Dépor – Barça, J34

Jornada 34 de la Liga BBVA 2015-2016. Miércoles 20 de abril.

R.C. Deportivo 0 – 8 F.C. Barcelona (Luis Suárez, 11, 24, 53, 64; Rakitic, 46; Messi, 73; Bartra, 79; Neymar, 81).

Cando Luisinho pediu un pingado no Delicias, xa sabia que esa noite non seria titular.

– ¿Qué, Luisi, qué te parece lo del Axel?

– Non gosto disse rapaz.

Todos no barrio sabian ben que con el se podia falar de AC-DC, pois adoitaba facer os mandados nesas mañás que tiña libres con un chándal vello do Sporting e unha camiseta do grupo australiano. Camiñaba a modo pola Falperra, baixaba as escaleiras e a miúdo deixábase ver pola cafetaria. A xente que tamén paraba por ali dicia que semellaba un tipo tranquilo.

– Que dis, oh. Si es un fenómeno. Mira, te enseño.

E o coruñés que o atendia detrás da barra deixou de prestarlle atención ao café que estaba a se facer na máquina e sacou o móbil para ensinarlle uns vídeos no youtube. Luisinho finxiu interese, pero pensaba no Leganés.

Sábese mais fóra que dentro do clube e leva xa tempo pensando moito no lugar no que lle gustaria seguir a súa carreira. En certo modo botaba a faltar unha gran cidade preto da que vivir, tal e como lle ocorrera nos seus primeiros anos. Leganés parecía unha boa opción, preguntáralle a Insua e ia vendo os partidos que podia confiando no ascenso. Alcorcón ou Getafe, por que non. Rayo e Espanyol, en cambio, interesábanlle tanto comos os vídeos que lle estaba a ensinar o camareiro.

– Un fenómeno, hombre, que te lo digo yo.

Realmente, estaba un pouco farto do Axl. Indo cara a mesa onde sentou, fixo un aceno como de coller o Marca, pero arrepentiuse á metade do camiño. Luisinho xa non lia a prensa porque cada dia lle gustaban menos os adxectivos. Dalgún modo, comprendia a Luis Enrique. Sentou e adicouse a mirar o tráfico pola xanela do local.

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Montado no bus que chegaba ao estadio, viu ao presi na porta do Playa. Fumaba un habano dun palmo de lonxitude e parecéuselle mais que nunca ao empresario que saía na portada da versión ilustrada do Capital que tiñan os seus avós na casa. Algún dia, pensou, arréolle. Tino ergueu a vista e as súas miradas se cruzaron. Luisinho saudou timidamente. No fondo, aquel lambón caíalle ben.

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No descanso, 0-2 no marcador. Lembranzas dos últimos partidos que xogaran frente ao Barça nas cabezas dalgún dos xogadores. A charla adicada a esas lembranzas. Pero non. El sabia o que ia pasar de seguido desde que viu o empurrón de Suárez a Sidnei. Sabíao desde que viu que non ia xogar o partido. Non, isto non o sabia, pero pensou que si ao final do partido. Mirou mal a Manu cando o viu e rosmoulle algo nun portugués fechado que nen el mesmo soubo de onde saía. Un par de minutos despois achegouse a el e fíxolle un lixeiro agarimo. O rapaz estaba totalmente esnaquizado. Por dentro, só pensaba na carraxe que ia sentir cando escoitara falar de vergoña, de humillación, de esforzo. Que sabian eles? Sentou nun banco do vestiario e decidiu que hai temporadas nas que sae todo mal. Vidas enteiras nas que sae todo mal. E que que saia todo mal era algo que só lle podia importar a alguén coma Víctor Sánchez ou ao Tino do puro que vira dende o bus. Eles non eran dos seus. Arribas. Arribas seguro que tamén estaba máis jodido hoxe que o dia do Granada.

Ao chegar a casa, o seu fillo maior xa estaba deitado, aínda que esperaba esperto a que voltara o seu pai. Sen saber por que, faloulle en castelán, nun castelán perfecto repetiu as palabras que lera nalgún momento e non podia lembrar onde:  “siempre con el equipo. Siempre, en cualquier circunstancia y sin ninguna condición, con los once (catorce) hijos de puta que ponen su cara en el césped”. Púxolle a manta por riba e mirouno pechar os ollos. Xa verás que ben van sair as cousas en Leganés.

lucas

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Vigo – Dépor, J31

Jornada 31 de la Liga BBVA 2015-2016. Sábado 2 de abril.

