Incitación al varonicidio y alabanza al Real Club Deportivo Femenino

Se rascaba en los mentideros del club que Constantino I, contra todo pronóstico, tenía una obsesión más prioritaria en su llegada al poder. No era mirar hacia las estrellas de la banderola de la Champions como algún incauto le podría haber acusado de aspirar tan gratuitamente. Ni siquiera una ridícula Copa del Rey que ha pasado a ser un postre de los indeseables. Al parecer, el emperador, desnudo en el trono, quería pasar a la historia por conspirar y devolverles la remera azul y blanca a las mujeres sobre el césped.

Es una lástima que este tipo de iniciativas (qué poco riesgo en la construcción) se hagan añicos en tiempos en los que faltan miras y sobran ganas de vender, con más incapacidad infantil que buena fe de llevar un proyecto necesario a cabo. No hablo ya de un localismo torpe, hablo de algo generalizado, de una federación atestada de buitres que rumian los mismos cadáveres de roedores mientras miran con condescendencia a productos de un deporte femenino que ahogan y maltratan para que sus testosteronas y carteras, prebendas y jerarquías no se vean ni ligeramente amenazadas, ni ligeramente enriquecidas. El fútbol, como dicta su ley, debe ser gobernado por el hombre heterosexual depilado, sin importar que este símbolo olímpico, sí socialmente aceptado y aupado, llegue a los entrenamientos tras noche de droga y muerte, acepte maletines pero no identidades sexuales, embale la autopista a 230 km/h en su BMW o prostituya y viole a menores de manera individual o grupal, porque siempre se ha hecho así y porque siempre se ha querido hacer así.

Es lamentable que en esta oportunidad histórica, los dos equipos blanquiazules de mujeres, cenizas de un Karbo legendario que clama desde el inframundo, estén dirigidos por cuatro entrenadores, varones desde el día que nacieron. Porque el olor que desprenden los billetes es suficiente para empujarnos a empezar a hacer lo correcto pero no para abrirnos los ojos del todo y ceder el timón a otras cuatro mujeres. Lamentable ejecución, también lastrada por la terrible fagocitación del Orzán SD y sus componentes meritorios, que hicieron el trabajo sucio todos estos años donde era imposible mirar fútbol femenino en el equipo al que nos debemos.

Desde luego ha habido mejores comienzos que este, pero, como dicen, nos han dejado un poco de música.

Cuando el Deportivo Femenino salta al campo el resto es nuestra obligación. Armados de soneto terrorista en Abegondo habrá que hacer que hieda a azufre. Los días de sol abrasador desde el palquito donde los Blues bengalean cuando hay cita importante o los días de lluvia donde sentir nuevos calambres con ellas, dejándose la piel en el barro por defender los mismos colores que defiende gente mejor pagada en Riazor, con la misma garra, con el mismo hambre y con la misma necesidad imperiosa (si no más) de tener un número más alto en el marcador que el rival, sudando fútbol primitivo por los sobacos, en poemas bélicos que invitan al genocidio y a la masacre, que solo riman con las telarañas del fondo de la portería.

No es negociable el compromiso, que exista un aliento de fuego que recorra las gradas, corear los nombres, conocer las caras, erigirlas en paseo triunfal por la calle, todas ellas, mucho más cercanas al aficionado gritón, al inconformista inasequible, asesinas de murmullos. No son nuestras porque no son de nadie pero son de las nuestras porque sus camisetas se decoloran al mismo tiempo que las que llevamos.

Hay unas mujeres que por alguna razón que nadie tiene claro, les ha salido del coño agarrar un puto balón de fútbol y darle la vida a ello.

Empieza desde atrás la cantinela y desde la gruta desgarran los guturales de la voz de Anita, campeona estatal, de María Ameneiros, de Malena, perforando la red que ella sufre y dejando el primer Teresa Herrera en este lado, sin hacer prisioneros. Tere, María Corral, Lía, rompiendo sus 16 años en diagonales al área, cicatrizando en su juventud los bordes del escudo. La muralla formada de huesos, empapada en gasolina, sus nombres como mandamientos, como sentencias: Raquel, Puerto, Miriam sonando las sílabas como campanadas en la muerte del hombre feliz. María y Miga rajando a cúter las bandas, los compases de Ariane, de Tami, de Gere, manteniendo todo en su sitio, un balón para unirlas a todas, todas para escoltar un balón. Nuria desquiciando al enemigo y arriba la energía nuclear, la vendetta italiana de Noe, la daga de Elvira, la furia azteca de Estefi, con el brazalete, dejando lo mejor para el final como si el camino no fuese ya suficientemente divertido.

