Barcelona – Dépor, J15

Jornada 15 de la Liga BBVA 2015-2016. Sábado 12 de diciembre.

F.C. Barcelona 2 – 2 R.C. Deportivo (Messi, 38; Rakitic, 62; Lucas Pérez, 77; Álex Bergantiños, 86)

Estaban citados a las nueve para desayunar, pero él puso el despertador a las 7 para hacer Skype con la mujer, que le atiende con Daniela en brazos. “Que dice que voy a jugar yo solo en el medio, que bien me apaño”. La mujer asiente y le pregunta dónde ha puesto las diademas de la chavala. Mientras JuanDo, compañero de habitación y centro del campo, duerme boca abajo. Aparece Lucas a las 8 petando en la puerta. Porque los coruños petan, no llaman. Le ha robado el mate a Jona y viene con la idea de hacerle cosquillas en los pies a Juan. Al ver a Lucas, Daniela rompe a llorar y deciden colgar. “A ver neno, que he soñado que hoy marcas”, dice el de Monelos mientras mira el móvil para ver cuándo juega el Santa Margarita. Álex no contesta, ordena sus cosas y se queja entre dientes porque Juan tiene los gallumbos y los calcetines tirados por el suelo. Lucas insiste: “no pases mía que vas a marcar hoy”. JuanDo sigue durmiendo, Lucas se aburre y agarra unos calcetos para dar toques con ellos, Álex calla y ordena. Son menos diez. Álex despierta a Juan, le dice dónde le ha dejado el chándal del equipo, manda a Lucas a devolverle el mate a Jona y baja a desayunar.

Cuando entraba el balón en la portería del Barcelona, solo podía pensar que se lo merece, que no hay nadie más en el equipo que se lo merezca tanto. Me lo imaginé en su piso de Tarragona, viendo partidos del Dépor de Lotina con el pijama puesto y pensando que igual él podía haber hecho más que Antonio Tomás o Rubén Pérez. Conjurándose para aprender lo que hasta los 26 no había sabido aprender. Mentalizándose para convencer. Me lo imaginé también el día del Recre asomando su cabecita por el túnel de vestuarios diez minutos antes del comienzo para ver aquello que hicieron los Blues con los paraguas blanquiazules. Atenazado ante su debut, pensando en lo que hubiera disfrutado él de eso desde la grada, pero orgulloso y cabezón. Soy incapaz en cambio de imaginarme de qué habla con JuanDo cuando hablan. Si es que hablan. Igual no le ponen palabras a esa relación a la que llevamos cuatro años enganchados y eso me parece aún más bonito.
Pero si me acordé especialmente de algo cuando el balón entró no fue siquiera de su otro gol en primera, también al Barcelona y también en una remontada aunque al final no lo fuera. Me acordé mucho de Bilbao pero no de su sobrecogedora celebración, rodillas en el suelo y vomitando un grito desde lo más profundo de su ser. Me acordé sobre todas las cosas del gol que le robaron aquel día. De su indisimulable desesperación acumulada en unos ojos que casi lagrimeaban. Él, que lo había dado todo, no merecía otra cosa que una alegría descomunal en un escenario descomunal. Por aquel día de Bilbao y por todos los días en los que ha trabajado para ser mejor y mejor y mejor hasta poder ser, sea por casualidad o no, el único mediocentro de un equipo que compite y empata en el Camp Nou. Desde fuera igual no parece gran cosa, pero os prometo que a mí hacía tiempo que no me emocionaba tanto el puto fútbol.

Porque su frente es un pergamino donde se cruzan dolor, magia, llanto, esperas atrofiadas, cesiones tristes, infinitas. Porque su garganta tensa hace añicos un camino lleno de obstáculos. Porque su mirada espera entre juncos, matas, alambradas. Porque es él quién no desespera ni un solo instante. Porque es él quién se calza las botas por amor con una insignia chantada en frente animal, rocosa, que es espejo de todos los deportivistas, también de aquellos que pudieron perder la fe en el Bergantiños que no valía. Porque tensa es su frente y también su peso y su tráquea y su remate y porque JUGARÁ ÉL SOLO y los verá llegar en bandadas, regateando con luces y gafas de sol y anuncios de refrescos pero a todos destrozará con ojos salvajes y sabia carnicería. Porque cerrará y derribará y a todo llegará. Porque esa mirada que tanto ha esperado en otras tierras, en rincones oscuros, da con la clave de nuestros corazones y vuelve a esperar sin claudicar NI UN JODIDO INSTANTE. Porque esa cara de acero esconde un monstruo de amor y una flor del tiempo. Porque alrededor de su grito leemos poseídos la música de lo que somos: DE-POR-TI-VO.

