Villarreal – Dépor, J37

Jornada 37 de la Liga Santander 2016-2017. Domingo 14 de mayo.

Villarreal 0-0 R.C. Deportivo

Ooooooooooh.

Que se vayan todos,

que no quede

ni uno solo.

 

Que no me sirve ya ninguno. En estos meses aciagos, hundidos en la impotencia, le he acabado de coger manía a todos. En esta temporada de la que solo se puede salvar el milagro de Álex Bergantiños contra el Barça, he acabado odiando hasta a Florin Androide. He insultado gravemente a Fernando Navarro. He vituperado a la familia de Albentosa y del que lo trajo. Me he reído de Arribas y he llorado con Sidnei Rechel. Ya no los quiero más. Ya no soporto los toques de mierda de Fayçal. Ni los regates hacia atrás de Carles Gil. Ni un minuto más de la desidia de Emre, de los casi de Bruno, del pijerío de Mosquera ni de los gestos airados de Lux. Basta ya, Juanfran, no nos representas.

Para esto, para sufrir esto, para ver esto, para ser este equipo: para esto Laure y Álex y JuanDo y Juan Carlos y Luis y los demás. Para esto, mejor aquello.

Pero antes, que se vaya Pepe Mel. Su lengua de serpiente ha apuntado siempre en la dirección contraria a aquella por la que nos ha acabado llevando. No, este equipo no era tan bueno como decías, faltándole al respeto al anterior entrenador. Sí, este equipo es bastante peor hoy que el día que llegaste, que el día después a perder 4-0 en Butarque. Nunca más.

Y, sobre todo, que se vayan los que nos han robado el relato, los que nos han convertido en un equipo más, en un club que vaga por la primera división sin proyecto, sin idea, sin objetivo más allá de acumular dinero para solventar la deuda. Que sí, que es lo que hay, pero sabe a poco. Sabe a poco porque no deja de ser un bucle infinito en el que partimos en verano con ilusión, las cosas no salen, been there, done that, echamos al entrenador, viene otro y nos salvamos en El Madrigal. Que ya puestos a no tener nada que aportar, qué mejor sitio que El Madrigal. Partidos indistinguibles, emocionados durante segundos, indolentes durante minutos, y aburridos durante meses.

Y si no se van, que no se van a ir, al menos que nos den algo a lo que aferrarnos. Algo que no sea pasar 9 meses por año intentando no llamar mucho la atención para que en las 3 últimas jornadas los equipos contra los que nos jugamos la vida nos concedan el empate. Una historia, una idea, un maldito líder.

Szymanowski, bonito, tú no te vayas, tú te puedes quedar.

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Madrid-Dépor, J15

Jornada 15 de la Liga Santander 2016-2017. Sábado 10 de diciembre.

Real Madrid 3 – 2 R.C. Deportivo (Morata, 50; Joselu, 63,65; Mariano, 84; Sergio Ramos, 92)

Hay una película y en esa película está todo. Esa película se llama As I was moving ahead occasionally I saw brief glimpses of beauty y yo creo que en esa película está todo, aunque nunca la he visto entera y seguida porque es casi tan larga como su título o esta frase. Hay una película cuyas imágenes me hipnotizan y me atan a la pantalla porque creo que en ellas está todo, pero luego es que no porque Jonas Mekas me lo niega todo:

I have never been able, really, to figure out where my life begins and where it ends. I have never never been able to figure out what it is all about, what it means. (…) Because I don’t know where any piece of my life really belongs. So let it be, let it go just by pure chance.
Disorder.
There is some coherence, some kind of order in it, order of its own, which I do not really understand, same as I never understood life around me. The real life. Or the real people. I never understood them. I still don’t understand them. And I really don’t want to understand them.

Yo veo tramos de la película y, como decía, lo entiendo todo. Veo una imagen que dice que ESTA ES UNA PELÍCULA POLÍTICA y pienso que sísisisí lo es porque qué es la política sino esta manera de flotar por la vida, esta pasión desatada por la belleza de las cosas que nos gustan sin importar su importancia y esa falta total de conexión temporal entre los hechos y los sentimientos que estos producen. Veo la película y me reconozco proyectado sobre el Dépor en su ligereza y en su profundidad, ¡y en su política! Me veo y me reconozco el sábado, saltando y corriendo por mi casa tras ese minuto y medio mágico en el que le dimos la vuelta a un partido en el Bernabéu.

