Saúdo de pretemporada

ENTRENO DEPOR

Quedan vinte dias pra que empece a liga e vós, mauros de Sada, estoyanoffs de Malpica, djalmas dos Castros, poñedes a camisola e saídes á rúa con ritmo africano, porque algo sona na baia. Algo diferente que non é a peza frontal da cachola de Víctor Fernández batendo nun bombo nen a neurose no caldo nen a ortopedia da morte. Respirades outra vez, camiñades con ganas. Tedes o bicho no corpo porque desde o gol de Salo en Barcelona todo ven cheirando a empanada de Rozas, e queredes materializar, zouparlle un par de ostias ao motor da nave (que merda de notas daba!) e fundirvos co voso equipo nunha aperta cósmica que restaure todo aquelo que perdíchedes nesas tardes pegañentas sen berros, sen carreiras decentes pola banda, sen un mísero disparo a porta. O sorriso das pescadeiras e o Riazor mariachi que xace inconsciente nas Escravas, todo isto será restaurado, tamén, nas vosas cabezas alucinadas. Todo cadra: voltan os amigos, cada semana chegan caras novas, a tempo, listas pra almorzar con Luisinho. Todo cadra: á cidade devastada chegaron os roxos, Sidnei poñendo a man no pito e Víctor Sánchez del Amo, contento, promesa dun vello romance. O esqueleto deportivista érguese outra vez pra bailar a conga, davos a man e divos que miredes alá ao lonxe, mais alá das Sisargas, porque Lucas chega remando na barca. O louco del, rompendo a baralla! Parádesvos nunha esquina e sentides o tremor. Lembrades o chio do estadio cando batíades cos pés no cemento, as cervexas aceleradas, a luz de festa na avenida da Habana. “Voltará!”, dicides sinalando co dedo unha publicidade calquera da ronda de Nelle, voltará a luz por riba do asasinato do fútbol, dos adestradores retardados, dos burócratas, dos bares modernos, do murmurio imbécil que estivo a piques de esmagar o voso niño máxico. Despois dunha temporada noxenta tedes a sensación de que algo excitante nace. Se non nace, inventádelo. Sodes uns desquiciados e con só pensar no renacer babádesvos todos. Sodes do que non hai e ides cara o matadero dando unhas caladas, co deportivismo como arma contra a descomposición do que amades. A partir de agora, e por terceira (?) temporada consecutiva, dicímosvos que tedes aqui unha cachimba da ostia, ben grande e pintada coas cores da fe, pra que fumedes cando queirades. Pasarémolo ben sacando o coitelo, soñando epilépticos, poñendo a Radchenko de alcalde de Oleiros e correndo cara a imaxe sagrada de Álex Bergantiños. Na casa dos que, como vós, non se renden. Un biquiño.

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Vomito blanquiazul y se lo traga todo

Él me habla de judíos. Yo le hablo del Dépor. Parece israelí, de hecho, lo confunden por la calle y en los bares, pero es catalán. La primera vez que lo vi me dijo que toda su vida la había vivido sobre mentiras, que se había ido a Tel Aviv el año pasado porque estaba enamorado de una. El vómito lo recoge del suelo. Se lo lleva a la boca directamente desde la plaqueta sucia del baño, lo acumula en sus dedos larguísimos, lo sorbe con interés y luego saca la lengua diciendo “mira, ni una gota”. Un catalán de Santa Maria de Palautordera es la pileta en la que echo toda la mierda deportivista que se me acumula en el cuerpo. Le interesa muchísimo, me acompaña en las jornadas y se preocupa muy honestamente por el devenir del equipo. Aquel partido mañanero contra el Málaga lo vimos sentados en el baño de la casa de un amigo después de una noche de drogas infernal. La gente iba entrando para mear y todos se preguntaban qué hacíamos allí clavados, comiéndonos el portátil. “Fútbol”, decíamos. “El Dépor”, decíamos, y hubo uno que dijo algo así como “¿really?” y a los dos nos dieron ganas de aplastarle el esófago.