_MG_4394

Anuncios

Almería – Dépor, J25

Jornada 25 de la Liga BBVA 2014-2015. Sábado 28 de febrero.

Almería C.F. 0 – 0 R.C. Deportivo

Una semana después empiezo a tener la sensación de que se me ha pasado la resaca. Bueno, no. Todavía no tengo ganas de emborracharme otra vez, así que no. Sigo resacoso y deprimido. Resacoso porque bebí como si no hubiese mañana desde 24 horas antes del derbi. Y total, al final no hubo mañana, así que debí hacer bien. Deprimido porque lo suyo sería que todo esto me importase una mierda, como a una grupi del instagram de Lopo que se lo hubiese follado esa misma noche, así a lo cerdo, con la peluca y la tarjeta roja todavía pringando sudor.

Pero no. La abominable realidad es que me siento como un yonki que se cruza con su peor enemigo en el portal de la casa de su camello y al subir las escaleras descubre que “lo siento tío, acabo de vender lo último”. Hay muchos vasos que apestan a ginebra o ron garrafonesco que pueden atestiguar que más de uno y de dos pagaríamos barbaridades por ese último chute que se han llevado. Dame la puta droga y haré gustoso penitencia de un año en Segunda, que de Madrid hacia arriba ya he probado el agüilla del suelo de todos los tugurios.

En el instituto no había tanto alcohol y ni siquiera follaba, pero todo era mejor, sobre todo cuando perdíamos. Los del Vigo se ponían así como son ellos, con ese cándido orgullo de cristal; pero los nuestros hacíamos piña y nos la sudaba todo, porque éramos nosotros. Nosotros, qué palabra jodida. Ahora ya no, ahora somos más como ese colega que siempre quiere pegarse con alguien cuando bebe un poco y con sus propios amigos cuando se lo bebe todo. Damos asco y creo que por eso sigo teniendo resaca, seguramente por eso prefiero autocompadecerme viendo la Paramount en un hotel que tragarme la derrota a medias con Adrián.

De modo que ahora Almería. Los bares cierran aunque estés a punto de convencerla y la liga sigue aunque claves el colmillo en la lona. El mundo se va al carajo, a quién cojones le puede importar Almería por muy sábado que sea de nuevo. Encima les quitan tres puntos justo antes de jugar contra nosotros, verás como somos tan gilipollas de regalarles lo último a nuestro enemigo. Pero si tengo un canuto me lo fumo aunque lo haya dejado y si tengo una navaja me corto las venas. Voy a ver el partido y tendré los benditos huevos de gritar cuando rojadirecta falle y de resoplar cuando piense en por qué no fichamos nosotros a Hemed, a Thievy o a Juan Ignacio.

Ahora me acuerdo de un celeste que conocí el sábado del derbi en la previa. El cabrón me ganó un cubata porque se acordaba exactamente del año en que habían ganado por última vez en Riazor. Bueno, qué digo del año, el tipo se acordaba hasta del árbitro. Mucho tampoco ganó, porque si dejé vendidos a mis colegas no iba a presentarme tras el partido a pagarle la copa, que era lo pactado. No me arrepiento, pero creo que él sí hubiese aparecido si le hubiese tocado pagar; y pienso que a lo mejor son mejores personas que nosotros. Probablemente lo sean y por culpa de eso tengo una cosa más que me importa una mierda en la que pensar.

Total, que al final lo de Almería nada. Dominar, gobernar, controlar, mandar; todo suena demasiado autoritario para la sensación sumisa de que nos están dando por culo a nosotros. Nosotros, qué palabra jodida. Es sábado y sigo teniendo resaca, todavía no tengo ganas de emborracharme de nuevo. Sólo quiero que llegue otro sábado y entonces Sevilla, entonces quizá llegar a tiempo a casa del camello, quizá beber todos los cubatas que perdimos contra los vigueses. Nosotros, no sólo yo ni yo solo.

Emeka Ezeugo

hostal

Murcia-Dépor, J25. La crisis.

Jornada 25 de la Liga Adelante 2013-2014. Domingo 9 de febrero.
Real Murcia 1-0 R.C. Deportivo (Dorca, 41).

Era una crisis de valores, que estábamos sufriendo todos y por culpa nuestra, ojo, porque habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades.

