realmente fuerte, incluso la circulación por las calles aledañas al estadio se ve afectada. Dicen los que dicen que saben que estas inundaciones se deben al río Lagares, que circula por debajo del estadio y parece que desborda cuando su caudal aumenta a causa de las precipitaciones. El río Lagares da nombre a la grada de Río y yo tampoco soy mucho de fiarme de los que dicen que saben, pero no parece una mala teoría. En Vigo llueve mucho con bastante frecuencia.

La grada de Río es la más nueva del estadio y en la que las actuales obras de reforma son más evidentes, visto por televisión. En esta grada te mojas si llueve y hace viento, tal y como en nuestra preferencia. En Vigo llueve y hace viento con bastante frecuencia.

Hay una parte del celtismo a la que se le inunda parte del cerebro cuando llueven las buenas noticias. En Vigo no solían llover las buenas noticias para el Celta con frecuencia, pero sí lo hacen recientemente. Salidos ya de la vorágine financiera y con una generación de jóvenes difícil de repetir, las cabezas están llenas de agua. Y el agua brota como un torrente de palabras que acude a la boca con el único propósito de ser repetidas una vez tras otra. No hace tanto lo más importante era tener muchos jugadores de la cantera. Decenas de ellos. O gallegos, aunque no fueran de la cantera. Otras veces ha sido el fútbol de salón, la IFFHS o que llevan tropecientas temporadas en la máxima categoría. El tema es cambiante e irrelevante, el caso es repetirlo hasta la saciedad. Y en esas estamos, que han impregnado su estadio con un logo horrible que hace pasar por título la más absoluta intrascendencia futbolística, social y competitiva de 50 temporadas en Primera División. De la cantera y de esa generación que será la mejor que jamás vea A Madroa pocos de ellos se acuerdan ya, porque la Champions está a tiro, o eso dicen.

Hay una parte del celtismo empeñada en hacerle el juego hasta al más limitado de los deportivistas, asumiendo un discurso insostenible que supuestamente basan en la realidad pero que está ridículamente fuera de ella. Cojamos como ejemplo la supuesta tradición que, incluso, llega a aparecer en el himno. La tradición resumida en este dato. Ese celtismo nos provee en cada derbi o en cada alusión de una imaginería que igual no hace justicia a todo el conjunto pero que nos gusta pensar que sí. Porque es divertido. Es divertido porque el derbi que nos une es el más igualado que podíamos tener y, de haber diferencias, están en los detalles. Es divertido porque es un derbi que, aún cuando está desequilibrado a nivel de clasificación, sigue siendo igualado. No hay que añadirle mucho más, la verdad, para disfrutarlo.

El Celta es, a día de hoy, mejor equipo que el Deportivo. No duele decirlo y no hace falta adjetivarlo, pero sí colocarle una adversativa. Es mejor, salvo en los derbis. Esto concede un mérito algo limitado al buen trabajo que los nuestros hicieron en campo vigués. Fue un empate y pudo ser una victoria, sí, pero no lo fue y para hablar de méritos se lo dejamos a los expertos en resultados a posteriori. Fernández Borbalán seguramente se equivocó expulsando a Arribas, pero fue un error comprensible, no como los del día de Villarreal. El gol de Borges fue precioso y la vuelta de Sidnei una confirmación de lo radicalmente importante que fue su baja. Con él en el campo, el Dépor se parece más al de la primera vuelta. Por rachas, no le da al equipo para mantener 90 minutos a ese nivel, pero las líneas juntas y la defensa tanto lejos como dentro del área mostraron, igual que en la ida, las carencias de un Celta inane a la hora de atacar la portería defendida por un señor por barba que nadie sabe muy bien dónde encontramos. Lucas y Luis soltaron un par de pishas, Fede acompañó con su habitual galería de aciertos y errores garrafales y la cosa tampoco fue a más porque había un récord que batir. Son 16 empates en esta temporada, récord histórico del club y a uno del récord absoluto de la Primera División. No sé a vosotros, pero a mí me hace mucha ilusión batir récords. Mientras tanto, la imaginería del vigués seguirá creciendo en Coruña a costa de un Balaídos desangelado y un mosaico en la grada de Río que permanecerá para siempre en nuestra memoria colectiva.

 

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Dépor – Celta, J12

Jornada 12 de la Liga BBVA 2015-2016. Sábado 21 de noviembre.

