Dépor – Betis, J24

Jornada 24 de la Liga BBVA 2015-2016. Sábado 13 de febrero de 2016.

R.C. Deportivo 2 – 2 Real Betis Balompié (Álex Bergantiños, 15; Musonda, 20; Vargas, 37;  Fajr, 51)

El Dépor es un globo que se deshincha. Es algo evidente para cualquiera que vea sus (todavía buenos) partidos. Sea la efectividad o un error grosero en una zona de riesgo, siempre hay algo que no funciona y el resultado es un empate. El Dépor es un globo que se deshincha y yo no sé si sabéis por qué los globos se deshinchan.

Os lo explico.

Pongamos que el globo está lleno de helio (He). El He es un gas monoatómico y muy ligero. Gas noble e inerte, es muy adecuado para diversas tareas en las que se requiere un gas más ligero que el aire y que no sea peligroso. Hinchar globos es una de esas tareas, quizá la más conocida y menos importante. Al ser moléculas tan pequeñas y al no existir He en el exterior del globo, es fácil para ellas difundir a través de la estrecha superficie plástica que separa interior y exterior del mismo. Pero el He es un material escaso y ciertamente caro para realizar semejante labor, por eso el hinchado de globos se realiza con una mezcla de He y aire, dice internet que al 30/70, de tal manera que se asegura la flotabilidad del globo. Las moléculas presentes en el aire (N2 y O2), en cambio, son bastante más grandes y pesadas que las de He y, al haber aire también en el exterior, no se ven impulsadas a salir del mismo salvo por la diferencia de presión entre exterior e interior. Por esta razón, los globos de aire duran más tiempo que los de He, pese a que no flotan.

El Dépor es un globo hinchado y aún no sabemos el porcentaje de aire que le hemos metido dentro ni cuánto nos va a durar rellenito y elástico. De momento sigue rebotando contra las paredes mientras cae en la tabla con empates en los que deja la sensación de merecer más, especialmente cuando juega en Riazor. Contra el Betis fue solo un ejemplo de lo ya vivido contra el Rayo, Valencia y Villarreal. Lucas y Luis Alberto se muestran cada día más moléculas de aire, retenidos en el globo mientras disfrutan combinando en tres cuartos o donde se encuentren, siendo peligrosos en casi cada momento del partido. Mosquera y Álex, en cambio, han huido del globo como pareja. Ni solidez ni fluidez. Y no es la primera vez que los vemos correr (a los dos a la vez) hacia atrás cuarenta metros, casi como el emigrante que vuelve a casa y no deja de pensar en que no se acuerda por qué se había ido. La defensa de las bandas y el área tampoco ayuda, el sábado agitada por un peruano pasado de kilos y un juvenil del Chelsea. En cambio Sidnei deja todavía la sensación de que es capaz de proteger el equipo (y a Arribas) aunque este juegue dejando a sus espaldas espacio para que aterrice un 747.

El Dépor es un globo hinchado y contra el Betis jugó bien, tuvo muchas ocasiones y no pudo ganar porque concedió tres ocasiones que no se pueden conceder. La efectividad va y viene, pero preocupa que los regalos sean la consecuencia visible de la falta de un objetivo claro de aquí a final de temporada. Por lo menos, con los rebotes de este globo que se nos desinfla entre las manos nos lo estamos pasando mejor que nunca.

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Dépor – Celta, J12

Jornada 12 de la Liga BBVA 2015-2016. Sábado 21 de noviembre.