Estaba todo muy claro hasta que nos dimos cuenta de que no era una crisis de valores: nos habían robado siempre, y antes, cuando los buenos valores, incluso las monjas robaban bebés. Ya sólo les quedaban dos coartadas: que vivimos por encima de nuestras posibilidades y que la crisis la sufrimos todos. Que todos lo estamos pasando mal. ¿Está claro, no? Los niños vuelven a comer muchas patatas y a no quitarse el pijama para ir al colegio. Pero, ¿y ese pequeño inversor inmobiliario que ha tenido que vender su Porsche Cayenne? ¿Eh? ¿Y ese otro que ya no puede invitar a gamba roja a todo dios? Parece que la crisis al final era eso, que todos vivamos un poco peor, menos los que nunca vivirán peor.

Mira al Deportivo y al Murcia, por ejemplo. Uno ganaba títulos y tenía a Fran, a Bebeto y a Mauro Silva, y luego a Rivaldo, a Djalminha, a Valerón. Tenía hasta a Coloccini, y quizá no era consciente de tanta dicha. Y el otro quería hacer lo mismo, y no había manera. Pero al menos subía a Primera de vez en cuando, y tenía a Jensen y a Hurtado, y luego a Baiano. Y míralos hoy en Nueva Condomina, austeros, maldita sea esta crisis que todos sufrimos. Qué ruina. ¿Y tú cuánto debes? ¿Seguiremos vivos al final de temporada? ¿Qué hacemos con Hacienda? Dos rivales de siempre, enfrentados como dos enemigos íntimos que se juntan en un bar a comentar su decadencia, maldita crisis, pero que vuelven a luchar por la rubia de la barra, que ya no es tan atractiva, pero qué diablos, sigue valiendo tres puntos.

Y la batalla por la rubia fue como la de los viejos tiempos. Con lo que cada uno tiene ahora. Con esa impresión inicial de que a las chicas le siguen gustando los Salomaos, claro, de que en cualquier momento los gallegos invitarían a una ronda y se la llevarían fácil. ¿Pero alguien piensa que en la Segunda A actual se folla fácil? En este bar, las cervezas, o el ambiente áspero, o a saber qué, iguala las fuerzas todas las tardes. Y el Murcia de este año pasa hambre, pero viste de manera impecable, y cuando se echa colonia puede llegar a parecer guapo.

O puede que sea la maldita crisis, que sí la sufrimos todos, menos los grandes. Que ya nadie puede invitar a gamba roja, y Casto, Molinero y Toribio no sean menos que Fabricio, Laure y Bergantiños, que Eddy tenga prisa por dejar de comer patatas y que Toché esté cerca de vender el Porsche Cayenne. Y la rubia, que se podía haber ido con cualquiera, se fue con un Murcia que insiste tanto que termina por tener su encanto, como el partido, en el que Murcia y Deportivo recordaron los buenos tiempos, hablaron de sus achaques y se despidieron con esa tristeza de los que no saben si se volverán a ver algún día.

No era una crisis de valores, pero parece que sí la sufrimos todos, menos los que nunca sufren. ¿Y la culpa es nuestra? ¿Vivimos por encima de nuestras posibilidades? Cuentan que al final del partido, Kike García se acercó a Marchena y le preguntó, preocupado: “Carlos, ¿hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, tío?”. Y el central, con una sonrisa, abrazó al delantero y le contestó: “¿Acaso hay otra manera de vivir?”.

sadman*Esta crónica es fruto de la colaboración con Mondo Moyano.

Una odisea ibérica

1079798_332015233600289_329057490_a

“Hay más posibilidades de ver a un cerdo volando por encima del Bernabéu que de que yo rectifique”

El primer cerdo volando que ví en mi vida no fue el de Pink Floyd. En la edad de oro de su carrera como entrenador John Benjamin Toshack era un dandy, un outsider a lo Frank Zappa. JB supo integrarse en una nueva cultura (blanca), con tipos como José María García y la gente del Marca. El titular de dicho periódico con el cerdo volando fue, es y será la portada de una Ópera Rock llena de ritmos transgresores y melodías que rozan lo épico. A pesar de no vender muchos discos, con esta obra de arte se ganó un despido y 500 millones de pesetas de indemnización: sus palabras generaron ríos de tinta que bañaron las comidas de navidad de gran parte del país en el año 1999 (sin olvidarnos de todos los hits que fue dejando en su odisea ibérica). Mucho antes de que otro profano como Mourinho se colase en los sueños, deseos y pesadillas de muchos periodistas, las intervenciones de JB en el teatro de las ruedas de prensa y las entrevistas de la casa blanca dejaron perlas que todavía huelen frescas. Lo realizado como entrenador a nivel deportivo y a nivel de comunicación durante sus dos etapas en el Real Madrid ha dejado un legado conservado durante quince años y en el cual José Mourinho ha puesto la última piedra. La verdad es que, antes de hablar de Mou, prefiero imaginarme los jetos de Anelka mientras viciaba con la PS ONE, pero eso es otra historia.