Os pongo en situación con retazos de mi sábado. Yo preparando con prisas la cena navideña con mi grupo de amigos. Yo indudablemente ilusionado porque, como el año pasado en el Camp Nou, jugamos antes de que estos se vayan a Japón al Mundial del Clubes y les importará un huevo el partido. Yo quemando parcialmente la cena porque joder balón al palo. Yo levantándome de la mesa con cierta frecuencia ante los cambios de tono de Carlos Martínez. Yo nervioso y tremendamente ausente de lo que sucedía en aquella mesa. Yo saltando y gritando los goles de Joselu. Yo golpeando cosas tras el empate. Yo insultando gravemente a árbitro, futbolistas del real de madrid y a mis familiares aficionados a ese equipo tras el gol en el descuento. Yo disfrutando con cierto orgullo de la noche posterior porque es lo que, sin duda, hubiera hecho Florin Andone.

Revivo el partido en diferido y nada es otra vez lo mismo porque ya ha sucedido. Veo a un Madrid superior y a un Dépor digno, agarrado a los arrebatos de locura del rumano de Pastoriza. Al final, la dignidad es todo aquello a lo que puedes aspirar mientras esperas por esos breves momentos de belleza, esos destellos de que todo tiene sentido. Al final, otra vez, está todo condensado en esos 2 minutos, pero también en los 90. Y en los otros 90 minutos de la derrota del juvenil contra el Vigo o en los de la derrota del femenino en Oviedo. Sale todo mal en el fin de semana, pero da igual porque la derrota da igual si consigues sufrirla. El fin es vivirlo, como dice nuestro amigo Oliva y, queramos o no, Garitano y Andone y Çolak y Borges y Babel y toda esa gente están consiguiendo que los miremos otra vez y les digamos: lo estamos viviendo con vosotros, se nos quema la cena, pero no nos falléis porque somos vosotros.

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Creerse la copa

Suena la radio. Abres la web del marca. Sintonizas algún canal en la televisión. Inicias sesión en tu cuenta de tuiter. Un mensaje en whatsapp. Un artículo en pocket. Escucha.

“una oportunidad para los no habituales, rotaciones, dar descanso involucrar a jugadores que no han tenido minutos, rotaciones rotaciones, coger confianza, rotaciones rotaciones rotaciones”

No, nonononono, NONONO. No, mira, no. No. La copa del rey, con su formato opresivo, inhumano. La copa del rey y sus nulas esperanzas de victoria final, de trofeo, de final, de celebración. La copa del rey, en la que ganas un par de rondas y te acabas ilusionando para nada, porque para qué si no la vamos a ganar. No, mira, no. No.

Niego categóricamente. Lo niego todo. Bueno, no niego el formato, cuya única virtud es ser una cruel representación metafórica de las teorías de la opresión. Los humildes pelean en el barro hasta que los supervivientes elegidos tienen el honor de ser pisoteados por los gigantes recibiendo lametones de compasión desde los medios, intentando una gesta que (ya) no puede ser. Intentando morir con honor, pues a poco más se aspira. Pero, ¿y qué es si no evitar el descenso/luchar por Europa/tener una temporada tranquila?

Empecemos aquí con las negaciones. No hagáis caso, por más que os lo digan, porque la copa no son dos partidos amistosos colocados al principio del invierno, haciendo de puente entre la época de los parones constantes para los partidos internacionales y el sprint de enero, mercado mediante (dicen que suenan Luis Alberto, Klasnic y Acciari). Nunca fue eso. La copa conecta con lo más primitivo de la competición y, aunque sólo sea por eso, debería ser respetada. Dos rivales y un rato -180 minutos e igual nos gustarían solo 90, pero qué más da- para eliminarse mutuamente. Apenas cuentan las dinámicas, apenas cuentan los cálculos estratégicos a medio plazo, los objetivos, las evaluaciones y los DAFOS. No puedes hacer un GANTT de la copa, no hay milestones intermedios ni deadlines a cumplir. No hay plazos, no hay equipos de trabajo ni horas extra. Es aquí y ahora. La competición y sus cositas, sales a ganar o a empatar o a pillar una contra y a ver pero nunca nunca nunca sales porque estás obligado a ello. Eso es competir.

