Recordando a Riki

Me acuerdo de ir por los baretos de Manuel Murguia comentando la jugada. “Riki es muy malo”, decían unas voces. Todos aquellos charranes quisquillosos, rajando, me parecían cosa baja, porque yo adoraba a Riki, el Godzilla bonachón de Aranjuez.

Riki empezó flojo en el Dépor, con Caparrós, el que apretaba los dientes y no tenía a Maakay en plantilla. Tenía a Riki, y se quejaba. Riki no hacía goles, aunque era titular. Enchufó tan solo dos en su primer año. Jugaba de delantero y también en banda. A Riki lo acompañaba Arizmendi, uno de los pájaros más raros del fútbol español reciente. Eran tiempos bien locos para el club, inmerso en plena resaca post-Irureta.

Vestíamos aquella camiseta Joma, más fea que pegarle a un padre…

Con la llegada de Lotina, Riki fue más suplente que titular, al menos el primer año. La gente seguía rajando. Al fin y al cabo, el precio pagado por el Deportivo al imbécil de Ángel Torres había sido bastante alto, cerca de cuatro millones de euros, por lo que la parroquia quería mambo. El contexto, como decíamos, era de cierto nerviosismo. Había que construir un nuevo Dépor.

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Durante el lotinismo, Riki fue parte de un combo de jugadores que se repartían las labores ofensivas en un equipo bastante romo en ataque. Allí estaban Omar Bravo, Rodolpho Bodipo, Lassad, Xisco. El panorama pintaba difuso para Riki, claramente negado para el gol en sus dos primeros años a las órdenes del entrenador triste de Meñaka. Al tercero las cosas cambiaron, y el bonachón de Aranjuez encontró una cierta estabilidad que le llevó a anotar ocho goles en aquella temporada. Volvíamos a ver al jugador que había sobresalido en el Getafe.

Esta dinámica positiva hizo que Riki empezase la temporada 2010-11, cuarta de Lotina al frente del Dépor, como primera opción para la delantera. Todas las previsiones tardarían poco en irse a la mierda, ya que Riki caía lesionado nada más empezar el curso. El jabato resoplaba en una camilla. Así pues, año casi en blanco (reaparece y juega en aquella pseudorevolución de final de temporada, cuando Lotina recupera a Valerón y pone en liza un 4-3-1-2) y doble desgracia: el descenso.

Riki, tras las lágrimas, se ofrecía para jugar en Segunda.

Un tipo sensible. Lo dijo la señora Elvirita, la de la charcutería:

“es muy bueniño, siempre me viene por aquí a comprar los chicharrones. Se le ve campechano, muy preocupado siempre por la gente y esas cosas…”

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Con el descenso hubo lágrimas, pero también un estallido en el deportivismo. La gente hizo piña para devolver al equipo a Primera y Lendoiro facilitó las cosas dándole entradas adicionales a los socios por muy poco dinero. Había efervescencia, calor en las gradas, pero también mucho opinante que meaba fuera del tiesto. Recuerdo amigos míos que en su puta vida se habían preocupado por el Deportivo y que iban allí a dar sentencias y a reírse, entre otros, de Iván Sánchez. Había mucha batalla que dar. En el campo, el propio Riki se encargaba de callar bocas con un repertorio de acciones desbocadas, intensas a más no poder. Pero ni por esas. Solo a alguien muy estúpido se le podía escapar el hecho de que Riki estaba haciendo una campaña buenísima. A mí se me daba por pensar que aquellos gañanes lo criticaban porque no tenía lo que se dice “estilo”.

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Iván Sánchez Rico “Riki”. Su subida, como la del equipo, fue al final imparable y terminó por convencer a todos. Ya nadie rumiaba por los bares. Riki creó unanimidad con su compromiso y su ternura. Era casi un ídolo.

