Mirandés – Dépor, 1/8 CdR

Octavos de final de Copa 2015-2016. Miércoles 5 de enero de 2016.

Mirandés C.F. 1 – 1 R.C. Deportivo (Ortiz, 25; Lopo, 65)

Meandros dibujas
Año: 1949
Director: (desconocido)
Productora: Matadero Producciones
Árbitro: Prieto Iglesias, del comité navarro

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Entre el griterío que copa el diálogo de esta nuestra España con su historia (con su memoria histórica) a veces emergen voces quasi fantasmales que parecen iluminar más que cualquier erudito en la materia. Fósiles de un pasado reciente que descubre más heridas de las que el nombre de una calle podría reabrir. El día de Reyes de 2016 obsequió a la cinefilia nacional -y, por qué no, internacional- con un documento sin precedentes. En un piso franco de Burgos, sede de una antigua productora de cine tan independiente como era posible serlo en la posguerra, apareció un rollo de película que data de no más tarde de 1949. Un pedazo de historia, censurado en su momento por las autoridades franquistas, latiendo durante años bajo el suelo, como el corazón delator de Poe.

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Meandros Dibujas es un ladrillo de esa catedral de oscuridad que fue el primer período de la dictadura, una pintura viva de aquella ciénaga intelectual que no conviene olvidar. Un relato criminal, situado a orillas del Ebro, que une a dos detectives: el veterano, Terrazas y su compañero, recién licenciado, Sánchez. El débil estado del celuloide superviviente nos impide seguir sus pesquisas con toda la minuciosidad que merecen pero su grito de socorro, el de toda una generación, llega nítido a nosotros.

El director (¿directora quizá?), anónimo, maneja una variedad de recursos desconocida entonces en autores nacionales. Coloca la cámara más abajo que cualquiera de sus contemporáneos, como por entonces sólo hacía Yasujirō Ozu, cuya sombra parece planear sobre todo el metraje. De esta forma el amplio campo de visión del que podríamos gozar se estrecha y elimina cualquier profundidad posible abriendo al máximo la distancia focal de su objetivo. El espacio como asfixia, como agorafobia, el miedo al exterior en una época en la que ni las paredes del hogar eran seguras y confortables.

3

Este Meandros Dibujas es una joya oculta no sólo de la cinematografía española sino de la memoria colectiva que está buscando ya una distribuidora que lo digitalice y edite en DVD. Mal acostumbrados, últimamente, a los circos anfetamínicos merece la pena entregarse a este juego de atmósferas, a este cuento de terror que habla, exactamente, sobre eso, sobre el terror. El terror coagulado de una herida que no se debe cerrar, no tan pronto.

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Dépor – Llagostera, 1/16 Vuelta CdR

Dieciseisavos de final de Copa 2015-2016. Martes 15 de diciembre de 2015.

R.C. Deportivo 1 – 1 U.E. Llagostera (Juan Domínguez, 68; Jordi López (p), 78)

Oriol Alsina sale del túnel de vestuarios a hora y media del inicio del partido y respira el olor a pasado reciente glorioso que contiene el aire de Riazor. Busca a su alrededor a alguno de sus jugadores, ve a Pitu. Lo coge con cariño rodeando con su mano derecha la arquitectura de su nuca. Tiene una colleja importante, piensa para sus adentros. Es la mayor malicia cotidiana que se permite e incluso ésta le hace sentirse culpable y decide que evitará pensar cosas así en el futuro. “Mira, mira aquí”, dice señalando el banquillo local, “aquí lloró Arsenio cuando lo de Djukic, no quedan restos porque lloró hacia dentro”.

Pitu quería imbuirse en sus auriculares y dedicar unos minutos a fantasear con meter un gol por la escuadra pero Oriol tenía cosas que contarle. “Mira esta banda, por aquí corrió Fernando Vázquez. Qué carrera tenía el tío.” Agazapado sobre el césped, al lado de la línea de cal, “se oyen sus latidos todavía”, dice.

Caminan hasta la portería de Pabellón. El césped del área pequeña lleva varios partidos harapiento, Oriol toma una muestra de tierra con el dedo y la olisquea. “Aquí jugó un príncipe africano, ¡y no era ni titular!”. Mira, macho, yo debuté con Rijkaard, qué me cuentas, pesao. Pitu no dijo esto y desde aquí premiamos su esfuerzo por contenerse. Pero Oriol supo leerlo y le dejó marchar a deambular por el campo.