Quedará en el debe, escrito en letras mayúsculas, de Víctor Sánchez del Amo lo que hicimos el año pasado contra el Mirandés. Aquel día en el que un gran equipo que en una mala racha dio por cerrada la temporada saliendo a Riazor porque no quedaba otra opción. No sabemos lo que quedará en el de Gaizka, pero el partido de Sevilla no augura nada bueno.

Si no nos creemos la copa, con su crudeza competitiva y sus idas y vueltas y su afortunada ausencia de control y orden. Si no nos creemos la copa y la embadurnamos también de asqueroso cinismo posibilista. SI NO NOS CREEMOS LA COPA, yo ya no sé ni para qué seguimos el fútbol. No sé vosotros, pero yo tampoco estoy en la vida como para andar tirando a la basura posibilidades como las de pasar un par de rondas de una competición cualquiera. Imagínate si pudiera jugar (¡si tuviera acceso a!) la putísima copa del rey.

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Vigo – Dépor, J9

Jornada 9 de la Liga BBVA 2016-2017. Domingo 23 de octubre.

R.C. Celta 4 – 1 R.C. Deportivo (Hugo Mallo, 32; Aspas, 60(pen), 83; Orellana,78; Albentosa, 37)

“Un símbolo contiene en sí mismo un significado definido, una fórmula intelectual determinada, mientras que la imagen es una metáfora”, Andrei Tarkovski, 1976.

Aceptemos que la derrota está en el símbolo. Es cierto, hay números y sensaciones e intención estratégica y moral y resultados y técnica. Pero no, eso no es nada. La derrota siempre está en el símbolo y este partido llevábamos más de tres años perdiéndolo. Para alguien como yo, veintitantos años de deportivismo, lo del domingo pasado fue la (durísima) confirmación de nuestra primera derrota.

El 1 de junio de 2013, un gol de Natxo Insa nos mandaba de vuelta a Segunda División. La imagen, ¡entonces imagen!, fue la de Aspas recortando a Colotto para poner el pase de gol. Este hecho se encargan de recordárnoslo ellos machaconamente desde la grada de Balaídos con un ritmo copiado de la sección de noticias curiosas del telediario y una métrica paupérrima. Este hecho nos hemos encargado de maquillarlo nosotros durante este tiempo, equilibrando la balanza con muy meritorias y a veces incluso bellísimas victorias parciales, pero sobre todo con esa mezcla de ingenuidad y desprecio hacia todo lo que viene del Sur.

Pero ya no. Al contrario que en 2013, al contrario que el día de Aspas y Colotto, hay una cierta intencionalidad subyacente en lo que pasó el domingo. Por primera vez, lo ocurrido sobre el campo obedecía al discurso extremista del irredentismo vigués. Y no tanto por el juego, ramplón por parte de los dos equipos, sino por la sensación de dominio del discurso que precedía al partido, alineaciones y planes de juego mediante, y sobre todo por la que lo sucedió. El entrenador, nuestro entrenador, reconoció a posteriori con una naturalidad impropia del tenebroso lugar en el que se encontraba la aparentemente evidente superioridad del rival, superioridad que le pagan por disimular. Y lo hizo para justificar una derrota que nunca tuvo que llegar de esta manera, pero que al mismo tiempo acabó pareciendo inevitable.

La hegemonía es suya, se la han ganado y nos la han arrebatado a fuerza de hacer las cositas bien, mientras nosotros nos mantenemos en pie a duras penas sobre una fe que se extingue. Nos la han arrebatado en un partido malo, suyo y nuestro, repleto de desaciertos y sobre el que poco hay que contar. Gaizka, en cuya figura vimos a un irredento gudari pero que cada vez se parece más al Borja Pérez de Basauri, salió a jugarles directo. El equipo compitió con acierto en un partido igualado hasta que se volvió loco tras verse por detrás en el marcador. Entonces, alguien decidió regalar el partido al rival colocando a la línea defensiva más lenta del mundo a no menos de cuatrocientos metros de distancia de un portero que juega agarrado con una cuerda a las vallas de publicidad tras la portería. Más o menos tal y como se describe en el Sagrado Códice de Cosas que no se Deben Hacer contra un equipo como este Celta, que terminó por meternos cuatro.