Aquella temporada, la del ascenso fulminante con récord de puntos, marcó goles importantes y disfrutó de lo lindo. Regaba el aire con su carisma, encendiéndonos. Mi amigo Álvaro Arribi y yo, de tan entusiasmados que estábamos, empezamos a llamarnos Riki el uno al otro. “Míralo, míralo”, nos decíamos en Riazor. “Míralo qué loco está!” Y nos reíamos y celebrábamos con energía mastodóntica. Alegría, comedia, goles. Todo con Iván. Dio lo mejor porque estaba enamorado de Coruña. Marcó en los dos derbis de aquel año. Un genio. El día del ascenso su cara lo decía todo. Solo amor.

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Riki era eventos. Siempre pasaba algo cuando aparecía. Cuántas veces no se habrá tirado Riki a la piscina? Cuántas faltas no habrá provocado? Cuánta confusión? Cuánta belleza? La parroquia gritaba PENALTI!!! La parroquia gritaba GOL!!! Y con aquellas piruetas de aire y de goma reforzaba nuestro deseo de ir a Riazor. Riki desprendía amabilidad y era honesto con la hinchada, gracioso como pocos. Un sol.

Riki le ponía comedia y goles, acción de la buena.

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El día del ascenso fue el más feliz que Riki vivió como deportivista. Mi amigo Álvaro, que es fotógrafo profesional, pidió acreditación aquel día para entrar en Riazor y estar a pie de campo retratando el vital partido contra el Huesca. Buscó a Riki todo el tiempo, y lo encontró. No paró hasta que, ya con el delirio consumado, se abrazó a él, espetándole:

Riki, ahora a cenar, o qué?? 

a lo que Riki respondió “HOMBRE, HAY GAZUZA…”

“Eres un atleta, Riki… Rikiño, carallo!”

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Riki aprovechó aquel día para mostrar su solidaridad con los 166 trabajadores de la planta de Unilever en Aranjuez, despedidos dos meses antes por los chacales capitalistas. Estuvo con ellos, estuvo con nosotros, estuvo con el pueblo, su hábitat natural. Ya en la cena posterior bailó salsón con Bodipo, charló de tranqui con Guardado, con Morel (al que dedicaremos un post extensísimo en breve), besó a los chavales extraordinarios del penúltimo Dépor de Augusto César Lendoiro.

Con algunos de ellos empezaría la siguiente temporada, la última de nuestro presidente, la del despido de Oltra, la de la huida de Domingos y la llegada redentora de Fernando Vázquez, la del segundo descenso. Riki hizo todo lo que pudo para ayudar a evitar la debacle y luego se fue, jodido aunque satisfecho por haber vivido aquellos años con nosotros, conectando a la gente, cambiando nuestra manera de hablar, quedándose al final y para siempre en nuestras cabezas blanquiazules.

Allí donde estés, un besazo, compañero.

Semper fidelis

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Dépor – Sporting, J7

Jornada 7 de la Liga Santander 2016-2017. Sábado 1 de octubre.

R.C. Deportivo 2 – 1 Sporting de Gijón (Borges, 34; Álvarez, 65; Babel, 92)

Fue precioso. La justicia poética que arrasó el momento nos dio todo lo que necesitábamos y a lo bestia. Fue una locura y no fue Çolak, el mejor jugador del partido, quien la desató. Aún seguimos flipando. Dio un aviso, luego otro. Y otro. Va en serio? Y al cuarto intento la clavó, pegada al palo, creando una imagen alucinante. Ryan Guno Babel, aquel tío medio bueno, medio trucho, al que cundía bastante pillarse en el PES hace casi diez años, puso Riazor de verano con un golpeo de balón a rebosar de romance. La fusión de los conceptos deportivismo y ryanbabel provocada por su gol supuso la reactivación de mil cosas bellas en nuestras cabezas, el delirio. Fue luz extraña de la que nos hincha el pecho, y que llegó después de venirnos abajo con el gol del empate y estar perdidos hasta que apareció Ryan, tocando, haciendo