R.C. Celta 1 – 1 R.C. Deportivo (Borges, 21; Nolito, 30)

Parte de Balaídos se inunda cuando llueve mucho. Es una parte similar a lo que sería el parking de Riazor-Esclavas y la zona de entrada a la grada de Pabellón. Cuando llueve realmente fuerte, incluso la circulación por las calles aledañas al estadio se ve afectada. Dicen los que dicen que saben que estas inundaciones se deben al río Lagares, que circula por debajo del estadio y parece que desborda cuando su caudal aumenta a causa de las precipitaciones. El río Lagares da nombre a la grada de Río y yo tampoco soy mucho de fiarme de los que dicen que saben, pero no parece una mala teoría. En Vigo llueve mucho con bastante frecuencia.

La grada de Río es la más nueva del estadio y en la que las actuales obras de reforma son más evidentes, visto por televisión. En esta grada te mojas si llueve y hace viento, tal y como en nuestra preferencia. En Vigo llueve y hace viento con bastante frecuencia.

Hay una parte del celtismo a la que se le inunda parte del cerebro cuando llueven las buenas noticias. En Vigo no solían llover las buenas noticias para el Celta con frecuencia, pero sí lo hacen recientemente. Salidos ya de la vorágine financiera y con una generación de jóvenes difícil de repetir, las cabezas están llenas de agua. Y el agua brota como un torrente de palabras que acude a la boca con el único propósito de ser repetidas una vez tras otra. No hace tanto lo más importante era tener muchos jugadores de la cantera. Decenas de ellos. O gallegos, aunque no fueran de la cantera. Otras veces ha sido el fútbol de salón, la IFFHS o que llevan tropecientas temporadas en la máxima categoría. El tema es cambiante e irrelevante, el caso es repetirlo hasta la saciedad. Y en esas estamos, que han impregnado su estadio con un logo horrible que hace pasar por título la más absoluta intrascendencia futbolística, social y competitiva de 50 temporadas en Primera División. De la cantera y de esa generación que será la mejor que jamás vea A Madroa pocos de ellos se acuerdan ya, porque la Champions está a tiro, o eso dicen.

Hay una parte del celtismo empeñada en hacerle el juego hasta al más limitado de los deportivistas, asumiendo un discurso insostenible que supuestamente basan en la realidad pero que está ridículamente fuera de ella. Cojamos como ejemplo la supuesta tradición que, incluso, llega a aparecer en el himno. La tradición resumida en este dato. Ese celtismo nos provee en cada derbi o en cada alusión de una imaginería que igual no hace justicia a todo el conjunto pero que nos gusta pensar que sí. Porque es divertido. Es divertido porque el derbi que nos une es el más igualado que podíamos tener y, de haber diferencias, están en los detalles. Es divertido porque es un derbi que, aún cuando está desequilibrado a nivel de clasificación, sigue siendo igualado. No hay que añadirle mucho más, la verdad, para disfrutarlo.

El Celta es, a día de hoy, mejor equipo que el Deportivo. No duele decirlo y no hace falta adjetivarlo, pero sí colocarle una adversativa. Es mejor, salvo en los derbis. Esto concede un mérito algo limitado al buen trabajo que los nuestros hicieron en campo vigués. Fue un empate y pudo ser una victoria, sí, pero no lo fue y para hablar de méritos se lo dejamos a los expertos en resultados a posteriori. Fernández Borbalán seguramente se equivocó expulsando a Arribas, pero fue un error comprensible, no como los del día de Villarreal. El gol de Borges fue precioso y la vuelta de Sidnei una confirmación de lo radicalmente importante que fue su baja. Con él en el campo, el Dépor se parece más al de la primera vuelta. Por rachas, no le da al equipo para mantener 90 minutos a ese nivel, pero las líneas juntas y la defensa tanto lejos como dentro del área mostraron, igual que en la ida, las carencias de un Celta inane a la hora de atacar la portería defendida por un señor por barba que nadie sabe muy bien dónde encontramos. Lucas y Luis soltaron un par de pishas, Fede acompañó con su habitual galería de aciertos y errores garrafales y la cosa tampoco fue a más porque había un récord que batir. Son 16 empates en esta temporada, récord histórico del club y a uno del récord absoluto de la Primera División. No sé a vosotros, pero a mí me hace mucha ilusión batir récords. Mientras tanto, la imaginería del vigués seguirá creciendo en Coruña a costa de un Balaídos desangelado y un mosaico en la grada de Río que permanecerá para siempre en nuestra memoria colectiva.