Tras este partido, tras esta semana de reflexión intensa, la decisión es nuestra y solo nuestra: aceptar la derrota y prepararnos para un invierno polar bien refugiados de las inclemencias o seguir saliendo en manga corta, ignorantes a todo lo que nos rodea y arriesgando la pulmonía. No os vamos a engañar, el debate ha sido crudo en las catacumbas del matadero, pero la opción de aceptar la derrota ha salido ganando. El turno es vuestro, vigueses. El odio es lo único que no se negocia.

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PD: Sea como sea, la derrota siempre está en el símbolo. Y el nuestro, encerrado en un experimento sociológico en el que alterna grada y banquillo, aún no ha debutado esta temporada. La broma ya valió.

Dépor – Athletic, J3

Jornada 3 de LaLiga Santander 2016-17. Domingo 11 de septiembre.

R.C. Deportivo 0-1 Athletic Club (Raúl García, 41).

Da la impresión de que el Deportivo que quiere Garitano se parece mucho al Athletic que tiene Valverde. Si algo ha caracterizado al Athletic que yo he visto desde que era niño es ser un equipo que no pide permiso ni perdón. Llega, juega, te gana (o no) y se va. En la grada, sobre todo cuando juega en casa, hay mucho aspaviento y mucha floritura; sobre el césped, rara vez. Así hizo en Riazor, oliendo la sangre derramada en honor al que ya no está y sorbiéndola toda con una actuación memorable de Raúl García: un golazo, un lesionado, cuatro patadas y los silbidos del público local.

A Gaizka, el de la fe tochísima en Borja Valle, se le vio enfurecido en la banda. Las lesiones de Joselu y Sidnei, el revoloteo inerte de Fayçal, los balones a la grada de Albentosa y los recortes hacia atrás de Carles Gil le trajeron palabras malsonantes a la boca que agotó de golpe durante el partido para no llevárselas consigo a rueda de prensa. Allí dijo que todo bien como el viudo que dice que todo bien en el velatorio de su esposa. Dijo que el mejor partido de los tres con cara de querer decir que estaba muy decepcionado porque Raúl García hubiera salido por su propio pie del campo mientras canturreaba la de un día/cualquiera/en Texas/en Texas.

Con todo, algo de razón había en las palabras de Gaizka. No fue malo el Dépor y, de todos, el mejor fue Juanfran, que metió dos balones de mérito que pudieron ser gol pero no. Florin turrou coma sempre pero le faltó lucidez. Encontró enfrente a un adolescente vasco que hizo un partidazo. Portero adolescente vasco: titular en la selección desde el próximo mundial hasta 2030. Si se confirma la lesión de Joselu, todo pasará por aferrarse a la negritud exuberante de Sidnei y Marlos, golosa y descastada, y al recuperado refinamiento de Mosquerita.

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Dépor – Getafe, J36

Jornada 36 de la Liga BBVA 2015-2016. Domingo 1 de mayo.

R.C. Deportivo 0-2 Getafe C.F. (Pedro León, 41; Vigaray, 85)

Llegó el Getafe y cundió el pánico. Vaya si cundió. Nos decíamos los unos a los otros en nuestras conversaciones previas: que no cunda el pánico. Nos instábamos a evitar el miedo, nos empujábamos a obviar lo que ya estaba ahí. Escondíamos la realidad tras un empate ficticio que nunca llegó a suceder, porque llegó el Getafe y cundió el pánico.

Pedro León, Sarabia peinado como un puto guay, Alvarito el delantero sin gol y una tribu de randoms de los que nadie se va a acordar en tres temporadas. Pánico. Juan Rodríguez en la segunda parte para proteger en el marcador. En ese momento es cuando te das cuenta de que estás en el bando equivocado, de que la batalla está perdida y no tiene sentido más pánico. Pero el pánico no cesa.

El partido tuvo todo eso que tienen los partidos de las últimas jornadas. Ninguno jugó bien, ninguno creó demasiado peligro, ninguno falló demasiado y pocos acertaron con cierta frecuencia. Nadie se siente bien en el pánico y, aunque nosotros llevamos qué sé yo cuántas temporadas seguidas sumergiéndonos en él, seguimos sin sentirnos bien. Jugarse el pánico contra el Getafe, qué buena idea.