todo lo que no había hecho Marlos

como dijo el idiota de Segurola, acertado esta vez. Ryan, nuestro Babel Ryan Babel, hizo que nos quedáramos con la esperanza de marcar hasta el último minuto, por lo que se puede decir que nos folló las mentes a base de bien, con ritmo, y luego soltó el chorrazo. Delirio, grandeza. En Babel algo hay, algo bueno. Criterio que hace moverse bien a las masas. Estilazo. Ryan nos la puso dura y no hay más. Y a Gaizka lo puso en llamas. Antes de ese momento cumbre hubo un partido, también. Enfrentó a un buen Dépor contra un Sporting penoso y supuso la vuelta de Sidnei, motivo por el cual el visitante disparó una sola vez entre los tres palos. Fue gol. Lo que era ilusión se convirtió en un continuo rascar de ojos y de piel, una pesadilla. Los detalles de Ryan daban algo pero no parecía suficiente hasta el boom del 92. Al final, todo por los aires y hecha la justicia que el equipo merecía. Momento Ryan, momento clave: las consecuencias de otro partido sin ganar en casa siendo netamente superiores al rival podrían haber sido jodidas de llevar, pero

combustión espontánea ahora que va a salir el docu de los Stooges

funhouse, toda la pesca

y con Emre Çolak, otra mención especial. Ayer quedó patente que con el turco vamos a disfrutar tela. Toca y sufre, sufre y toca, menea el culo como nadie, va por ahí provocando y además lanza el balón parado con maestría. Fue el mejor del partido con diferencia. Hay que tener en cuenta que su labor se ve lastrada por un mediocampo de cinco raspado, donde estuvo otra vez Mosquera, que volvió a estar mal. Borges cumplió, pero algo falla. Emre lo sabe y es por eso que la pide siempre. Emre piensa en turco, Emre está mirando el mar, Emre pasa media hora en un taller de Constantinopla mirando un buga. Emre se la da a Andone, que es un bestia trabajando pero que no encuentra el gol. Emre quiere a Bruno Gama, pero la temporada del guaperas portugués está siendo decepcionante. Emre Çolak es un dios futuro que traerá conflicto porque vamos a enamorarnos locamente de él. Ya lo estamos, pero no así de Marlos. Una cosa es hacerlo mal y otra dar vergüenza. Está claro que el chaval tiene que salir (si sale) en el 67. Se vio también que un jugador que no puede vestir la camiseta nunca más es Fernando Navarro, sin duda el peor jugador de la plantilla, cero carismático y que encima le arrebata el puesto a Luisinho, que es todo corazón y nervio. Que se vaya en enero. El Deportivo estuvo bien a pesar de estas trabas, logró marcar y controlar el partido hasta el gol del empate, que dejó al descubierto la fragilidad mental del equipo y que lo llevó a un pasadizo sombrío, lleno de fantasmas, que duró hasta que Babel empezó a intentarlo una, dos, tres veces. En el mejor momento. De la mejor manera. Con esa pausa del amago repetida, con tensión de gol importante. Haciendo saltar literalmente a un deportivismo que anhela la belleza. Haciendo cuadrar cada puta cosa, alimentando el recuerdo de rolletes pasados como el de Wilhelmsson, creando tanta gloria pequecha, cantando a tanta historia de amor breve pero loquísima.

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Real Madrid – Dépor, J19

Jornada 19 de la Liga BBVA 2015-2016. Sábado 9 de enero.

Real Madrid C.F. 5 – 0 R.C. Deportivo (Benzema, 15; Bale, 21; Bale, 49; Bale, 63; Benzema, 90)

Como siempre. Como angelitos que pierden la fe progresivamente y se desinflan. Con ocasiones en los primeros minutos que siembran ilusión hasta el primer gol de la bestia, hasta el segundo, para ya con el tercero recostarse y fumar formulando chistes. La cosa en el Bernabéu no pasó del típico guión en los grandes teatros, así es, a donde llegan los pobres esperando ser marionetas, tímidos sparrings, diminutos adjuntos en la gran novela de los reyes con sus escopetas de tres cañones y sus pollas de caballo inundando el universo.