R.C. Deportivo 2-0 R.C. Celta de Vigo (Lucas Pérez, 23; Jonny (en propia), 93)

Así es como siempre ha sido. Bueno, no. Así, tal y como fue, es como yo aprendí que siempre iba a ser. Ellos llegan con su noble xogo, su dignidad, sus aspavientos. Ellos llegan y se van, a veces con los puntos, con las Grandes Palabras en la boca, montados en La Verdad, teniendo La Razón. Sí, así es como lo aprendí yo y así lo vi suceder el sábado. Así los vi yo llegar por la Vedra, buscando desde los autobuses esa Coruña que sólo existe en su imaginación y la de alguno de nuestros anteriores alcaldes, presumiendo de un gallego que nunca encontré salvo como respuesta en siete años infiltrado tras sus líneas. Así es como siempre ha sido y lo demás es engañarse.

Si en el Matadero nos empujara otro -ismo que no fuera el oportunismo, si nos viéramos arrastrados por esa espiral de ventajismo, de revanchismo que genera una victoria, reiríamos. Reiríamos por la jugada de este derbi que recordaremos para siempre, por ese momento en el que El Único Celtista Que Ficharía toca el balón hacia atrás en dirección a su propia portería, reiríamos con la carrera desesperada de Sergio persiguiendo un balón inalcanzable con la grada de Blues justo en frente, reiríamos porque este esperpento fue causado por una ridícula presión de un Lucas cojo. Lucas otra vez, eh. Sonrisa. Pero no. No porque el Matadero es un lobby dispuesto a convenceros de que EÚCQF debe ser abducido para la causa y no pararemos hasta conseguirlo. Así que no, hoy no reiremos.

Decía que bajaba el Celta por la Vedra buscando lo que no existe y ya Lucas estaba fallando una ocasión a puerta vacía. Vimos el sábado a un Deportivo terso, punzante y audaz; pero fueron los minutos inciales los que convencieron a jugadores y aficionados de que aquel Celta que llegaba a Riazor tras haber prendido fuego a todos los estadios que había visitado hasta el momento era el mismo Celta de las Grandes Palabras que siempre hemos conocido. Con Nolito o Jesuli, con Orellana o Nenê. El mismo. En esos minutos quedó claro el plan que Víctor había trazado para competir con el habitualmente elevado caudal ofensivo de los celestes: línea bastante adelantada de presión en campo rival, búsqueda de uno de los dos puntas en profundidad tras recuperación a la espalda de los siempre superados laterales, que tampoco podían ser ayudados por los centrales debido a su insuficiente velocidad.

No fue, en cambio, el enésimo plan de Víctor el que le dio la victoria, sino el comportamiento de los jugadores bajo esas indicaciones. Excelso Mosquera en la generación, los apoyos y el cambio de orientación de los ataques, soberbio Álex en todo lo demás, inteligentes los profundos y bien acompasados movimientos de Lucas y Jona y muy dañina la flexibilidad de Cani y Luisinho, que alternaban jugadas interiores y exteriores con acierto constante. Fue precisamente una jugada del aragonés por la zona central la que generó el primer gol. Con su languidez habitual, retuvo el balón y se deshizo de dos rivales para ponerle un balón maravilloso al desmarque de Álex. El rebote de su remate solo tuvo que empujarlo Lucas en línea de gol. La siguiente jugada, el penalti de Navarro tras una aislada internada de Aspas, puso el protagonismo de Lux al mismo nivel que su implicación. Cani, en su mejor partido como blanquiazul; Álex ganándose el puesto como sustituto de Borges en su primera oportunidad de la temporada; Lucas como siempre; Lux con su merecida aparición para rescatar al equipo. Todo bien, Víctor, todo bien.

Cedió el control del balón el Dépor durante el resto del partido, pero no el dominio. Apenas sufrió hasta el tramo final gracias a que, entre otras cosas, Sidnei y Arribas se impusieron con claridad a todo aquel que se acercaba al área blanquiazul. Si el partido nos dejó algo más fue el bello homenaje de Víctor a Irureta apuntalando el equipo con un doble doble lateral que prácticamente cerró el partido hasta la desafortunada (qué digo desafortunada, desafortunadísima) acción del gol en propia meta de Jonny Castro. Y allí se fueron ellos, los autobuses llenos de datos que desmostraban que el resultado no había hecho Justicia, hablando de Intensidad, hablando de Posesión y otras cosas que nadie acababa de entender muy bien. Allí se fueron como habían llegado, actuando como siempre actúan en la derrota. Bueno, otra vez será. Gracias por venir.