Al final el marcador lo decidieron los porteros. Pudo ser un empate, pero Guaita estuvo muy bien y Manu estuvo como siempre, espeso como su barba, tembloroso, ineficaz. Desde luego no se le puede culpar de la caída en picado del rendimiento del equipo, pero su contribución a la tabla de clasificación ha sido prácticamente la misma que la del gordo de la Domus.

Y ahí estamos, agarrados a Fede Cartabia y rodeados de pánico. Enfangados nuevamente en una semana ruidosa, tratando de difuminar las culpas, señalar a los mercenarios y ajusticiar a los culpables. Algunos jugadores no sienten los colores. Es que se habla de todo menos de nuestro próximo rival. Échale huevos, Dépor, échale huevos. Tertulianos y aficionados de la mano, preocupados por lo que se preocupan los tertulianos y los aficionados. Como si eso ayudar a evitar el pánico. Como si eso tuviera algo que ver con conseguir el punto en el Madrigal. Como si fuéramos importantes.

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Dépor – Barça, J34

Jornada 34 de la Liga BBVA 2015-2016. Miércoles 20 de abril.

R.C. Deportivo 0 – 8 F.C. Barcelona (Luis Suárez, 11, 24, 53, 64; Rakitic, 46; Messi, 73; Bartra, 79; Neymar, 81).

Cando Luisinho pediu un pingado no Delicias, xa sabia que esa noite non seria titular.

– ¿Qué, Luisi, qué te parece lo del Axel?

– Non gosto disse rapaz.

Todos no barrio sabian ben que con el se podia falar de AC-DC, pois adoitaba facer os mandados nesas mañás que tiña libres con un chándal vello do Sporting e unha camiseta do grupo australiano. Camiñaba a modo pola Falperra, baixaba as escaleiras e a miúdo deixábase ver pola cafetaria. A xente que tamén paraba por ali dicia que semellaba un tipo tranquilo.

– Que dis, oh. Si es un fenómeno. Mira, te enseño.

E o coruñés que o atendia detrás da barra deixou de prestarlle atención ao café que estaba a se facer na máquina e sacou o móbil para ensinarlle uns vídeos no youtube. Luisinho finxiu interese, pero pensaba no Leganés.

Sábese mais fóra que dentro do clube e leva xa tempo pensando moito no lugar no que lle gustaria seguir a súa carreira. En certo modo botaba a faltar unha gran cidade preto da que vivir, tal e como lle ocorrera nos seus primeiros anos. Leganés parecía unha boa opción, preguntáralle a Insua e ia vendo os partidos que podia confiando no ascenso. Alcorcón ou Getafe, por que non. Rayo e Espanyol, en cambio, interesábanlle tanto comos os vídeos que lle estaba a ensinar o camareiro.

– Un fenómeno, hombre, que te lo digo yo.

Realmente, estaba un pouco farto do Axl. Indo cara a mesa onde sentou, fixo un aceno como de coller o Marca, pero arrepentiuse á metade do camiño. Luisinho xa non lia a prensa porque cada dia lle gustaban menos os adxectivos. Dalgún modo, comprendia a Luis Enrique. Sentou e adicouse a mirar o tráfico pola xanela do local.

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Montado no bus que chegaba ao estadio, viu ao presi na porta do Playa. Fumaba un habano dun palmo de lonxitude e parecéuselle mais que nunca ao empresario que saía na portada da versión ilustrada do Capital que tiñan os seus avós na casa. Algún dia, pensou, arréolle. Tino ergueu a vista e as súas miradas se cruzaron. Luisinho saudou timidamente. No fondo, aquel lambón caíalle ben.

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No descanso, 0-2 no marcador. Lembranzas dos últimos partidos que xogaran frente ao Barça nas cabezas dalgún dos xogadores. A charla adicada a esas lembranzas. Pero non. El sabia o que ia pasar de seguido desde que viu o empurrón de Suárez a Sidnei. Sabíao desde que viu que non ia xogar o partido. Non, isto non o sabia, pero pensou que si ao final do partido. Mirou mal a Manu cando o viu e rosmoulle algo nun portugués fechado que nen el mesmo soubo de onde saía. Un par de minutos despois achegouse a el e fíxolle un lixeiro agarimo. O rapaz estaba totalmente esnaquizado. Por dentro, só pensaba na carraxe que ia sentir cando escoitara falar de vergoña, de humillación, de esforzo. Que sabian eles? Sentou nun banco do vestiario e decidiu que hai temporadas nas que sae todo mal. Vidas enteiras nas que sae todo mal. E que que saia todo mal era algo que só lle podia importar a alguén coma Víctor Sánchez ou ao Tino do puro que vira dende o bus. Eles non eran dos seus. Arribas. Arribas seguro que tamén estaba máis jodido hoxe que o dia do Granada.