 

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Athletic – Dépor, J27

Jornada 27 de la Liga BBVA 2015-2016. Miércoles 2 de marzo.

Athletic Club 4 – 1 R.C. Deportivo (Muniain, 13, Aduriz, 36, 53, 60; Oriol Riera, 51)

Cuando juega el Dépor yo ya solo puedo pensar en Borxa y Souto. Borxa ni siquiera se llama así, pero nos creemos su hiperenxebrismo. Borxa puede asustar porque te cuenta su oscuridad mientras sostiene su corazón palpitante en las manos, pero su sentido de la lealtad se lo ha traído de otra época. A Souto lo conocí hace poco, visitando a Borxa. Me lo presentaron como uno de los artífices de esta genialidad y vimos juntos un 0-0 del Hertha. Recuerdos inolvidables de los que unen para siempre.

Los dos viven en Berlín y cuando juega el Dépor yo ya solo puedo pensar en ellos vagando por Sonnenallee, buscando un Sportwetten en el que concidir con gente de nacionalidades extrañas. Al final lo único que me interesa es eso, imaginarlos comentando el partido con un ludópata egipcio, aficionado de Al Masry y superviviente de la masacre de Port Said. ¿Qué gracia tiene lo demás cuando uno puede dedicarse a imaginar qué están haciendo Borxa y Souto mientras ven al Dépor?

Llevábamos ya un tiempo avisando de la decrepitud que asomaba en cada partido. Pensemos otra vez en Berlín. En Berlín nieva y, los primeros días, la ciudad cubierta de nieve puede engañar. Brilla y es esponjosa. Pero esos días pasan y la nieve se junta con el barro, aparece el hielo y el frío empieza a doler. Cuando la nieve se va, la ciudad ya no es brillante ni esponjosa. Está sucia, muy sucia, y desvencijada. Eso fue el Dépor ayer y eso fue el Dépor el sábado, aunque al Granada le costó más aprovecharlo. Un equipo sucio y desvencijado donde antes había brillo y esponjosidad. Un equipo que ya no es una foto de Tumblr y sí una calle llena de mierdas de perro sin recoger por la que Aduriz y Susaeta se pasearon sin mancharse.

Cuando juega el Dépor yo ya solo pienso en Borxa y Souto volviendo a casa, abrigados y esquivando las minas por una de esas calles. Pensando que ya poco queda a lo que agarrarse de aquí a mayo, mientras discuten por qué Mosquera era rubio cuando recorría el paseo en agosto y ahora tiene el pelo más oscuro. Por qué Navarro arrastra esa fama de ultracompetitividad y siempre concede por su banda un par de acciones que son de gol o gol. Por qué Víctor hace valoraciones realmente positivas de las deprimentes actuaciones de sus jugadores. Por qué ya no funciona lo que funcionaba. Pensar en Borxa y Souto me hace estar más cerca de casa, que no sé dónde es pero sí sé lo que es.

Y os digo la verdad cuando confieso que, si no pensara en Borxa y Souto cuando juega el Dépor, si no me sintiera más cerca de casa cuando me siento delante del stream, yo ya no vería los partidos.

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Dépor – Betis, J24

Jornada 24 de la Liga BBVA 2015-2016. Sábado 13 de febrero de 2016.

R.C. Deportivo 2 – 2 Real Betis Balompié (Álex Bergantiños, 15; Musonda, 20; Vargas, 37;  Fajr, 51)

El Dépor es un globo que se deshincha. Es algo evidente para cualquiera que vea sus (todavía buenos) partidos. Sea la efectividad o un error grosero en una zona de riesgo, siempre hay algo que no funciona y el resultado es un empate. El Dépor es un globo que se deshincha y yo no sé si sabéis por qué los globos se deshinchan.

Os lo explico.

Pongamos que el globo está lleno de helio (He). El He es un gas monoatómico y muy ligero. Gas noble e inerte, es muy adecuado para diversas tareas en las que se requiere un gas más ligero que el aire y que no sea peligroso. Hinchar globos es una de esas tareas, quizá la más conocida y menos importante. Al ser moléculas tan pequeñas y al no existir He en el exterior del globo, es fácil para ellas difundir a través de la estrecha superficie plástica que separa interior y exterior del mismo. Pero el He es un material escaso y ciertamente caro para realizar semejante labor, por eso el hinchado de globos se realiza con una mezcla de He y aire, dice internet que al 30/70, de tal manera que se asegura la flotabilidad del globo. Las moléculas presentes en el aire (N2 y O2), en cambio, son bastante más grandes y pesadas que las de He y, al haber aire también en el exterior, no se ven impulsadas a salir del mismo salvo por la diferencia de presión entre exterior e interior. Por esta razón, los globos de aire duran más tiempo que los de He, pese a que no flotan.