Empezó bien el Dépor. La tuvo Lucas pero su latigazo chocó contra el culo de Keylor. Luego el equipo empezó a caer a medida que llegaban los goles blancos, sabiendo que las rendijas que permiten colar una heroicidad en estos escenarios son a día de hoy bien pocas. Cara de Jémez, pues, y los cánticos de los nuestros, sus bailes y sus risas, como arma contra el imperio. Nos vais a arrasar pero os enseñamos el culo antes, durante y después de recibir las estocadas. Esta mierda merece actitud. El Dépor la tuvo, intentó introducir su verbo en la arena. Se acercó y remató, diecisiete veces. No hizo gol pero su gente vibró desde lo alto del coliseo, orgullosa. La fiebre funciona a toda máquina en este tipo de situaciones. Nos golean, pero somos mejores. Mira su circo qué magnánimo y sus perros qué colmillos y Zidane en el banquillo pero ¡dios! meneamos el esqueleto hasta la muerte, he ahí la diferencia. Pedro Souto lo sabe y es por eso que se pasó el partido escupiendo locuras enfundado en su camiseta de Luisinho. En Berlín, a miles de kilómetros de casa. Birra, pitis y Luisinho. Que salga Luisinho que se jala al mono ese de Carvajal. Que salga Luisinho que los revienta a estos imbéciles. Luisinho el puto amo. Y venga pitis y sonrisas y fraternidad con un 4-0 en el marcador que no aprieta porque a lo lejos, envuelta en decenas de miles de madridistas piperos, suena la voz borracha del deportivismo. La cabeza alta, el beso sonoro y a pasear el escudo por los bares aquí, en el Orzán o en casa Cristo. Así manda la fe. Firmamos donde haga falta, nos importa tres cojones. Cara de Jémez. La mirada punk. Al otro lado los árbitros, Cristiano Ronaldo, los periódicos, masas de lava fascista, crepitante, muy contenta. Mea con gran chorro, cantando, antes de que te fusilen.

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Dépor – Llagostera, 1/16 Vuelta CdR

Dieciseisavos de final de Copa 2015-2016. Martes 15 de diciembre de 2015.

R.C. Deportivo 1 – 1 U.E. Llagostera (Juan Domínguez, 68; Jordi López (p), 78)

Oriol Alsina sale del túnel de vestuarios a hora y media del inicio del partido y respira el olor a pasado reciente glorioso que contiene el aire de Riazor. Busca a su alrededor a alguno de sus jugadores, ve a Pitu. Lo coge con cariño rodeando con su mano derecha la arquitectura de su nuca. Tiene una colleja importante, piensa para sus adentros. Es la mayor malicia cotidiana que se permite e incluso ésta le hace sentirse culpable y decide que evitará pensar cosas así en el futuro. “Mira, mira aquí”, dice señalando el banquillo local, “aquí lloró Arsenio cuando lo de Djukic, no quedan restos porque lloró hacia dentro”.

Pitu quería imbuirse en sus auriculares y dedicar unos minutos a fantasear con meter un gol por la escuadra pero Oriol tenía cosas que contarle. “Mira esta banda, por aquí corrió Fernando Vázquez. Qué carrera tenía el tío.” Agazapado sobre el césped, al lado de la línea de cal, “se oyen sus latidos todavía”, dice.

Caminan hasta la portería de Pabellón. El césped del área pequeña lleva varios partidos harapiento, Oriol toma una muestra de tierra con el dedo y la olisquea. “Aquí jugó un príncipe africano, ¡y no era ni titular!”. Mira, macho, yo debuté con Rijkaard, qué me cuentas, pesao. Pitu no dijo esto y desde aquí premiamos su esfuerzo por contenerse. Pero Oriol supo leerlo y le dejó marchar a deambular por el campo.