Hay unas mujeres que por alguna razón que nadie tiene claro, pero que desde luego muchos han intentado impedir, les ha salido del coño agarrar un puto balón de fútbol y jugar en el Deportivo. Que se merecen sudar la camiseta lo ve hasta el ciego de Fernandez Borbalán. Habrá que ver si merecemos nosotros que la suden por esta hinchada, esquizofrénica, leal, drámatica y femenina.

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Ojo al asesino porque es un verdadero maestro

Mientras Luisinho reventaba el televisor a patadas, pasado el minuto 85, algunos apoyaban los codos en las rodillas y las palmas de las manos en la mandíbula. Dani me silbó en la puta oreja sin dejar de mandar a la mierda a todo aquel al que tuviese en su campo de visión. Un tío cayó a rolos por las escaleras. Dos niños empezaron a zoscarse -con tal fiereza que quedaron sangrando, con heridas profundas- como los hipopótamos. Los jugadores en el campo, de pie, alicatados al césped por unas botas de colores hirientes. Víctor sentado. Don Dino sentado, sudando, con dos móviles, el de la empresa y el personal. No bajó peña del cielo en caballo ni soltamos alaridos como perros, sino que, (vol)vimos al terror. La particularidad del Dépor se define por la belleza del crimen.

Y la creación de obras diabólicas y desastrosas, hermosas y perfectas, por parte de nuestro equipo, es de calado transversal al estado de nuestra existencia como deportivistas, y ya que bastante tiempo le dedicamos a la moral, analicemos estéticamente.

Tanto plantilla como cuerpo técnico estuvieron ensayando todo el año para este seductor final de temporada. La intención es que cuanta más desfiguración, más tragedia y más heridos haya, mejor, porque así se conseguirá con mayor efectividad la fascinación entre la jauría. Como asesinato de categoría, se necesita una víctima a la altura, bien vestida. Fichajes guapos, presentación de camisetas en un centro comercial, jugadores con Instagram.

Plantados en pretemporada, arreglados, oliendo bien, a suavizante. Debemos hacer circular fotos nuestras para que se conmuevan con la belleza, era tan guapo y ahora va a morir, dirán, dicen. Con la victima elegida y con la muchedumbre babeando por ella, menos mal que el pétreo Luis Carlos Correia Pinto se alza para avisarnos a través de una movida con Arribas, que él, mensajero del mal, iba a hacer todo lo posible por embellecer el asesinato que se iba a cometer esta temporada. Por algo juega con guantes.

Poco después se ficho a Manu, materia prima del decadentismo.

No intuimos las intenciones, y en la primera vuelta todos nos enamoramos de la víctima. Los empates fueron quemaduras de truja, pero a partir del Villareal empezaron las puñaladas, de manera piadosa al principio, pero profundas y oxidadas a partir del Espanyol, partido donde Sidnei fue víctima de un pollicidio. Ya en adelante, torturas, humillación, amputaciones y demás herramientas utilizadas por un criminal de nivel. La destrucción de esfinges, la ciudad incendiada, el caos.

Ahora el etéreo homicida del Deportivo duda qué hacer. A falta de tan solo dos actuaciones, puede dejar huir a un ente desangrado, famélico, lleno de heridas profundas como las de los niños que se pelearon como hipopótamos, arrastrando los pies; o puede terminar con el de una manera violenta y con una ferocidad abrumadora, abriéndolo en canal y enseñando su interior a todo el graderío.

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Derbi

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tiñosos pirolos julais canfurneiros miguelones piosos marulos tolais humo humo y más humo por todas partes ni un olivo bajo el que esconderos 

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centolla para todos dentro de la riñonera con bandera de portugal, calabaza rellena de plumas mierdosas, te despiertas sudando, charla con el entrenador en un restaurante, golpe en la mesa, copas rotas, platos rotos, piños que castañean, mantel sucio, espuma por la boca y ni un puto olivo bajo el que esconderos

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pitaron falta en tres cuartos y agarré una foto antigua la besé la mamé toda y también besé un chubasquero mamé todo el escudo me agarré la camiseta porque soy católico y recé claro recé a símbolos

estaba más solo que dios

qué iba a hacer

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y el tiempo que vuela como un cuervo vuela en línea recta a través de ti y no alrededor de ti

– mierda – se paró

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recuerdo que me tiraron una carcasa de cedé y que de aquella comíamos gominolas en el estadio y que nos dieron cartulinas para levantar cuando el himno gallego

las rompimos todas

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también dibujábamos al mccarthy sangrando siempre como con secuelas después del partido y a otros con cara de polla