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Escenas potenciales para “Sala Calvet” (II)

Fajr fumando. Subido a uno de los muros laterales de Meicende y fumando. Camiseta de tiras, piel oscura y ajada, increpando al lateral derecho del Oza Juvenil cadete. A Fajr no le gusta su pelo brillante al sol de septiembre. Alguien despeja con contundencia y el balón rueda por una de esas cuestas que rodean el campo. Fajr y sus colegas corren tras él.

Víctor organiza una sesión de vídeo en la macropantalla de Pabellón. Todos se sientan en el césped y atienden, mientras Sidnei mira embobado hacia la de Marathon sin poder para de imaginar lo bonito que sería visionar Tabu de Miguel Gomes en aquella descomunal superficie. Al acabar la sesión llama a su mejor amigo de la infancia, un brasileño rubio y homosexual que da clases en la Sorbona y le habla en blanco y negro de su nueva novia.

Luisinho en la Vedra. Atasco. Llueve. Escucha música brasileira en el 101.5 de la FM, Radio Oleiros. Maldice mientras masca chicle. Hoy llega tarde a entrenar.

Laure probándose pantalones en el ZARA de Juana de Vega. Una dependienta lo reconoce mientras entra en los probadores. “Joder, he vuelto a coger unos slim fit” es la única frase que le escucha.

Mosquera va hacia las duchas en los vestuarios. Se cruza con Lucas, recién llegado de recoger las últimas cajas de la mudanza desde Salónica, y a este se le escapa una colleja. Cuando vuelve a su sitio a secarse descubre que le han mangado las Etnies.

Un restaurante canario cerca de Doniños. Manuel Pablo ha invitado a cenar a Celso Borges. Ríen bastante y Borges le cuenta cosas sobre el norte de Europa. Manolo se vuelve a casa jodido porque no ha parado de llamarle Laure.

Scaloni escribe un tuit. No cabe. 141. Cierra la pantalla del portátil y saca la mecedora al porche para seguir leyendo un libro sobre las Malvinas.

 

Guidetti marca el cuarto en Balaídos. Estoy fregando los platos de la cena, pero lo escucho de fondo. Río y se me cae un vaso del IKEA. Sigo riendo. Emerge Jabo en mi cabeza. Río más y más fuerte cuando recuerdo aquella temporada en la que los entrenó a ellos.

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Construção

Amou daquela vez como se fosse a última
Beijou sua mulher como se fosse a última
E cada filho seu como se fosse o único
E atravessou a rua com seu passo tímido
Subiu a construção como se fosse máquina
Ergueu no patamar quatro paredes sólidas
Tijolo com tijolo num desenho mágico
Seus olhos embotados de cimento e lágrima
Sentou pra descansar como se fosse sábado
Comeu feijão com arroz como se fosse um príncipe
Bebeu e soluçou como se fosse um náufrago
Dançou e gargalhou como se ouvisse música
E tropeçou no céu como se fosse um bêbado
E flutuou no ar como se fosse um pássaro
E se acabou no chão feito um pacote flácido
Agonizou no meio do passeio público
Morreu na contramão atrapalhando o tráfego

Amou daquela vez como se fosse o último
Beijou sua mulher como se fosse a única
E cada filho seu como se fosse o pródigo
E atravessou a rua com seu passo bêbado
Subiu a construção como se fosse sólido
Ergueu no patamar quatro paredes mágicas
Tijolo com tijolo num desenho lógico
Seus olhos embotados de cimento e tráfego
Sentou pra descansar como se fosse um príncipe
Comeu feijão com arroz como se fosse o máximo
Bebeu e soluçou como se fosse máquina
Dançou e gargalhou como se fosse o próximo
E tropeçou no céu como se ouvisse música
E flutuou no ar como se fosse sábado
E se acabou no chão feito um pacote tímido
Agonizou no meio do passeio náufrago
Morreu na contramão atrapalhando o público

