Dépor – Athletic, J3

Jornada 3 de LaLiga Santander 2016-17. Domingo 11 de septiembre.

R.C. Deportivo 0-1 Athletic Club (Raúl García, 41).

Da la impresión de que el Deportivo que quiere Garitano se parece mucho al Athletic que tiene Valverde. Si algo ha caracterizado al Athletic que yo he visto desde que era niño es ser un equipo que no pide permiso ni perdón. Llega, juega, te gana (o no) y se va. En la grada, sobre todo cuando juega en casa, hay mucho aspaviento y mucha floritura; sobre el césped, rara vez. Así hizo en Riazor, oliendo la sangre derramada en honor al que ya no está y sorbiéndola toda con una actuación memorable de Raúl García: un golazo, un lesionado, cuatro patadas y los silbidos del público local.

A Gaizka, el de la fe tochísima en Borja Valle, se le vio enfurecido en la banda. Las lesiones de Joselu y Sidnei, el revoloteo inerte de Fayçal, los balones a la grada de Albentosa y los recortes hacia atrás de Carles Gil le trajeron palabras malsonantes a la boca que agotó de golpe durante el partido para no llevárselas consigo a rueda de prensa. Allí dijo que todo bien como el viudo que dice que todo bien en el velatorio de su esposa. Dijo que el mejor partido de los tres con cara de querer decir que estaba muy decepcionado porque Raúl García hubiera salido por su propio pie del campo mientras canturreaba la de un día/cualquiera/en Texas/en Texas.

Con todo, algo de razón había en las palabras de Gaizka. No fue malo el Dépor y, de todos, el mejor fue Juanfran, que metió dos balones de mérito que pudieron ser gol pero no. Florin turrou coma sempre pero le faltó lucidez. Encontró enfrente a un adolescente vasco que hizo un partidazo. Portero adolescente vasco: titular en la selección desde el próximo mundial hasta 2030. Si se confirma la lesión de Joselu, todo pasará por aferrarse a la negritud exuberante de Sidnei y Marlos, golosa y descastada, y al recuperado refinamiento de Mosquerita.

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Dépor – Athletic, J8

Jornada 8 de la Liga BBVA 2015-2016. Domingo 18 de octubre.

R.C. Deportivo 2 – 2 Athletic Club (Iñaki Williams, 30; Aduriz, 63; Lucas, 80; Arribas, 89)

El videomarcador cifró en 26.239 la asistencia a Riazor pero en el minuto 71 la sensación térmica era de 9.000 personas, si no menos. En Pabellón apenas éramos capaces de devolver a los Blues el “Deportivo Alé” de rigor. Y todo esto porque los chavales en el campo no estaban haciendo las cosas mal pero se estaban comiendo un cagao. Cada cual contribuía como podía al sonido ambiente. Yo comí algunas pipas y el tipo al que siempre intento evitar pero que siempre se sienta delante de mí hizo observaciones muy poco inspiradas sobre la cojera (simbólica, supongo) de ciertos jugadores. No parecía la afición de un equipo renacido y en puestos europeos. No parecía la afición de un equipo que tiene a Fayçal Fajr en su plantilla. Pero era normal.

En el minuto 30 marca Williams con uno de los nuestros tendido en el césped, tumbado por la precognición del gol que estábamos a punto de encajar en esa misma jugada, anticipando la decepción con danza interpretativa minimalista. Ese fue Luis Alberto, creo. El mismo que luego la tiró dos veces al palo en un momento en que cualquier guionista mínimamente serio hubiera propuesto gol del empate. En la grada las gentes discutían la herencia genética del que nos había metido gol. Luego marca Aduriz, que se había pasado la primera parte rosmando y pegándole a nuestro portero. La frialdad del estadio era sociológicamente comprensible. Estás callado por temor a que todo aquello fuese la primera bocanada de realidad de la temporada. Porque viene un equipo que, en teoría, es mejor que tú y te gana. Y entonces todo lo anterior pudo haber sido coincidencia. Y a lo mejor la ilusión no es parte del plan, a lo mejor hay que plantearse posponerla. Pero no.

Ahora la ilusión es el motor del tren y Lucas Pérez, que se había pasado 80 minutos como Buster Keaton sentado en una biela cabizbajo, mete un golazo y señala a la misma afición que no había sido capaz de devolver un “Deportivo Alé” en condiciones. Y de repente había 45.126 aficionados, si no más. Y luego Alejandro Arribas, que es ya un vecino más de Monte Alto, te empata el partido con la alegría del central que está de vacaciones en el área contraria. Como Lopo en aquel otro partido. Es imposible que se vaya la ilusión con esta gente. No te dejan.

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PD: Juando, no corras, bonito, tú estás excluido.