R.C. Deportivo 2-0 R.C. Celta de Vigo (Lucas Pérez, 23; Jonny (en propia), 93)

Así es como siempre ha sido. Bueno, no. Así, tal y como fue, es como yo aprendí que siempre iba a ser. Ellos llegan con su noble xogo, su dignidad, sus aspavientos. Ellos llegan y se van, a veces con los puntos, con las Grandes Palabras en la boca, montados en La Verdad, teniendo La Razón. Sí, así es como lo aprendí yo y así lo vi suceder el sábado. Así los vi yo llegar por la Vedra, buscando desde los autobuses esa Coruña que sólo existe en su imaginación y la de alguno de nuestros anteriores alcaldes, presumiendo de un gallego que nunca encontré salvo como respuesta en siete años infiltrado tras sus líneas. Así es como siempre ha sido y lo demás es engañarse.

Si en el Matadero nos empujara otro -ismo que no fuera el oportunismo, si nos viéramos arrastrados por esa espiral de ventajismo, de revanchismo que genera una victoria, reiríamos. Reiríamos por la jugada de este derbi que recordaremos para siempre, por ese momento en el que El Único Celtista Que Ficharía toca el balón hacia atrás en dirección a su propia portería, reiríamos con la carrera desesperada de Sergio persiguiendo un balón inalcanzable con la grada de Blues justo en frente, reiríamos porque este esperpento fue causado por una ridícula presión de un Lucas cojo. Lucas otra vez, eh. Sonrisa. Pero no. No porque el Matadero es un lobby dispuesto a convenceros de que EÚCQF debe ser abducido para la causa y no pararemos hasta conseguirlo. Así que no, hoy no reiremos.

Decía que bajaba el Celta por la Vedra buscando lo que no existe y ya Lucas estaba fallando una ocasión a puerta vacía. Vimos el sábado a un Deportivo terso, punzante y audaz; pero fueron los minutos inciales los que convencieron a jugadores y aficionados de que aquel Celta que llegaba a Riazor tras haber prendido fuego a todos los estadios que había visitado hasta el momento era el mismo Celta de las Grandes Palabras que siempre hemos conocido. Con Nolito o Jesuli, con Orellana o Nenê. El mismo. En esos minutos quedó claro el plan que Víctor había trazado para competir con el habitualmente elevado caudal ofensivo de los celestes: línea bastante adelantada de presión en campo rival, búsqueda de uno de los dos puntas en profundidad tras recuperación a la espalda de los siempre superados laterales, que tampoco podían ser ayudados por los centrales debido a su insuficiente velocidad.

No fue, en cambio, el enésimo plan de Víctor el que le dio la victoria, sino el comportamiento de los jugadores bajo esas indicaciones. Excelso Mosquera en la generación, los apoyos y el cambio de orientación de los ataques, soberbio Álex en todo lo demás, inteligentes los profundos y bien acompasados movimientos de Lucas y Jona y muy dañina la flexibilidad de Cani y Luisinho, que alternaban jugadas interiores y exteriores con acierto constante. Fue precisamente una jugada del aragonés por la zona central la que generó el primer gol. Con su languidez habitual, retuvo el balón y se deshizo de dos rivales para ponerle un balón maravilloso al desmarque de Álex. El rebote de su remate solo tuvo que empujarlo Lucas en línea de gol. La siguiente jugada, el penalti de Navarro tras una aislada internada de Aspas, puso el protagonismo de Lux al mismo nivel que su implicación. Cani, en su mejor partido como blanquiazul; Álex ganándose el puesto como sustituto de Borges en su primera oportunidad de la temporada; Lucas como siempre; Lux con su merecida aparición para rescatar al equipo. Todo bien, Víctor, todo bien.

Cedió el control del balón el Dépor durante el resto del partido, pero no el dominio. Apenas sufrió hasta el tramo final gracias a que, entre otras cosas, Sidnei y Arribas se impusieron con claridad a todo aquel que se acercaba al área blanquiazul. Si el partido nos dejó algo más fue el bello homenaje de Víctor a Irureta apuntalando el equipo con un doble doble lateral que prácticamente cerró el partido hasta la desafortunada (qué digo desafortunada, desafortunadísima) acción del gol en propia meta de Jonny Castro. Y allí se fueron ellos, los autobuses llenos de datos que desmostraban que el resultado no había hecho Justicia, hablando de Intensidad, hablando de Posesión y otras cosas que nadie acababa de entender muy bien. Allí se fueron como habían llegado, actuando como siempre actúan en la derrota. Bueno, otra vez será. Gracias por venir.

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Dépor – Eibar , J22

Jornada 22 de la Liga BBVA 2014-2015. Viernes 6 de febrero.

