Dépor – Athletic, J8

Jornada 8 de la Liga BBVA 2015-2016. Domingo 18 de octubre.

R.C. Deportivo 2 – 2 Athletic Club (Iñaki Williams, 30; Aduriz, 63; Lucas, 80; Arribas, 89)

El videomarcador cifró en 26.239 la asistencia a Riazor pero en el minuto 71 la sensación térmica era de 9.000 personas, si no menos. En Pabellón apenas éramos capaces de devolver a los Blues el “Deportivo Alé” de rigor. Y todo esto porque los chavales en el campo no estaban haciendo las cosas mal pero se estaban comiendo un cagao. Cada cual contribuía como podía al sonido ambiente. Yo comí algunas pipas y el tipo al que siempre intento evitar pero que siempre se sienta delante de mí hizo observaciones muy poco inspiradas sobre la cojera (simbólica, supongo) de ciertos jugadores. No parecía la afición de un equipo renacido y en puestos europeos. No parecía la afición de un equipo que tiene a Fayçal Fajr en su plantilla. Pero era normal.

En el minuto 30 marca Williams con uno de los nuestros tendido en el césped, tumbado por la precognición del gol que estábamos a punto de encajar en esa misma jugada, anticipando la decepción con danza interpretativa minimalista. Ese fue Luis Alberto, creo. El mismo que luego la tiró dos veces al palo en un momento en que cualquier guionista mínimamente serio hubiera propuesto gol del empate. En la grada las gentes discutían la herencia genética del que nos había metido gol. Luego marca Aduriz, que se había pasado la primera parte rosmando y pegándole a nuestro portero. La frialdad del estadio era sociológicamente comprensible. Estás callado por temor a que todo aquello fuese la primera bocanada de realidad de la temporada. Porque viene un equipo que, en teoría, es mejor que tú y te gana. Y entonces todo lo anterior pudo haber sido coincidencia. Y a lo mejor la ilusión no es parte del plan, a lo mejor hay que plantearse posponerla. Pero no.

Ahora la ilusión es el motor del tren y Lucas Pérez, que se había pasado 80 minutos como Buster Keaton sentado en una biela cabizbajo, mete un golazo y señala a la misma afición que no había sido capaz de devolver un “Deportivo Alé” en condiciones. Y de repente había 45.126 aficionados, si no más. Y luego Alejandro Arribas, que es ya un vecino más de Monte Alto, te empata el partido con la alegría del central que está de vacaciones en el área contraria. Como Lopo en aquel otro partido. Es imposible que se vaya la ilusión con esta gente. No te dejan.

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PD: Juando, no corras, bonito, tú estás excluido.

Dépor – RM Castilla, J12

Jornada 12 de la Liga Adelante 2013-2014. Domingo 3 de noviembre.
RC Deportivo 2 – 0 RM Castilla (Marchena, 14; Luis Fernández, 92).

Los partidos frente a filiales siguen habitualmente un ritual muy similar. El público se acerca, curioso, a ver esas caras que salen en las portadas de los diarios y que provocan peleas en las tertulias. Los jugadores, encendidos, huelen la grandeza y gritan oficio oficio oficio muy fuerte y muy alto mientras salen al campo. Y parecen partidos muy especiales, pero es todo un paripé y al final nunca nada. De nada.

Se presentaba el Deportivo en Riazor con la baja del barrendero polaco y ejerciendo el ucraniano de Os Mallos como fontanero de urgencia en una medular que no parecía extrañarle tras sus más que buenas actuaciones en el eje de la zaga. Se presentaba el Castilla porque le tocaba, con 4 puntos de 33 posibles y Toril con cara de circunstancias desde que se quedó sin nécoras para la segunda parte del Rayo – Real Madrid de la noche anterior. Volvía también Marchena, muy jaleado por la multitud, que añoraba una historia de amor que aún estaba por producirse. Así, tras un mal centro y una peor prolongación, el sevillano cazó una media chilena desde la frontal que, con trayectoria de mortero, caía en la escuadra poniendo un 1-0 que sonaba ya a resultado final, cuando en el reloj del municipal herculino no se había alcanzado aún ni el ratito de partido. Manos a la cabeza y algarabía en los locales, maldiciones en los visitantes, que se sabían en aquel momento protagonistas de una foto en la que no querían salir. Incredulidad general por un gol que no hace sino prolongar la admiración hacia el nuevo ídolo blanquiazul, que no lo es más que por trayectoria y profesionalidad. No es poco. Tampoco demasiado.

A partir de ahí, el ejército desarmado de Castrofeito conocía su labor a la perfección y cumplió con las planificadas y ya habituales maniobras de destrucción y desconcierto, pese a que la lesión de Insua pareció que podía añadir incertidumbre a una tarea tan rutinaria a estas alturas de la competición. No fue así y apenas concedió dos oportunidades a los visitantes en jugadas que sería generoso no calificar de fortuitas. Subido a los hombros de un omnipresente Culio, el Deportivo aplacó cualquier duda sobre la ya acostumbrada pobreza de su juego ofensivo con un ligero movimiento de cabeza en dirección al marcador. La expulsión de Cabrera sirvió tanto para revelar aún más la incapacidad de los coruñeses a la hora de cerrar partidos como para encender los ánimos del Castilla hacia un árbitro al que también le reclamaron con vehemencia un penalti de Kaká al Cristianito de turno. Aquí nos pareció que el colegiado acertó en las dos jugadas, pues creemos que toda falta a Juan Domínguez debería acarrear la tarjeta roja y somos incapaces de concebir que Bezerra, el brasileño que llegó de Hungría, sea capaz de hacer algo mal. De todas formas, no tenemos nada en contra de ganar robando. Y si puede ser impune y descaradamente, mejor que mejor.  Y ya puestos a reivindicar, también creemos que la maría para Rudy ha de ser de mejor calidad, pues lleva dos partidos más perdido que Juan Carlos, el descartado, en la Facultad de Filología.

Ya la gente de Riazor se retiraba con gesto taciturno por la reiterada falta de lucidez en el último tercio del campo rival cuando Luis rompió su virginidad en Liga con un fuerte disparo de pierna derecha y fue agradeciendo la paciencia recibida con grandes aspavientos, abrazando uno por uno a todos los asistentes, que se retiraron finalmente a sus casas, hoy sí, alegres por la segunda victoria en territorio local y la tercera plaza en la clasificación.

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