Oriol Alsina es muy buena persona. Es tan buena persona que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Su campechanía bien le valdría un título nobiliario en algún estado poco serio. Mira Riazor como quien mira un firmamento en el que sólo él es capaz de reconocer constelaciones y si le preguntas te hablará de astronomía durante horas pronunciando eles muy cóncavas y eses muy grasas, como buen catalán. Oriol no odia el fútbol moderno, pero le abruma. Se sabe un privilegiado y no pierde ocasión de sentirse como tal. Por delante le esperan 90 minutos de privilegio y un capricho muy especial, Saúl.

Oriol quiere a Saúl. Ve en él todo lo que puede desear en un jugador. Le busca por el campo, quiere presentarse. Ensaya en silencio varias formas de acercarse a él. “Saúl, ¿cómo vas, jabato?”. Pero no tiene ocasión. Vuelve al vestuario y hace sus cosas de entrenador, pule un par de cuestiones que quedaron abiertas en el entrenamiento anterior y manda a los chavales a calentar. Empata el partido y nos da una lección sobre amor en rueda de prensa.

https://www.youtube.com/watch?v=q5DjnsEifEU

Oriol, nos caes muy bien y esta copa la vamos a ganar por ti.

llagostttereak

Llagostera – Dépor, 1/16 Ida CdR

Treintaidosavos de final de Copa 2015-2016. Miércoles 2 de diciembre de 2015.

U.E. Llagostera 1 – 2 R.C. Deportivo (Juanjo, 21; Cartabia, 60; Oriol Riera, 73)

Cuando Víctor (Sánchez d)el Amo tomó el primer VHS de su videoteca, etiquetado como “Jornada 10: Llagostera 1 – S.D. Huesca 0”, lo percibió inusualmente frío. Lo agitó en una intuitiva pantomima de reanimación cardiopulmonar pero su halo de frialdad no varió. Lo abrió y al introducirlo en la rendija de su reproductor Panasonic se temió lo peor. En efecto, alguien había grabado por encima. Las imágenes reproducían cotidianidades del propio Víctor desde ángulos en los que jamás imaginó que pudiese haber cámaras. VSDA aparca el coche, VSDA busca las llaves de su portal, VSDA abre el portal. A punto de dar el primer sorbo a su café lo dejó caer, sospechándolo envenenado.

“Estos van más en serio de lo que pensábamos”. mensaje enviado al grupo de whatsapp del cuerpo técnico que hizo temblar hasta los contratos de permanencia con sus operadores de telefonía. En menos de una hora los había reunido a todos ellos y a los cuatro capitanes en su sótano. “Nos han borrado todas las cintas de partidos del Llagostera. Vamos a tener que preparar el partido a ciegas”. Alex B. se echó las manos en la cabeza y Juando miró a Laure que miró a Manuel Pablo que miró al suelo.

Bajo una lona en la que se había erigido, tiempo ha, una metrópolis de ácaros, descubrió Víctor una pizarra envejecida y mugrienta. Tomando una tiza intentó describir un rectángulo de juego con sus áreas y sus proporciones. “Caballeros, esto es la guerra”.

Los días posteriores los dedicaron a inventarse los atributos de los jugadores del Llagostera para tener una base sobre la que trabajar. Pitu es valiente y pasional, Escassi es veloz y racionalista, Juanto va bien por alto pero arriesga mucho en el pase, Juanjo tiene cositas de Kaká Becerra y una hija de 4 años, Juando es de los nuestros. Los jugadores entrenaron como si nada, especialmente Lucas, que ni se imaginó quedar fuera de la convocatoria. Víctor diseñó un plan a la medida perfecta del rival que se acababa de inventar.