Oriol Alsina es muy buena persona. Es tan buena persona que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Su campechanía bien le valdría un título nobiliario en algún estado poco serio. Mira Riazor como quien mira un firmamento en el que sólo él es capaz de reconocer constelaciones y si le preguntas te hablará de astronomía durante horas pronunciando eles muy cóncavas y eses muy grasas, como buen catalán. Oriol no odia el fútbol moderno, pero le abruma. Se sabe un privilegiado y no pierde ocasión de sentirse como tal. Por delante le esperan 90 minutos de privilegio y un capricho muy especial, Saúl.

Oriol quiere a Saúl. Ve en él todo lo que puede desear en un jugador. Le busca por el campo, quiere presentarse. Ensaya en silencio varias formas de acercarse a él. “Saúl, ¿cómo vas, jabato?”. Pero no tiene ocasión. Vuelve al vestuario y hace sus cosas de entrenador, pule un par de cuestiones que quedaron abiertas en el entrenamiento anterior y manda a los chavales a calentar. Empata el partido y nos da una lección sobre amor en rueda de prensa.

https://www.youtube.com/watch?v=q5DjnsEifEU

Oriol, nos caes muy bien y esta copa la vamos a ganar por ti.

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Las Palmas – Dépor, J13

Jornada 13 de la Liga BBVA 2015-2016. Sábado 28 de noviembre.

UD Las Palmas 0 – 2 R.C. Deportivo (Cani, 18; Lucas Pérez, 90)

El Deportivo se zambulló en la noche canaria con las mismas pintas que llevaba contra el Celta, era de esperar: cepo arriba para taponar el amarillo fútbol setiénido, robo y a galopar. Funcionó el plan. Jugó mejor que su rival apoyado en un Mosquera colosal de principio a fin. Una patada bien medida por aquí, una distribución acertada por acá, pase sencillo, pase ligero y trotar sin perder de vista el partido. Magnífico, al igual que Luisinho, que por segundo partido consecutivo nos deleitó con sus apariciones electrizantes y su buen hacer en lo que a juego oscuro se refiere. Lo echábamos de menos, al cabrón. Por cierto: sabéis lo que se dice, no? Que Luisi, Sidnei y Fayçal son colegas a muerte. Otra onza de amor. A este paso vamos a acabar la temporada bobos perdidos, muertos de placer. Vamos con el gol.

Parece ser que hay indicios de ENTENDIMIENTO entre Lucas y Cabezotas. La barriada! Lo popular! Se demostró en la jugada del 0-1, con el uruguayo habilitando magistralmente al coruñés que, a la carrera y tras cambio de ritmo infernal, asistía a Cani con su pierna mala. Los nuestros gritaban en la grada, mucho más que las decenas de miles de canarios que se dedicaban solo a silbar, posiblemente conmovidos por ir perdiendo contra un equipo tan hosco y rateril. Dos menciones

a Sidnei, que estuvo inmenso, todo esto se la sudaba. Aparecía por doquier despejando a lo bestia, en pelota picada, excitado por el calor y las próximas navidades en Curaçao. Genio. Luisinho, con su determinación completamente anti-moderna, hacía dos cosas: perforar el cosmos estético del imbécil de Setién y acercarnos al pensamiento de que él y solo él es el mejor jugador de banda de la plantilla.