“Soy un cabrón simpático”

En su segundo año en A Coruña y tras una larga racha si perder en Liga, llega el Barça y vence a un Dépor a golpe de talonario pero sin capacidad para encandilar a la torcida. Tras la derrota, JB declara que el 30 de junio deja el club y la gente explota con un “go home, J”. En ese momento, como diría Cañita, se rumorea que Johan Cruyff o Luís Aragonés podrían sucederle. Parecía que el banquillo blanquiazul gozaba de un alto prestigio, pero amigo mío: era sólo un oasis en el desierto. De Corral y Silva poco se puede decir, pero qué gozada suponía ver a Mickael Madar congelado el aire, dentro del área rival, con esa melena a lo último mohicano. Es interesante ver a Toshack como todo lo contrario a su antecesor, Arsenio. Si la relación del Zorro de Arteixo con la afición se asemejaba a un matrimonio santificado, la llegada del galés supuso un periodo de paganismo, lujuria, infidelidad y magia negra. El oscuro ritual comenzó nada más llegar a Alvedro, cuando los periodistas fueron de caza a por el nuevo coach y se toparon con un tajante rechazo por parte de JB: ese mismo día concedió una entrevista exclusiva a José María García y el día de la presentación iba acompañado por dos redactores de Marca. Como si se tratara de un chamán, un santero o un orisha, JB cuidaba mucho su imagen para que el ritual tuviera el poder hipnótico necesario. En París, antes de aquella semifinal de Recopa contra el PSG, cuentan que se presentó en rueda de prensa con una poción mágica de sangre de unicornio. En Chipre, atendió a los periodistas en el hotel vestido con un bañador y con una birra en la mano.

“Los lunes siempre pienso en cambiar a diez jugadores, los martes a siete u ocho, los jueves a cuatro, los viernes a dos y el sábado ya pienso que tienen que jugar los mismos cabrones”

Que su Madrid con Schuster, Míchel o Hugo Sánchez lograra el que hasta hace poco era el récord de goles en Primera no asegura que la preparación de sus equipos fuese un punto fuerte: a falta de controles anti-dopping, nadie sabe si el brebaje mágico de JB podía mejorar el rendimiento deportivo de sus pupilos. Fuera como fuese, en el Deportivo no funcionó, aquí somos más de ajos y meigas. No le quedaba más remedio que sacar a relucir una de sus mayores virtudes, la motivación. Si no, pregúntenle a Paco Jémez:

Era un tipo que no tenía medida, la verdad. Era como era, pero era muy gracioso. Recuerdo un entrenamiento en el que yo tenía una molestia en el tobillo, que te lo vendabas como podías y tirabas, pero me dolía de verdad y no podía. Estábamos chutando a puerta y yo le estaba dando fatal. Entonces se me quedó mirando: “Qué te pasa?” preguntó. “Pues que cuando le pego al balón me duele”. Y contestó con su acento galés: “Sí, ya, ya, ya. A todos también nos duele cuando le pegas al balón”. Era un tío gracioso, pero había que aguantarlo.

Y la de Bebeto, joder. Salimos a jugar la primera parte contra el Albacete, el brasileño tuvo dos de esas que nunca fallaba y no las metió. Bebeto decía: “me cago en el puto sol”. Es cierto que el sol se ponía por la portería de Marathon y es cierto que él no era de buscar excusas. Pues en el descanso, una vez en vestuarios, Tosahck no le dijo nada especial, pero le dejó caer que había fallado dos. Ellos ya tenían muy mala relación y entonces hubo un momento en el que Bebeto se vió agredido, acosado, parecía que el otro le estaba culpando y dijo, me acuerdo como si fuera hoy: “Crees que yo tengo la culpa? Muy bien, vamos cero a cero. No hay ningún problema, me voy a mi casa”. Se quitó la camiseta, las botas y se fue a la ducha. Tuvimos que ir detrás Mauro, Donato y yo, los que llevábamos tiempo allí, y él: “No, no, no juego más en este equipo”. Lo tuvimos que sacar de la ducha entre todos, decirle que no le diese importancia, secarlo, volverlo a vestir, y cuando salió al campo… cuatro. Metió cuatro. En nada, en diez minutos. Si le ves volver al vestuario buscando a Toshack como una fiera. Y el galés nada, ya no estaba, se había ido al hotel.

“Chernóbil? creía que era un lateral izquierdo del Dinamo de Kiev”