Vivir en una ciudad como Berlín y que te guste el fútbol no es agradable, menos si eres del Deportivo. Durante los más de tres años (con cortes) que llevo en esta ciudad no he encontrado una puta oreja a la que le entre ni el más mínimo relato acerca de esta pasión. Sacas el tema y todos te miran, es sabido, con esa condescendencia imbécil acompañada de risita y hasta luego. Mierda pura. Pero ahora tengo un socio. Uno que, después estar horas fumando petas y contarle mil historias sobre Lendoiro llega al día siguiente y te dice que por la noche se puso a leer mil historias sobre Lendoiro. Siendo como es medio hincha (disculpad) del Barcelona todo esto es muy de agradecer. Otros barcelonistas te tratan como Cáritas y se adentran en terrenos pantanosos de los que luego salen pringados hasta las cejas. Él no. Con sus ojos de cernícalo que hace guardia en el Monte del Templo atrapa las sombras de un pasado cuya magia volteo. Arsenio, Stoja, Djalma, los coches tristes por Juan Flórez, las cervezas vacías, a todo le hace un hueco. Ahora vivirá el drama o la salvación, se sentará conmigo a cualquier hora para oír cómo me cago en todos los santos. Será, si me esfuerzo, uno más. Me dejaré la piel, la cabeza, me verá arder. Será mi lugar en el estadio, será el viejo de la boina con las chapas, la visión de los Blues, el olor cargado al entrar por la puerta 11, la Curva Delirio, tan maltrecha, pero que aún se agita. En el próximo partido agarraré su chaqueta porque es muy jodido estar solo. Los nervios se cuecen y la mala hostia cruje teñida de anhelo. Le hablaré de lo que es saltar sudando como un payaso, solo, solo y más solo en tu color, en tu puta cueva, lo que es encarar un pasillo sin luz y echar de menos tantas cosas. Le diré que en el futuro nos sentaremos allí y fumando unos cigarrillos veremos a mi gente temblar.

Captura de pantalla de 2015-05-11 18:30:43

Larga vida al Estado Islámico de Coruña (الدولة الإسلامية في لاكورونيا)

Algo se mueve en el noroeste, empezaron diciendo. Parece peligroso, se escuchaba. Nadie parecía creerlo.

Una nueva figura emergió. Se hizo llamar Califa y todos le veneraron sin saber muy bien de qué iba la cosa. Estaban armados. Mucho. Eran, en efecto, peligrosos.

Les gustaba cortar cabezas a aquellos que no se adherían a su interpretación laxa de la doctrina islámica. También eran frecuentes las crucifixiones y las ejecuciones públicas. Las armas de fuego solo eran para amedrentar, pues disfrutaban ejerciendo la violencia con sus manos y sus pies.

Cuando, años después, contaron su historia, nadie pudo negar que todo empezó cuando llegó aquel Califa.

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Miembros de la brigada de infantería ligera del IS Deportivo. Al frente, su líder, el Califa Haris.

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Un miembro de la guerrilla enseña al pueblo la nueva bandera desde la Torre de Maratón.

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Fosa común con los cadáveres acumulados tras las diez primeras jornadas. No se ha logrado identificar la mayoría de los cuerpos debido al salvajismo con el que fueron desfigurados.

 

 باقية وتتمدد, Bāqiyah wa-Tatamaddad. Resistir y expandirse.

Ponferradina – Dépor, J15

Jornada 15 de la Liga Adelante 2013-2014. Domingo 24 de noviembre.

SD Ponferradina 0 – R.C. Deportivo 1 (Culio (p), 31)

Cual niño-bestia en plena transformación, el Deportivo saltó (4-1-4-1) a la mina del Toralín buscando un buen lugar donde plantar la bomba y hacer volar el wólfram berciano. Todo salió bien. La calma de los primeros minutos dio paso a un crujir de tibias, omóplatos, cabezas y en las cabezas pantanos, monumentos grises a un fútbol de otros tiempos. El equipo de Vázquez se asentó como siempre, su caparazón repelió apenas dos embestidas y, tras una buena combinación, penalti a favor, gol, serenidad en las filas, brigada del Gas que a partir de ese momento luchó en cada rincón de la peña. Entre tanta voladura, medio equipo ponía el pecho para que las astillas no destrozasen a los tímidos, a saber: Lux, el poeta ligón que guiña un ojo cuando el humo se disuelve; Machete, juntacadáveres que pide más al enemigo; Ínsua, el que todo lo entiende sin abrir la boca; Bergantiños, roca cuarcífera; Culio, sí, no hay pacto posible entre leones y hombres. Difícil maniatar a semejante tropa. La Ponferradina lo intentó, pero había muchas trampas y al final del túnel el Poroto, que va mereciendo odas y un buen trago. Paradas de escándalo, suavidad asombrosa, golpeo del balón plano y preciso. Tirará bien las faltas? Una lástima no haber disfrutado de sus habilidades hasta esta temporada.

Dios!

Fuego ardiendo!

La dinamita, Claudio Barragán, dos mil deportivistas aporreando la hojalata. La segunda parte pasaba y, con el Eibar ganando en Huelva, nos acercábamos a la cima. Líderes.

Tenemos carácter, demostrado queda, tenemos un mérito de la hostia. Asesinamos posesiones, las hacemos estériles, somos los más fuertes. Asesinamos equipos de ninjas, escuelas enteras de toca y vete. En verano bailamos con la muerte, partíamos del fango, pero uno tras uno fueron cayendo a nuestro paso y ahora queremos más, como Machete. Tenemos elecciones, las gradas llenas, el alcohol subiendo, estamos excitados, nos lo merecemos. Y el equipo parece comprenderlo.

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