Ao chegar a casa, o seu fillo maior xa estaba deitado, aínda que esperaba esperto a que voltara o seu pai. Sen saber por que, faloulle en castelán, nun castelán perfecto repetiu as palabras que lera nalgún momento e non podia lembrar onde:  “siempre con el equipo. Siempre, en cualquier circunstancia y sin ninguna condición, con los once (catorce) hijos de puta que ponen su cara en el césped”. Púxolle a manta por riba e mirouno pechar os ollos. Xa verás que ben van sair as cousas en Leganés.

lucas

Vigo – Dépor, J31

Jornada 31 de la Liga BBVA 2015-2016. Sábado 2 de abril.

R.C. Celta 1 – 1 R.C. Deportivo (Borges, 21; Nolito, 30)

Parte de Balaídos se inunda cuando llueve mucho. Es una parte similar a lo que sería el parking de Riazor-Esclavas y la zona de entrada a la grada de Pabellón. Cuando llueve realmente fuerte, incluso la circulación por las calles aledañas al estadio se ve afectada. Dicen los que dicen que saben que estas inundaciones se deben al río Lagares, que circula por debajo del estadio y parece que desborda cuando su caudal aumenta a causa de las precipitaciones. El río Lagares da nombre a la grada de Río y yo tampoco soy mucho de fiarme de los que dicen que saben, pero no parece una mala teoría. En Vigo llueve mucho con bastante frecuencia.

La grada de Río es la más nueva del estadio y en la que las actuales obras de reforma son más evidentes, visto por televisión. En esta grada te mojas si llueve y hace viento, tal y como en nuestra preferencia. En Vigo llueve y hace viento con bastante frecuencia.

Hay una parte del celtismo a la que se le inunda parte del cerebro cuando llueven las buenas noticias. En Vigo no solían llover las buenas noticias para el Celta con frecuencia, pero sí lo hacen recientemente. Salidos ya de la vorágine financiera y con una generación de jóvenes difícil de repetir, las cabezas están llenas de agua. Y el agua brota como un torrente de palabras que acude a la boca con el único propósito de ser repetidas una vez tras otra. No hace tanto lo más importante era tener muchos jugadores de la cantera. Decenas de ellos. O gallegos, aunque no fueran de la cantera. Otras veces ha sido el fútbol de salón, la IFFHS o que llevan tropecientas temporadas en la máxima categoría. El tema es cambiante e irrelevante, el caso es repetirlo hasta la saciedad. Y en esas estamos, que han impregnado su estadio con un logo horrible que hace pasar por título la más absoluta intrascendencia futbolística, social y competitiva de 50 temporadas en Primera División. De la cantera y de esa generación que será la mejor que jamás vea A Madroa pocos de ellos se acuerdan ya, porque la Champions está a tiro, o eso dicen.

Hay una parte del celtismo empeñada en hacerle el juego hasta al más limitado de los deportivistas, asumiendo un discurso insostenible que supuestamente basan en la realidad pero que está ridículamente fuera de ella. Cojamos como ejemplo la supuesta tradición que, incluso, llega a aparecer en el himno. La tradición resumida en este dato. Ese celtismo nos provee en cada derbi o en cada alusión de una imaginería que igual no hace justicia a todo el conjunto pero que nos gusta pensar que sí. Porque es divertido. Es divertido porque el derbi que nos une es el más igualado que podíamos tener y, de haber diferencias, están en los detalles. Es divertido porque es un derbi que, aún cuando está desequilibrado a nivel de clasificación, sigue siendo igualado. No hay que añadirle mucho más, la verdad, para disfrutarlo.