Amou daquela vez como se fosse máquina
Beijou sua mulher como se fosse lógico
Ergueu no patamar quatro paredes flácidas
Sentou pra descansar como se fosse um pássaro
E flutuou no ar como se fosse um príncipe
E se acabou no chão feito um pacote bêbado
Morreu na contra-mão atrapalhando o sábado

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Deus lhe pague, Álex Bergantiños.

Elche – Dépor, J34

Jornada 34 de la Liga BBVA 2014-2015. Miércoles 30 de abril de 2015.

Elche C.F. 4 – 0 R.C. Deportivo (Jonathas, 6; Lombán (pen), 20; Pasalic, 54; Garry Rodrigues, 91)

I will not outlive my father.
I will not outrun my debts.
I will only serve to embody each of your regrets.
I am made of broken promises, and I owe them to you.
I am a list of failed romances, won’t you kill me with the truth.

With every passing day that ends up the same,
I’m waiting for silence, I’m waiting for the end.

I give up.

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Tristeza

General es la grada que más cerca de mi casa. La grada a la que acude la mayor parte de gente de mi barrio. Pero yo nunca he estado en General. Sí en la superior, donde me hice mucho daño en el dedo gordo de un pie mientras le daba una patada a una valla con motivo de alguna ocasión errada durante aquel infausto Deportivo-Valencia. Solo me he acercado al fondo de General, mi grada si de localización geográfica hablamos, para ver de primera mano las pintadas y para presentar mis respetos a un asesinado. No me siento cómodo rodeado de excitación extrema, de esa mezcla de pasión y locura que reina en los fondos ultra. Los veo de lejos y me gustan, pero no me atrae integrarme en ellos.

Hace tres meses un aficionado del Deportivo fue asesinado. Muchos reclamaron medidas, enmiendas a la totalidad. Hubo aspavientos. Hubo comunicados, desmentidos, notas informativas. Y los que están al mando han, por fin, acudido a complacer a aquella gente que quiso cambiarlo todo. Hoy se hacían públicas una serie de medidas que, en la práctica, significan la ilegalización de Riazor Blues en su casa, que es Riazor. Pero eso no me preocupa. Miento, sí me preocupa, pero me preocupa menos que otro tema. La LFP, dos semanas después de rechazar adherirse a una campaña contra la homofobia, ha decidido que tú eres el culpable de lo que pasó hace tres meses. Prohíbe o insta a prohibir los mensajes reivindicativos, de carácter social o político, de carácter comercial o religioso, sean cánticos o pancartas.

El fútbol, dicen, no es espacio para aquellas cosas que son ajenas al deporte.

El tema de conversación en las redes sociales hoy es, en cambio, un rumor y el desmentido público por parte del presidente más poderoso del fútbol español. Creo que tras 27 años aún no he entendido bien lo que es y lo que no es ajeno al deporte. Bueno, al fútbol.

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Dépor – Sevilla, J26

Jornada 26 de la Liga BBVA 2014-2015. Sábado 7 de marzo.

R.C. Deportivo 3 – 4 Sevilla F.C. (Oriol Riera, 28,72; Lucas Pérez (pen), 93; Vitolo, 33, 52; Gameiro (pen), 65; Sidnei (pp), 83)

Romper el candado de la transición vazquista. Construir la nueva hegemonía. Derrocar a los populismos. Unificar frentes opuestos bajo una estabilidad, ficticia o no, que solo puede dar una permanencia tranquila, casi democrática. Apagar el incendio. Tranquilizar el entorno. Limar las diferencias. Víctor Fernández, pacificador sin ceja, nunca tuvo un trabajo fácil. Por eso llama tanto la atención la aparente calma con la que sale el equipo al campo, aún en esta temporada infinita de resultados pírricos. Por eso llama menos la atención el oltrismo extremo vivido el sábado en Riazor.