Tocaban, tocaban sin parar los setiénidos negruzcos y de tanto tocar casi se llevan otra hostia en la boca justo antes del descanso tras doble ocasión de Bergantiños, palo incluido. Suerte. Con la reanudación llegaron los piropos a Lux, cuyo corazón no deberíamos dejar de hinchar con besos y caricias, y también el típico momento de pensar en cambios. Fayçal a escena, por supuesto. Laure por Cani? Eso no nos lo quitaba ni Cristo. Homenaje a Jabo, otra vez.  Llegaron ocasiones, muy claras, que pudieron haber puesto el punto final al partido, pero se fallaron inexplicablemente. Tranquilidad. Tal como estaba el asunto daban ganas de meter a Laure en punta sólo para martirizar al insufrible Aythami Artiles. Mientras tanto, y sin ruborizarse, tocaban sin parar los setiénidos para que su parroquia se creyese la PROPUESTA y de repente nos dimos cuenta de que por megafonía oíamos algo que no era canario, ni siquiera español. Un tono robótico llegaba. Quizás era Wakaso, jugando con micrófono. Bellísimo. Casi sin darnos cuenta nos pusimos en los minutos finales, en un estadio de locos, muy propicio para que saltase al campo Culio, nuestro Culio, a buscar su perdido amor de verano. Difícil disfrutar más, pero… LUX, LUX, LUX!!! Sacándola por dos veces cuando el amarillo cantaba el empate, con la ayuda de Laureano y su barba de cemento. Ya en la última intentona local, Mosquera, que seguía a lo suyo, roba y suelta el pase claro para Fayçal, quien encara y cede para que Lucas haga el 0-2. Noveno gol para el de Monelos, que se va directo a la cámara de televisión, pillando del hombro al marroquí y diciendo: ÉSTE ES MI HERMANO. Lucas Pérez, cien millones de puños. Lucas Pérez, a 40 kilómetros por hora, haciéndonos estallar la cabeza, poniéndonos once puntos por encima del descenso. Descenso. Se oyen risas.

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Dépor – Atlético, J10

Jornada 10 de la Liga BBVA 2015-2016. Sábado 31 de octubre.

R.C. Deportivo 1 – 1 Atlético de Madrid (Tiago, 34; Lucas, 77)

Lo primero que voy a hacer es dedicar un espacio a dar dos puñetazos al teclado por el larguero de Fajr: cfszxcvb yvgfgfv.

Miro el twitter para conocer los dos onces. El Atlético de Madrid saca de inicio a Mola, Gil-Robles, Sanjurjo, Yagüe, Ramiro Ledesma, Queipo de Llano, Millán Astray y Gabi. Y en el banquillo media docena de voluntarios de la División Azul. El Deportivo, por su parte, alinea a las Trece Rosas y de suplente un veterano de la guerra de Bosnia que yo pensaba que era una pieza de museo o un product placement de un taxidermista local. Me atormenta el eco de la entrevista a Pablo Iglesias la noche anterior en la COPE. “Podemos es un matagigantes como en su momento habría sido el Dépor”. Me recorre un escalofrío, como aquel fantasma que recorría Europa.

No tiene sentido constatar lo que sucede antes del gol de Salazar en el minuto 34 porque el partido nace precisamente ahí. Se termina la previa y comienzan las sensaciones en la grada, el vértigo de la primera división. Los partidos del Depor se empiezan perdiendo para que tengan sentido. El equipo procura ser metáfora de sí mismo en cada encuentro y el relato prohíbe reinar primero y perder luego el trono y exige siempre seguir la trayectoria del Ave Fénix. En esa lógica hay plena comunión entre afición y jugadores. Luego duelo de estrategas en el banquillo, quien sepa de fútbol que lo explique. Mi partido fue el de Fede.

Federico Nicolás Cartabia: mi media naranja, una actualización del mito de Lazarillo de Tormes. Cuando ya había comenzado el asedio local en la segunda parte, nuestro héroe argentino, en una de sus oportunas visitas a la frontal, le deja un recadito a Giménez y éste entra en un episodio de enajenación colérica. En contraprestación le tira un caño a Fayçal en una salida de balón al lado de su propia área. No pintaba bien el negocio: sin estudio de mercado previo y jugando con un activo tan volátil como la cabeza de un uruguayo, te puede pasar eso. Pero a veces las finanzas son cuestión de pura intuición y no cuento nada si digo que Giménez acabó llorando. Llorando muchísimo. Y el pequeño bróker aprovechó los últimos minutos para pegarle una colleja a Koke.

En el minuto 77, Lucas Pérez zanja definitivamente el debate entre razón y fe a favor de la segunda. Hay cosas que exceden nuestra capacidad racional: que Dios sea uno y trino o que este fulano corra a por un balón que se escapa por línea de fondo a 40 metros de él con amplia ventaja para Giménez (véase también párrafo anterior). Pero lo hizo y no le pudo gustar más hacerlo. Por una vez no le hizo falta incorporarse corriendo para llevar el balón al punto central y se entregó a unas gentes que le adoran y que se han apropiado de su nombre para hacer de él su “No Pasarán”.