R.C. Deportivo 2 – 0  S.D. Eibar (Lucas Pérez, 52; Iván Cavaleiro, 79)

Cuatro días completos. Cuatro días de incertidumbre en los que la gente caminaba inquieta por las calles mirándose y empero no atreviéndose a comentar nada,  crepitando mientras tanto la política en los bares ante la ausencia de un tema más adecuado. Cuatro días raros, desconectados de toda la vorágine de destrucción en la que se había sumido la ciudad en los últimos tiempos. Cuatro días fueron los que tardó la LFP en confirmar que lo que algunos habían experimentado en persona y otros habían visto desde la distancia era cierto. No fue hasta el martes a mediodía que por fin lo supimos. De una manera curiosa, además. Al mismo tiempo que confirmábamos lo que todo el mundo sabía pero nadie se había atrevido a expresar, toda la jornada 22 en primera división parecía reducirse a lo sucedido el viernes por la noche en Riazor.

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Menos mal que así lo quiso Tebas y por fin lo confirmó el martes, acabando de este modo con la incertidumbre que nos asolaba. Menos mal que así lo quiso, pues de no haber querido igual nadie se daba cuenta y esos tres puntos conseguidos en viernes nunca habrían subido a la clasificación. Y habiendo esperado cuatro días, tampoco nadie se iba a quejar por tener que esperar hasta la última frase para confirmar lo que todos y cada uno de nosotros estábamos esperando. Ahí estaba: el resto de espectadores presentes en el estadio se habían comportado de forma correcta. Nadie había consumido ninguna sustancia prohibida, nadie había empujado a otro en la, imaginamos ordenada, salida hacia la calle. A nadie ni siquiera se le había resbalado la cáscara de un fruto seco hacia el espectador presente en el asiento anterior, de tal manera que le podría haber causado una ligera sensación de molestia, de incomodidad. No. Todo había salido a la perfección.

Asumimos por tanto que los jugadores del Eibar, espectadores el viernes y equipo revelación hasta ese mismo día, también hicieron lo posible por comportarse de manera correcta, que es lo más importante en estos tiempos. Comportarse de manera correcta, ser generosos con el anfitrión, rechazar sus ofertas con un sincero “no, gracias”. “¿Algo para beber, SD Eibar?”, “no, gracias, vengo de tomarme un café”. “¿Te traigo una silla?”, “no, gracias, que llevo todo el día sentado y así estiro las piernas”. Es más, asumimos también que comportarse de manera correcta es ahora no intentar perturbar la victoria local, ayudarlo si acaso. Facilitarle la tarea hasta donde sea posible. Un error del portero por aquí, otro del central por allá. ¿Que el niño bonito de la afición no es capaz de marcar su golito? Tómala botando en la frontal, que no se hable de descortesía por nuestra parte. ¿Que al jugador más sacrificado de los locales no le salen las cosas? Un pase atrás un poco corto y malo será que no llegue para empujarla a gol. ¿Que la gran esperanza de la cantera no está teniendo una temporada demasiado convincente? Pues no nos acercamos al área y asunto arreglado, no vayamos a causarle un disgusto.

Tal fue la corrección vivida el viernes en Riazor, y así lo sentimos todos nosotros en aquel momento, que no tuvo Tebas más remedio que destacarla en su comunicado del martes. Destacarla incluso frente al resto de correcciones vividas en los otros nueve campos en los que se disputó la jornada 22 de la primera división. Correcciones todas ellas de gran nivel, seguro, pero no de tanto como la vivida el viernes en Riazor. Y si yo mismo pudiera haber redactado ese comunicado, que ya no se llama comunicado sino nota informativa, solamente habría añadido una pequeña acotación que acentuara aún más la corrección con la que todo el resto de los allí presentes, menos los señalados, se comportó el viernes por la noche.

Dichos cánticos no fueron seguidos ni coreados en ningún momento por el resto de espectadores presentes en el estadio, cuyo comportamiento fue correcto en todo momento. Menos los murmullistas, que son todos unos hijos de puta, se comporten como se comporten.

 

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Pensábamos que allí solo había plátanos, playas pedregosas, camareros en tanga, yonkis gallegos trabajando en la construcción y matrimonios de mediana edad y media clase dejándose llevar un poco más por la decadencia. Pensábamos que ese sol africano solo podía parir talentosos atacantes de piernas esqueléticamente feas y andares torpemente bellos. O morenos de gimnasio para exportar al Royale y lo que surgiese. Pensábamos. Pensar lleva al error. (Casi) Siempre lleva al error. Un amigo, de visita en su puticlub de confianza (uno de ellos), ya estaba medio empalmado cuando el boss, al verlo aparecer, le dijo que le tenía una maravilla guardada. Se recreó entonces en el whisky asintiendo ilusionado. Por las largas y rojas escaleras enmoquetadas bajó una señora grande, rolliza, con los cuarenta dejados lo suficientemente atrás, pintada como para una guerra y a medio vestir. “Ti es a da limpiesa, ¿non?”, le inquirió sorprendido con palabras mezcladas, valientes y temblorosas, impertinentes y miedosas, entre la decepción, el odio y la desgana.