Se presentaron entonces el miércoles en el pueblo que no era. Y ya de perdidos al río les fueron a preguntar a los chicos del Palamós CF si les apetecía pachanguita de relax. Pero conforme iban sacando sus bolsas del maletero vieron llegar un bus. “Nos tienen geolocalizados”, murmuró el entrenador a uno de sus pupilos. El equipo del Llagostera se presentó exactamente en el mismo pueblo que el Deportivo, imposibilitando cualquier posibilidad de huida. Bajaron uno a uno todos los jugadores, todos a los que Víctor había otorgado personalidades, historias, biografías no autorizadas y que ahora no eran más que soldados del ejército enemigo. Se dispusieron todos ellos a escasos metros de la plantilla deportivista para ejecutar una danza maorí que los más jóvenes jugadores jamás podrán olvidar, y los coruñeses se encerraron en su hotel para meditar, para redactar testamentos y para llamar a sus familias.

Lo que pasó después ya fue historia. El esquema de Víctor contra el equipo inventado funcionó a la perfección con un Bruno Gama desatado en banda izquierda. “Todos los balones a Bruno”, dijo Víctor en el minuto 6 debajo de una mantita en el banquillo. Cuando todo parecía ir viento en popa el Llagostera introduce la variable Lopo en una ecuación que Víctor no fue capaz de prevenir por la falta de información y, por una vez, sólo por una vez dejó que fuese el fútbol quien decidiese el resultado y se abstuvo de intervenir. Y el fútbol tomó una decisión, el fútbol quiso que el Cid Campeador, caído en 1099, se subiese a lomos de un caballo que tampoco había vivido mucho más pero que aterrorizó a la defensa numantino-catalana. Después de fallar no menos de 4 ocasiones claras en la primera parte, nuestro Campeador toma un balón en una esquina del área y mete, sí, el gol del Djalminha al Celta. No otro gol, no, ese mismo. Y tan pancho. Se volvió VSDA a Coruña con su ventaja y pensando si Don Fútbol habría de intervenir otra vez en su favor en el partido de vuelta, porque la guerra aún no ha terminado.

brunogama

Dépor – Atlético, J10

Jornada 10 de la Liga BBVA 2015-2016. Sábado 31 de octubre.

R.C. Deportivo 1 – 1 Atlético de Madrid (Tiago, 34; Lucas, 77)

Lo primero que voy a hacer es dedicar un espacio a dar dos puñetazos al teclado por el larguero de Fajr: cfszxcvb yvgfgfv.

Miro el twitter para conocer los dos onces. El Atlético de Madrid saca de inicio a Mola, Gil-Robles, Sanjurjo, Yagüe, Ramiro Ledesma, Queipo de Llano, Millán Astray y Gabi. Y en el banquillo media docena de voluntarios de la División Azul. El Deportivo, por su parte, alinea a las Trece Rosas y de suplente un veterano de la guerra de Bosnia que yo pensaba que era una pieza de museo o un product placement de un taxidermista local. Me atormenta el eco de la entrevista a Pablo Iglesias la noche anterior en la COPE. “Podemos es un matagigantes como en su momento habría sido el Dépor”. Me recorre un escalofrío, como aquel fantasma que recorría Europa.

No tiene sentido constatar lo que sucede antes del gol de Salazar en el minuto 34 porque el partido nace precisamente ahí. Se termina la previa y comienzan las sensaciones en la grada, el vértigo de la primera división. Los partidos del Depor se empiezan perdiendo para que tengan sentido. El equipo procura ser metáfora de sí mismo en cada encuentro y el relato prohíbe reinar primero y perder luego el trono y exige siempre seguir la trayectoria del Ave Fénix. En esa lógica hay plena comunión entre afición y jugadores. Luego duelo de estrategas en el banquillo, quien sepa de fútbol que lo explique. Mi partido fue el de Fede.

Federico Nicolás Cartabia: mi media naranja, una actualización del mito de Lazarillo de Tormes. Cuando ya había comenzado el asedio local en la segunda parte, nuestro héroe argentino, en una de sus oportunas visitas a la frontal, le deja un recadito a Giménez y éste entra en un episodio de enajenación colérica. En contraprestación le tira un caño a Fayçal en una salida de balón al lado de su propia área. No pintaba bien el negocio: sin estudio de mercado previo y jugando con un activo tan volátil como la cabeza de un uruguayo, te puede pasar eso. Pero a veces las finanzas son cuestión de pura intuición y no cuento nada si digo que Giménez acabó llorando. Llorando muchísimo. Y el pequeño bróker aprovechó los últimos minutos para pegarle una colleja a Koke.