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el pelo curly se meneó a cámara lenta como en un anuncio de champú y el bolo describió una parábola y esa parábola tuvo unos hijos y luego llegó un gol un abrazo surreal que me desnudó al instante y me hizo salir volando por la ventana

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así es la ciudad estaba ardiendo y tú solo no puedes entonces es cuando aparece el ángel francés que te guía por pasadizos aún no cerrados 

te lleva del brazo y tú vas comatoso de cojones

sudando moribundo sin fuerzas

él te lleva de la mano

es alguien al que ves por primera vez pero es muy cercano

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fueron son y siempre serán las tres reglas del deportivista atomista

NO HAY PASADO

NO HAY FUTURO

TÚ ERES LAS PIEZAS DE TU RIVAL

Escenas potenciales para “Sala Calvet” (II)

Fajr fumando. Subido a uno de los muros laterales de Meicende y fumando. Camiseta de tiras, piel oscura y ajada, increpando al lateral derecho del Oza Juvenil cadete. A Fajr no le gusta su pelo brillante al sol de septiembre. Alguien despeja con contundencia y el balón rueda por una de esas cuestas que rodean el campo. Fajr y sus colegas corren tras él.

Víctor organiza una sesión de vídeo en la macropantalla de Pabellón. Todos se sientan en el césped y atienden, mientras Sidnei mira embobado hacia la de Marathon sin poder para de imaginar lo bonito que sería visionar Tabu de Miguel Gomes en aquella descomunal superficie. Al acabar la sesión llama a su mejor amigo de la infancia, un brasileño rubio y homosexual que da clases en la Sorbona y le habla en blanco y negro de su nueva novia.

Luisinho en la Vedra. Atasco. Llueve. Escucha música brasileira en el 101.5 de la FM, Radio Oleiros. Maldice mientras masca chicle. Hoy llega tarde a entrenar.

Laure probándose pantalones en el ZARA de Juana de Vega. Una dependienta lo reconoce mientras entra en los probadores. «Joder, he vuelto a coger unos slim fit» es la única frase que le escucha.

Mosquera va hacia las duchas en los vestuarios. Se cruza con Lucas, recién llegado de recoger las últimas cajas de la mudanza desde Salónica, y a este se le escapa una colleja. Cuando vuelve a su sitio a secarse descubre que le han mangado las Etnies.

Un restaurante canario cerca de Doniños. Manuel Pablo ha invitado a cenar a Celso Borges. Ríen bastante y Borges le cuenta cosas sobre el norte de Europa. Manolo se vuelve a casa jodido porque no ha parado de llamarle Laure.

Scaloni escribe un tuit. No cabe. 141. Cierra la pantalla del portátil y saca la mecedora al porche para seguir leyendo un libro sobre las Malvinas.

 

Guidetti marca el cuarto en Balaídos. Estoy fregando los platos de la cena, pero lo escucho de fondo. Río y se me cae un vaso del IKEA. Sigo riendo. Emerge Jabo en mi cabeza. Río más y más fuerte cuando recuerdo aquella temporada en la que los entrenó a ellos.

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Dinosauria, We

We are
Born like this
Into this
Into these carefully mad wars
Into the sight of broken factory windows of emptiness
Into bars where people no longer speak to each other
Into fist fights that end as shootings and knifings
Born into this
Into hospitals which are so expensive that it’s cheaper to die
Into lawyers who charge so much it’s cheaper to plead guilty
Into a country where the jails are full and the madhouses closed
Into a place where the masses elevate fools into rich heroes
Born into this
Walking and living through this
Dying because of this
Muted because of this
Castrated
Debauched
Disinherited
Because of this
Fooled by this
Used by this
Pissed on by this
Made crazy and sick by this
Made violent
Made inhuman
By this.

 

lucas

 

Construção

Amou daquela vez como se fosse a última
Beijou sua mulher como se fosse a última
E cada filho seu como se fosse o único
E atravessou a rua com seu passo tímido
Subiu a construção como se fosse máquina
Ergueu no patamar quatro paredes sólidas
Tijolo com tijolo num desenho mágico
Seus olhos embotados de cimento e lágrima
Sentou pra descansar como se fosse sábado
Comeu feijão com arroz como se fosse um príncipe
Bebeu e soluçou como se fosse um náufrago
Dançou e gargalhou como se ouvisse música
E tropeçou no céu como se fosse um bêbado
E flutuou no ar como se fosse um pássaro
E se acabou no chão feito um pacote flácido
Agonizou no meio do passeio público
Morreu na contramão atrapalhando o tráfego