Fue mejor el Deportivo durante gran parte del partido. 60 minutos en los que presionó con acierto, recuperó arriba y llegó con claridad. 60 minutos que entroncan con los momentos de buen fútbol que viene realizando el equipo en las últimas semanas, pero que resultaban en otra derrota en el marcador. Vimos los dedos y la lengua de Riera por primera vez esta temporada, tras conducción de un Lucas turbulento y centro tenso de un Cavaleiro siempre útil. Vimos en cambio endeblez en Juanfran, Álex y Borges, que junto a la desubicación de Insua y las genialidades de Bacca y Vitolo, permitieron al Sevilla darle la vuelta al partido.

Quizás la metáfora más acerada y cruel de la temporada fueron los minutos posteriores al segundo gol sevillista. Ejemplares los jugadores en esos minutos de locura oltrista, desafortunados en su ataque desbocado que causaba grietas pero no derribaba pilares. Probablemente ese era el momento de tomar decisiones desde el banquillo, justo antes de que una bala perdida dejara sin consciencia a Juanfran, que tirado en el suelo rompía el fuera de juego previo al penalti de Insua sobre un omnipresente Vitolo. Hubo más goles y más ocasiones de ambos equipos, un Deportivo epiléptico que atacaba entre convulsiones y no era capaz siquiera de defenderse. Al final, nada relevante más allá del desconcierto que asolaba a un público que reclamaba dimisiones sin saber muy bien a quién apuntar.

Hubo caos, se perdió el control, sí. Hubo confusión. Otra vez, sensaciones conocidas y agradables cuando montados en la ola nadábamos hacia la portería del rival. Otra vez, también y sobre todo, frustración cuando tocó remontar el río a contracorriente. Hubo aplausos al final, pese a todo, porque nadie pudo dejar pasar el arrojo con el que los jugadores están asumiendo los últimos resultados que, justos o injustos, nos dejan a un paso del abismo. Hubo además la-crítica-que-no-cesa al entrenador. A un técnico que hace tres meses se mostraba desolado ante la autodestrucción en la que vivía el entorno del club y que ha conseguido que no afecte a un rendimiento deportivo que es bueno, aunque cierto es que no lo son así los resultados. Algunos empiezan a hacer cuentas que no salen. Otros no paran de escuchar una y otra vez las confesiones del caso Osasuna, para identificar patrones por venir. La afición de los equipos de la zona baja se vuelve determinista en las diez últimas jornadas, aparece un Hobbes vestido de lobo en los sueños de cada socio. Cada uno sabe muy bien qué jugadores serán los que nos van a salvar y qué jugadores no. Cada uno conoce la solución, pero solo uno tiene la responsabilidad de aplicarla. Es momento de unirse en la confusión, de reír y perder el control cuando sea necesario y aceptar y tomar consciencia de que la única lucha es por salvar la categoría, que es ir salvando al club. Consenso de mínimos. Revisionismo. Y puntos.

Confusion in her eyes that says it all
(She’s lost control)
And she’s clinging to the nearest passerby
(She’s lost control)

And she gave away the secrets of her past
And said: I’ve lost control again
And a voice that told her when and where to act
She said: I’ve lost control again

And she expressed herself in many different ways
Until she lost control again
And walked upon the edge of no escape
And laughed: I’ve lost control

She’s lost control again
She’s lost control

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Dépor – Eibar , J22

Jornada 22 de la Liga BBVA 2014-2015. Viernes 6 de febrero.