En el minuto 77, Lucas Pérez zanja definitivamente el debate entre razón y fe a favor de la segunda. Hay cosas que exceden nuestra capacidad racional: que Dios sea uno y trino o que este fulano corra a por un balón que se escapa por línea de fondo a 40 metros de él con amplia ventaja para Giménez (véase también párrafo anterior). Pero lo hizo y no le pudo gustar más hacerlo. Por una vez no le hizo falta incorporarse corriendo para llevar el balón al punto central y se entregó a unas gentes que le adoran y que se han apropiado de su nombre para hacer de él su “No Pasarán”.

A partir del minuto 80 me resulta imposible decir qué equipo quería meter el segundo gol y cuál terminar ya el partido. A unos les movía el impulso de la remontada y de una hinchada enfervorecida, a otros su particular vileza y perfidia. El tiempo ya no corría en beneficio de nadie pero tampoco había prisa por sacar de banda. Las contradicciones se disparaban y llegó un punto en que Filipe dejó sentado a Fede con un recorte made in Lotina y Riazor gritó “oooh”. Un despiste esquizofrénico que habrá que consultar con el cura de la iglesia de nuestro barrio.

El partido fue, en fin, lo que sucedió entre el 34 y el 77. Terminó y puntuamos poquito pero queriéndonos mucho los unos a los otros. “Nosotros no proponemos nada que no haya propuesto la socialdemocracia europea en los años 80” acabaría diciendo Víctor Sánchez del Amo en rueda de prensa.

luquitass

Dépor – Athletic, J8

Jornada 8 de la Liga BBVA 2015-2016. Domingo 18 de octubre.

R.C. Deportivo 2 – 2 Athletic Club (Iñaki Williams, 30; Aduriz, 63; Lucas, 80; Arribas, 89)

El videomarcador cifró en 26.239 la asistencia a Riazor pero en el minuto 71 la sensación térmica era de 9.000 personas, si no menos. En Pabellón apenas éramos capaces de devolver a los Blues el “Deportivo Alé” de rigor. Y todo esto porque los chavales en el campo no estaban haciendo las cosas mal pero se estaban comiendo un cagao. Cada cual contribuía como podía al sonido ambiente. Yo comí algunas pipas y el tipo al que siempre intento evitar pero que siempre se sienta delante de mí hizo observaciones muy poco inspiradas sobre la cojera (simbólica, supongo) de ciertos jugadores. No parecía la afición de un equipo renacido y en puestos europeos. No parecía la afición de un equipo que tiene a Fayçal Fajr en su plantilla. Pero era normal.

En el minuto 30 marca Williams con uno de los nuestros tendido en el césped, tumbado por la precognición del gol que estábamos a punto de encajar en esa misma jugada, anticipando la decepción con danza interpretativa minimalista. Ese fue Luis Alberto, creo. El mismo que luego la tiró dos veces al palo en un momento en que cualquier guionista mínimamente serio hubiera propuesto gol del empate. En la grada las gentes discutían la herencia genética del que nos había metido gol. Luego marca Aduriz, que se había pasado la primera parte rosmando y pegándole a nuestro portero. La frialdad del estadio era sociológicamente comprensible. Estás callado por temor a que todo aquello fuese la primera bocanada de realidad de la temporada. Porque viene un equipo que, en teoría, es mejor que tú y te gana. Y entonces todo lo anterior pudo haber sido coincidencia. Y a lo mejor la ilusión no es parte del plan, a lo mejor hay que plantearse posponerla. Pero no.

Ahora la ilusión es el motor del tren y Lucas Pérez, que se había pasado 80 minutos como Buster Keaton sentado en una biela cabizbajo, mete un golazo y señala a la misma afición que no había sido capaz de devolver un “Deportivo Alé” en condiciones. Y de repente había 45.126 aficionados, si no más. Y luego Alejandro Arribas, que es ya un vecino más de Monte Alto, te empata el partido con la alegría del central que está de vacaciones en el área contraria. Como Lopo en aquel otro partido. Es imposible que se vaya la ilusión con esta gente. No te dejan.

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PD: Juando, no corras, bonito, tú estás excluido.