Amou daquela vez como se fosse o último
Beijou sua mulher como se fosse a única
E cada filho seu como se fosse o pródigo
E atravessou a rua com seu passo bêbado
Subiu a construção como se fosse sólido
Ergueu no patamar quatro paredes mágicas
Tijolo com tijolo num desenho lógico
Seus olhos embotados de cimento e tráfego
Sentou pra descansar como se fosse um príncipe
Comeu feijão com arroz como se fosse o máximo
Bebeu e soluçou como se fosse máquina
Dançou e gargalhou como se fosse o próximo
E tropeçou no céu como se ouvisse música
E flutuou no ar como se fosse sábado
E se acabou no chão feito um pacote tímido
Agonizou no meio do passeio náufrago
Morreu na contramão atrapalhando o público

Amou daquela vez como se fosse máquina
Beijou sua mulher como se fosse lógico
Ergueu no patamar quatro paredes flácidas
Sentou pra descansar como se fosse um pássaro
E flutuou no ar como se fosse um príncipe
E se acabou no chão feito um pacote bêbado
Morreu na contra-mão atrapalhando o sábado

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Deus lhe pague, Álex Bergantiños.

Confío en los milagros

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Vengo de una carrera sin fin
de dar vueltas sin saber a qué
Sólo un milagro es quien me trajo aquí
Soy el bendito que aún quiso seguir

Tengo una banda de Rock and Roll
Y es que no quiero estar más solo
Cada día agoto mi tiempo
Pedí ser un idiota y casi lo acierto

Confío en los milagros
Porque espero un mundo mejor
Para nosotros dos

Confío en los milagros
Porque espero un mundo mejor
Para ti y para mi

Yo aún tengo tu nombre
Yo conservo tu nombre
Y si te pido que intentes olvidar
Es porque creo en otra oportunidad

Vengo de una carrera sin fin
de dar vueltas sin saber a qué
Sólo un milagro es quien  me trajo aquí
Soy el bendito que aún quiso seguir

Confío en los milagros
Porque espero un mundo mejor
Para nosotros dos

Confío en los milagros
Porque espero un mundo mejor
Para ti y para mí

Cierro mis ojos y logro ver lo que pudo ser
El futuro está aquí dentro
Y aún no es tarde
Aún no es tarde

Vomito blanquiazul y se lo traga todo

Él me habla de judíos. Yo le hablo del Dépor. Parece israelí, de hecho, lo confunden por la calle y en los bares, pero es catalán. La primera vez que lo vi me dijo que toda su vida la había vivido sobre mentiras, que se había ido a Tel Aviv el año pasado porque estaba enamorado de una. El vómito lo recoge del suelo. Se lo lleva a la boca directamente desde la plaqueta sucia del baño, lo acumula en sus dedos larguísimos, lo sorbe con interés y luego saca la lengua diciendo «mira, ni una gota». Un catalán de Santa Maria de Palautordera es la pileta en la que echo toda la mierda deportivista que se me acumula en el cuerpo. Le interesa muchísimo, me acompaña en las jornadas y se preocupa muy honestamente por el devenir del equipo. Aquel partido mañanero contra el Málaga lo vimos sentados en el baño de la casa de un amigo después de una noche de drogas infernal. La gente iba entrando para mear y todos se preguntaban qué hacíamos allí clavados, comiéndonos el portátil. «Fútbol», decíamos. «El Dépor», decíamos, y hubo uno que dijo algo así como «¿really?» y a los dos nos dieron ganas de aplastarle el esófago.

Vivir en una ciudad como Berlín y que te guste el fútbol no es agradable, menos si eres del Deportivo. Durante los más de tres años (con cortes) que llevo en esta ciudad no he encontrado una puta oreja a la que le entre ni el más mínimo relato acerca de esta pasión. Sacas el tema y todos te miran, es sabido, con esa condescendencia imbécil acompañada de risita y hasta luego. Mierda pura. Pero ahora tengo un socio. Uno que, después estar horas fumando petas y contarle mil historias sobre Lendoiro llega al día siguiente y te dice que por la noche se puso a leer mil historias sobre Lendoiro. Siendo como es medio hincha (disculpad) del Barcelona todo esto es muy de agradecer. Otros barcelonistas te tratan como Cáritas y se adentran en terrenos pantanosos de los que luego salen pringados hasta las cejas. Él no. Con sus ojos de cernícalo que hace guardia en el Monte del Templo atrapa las sombras de un pasado cuya magia volteo. Arsenio, Stoja, Djalma, los coches tristes por Juan Flórez, las cervezas vacías, a todo le hace un hueco. Ahora vivirá el drama o la salvación, se sentará conmigo a cualquier hora para oír cómo me cago en todos los santos. Será, si me esfuerzo, uno más. Me dejaré la piel, la cabeza, me verá arder. Será mi lugar en el estadio, será el viejo de la boina con las chapas, la visión de los Blues, el olor cargado al entrar por la puerta 11, la Curva Delirio, tan maltrecha, pero que aún se agita. En el próximo partido agarraré su chaqueta porque es muy jodido estar solo. Los nervios se cuecen y la mala hostia cruje teñida de anhelo. Le hablaré de lo que es saltar sudando como un payaso, solo, solo y más solo en tu color, en tu puta cueva, lo que es encarar un pasillo sin luz y echar de menos tantas cosas. Le diré que en el futuro nos sentaremos allí y fumando unos cigarrillos veremos a mi gente temblar.