El Celta es, a día de hoy, mejor equipo que el Deportivo. No duele decirlo y no hace falta adjetivarlo, pero sí colocarle una adversativa. Es mejor, salvo en los derbis. Esto concede un mérito algo limitado al buen trabajo que los nuestros hicieron en campo vigués. Fue un empate y pudo ser una victoria, sí, pero no lo fue y para hablar de méritos se lo dejamos a los expertos en resultados a posteriori. Fernández Borbalán seguramente se equivocó expulsando a Arribas, pero fue un error comprensible, no como los del día de Villarreal. El gol de Borges fue precioso y la vuelta de Sidnei una confirmación de lo radicalmente importante que fue su baja. Con él en el campo, el Dépor se parece más al de la primera vuelta. Por rachas, no le da al equipo para mantener 90 minutos a ese nivel, pero las líneas juntas y la defensa tanto lejos como dentro del área mostraron, igual que en la ida, las carencias de un Celta inane a la hora de atacar la portería defendida por un señor por barba que nadie sabe muy bien dónde encontramos. Lucas y Luis soltaron un par de pishas, Fede acompañó con su habitual galería de aciertos y errores garrafales y la cosa tampoco fue a más porque había un récord que batir. Son 16 empates en esta temporada, récord histórico del club y a uno del récord absoluto de la Primera División. No sé a vosotros, pero a mí me hace mucha ilusión batir récords. Mientras tanto, la imaginería del vigués seguirá creciendo en Coruña a costa de un Balaídos desangelado y un mosaico en la grada de Río que permanecerá para siempre en nuestra memoria colectiva.

 

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Athletic – Dépor, J27

Jornada 27 de la Liga BBVA 2015-2016. Miércoles 2 de marzo.

Athletic Club 4 – 1 R.C. Deportivo (Muniain, 13, Aduriz, 36, 53, 60; Oriol Riera, 51)

Cuando juega el Dépor yo ya solo puedo pensar en Borxa y Souto. Borxa ni siquiera se llama así, pero nos creemos su hiperenxebrismo. Borxa puede asustar porque te cuenta su oscuridad mientras sostiene su corazón palpitante en las manos, pero su sentido de la lealtad se lo ha traído de otra época. A Souto lo conocí hace poco, visitando a Borxa. Me lo presentaron como uno de los artífices de esta genialidad y vimos juntos un 0-0 del Hertha. Recuerdos inolvidables de los que unen para siempre.

Los dos viven en Berlín y cuando juega el Dépor yo ya solo puedo pensar en ellos vagando por Sonnenallee, buscando un Sportwetten en el que concidir con gente de nacionalidades extrañas. Al final lo único que me interesa es eso, imaginarlos comentando el partido con un ludópata egipcio, aficionado de Al Masry y superviviente de la masacre de Port Said. ¿Qué gracia tiene lo demás cuando uno puede dedicarse a imaginar qué están haciendo Borxa y Souto mientras ven al Dépor?

Llevábamos ya un tiempo avisando de la decrepitud que asomaba en cada partido. Pensemos otra vez en Berlín. En Berlín nieva y, los primeros días, la ciudad cubierta de nieve puede engañar. Brilla y es esponjosa. Pero esos días pasan y la nieve se junta con el barro, aparece el hielo y el frío empieza a doler. Cuando la nieve se va, la ciudad ya no es brillante ni esponjosa. Está sucia, muy sucia, y desvencijada. Eso fue el Dépor ayer y eso fue el Dépor el sábado, aunque al Granada le costó más aprovecharlo. Un equipo sucio y desvencijado donde antes había brillo y esponjosidad. Un equipo que ya no es una foto de Tumblr y sí una calle llena de mierdas de perro sin recoger por la que Aduriz y Susaeta se pasearon sin mancharse.

Cuando juega el Dépor yo ya solo pienso en Borxa y Souto volviendo a casa, abrigados y esquivando las minas por una de esas calles. Pensando que ya poco queda a lo que agarrarse de aquí a mayo, mientras discuten por qué Mosquera era rubio cuando recorría el paseo en agosto y ahora tiene el pelo más oscuro. Por qué Navarro arrastra esa fama de ultracompetitividad y siempre concede por su banda un par de acciones que son de gol o gol. Por qué Víctor hace valoraciones realmente positivas de las deprimentes actuaciones de sus jugadores. Por qué ya no funciona lo que funcionaba. Pensar en Borxa y Souto me hace estar más cerca de casa, que no sé dónde es pero sí sé lo que es.

Y os digo la verdad cuando confieso que, si no pensara en Borxa y Souto cuando juega el Dépor, si no me sintiera más cerca de casa cuando me siento delante del stream, yo ya no vería los partidos.

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