“NO, YO SOY LA PUTA”, asegura entre risas mi amigo que le espetó con naturalidad la mujer siempre que sacamos al tema. Pensaba en otra clase de maravilla, el pobre infeliz. ¿Quién iba a pensar que un chulo mintiese? ¿O que tuviese mal ojo para las maravillas? ¿Quién no iba a pensar en la inocente dulzura del putero? Por eso es mejor no pensar que de Canarias un portero no podía salir. Cómo va a salir un portero de Canarias. Cómo va a salir un portero de Canarias, si para uno que tuvo el Dépor en curación lo echó, o se fue, o se dejaron ir. Una huida casi tan brusca como cuando me largaron del autobús de donar a sangre a patadas.

Aferrados pues al empirismo de Abegondo y el ojo del César, era imposible que un portero saliese de Canarias. Pensábamos. Y el portero canario del Dépor desapareció por Andalucía buscando sol y gloria y la Primera y la Segunda y nadie sabe qué hizo desde entonces, aunque muchos sostienen que lo hizo bien y trabajó duro y todas esas cosas que se dicen de los que uno no sabe nada, todo eso que se dice y que no vas a comprobar. Mientras, nosotros bajamos, subimos y volvimos a bajar.

Entre tanto, y con un portero riojano porque de La Rioja sí creemos que salen porteros hasta que demuestran lo contrario, fuimos, como ahora, al Calderón del Cholo. El Calderón del Cholo. Ya suena a sadismo de solo decirlo. A fuego, cuero y metal. Madera, clavos y cuerdas. Fustas, sangre y barro. Allí se presentaron Insua y Roderick como dos quinceañeras viendo su primera polla en una peli porno. Pero no era una peli. Sí muy porno. Falcao la sacó y no supieron qué hacer con ella cuando se la restregó por la cara. Nos empotró el Cholismo luego de atarnos a la cama por si se nos ocurría movernos o, peor aún, salir corriendo, que alguno lo hubiese intentado. Nos reventó y volvimos desangrados, si es que volvimos. Se fraguó de nuevo la B en el Calderón del Cholo. Al Cholo lo cabalgas o el Cholo te rompe, dicen. Lobo hambriento, huele el miedo y la carne. No sé quién dice. No sé quién lo cabalgó. “Uno está lleno de dudas. Yo tengo dudas en todo”, decía Arsenio.

Bajamos, pues. Cómo no íbamos a bajar si lo único que queríamos era subir. Llegó entonces, como para hacer bulto, como para que Lux tuviese pinche en los asados, un portero que decía ser canario y, además, portero. Decía, también, ser el mismo que pegó un portazo (sin ruido) al salir. Entre las mechas traía historias del Betis y el Recre y que si una transfusión de caldo que se había hecho en Vimianzo y no sé qué más, pero nadie le hizo caso. Solo le creímos que era él. Le creímos a sabiendas de que de Canarias un portero no podía salir. Le creímos a sabiendas de que nos resultaba lo suficientemente agradable para sentarse en un banquillo y no molestar. Muchos, escépticos, insistían que no, que no era el mismo. Que no podía serlo. Pero, coño, lo parecía. Cómo no íbamos a creerle si en Canarias no salían porteros y éste era el único que ya conocíamos. Decía ser Fabricio. Tenía que ser Fabricio.

Después de bajar subimos, claro, que para eso habíamos ido. Y esta semana volvemos al Calderón sin portero riojano, ni argentino, y llenos de dudas. Dudas y más dudas. Entre tantas, porque tenemos un canario que no ha encajado en cuatro de los últimos cinco, que dice no sé qué web de estadísticas que es el portero más en forma de Europa y es probable que cualquier día lo veamos tirando besos por el Paseo Marítimo subido a una carroza, estrella de rock. Dudamos porque de Canarias no podía salir un portero. Pensábamos.

El chico para, grita, tiene un par de huevos para salir, parece que le falta un hervor y se está comiendo la portería y lo que se lo pone por delante. Estamos seguros de que el mismo no es. Ahí no dudamos. No descartamos que sea un impostor huido de alguna clase de justicia o régimen que prepare porteros de nivel en cualquier búnker secreto con porterías y máquinas escupe pelotas, pero no puede ser aquel tal Fabricio Agosto. No puede ser aquél que echaron, o se fue, o se dejaron ir. Ése que volvió una vez descendidos. No, no. Estamos seguros de que el mismo no es.