El Dépor es un globo hinchado y aún no sabemos el porcentaje de aire que le hemos metido dentro ni cuánto nos va a durar rellenito y elástico. De momento sigue rebotando contra las paredes mientras cae en la tabla con empates en los que deja la sensación de merecer más, especialmente cuando juega en Riazor. Contra el Betis fue solo un ejemplo de lo ya vivido contra el Rayo, Valencia y Villarreal. Lucas y Luis Alberto se muestran cada día más moléculas de aire, retenidos en el globo mientras disfrutan combinando en tres cuartos o donde se encuentren, siendo peligrosos en casi cada momento del partido. Mosquera y Álex, en cambio, han huido del globo como pareja. Ni solidez ni fluidez. Y no es la primera vez que los vemos correr (a los dos a la vez) hacia atrás cuarenta metros, casi como el emigrante que vuelve a casa y no deja de pensar en que no se acuerda por qué se había ido. La defensa de las bandas y el área tampoco ayuda, el sábado agitada por un peruano pasado de kilos y un juvenil del Chelsea. En cambio Sidnei deja todavía la sensación de que es capaz de proteger el equipo (y a Arribas) aunque este juegue dejando a sus espaldas espacio para que aterrice un 747.

El Dépor es un globo hinchado y contra el Betis jugó bien, tuvo muchas ocasiones y no pudo ganar porque concedió tres ocasiones que no se pueden conceder. La efectividad va y viene, pero preocupa que los regalos sean la consecuencia visible de la falta de un objetivo claro de aquí a final de temporada. Por lo menos, con los rebotes de este globo que se nos desinfla entre las manos nos lo estamos pasando mejor que nunca.

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Dépor – Celta, J12

Jornada 12 de la Liga BBVA 2015-2016. Sábado 21 de noviembre.

R.C. Deportivo 2-0 R.C. Celta de Vigo (Lucas Pérez, 23; Jonny (en propia), 93)

Así es como siempre ha sido. Bueno, no. Así, tal y como fue, es como yo aprendí que siempre iba a ser. Ellos llegan con su noble xogo, su dignidad, sus aspavientos. Ellos llegan y se van, a veces con los puntos, con las Grandes Palabras en la boca, montados en La Verdad, teniendo La Razón. Sí, así es como lo aprendí yo y así lo vi suceder el sábado. Así los vi yo llegar por la Vedra, buscando desde los autobuses esa Coruña que sólo existe en su imaginación y la de alguno de nuestros anteriores alcaldes, presumiendo de un gallego que nunca encontré salvo como respuesta en siete años infiltrado tras sus líneas. Así es como siempre ha sido y lo demás es engañarse.

Si en el Matadero nos empujara otro -ismo que no fuera el oportunismo, si nos viéramos arrastrados por esa espiral de ventajismo, de revanchismo que genera una victoria, reiríamos. Reiríamos por la jugada de este derbi que recordaremos para siempre, por ese momento en el que El Único Celtista Que Ficharía toca el balón hacia atrás en dirección a su propia portería, reiríamos con la carrera desesperada de Sergio persiguiendo un balón inalcanzable con la grada de Blues justo en frente, reiríamos porque este esperpento fue causado por una ridícula presión de un Lucas cojo. Lucas otra vez, eh. Sonrisa. Pero no. No porque el Matadero es un lobby dispuesto a convenceros de que EÚCQF debe ser abducido para la causa y no pararemos hasta conseguirlo. Así que no, hoy no reiremos.

Decía que bajaba el Celta por la Vedra buscando lo que no existe y ya Lucas estaba fallando una ocasión a puerta vacía. Vimos el sábado a un Deportivo terso, punzante y audaz; pero fueron los minutos inciales los que convencieron a jugadores y aficionados de que aquel Celta que llegaba a Riazor tras haber prendido fuego a todos los estadios que había visitado hasta el momento era el mismo Celta de las Grandes Palabras que siempre hemos conocido. Con Nolito o Jesuli, con Orellana o Nenê. El mismo. En esos minutos quedó claro el plan que Víctor había trazado para competir con el habitualmente elevado caudal ofensivo de los celestes: línea bastante adelantada de presión en campo rival, búsqueda de uno de los dos puntas en profundidad tras recuperación a la espalda de los siempre superados laterales, que tampoco podían ser ayudados por los centrales debido a su insuficiente velocidad.