R.C. Deportivo 2 – 0  S.D. Eibar (Lucas Pérez, 52; Iván Cavaleiro, 79)

Cuatro días completos. Cuatro días de incertidumbre en los que la gente caminaba inquieta por las calles mirándose y empero no atreviéndose a comentar nada,  crepitando mientras tanto la política en los bares ante la ausencia de un tema más adecuado. Cuatro días raros, desconectados de toda la vorágine de destrucción en la que se había sumido la ciudad en los últimos tiempos. Cuatro días fueron los que tardó la LFP en confirmar que lo que algunos habían experimentado en persona y otros habían visto desde la distancia era cierto. No fue hasta el martes a mediodía que por fin lo supimos. De una manera curiosa, además. Al mismo tiempo que confirmábamos lo que todo el mundo sabía pero nadie se había atrevido a expresar, toda la jornada 22 en primera división parecía reducirse a lo sucedido el viernes por la noche en Riazor.

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Menos mal que así lo quiso Tebas y por fin lo confirmó el martes, acabando de este modo con la incertidumbre que nos asolaba. Menos mal que así lo quiso, pues de no haber querido igual nadie se daba cuenta y esos tres puntos conseguidos en viernes nunca habrían subido a la clasificación. Y habiendo esperado cuatro días, tampoco nadie se iba a quejar por tener que esperar hasta la última frase para confirmar lo que todos y cada uno de nosotros estábamos esperando. Ahí estaba: el resto de espectadores presentes en el estadio se habían comportado de forma correcta. Nadie había consumido ninguna sustancia prohibida, nadie había empujado a otro en la, imaginamos ordenada, salida hacia la calle. A nadie ni siquiera se le había resbalado la cáscara de un fruto seco hacia el espectador presente en el asiento anterior, de tal manera que le podría haber causado una ligera sensación de molestia, de incomodidad. No. Todo había salido a la perfección.

Asumimos por tanto que los jugadores del Eibar, espectadores el viernes y equipo revelación hasta ese mismo día, también hicieron lo posible por comportarse de manera correcta, que es lo más importante en estos tiempos. Comportarse de manera correcta, ser generosos con el anfitrión, rechazar sus ofertas con un sincero “no, gracias”. “¿Algo para beber, SD Eibar?”, “no, gracias, vengo de tomarme un café”. “¿Te traigo una silla?”, “no, gracias, que llevo todo el día sentado y así estiro las piernas”. Es más, asumimos también que comportarse de manera correcta es ahora no intentar perturbar la victoria local, ayudarlo si acaso. Facilitarle la tarea hasta donde sea posible. Un error del portero por aquí, otro del central por allá. ¿Que el niño bonito de la afición no es capaz de marcar su golito? Tómala botando en la frontal, que no se hable de descortesía por nuestra parte. ¿Que al jugador más sacrificado de los locales no le salen las cosas? Un pase atrás un poco corto y malo será que no llegue para empujarla a gol. ¿Que la gran esperanza de la cantera no está teniendo una temporada demasiado convincente? Pues no nos acercamos al área y asunto arreglado, no vayamos a causarle un disgusto.

Tal fue la corrección vivida el viernes en Riazor, y así lo sentimos todos nosotros en aquel momento, que no tuvo Tebas más remedio que destacarla en su comunicado del martes. Destacarla incluso frente al resto de correcciones vividas en los otros nueve campos en los que se disputó la jornada 22 de la primera división. Correcciones todas ellas de gran nivel, seguro, pero no de tanto como la vivida el viernes en Riazor. Y si yo mismo pudiera haber redactado ese comunicado, que ya no se llama comunicado sino nota informativa, solamente habría añadido una pequeña acotación que acentuara aún más la corrección con la que todo el resto de los allí presentes, menos los señalados, se comportó el viernes por la noche.

Dichos cánticos no fueron seguidos ni coreados en ningún momento por el resto de espectadores presentes en el estadio, cuyo comportamiento fue correcto en todo momento. Menos los murmullistas, que son todos unos hijos de puta, se comporten como se comporten.

 

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