A partir del minuto 80 me resulta imposible decir qué equipo quería meter el segundo gol y cuál terminar ya el partido. A unos les movía el impulso de la remontada y de una hinchada enfervorecida, a otros su particular vileza y perfidia. El tiempo ya no corría en beneficio de nadie pero tampoco había prisa por sacar de banda. Las contradicciones se disparaban y llegó un punto en que Filipe dejó sentado a Fede con un recorte made in Lotina y Riazor gritó “oooh”. Un despiste esquizofrénico que habrá que consultar con el cura de la iglesia de nuestro barrio.

El partido fue, en fin, lo que sucedió entre el 34 y el 77. Terminó y puntuamos poquito pero queriéndonos mucho los unos a los otros. “Nosotros no proponemos nada que no haya propuesto la socialdemocracia europea en los años 80” acabaría diciendo Víctor Sánchez del Amo en rueda de prensa.

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Berenguel del Pino

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Qué manera de correr, perseguido por los perros, Héctor Berenguel del Pino, que respiraba el óxido aquel de alambrada en la silueta de los invernaderos. Eran las seis de la tarde. Se adivinaba ya el galopar amorfo del futurista lateral, jadeando a diez metros de los vigilantes, que con sus bocas repletas de baba acechaban al chico melenudo levantando polvo y virutas de metal. Echar un ojo al océano de plástico podía salir caro. Héctor lo sabía pero allí que se iba, desoyendo los consejos de su tío Horacio, buen conocedor de la oscuridad que escondían algunos rincones de la Almería intensiva. “Agárrate el culo en la charcutería hasta que salga tu padre de trabajar”. Ni caso, bicicleta y kelmes azules para galopar teñido de ocre, saltando socavones, formando la figura con la que años más tarde graznaría en lugares como Elche, Sevilla o Coruña. Y es que los lugares inhóspitos merecen buenos trastos que los recorran, trastos a medio hacer con vacíos en sus maquinarias que queden bien en medio del páramo. “Por el pan baila el perro”, se repetía el chaval sin entender el dicho, refugiado ya en la gasolinera donde repostaban los camiones llenos de melones, sandías, chopped y gasofo. Miguel, conocido por ser el gasolinero que más pitillos fumaba en todo el Campo de Dalías, salía de la garita con cara de mala hostia. “A entrenar hoy va mi prima!”, le espetaba al niño que subido a la bici salía ya a todo meter por la carretera, desconfiado y sufridor. Entrenar le gustaba pero la cabeza se le iba de cuando en vez a Playa Mojácar, lugar de veraneo de la familia Berenguel donde adolescentes inglesas acompañaban aburridas a sus padres, llenando el cosmos de Héctor de pantorrillas blancas y dientes sudorosos. Ojalá besarlas. Ojalá olvidarme de mi cuerpo. Pero aquello que era chaparro parecía servir en el campo de fútbol: carrera atolondrada pero intensa, frenada en seco y disciplina unilateral, cualidades que llevaron al encorvado almeriense a iniciar una carrera que, aunque discreta, dejó para el recuerdo 80 partidos como blanquiazul, ocupando una posición que en el Deportivo reciente es igual a droga dura: lateral derecho. Manuel Pablo, López Rekarte, Scaloni, Laureano Sanabria, elenco cubista que tuvo a Héctor como invitado durante seis años en los que nos deleitó con torsiones inconcebibles y centros precisos directos a nobles cabezas. Escorzo amorfo, pelo medieval. Un icono del pasado al que nos agarramos con dulzura, un futbolista de una clase hoy prohibida, la de los abruptos sin peinados, la de los Joma sin suela y sin publicidad en la raja del culo. Aún hoy, en el bar Puerta del Sol, algunos viejos salen renqueantes tras sus sombras y exclaman bajo un cielo partido “carallo se era feo, o desgraciado!”