Creerse la copa

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“una oportunidad para los no habituales, rotaciones, dar descanso involucrar a jugadores que no han tenido minutos, rotaciones rotaciones, coger confianza, rotaciones rotaciones rotaciones”

No, nonononono, NONONO. No, mira, no. No. La copa del rey, con su formato opresivo, inhumano. La copa del rey y sus nulas esperanzas de victoria final, de trofeo, de final, de celebración. La copa del rey, en la que ganas un par de rondas y te acabas ilusionando para nada, porque para qué si no la vamos a ganar. No, mira, no. No.

Niego categóricamente. Lo niego todo. Bueno, no niego el formato, cuya única virtud es ser una cruel representación metafórica de las teorías de la opresión. Los humildes pelean en el barro hasta que los supervivientes elegidos tienen el honor de ser pisoteados por los gigantes recibiendo lametones de compasión desde los medios, intentando una gesta que (ya) no puede ser. Intentando morir con honor, pues a poco más se aspira. Pero, ¿y qué es si no evitar el descenso/luchar por Europa/tener una temporada tranquila?

Empecemos aquí con las negaciones. No hagáis caso, por más que os lo digan, porque la copa no son dos partidos amistosos colocados al principio del invierno, haciendo de puente entre la época de los parones constantes para los partidos internacionales y el sprint de enero, mercado mediante (dicen que suenan Luis Alberto, Klasnic y Acciari). Nunca fue eso. La copa conecta con lo más primitivo de la competición y, aunque sólo sea por eso, debería ser respetada. Dos rivales y un rato -180 minutos e igual nos gustarían solo 90, pero qué más da- para eliminarse mutuamente. Apenas cuentan las dinámicas, apenas cuentan los cálculos estratégicos a medio plazo, los objetivos, las evaluaciones y los DAFOS. No puedes hacer un GANTT de la copa, no hay milestones intermedios ni deadlines a cumplir. No hay plazos, no hay equipos de trabajo ni horas extra. Es aquí y ahora. La competición y sus cositas, sales a ganar o a empatar o a pillar una contra y a ver pero nunca nunca nunca sales porque estás obligado a ello. Eso es competir.

Quedará en el debe, escrito en letras mayúsculas, de Víctor Sánchez del Amo lo que hicimos el año pasado contra el Mirandés. Aquel día en el que un gran equipo que en una mala racha dio por cerrada la temporada saliendo a Riazor porque no quedaba otra opción. No sabemos lo que quedará en el de Gaizka, pero el partido de Sevilla no augura nada bueno.

Si no nos creemos la copa, con su crudeza competitiva y sus idas y vueltas y su afortunada ausencia de control y orden. Si no nos creemos la copa y la embadurnamos también de asqueroso cinismo posibilista. SI NO NOS CREEMOS LA COPA, yo ya no sé ni para qué seguimos el fútbol. No sé vosotros, pero yo tampoco estoy en la vida como para andar tirando a la basura posibilidades como las de pasar un par de rondas de una competición cualquiera. Imagínate si pudiera jugar (¡si tuviera acceso a!) la putísima copa del rey.

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Dépor – Villareal, J18

Jornada 18 de la Liga BBVA 2015-2016. Domingo 3 de enero.

R.C. Deportivo 1 – 2 Villareal C.F. (Bruno, 35; Luis Alberto, 47; Bruno (p), 93)

Los primeros espasmos del partido no dejaban lugar a dudas: somos MUY buenos. Buenísimos. Las sensaciones delante del dinámico amarillo eran una bola de miel que se te caía de lo alto de la frente y, en mazacote, inundaba tus ojos, tu boca, todas tus tuberías respiratorias. Luego, ya lleno, reflexionabas por un instante y llegabas al éxtasis de comprobar, jornada a jornada, que este equipo es una cosa muy seria, que uno se sienta a verlo y palpita, sabe, reconoce. Puto placer. El estadio, tranquilo y arremangado por la lluvia, disfrutaba del panorama y veía cómo las hachas de Pedro Mosquera y Arribas astillaban sin control las intentonas visitantes, cuarto clasificado y con brillantes adjetivos decorando su cabeza desde el comienzo de la temporada. Nada que hacer pues, ni para ellos ni para nosotros, que no encontrábamos parcelas para avivar el fuego de Lucas ni, obviamente, electrizar la tarde con contras de muerte. Equilibrio absoluto, quiebros anulados, competición, seguridad. El tablero comprimido y las piezas de uno y otro bando lejos de su paraíso. Denís Suárez empujado al abismo, Luis Alberto rodeado de aguijones. Al margen, entre los nuestros, dos casos algo preocupantes: se ve que la vida de pandillero que ha abrazado Fayçal en Coruña le está pasando factura y que Fede Cartabia ha entrado en el peligroso bucle de jugar contra uno mismo que tan a menudo afecta a los virgueros. Confiamos en Víctor para que devuelva a estas ovejas descarriadas a su sendero natural de especias y diamantes.

Así pues, todo transcurría parejo hasta que llegó un córner que el Villareal sacó en corto y, en trance de puro desequilibrio, dos blanquiazules fueron como balas al acoso del receptor, dejando piezas sueltas que ejecutaron simples la canción: pase raso al área y fusilar. Bruno ponía el 0-1 en el marcador y el regusto de la miel, aunque no desaparecía, provocaba un esgarro. Mierda.

Tras el descanso, dinamita. Lucas por la derecha desfibrilando y pase a Luis Alberto, que se iba de su sombra para anotar el empate. Vuelta al equilibrio y comienzo de una segunda parte donde el equipo volvió a encandilar, pero sin premio. Hubo un par de jugadas casi consecutivas que pudieron ser penalti (hostión del portero amarillo a Arribas y agarrón a Lucas) pero no pasó nada y de ahí al trágico final los sobresaltos brillaron por su ausencia.

Trágico final: último minuto. Navarro atropella a Samuel con la frente o el mentón o la tráquea. Fernández Borbalán. Alto la Guardia Civil. Penalti. Transformación. Derrota. Pero oye, asume la puta posición. Somos MUY buenos.

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