Pensábamos que allí en Canarias podía haber muchas cosas, pero no un portero. Pensábamos. Se equivoca mucho uno cuando piensa. Ahora sabemos, ahora no pensamos. Sabemos que los hay. Al menos uno. El nuestro. El que portará la bandera si es que vamos a cabalgar sobre el cholismo en el Calderón.

Dépor – Mallorca, J14

Jornada 14 de la Liga Adelante 2013-2014. Domingo 17 de noviembre.

R.C. Deportivo 3 – 1 R.C.D. Mallorca (Luisinho, 23; Luis Fernández, 32; Víctor Casadesús, 48; Marchena, 57)

Me dice Martín Castiñeira que él no vio oltrismo en el Mallorca que ayer salía derrotado de Riazor, que el oltrismo que conocimos aquí fue creer por encima de todo y él vio a un equipo que metía el dedo en la herida como Tomás incrédulo. Yo vi, en cambio, a un buen equipo plantarse en un campo difícil, luchando con un planteamiento valiente y las ideas bastante claras mientras se topaba con la desgracia en cada esquina. Durante los primeros minutos montó un temporal desde el sector izquierdo que amenazó con llevarse por delante el Paseo Marítimo. El dique estaba hecho de azucarillos, con un Seoane dubitativo y unas ayudas de Juan Domínguez y Arizmendi que nunca llegaban a tiempo. Aquello no iba a durar.

Situación nueva: el Deportivo de Vázquez desbordado por un rival, inferior sin buscarlo. El de Castrofeito lo tuvo claro, pidió un tiempo muerto para que su equipo se pusiera el traje oscuro de las visitas, que es más sufrido para las manchas, mientras aceptaba el intercambio de golpes. Si no había robo, repliegue a campo propio, salida de balón con cinco jugadores casi en línea y balones a Culio, que con su culo tamaño balón medicinal, forzaba una y mil faltas más allá de mediocampo. Funcionó. Además, en una de estas, robo del 19, balón profundo a Arizmendi que centró desde las Esclavas para que Luisinho la empujara. El portugués no ha hecho demasiado como para asentarse en el once titular, pero va a más en cada partido, habla un castrapo mezcla de lateral y extremo  y nos lleva un pelo que parece recién llegado de Santa Comba. Apto.

A partir de ahí, Oltrismo. Mutó el Mallorca en un inconcebible 3-3-3 cuando a Geromel se le pusieron las dos neuronas a bailar un zapateao y se autoexpulsó tras insistir dos veces en menos en pocos minutos buscando la segunda tarjeta. Se vio reflejado a sí mismo en un espejo el Dépor y pinchó donde dolía, como vengándose de la sombra del recuerdo del año pasado. Lo hizo a balón parado, en uno de esos balones tensos que pone el argentino Culio. El rechazo del portero a remate de Marchena lo empujó Luis, que ya celebraba el gol cuando Juan Emmanuel tocaba el balón con su zurda caníbal, de tan solo que estaba en el segundo palo. El de Burela trae y lleva el pescado de un sitio a otro, está lejos de ser un prodigio en nada, pero tiene la inteligencia práctica de quien tiene las cosas claras y eso le convierte en un delantero, a día de hoy, más útil que Borja.

También fue muy de Oltra el amago de remontada que con el gol de Casadesús (sexto a balón parado de los ocho encajados en catorce partidos, más anecdótico que preocupante, en mi opinión) y el anulado a Alfaro tras asistencia de Lux (sabíamos que un par de estas iban a tocar a lo largo de la temporada) trajo nervios a las gradas, aplacados de nuevo por un centro de Culio que Marchena empujaba en el segundo palo tras la salida en falso de Rubén Miño. Decir solo del argentino que estuvo involucrado directamente en los tres goles del Dépor estaría restando méritos a su partido. Ya asentado en la zona del interior izquierdo, ejerce de líder pegando dentelladas al aire para proteger a sus compañeros, reteniendo el balón para sacar de atrás a un equipo diésel y encontrando con facilidad combinaciones en corto en su sector y cabezas que rematen sus centros en el área. Él es la variable principal en la ecuación de Vázquez, ecuación empírica que aún nadie ha sabido explicar pero que se ha plantado, ya terminado el primer tercio del campeonato y tras obtener resultados positivos contra tres rivales directos, en la segunda posición. Y Vázquez, a hombros de Culio, ya pide más y más mientras le brillan los ojitos detrás de las gafas.

DEPORTIVO MALLORCA