Captura de pantalla de 2015-05-11 18:30:43

Consigna

Como cientonueve toneladas de hormigón, una a una, como si formasen un gólem gigantesco que carga con parsimonia contra la acera, un paso detrás de otro, implacable pero cuidadoso para que no se desprendan las banderolas de los balcones. Por donde pasa crece la mala hierba más fuerte. Cadencia de ruido, ensordecedora y seca, un hedor a cloro que lo conquiste todo. A sus pies van sorteando las cargas milicias salvajes, salteando los destrozos, ganando terreno a base de rasgar el aire y correr a través de las hogueras en un forcejeo eterno y criminal. Como una expedición al corazón de la mina, estábamos equivocados pero estaremos en lo cierto, no tenemos porque querer lo que tenemos, no tenemos porque temer lo que tememos, el gigante sigue en marcha.

Incidiendo en el aburrimiento atroz, ríos de arena que llenan las aceras como una lengua de lava, como disparos rompiendo la tensión superficial y ahogando a los insectos, como Sísifo en una lucha que no termina pero solo durará un segundo, es esa y no otra la estampida imparable al gol.

La hoja de ruta del «no vamos a ninguna parte», la grada llena de niebla, de gritos de óxido, rehenes de lo que sea con lágrimas de cocacola. Tras el despiece: asfalto ardiendo y tú buscando las gafas en el tumulto. Los aviones vuelan locos mientras corremos, cines ardiendo, prisioneros de algo que no conocemos y que solo sabemos expulsar mediante la auto-lesión. Nos siguen vomitando las madrigueras como a habitantes asfixiados, como un ciclón por sorpresa y por definición todo acaba por llegar.

Las precauciones son las mismas y la canción suena igual: en la portería Fabricio Agosto. Lo que viene después debe ser temido. Lo que viene después será temido. La consigna sobre una bandera negra, como un arma abandonada en la hierba: golpear hasta vencer, golpear aún olvidándonos de vencer, como un buey embistiendo contra la pared infinita. Aquí somos. Suena el silbato.

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Tristeza

General es la grada que más cerca de mi casa. La grada a la que acude la mayor parte de gente de mi barrio. Pero yo nunca he estado en General. Sí en la superior, donde me hice mucho daño en el dedo gordo de un pie mientras le daba una patada a una valla con motivo de alguna ocasión errada durante aquel infausto Deportivo-Valencia. Solo me he acercado al fondo de General, mi grada si de localización geográfica hablamos, para ver de primera mano las pintadas y para presentar mis respetos a un asesinado. No me siento cómodo rodeado de excitación extrema, de esa mezcla de pasión y locura que reina en los fondos ultra. Los veo de lejos y me gustan, pero no me atrae integrarme en ellos.

Hace tres meses un aficionado del Deportivo fue asesinado. Muchos reclamaron medidas, enmiendas a la totalidad. Hubo aspavientos. Hubo comunicados, desmentidos, notas informativas. Y los que están al mando han, por fin, acudido a complacer a aquella gente que quiso cambiarlo todo. Hoy se hacían públicas una serie de medidas que, en la práctica, significan la ilegalización de Riazor Blues en su casa, que es Riazor. Pero eso no me preocupa. Miento, sí me preocupa, pero me preocupa menos que otro tema. La LFP, dos semanas después de rechazar adherirse a una campaña contra la homofobia, ha decidido que tú eres el culpable de lo que pasó hace tres meses. Prohíbe o insta a prohibir los mensajes reivindicativos, de carácter social o político, de carácter comercial o religioso, sean cánticos o pancartas.

El fútbol, dicen, no es espacio para aquellas cosas que son ajenas al deporte.

El tema de conversación en las redes sociales hoy es, en cambio, un rumor y el desmentido público por parte del presidente más poderoso del fútbol español. Creo que tras 27 años aún no he entendido bien lo que es y lo que no es ajeno al deporte. Bueno, al fútbol.

lfp