No fue, en cambio, el enésimo plan de Víctor el que le dio la victoria, sino el comportamiento de los jugadores bajo esas indicaciones. Excelso Mosquera en la generación, los apoyos y el cambio de orientación de los ataques, soberbio Álex en todo lo demás, inteligentes los profundos y bien acompasados movimientos de Lucas y Jona y muy dañina la flexibilidad de Cani y Luisinho, que alternaban jugadas interiores y exteriores con acierto constante. Fue precisamente una jugada del aragonés por la zona central la que generó el primer gol. Con su languidez habitual, retuvo el balón y se deshizo de dos rivales para ponerle un balón maravilloso al desmarque de Álex. El rebote de su remate solo tuvo que empujarlo Lucas en línea de gol. La siguiente jugada, el penalti de Navarro tras una aislada internada de Aspas, puso el protagonismo de Lux al mismo nivel que su implicación. Cani, en su mejor partido como blanquiazul; Álex ganándose el puesto como sustituto de Borges en su primera oportunidad de la temporada; Lucas como siempre; Lux con su merecida aparición para rescatar al equipo. Todo bien, Víctor, todo bien.

Cedió el control del balón el Dépor durante el resto del partido, pero no el dominio. Apenas sufrió hasta el tramo final gracias a que, entre otras cosas, Sidnei y Arribas se impusieron con claridad a todo aquel que se acercaba al área blanquiazul. Si el partido nos dejó algo más fue el bello homenaje de Víctor a Irureta apuntalando el equipo con un doble doble lateral que prácticamente cerró el partido hasta la desafortunada (qué digo desafortunada, desafortunadísima) acción del gol en propia meta de Jonny Castro. Y allí se fueron ellos, los autobuses llenos de datos que desmostraban que el resultado no había hecho Justicia, hablando de Intensidad, hablando de Posesión y otras cosas que nadie acababa de entender muy bien. Allí se fueron como habían llegado, actuando como siempre actúan en la derrota. Bueno, otra vez será. Gracias por venir.

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Escenas potenciales para “Sala Calvet” (II)

Fajr fumando. Subido a uno de los muros laterales de Meicende y fumando. Camiseta de tiras, piel oscura y ajada, increpando al lateral derecho del Oza Juvenil cadete. A Fajr no le gusta su pelo brillante al sol de septiembre. Alguien despeja con contundencia y el balón rueda por una de esas cuestas que rodean el campo. Fajr y sus colegas corren tras él.

Víctor organiza una sesión de vídeo en la macropantalla de Pabellón. Todos se sientan en el césped y atienden, mientras Sidnei mira embobado hacia la de Marathon sin poder para de imaginar lo bonito que sería visionar Tabu de Miguel Gomes en aquella descomunal superficie. Al acabar la sesión llama a su mejor amigo de la infancia, un brasileño rubio y homosexual que da clases en la Sorbona y le habla en blanco y negro de su nueva novia.

Luisinho en la Vedra. Atasco. Llueve. Escucha música brasileira en el 101.5 de la FM, Radio Oleiros. Maldice mientras masca chicle. Hoy llega tarde a entrenar.

Laure probándose pantalones en el ZARA de Juana de Vega. Una dependienta lo reconoce mientras entra en los probadores. “Joder, he vuelto a coger unos slim fit” es la única frase que le escucha.

Mosquera va hacia las duchas en los vestuarios. Se cruza con Lucas, recién llegado de recoger las últimas cajas de la mudanza desde Salónica, y a este se le escapa una colleja. Cuando vuelve a su sitio a secarse descubre que le han mangado las Etnies.

Un restaurante canario cerca de Doniños. Manuel Pablo ha invitado a cenar a Celso Borges. Ríen bastante y Borges le cuenta cosas sobre el norte de Europa. Manolo se vuelve a casa jodido porque no ha parado de llamarle Laure.

Scaloni escribe un tuit. No cabe. 141. Cierra la pantalla del portátil y saca la mecedora al porche para seguir leyendo un libro sobre las Malvinas.

 

Guidetti marca el cuarto en Balaídos. Estoy fregando los platos de la cena, pero lo escucho de fondo. Río y se me cae un vaso del IKEA. Sigo riendo. Emerge Jabo en mi cabeza. Río más y más fuerte cuando recuerdo aquella temporada en la que los entrenó a ellos.

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