Dépor – Valencia, J10

Jornada 10 de la Liga BBVA 2016-2017. Lunes 23 de octubre.

R.C. Deportivo 1 – 1 Valencia C.F. (Emre Çolak, 45; Rodrigo, 56)

La cantidad de información y sonidos que recibe últimamente el entorno blanquiazul hace imposible mantener un discurso homogéneo, ni tan siquiera en los sótanos del Matadero. El gentío tiene problemas hasta para buscar a quien echar las culpas, algo que tradicionalmente unía a la masa en un solo impulso. Ahora todo el mundo habla a la vez. Hubo una excitación que sucedió al último partido y esta ha hecho mella. Ante el Valencia llegamos al campo como si fuera el primer partido de temporada, como si una nueva era hubiera arrancado y fuéramos a conocernos. Al llegar hay un tifo de recibimiento que nadie entiende porque le recuerda al Valencia tiempos pasados cuando sin problema podría recordarle tiempos presentes o incluso futuros y saldrían igual de amedrentados. La gente, sin dejar de hablar se mira entre ellos y deciden prender fuego a la torre de Babel y gritar todos en el mismo idioma. Fabuloso coro celestial. El Dépor sale en llamas. Y qué Depor. Desde el club han aceptado todas las condiciones que pusimos al rescate: Luisinho en la banda sentando a un Navarro al que Gaizka le debe dinero y el turco de corto después de una semana en la que ha generado una suerte de leyenda sin levantarse apenas del sofá, como si su ausencia fuese la razón de todos los males. Estas dos incorporaciones insolentes al esquema hacen que el equipo salga ardiendo y esprinte como un escuadrón de la muerte entre muñecas de porcelana. La afición, con el objetivo de que los chés (vestidos como un equipo genérico rival del Tecmo World Cup Soccer) se sientan como en casa, pita absolutamente cada decisión del árbitro o de los valencianos. De tanto ruido ni vemos si está jugando Santi Mina para llamarle imbécil o algo.

Para entender el dominio de la primera mitad hay que comprender algunos puntos. El primero es un Juan Francisco que desde la decadencia del juego general está empeñado en ser el primer lateral derecho del Deportivo que sea capaz de colgar centros que no vayan a ser puestos de mal ejemplo en cursos de entrenadores, contra la opinión de la grada, por supuesto. Está legitimando el haberse quedado con el ‘2’ en la espalda. Que hoy por hoy sea de lo mejor del Deportivo es a la vez buena y confusa noticia. La segunda: hemos tenido que replantar un césped de 20 años de historia y varios títulos para que Marlos deje de resbalarse o grindar los bordes del área (cayendo hacia fuera siempre). Ahora el colombiano encontró su pie y va trotón como un pinball entre los jugadores rivales dejando regalos en la boca a la grada de las manos de sal. La tercera: Tyton en la portería es un autómata, no sabemos que pasará con los asados pero los reflejos del polaco parecen hasta ilegales. Y por último, claro, Emre Çolak, que contra todo pronóstico después del encumbramiento etéreo está haciendo fuego sobre el césped nuevo. Funcionó la técnica del barbecho con él y dejándolo fuera una sola convocatoria ya está para optar al Balón de Oro. El día que vuelva Álex Bergantiños (misión en la que se ha involucrado de tal forma Juan Francisco que le ha puesto Daniela a su hija en homenaje) trae la primera copa del mundo a la Sagrada Familia.

Lo mejor: Çolak practica un gol de cabeza de un centro pero solo le sale a la segunda vez. Cierra una primera parte muy seria.

Al descanso vuelven a sacar a gente al centro del campo para ganar no se qué radio-despertador y una chica dispara igualando los resultados anotadores de Florín Andone, que está haciendo algo mucho más difícil que lo que hizo Lucas la temporada pasada: conseguir que absolutamente nadie dude ni se impaciente a pesar de no mojar un caracol.

Tras el descanso los jugadores saltan al campo pasando por un pasillo de espejos en el que se ven reflejados. Lamentablemente para nosotros porque los del Valencia ven que al final son todos jóvenes y están bastante en forma y que hasta podrían atreverse a jugar un poquito. No cambia mucho el espíritu del encuentro porque el Valencia es un equipo muy agradecido que cuando se juega algo apenas hace una mierda. Va como una brisa entre las columnas pero necesita que el verdadero héroe del encuentro pierda un balón que les facilite un empate que ordena Tebas desde Madrid. Maniobra orquestada para incrementar el ritmo e interés del partido y para que los murmullistas comiencen a pedir gente distinta a la que está, en general: hay un recogepelotas negro y se oyen peticiones de que “tenían que ser todos los recogepelotas negros”, hay gente que pide “que salga el Depor femenino”, gente que pregunta porque no están jugando Insua, Oriol Riera, Bicho y Juan Dominguez y en general el discurso habitual del tribunero: los que no están siempre son mejores que los que están, sean quienes sean. Tanto pedirán cambios que al final, como no podía ser menos, acaban sacando al defenestrado Navarro, que menudo feo no sacarle de titular, por el lateral derecho del mejor once de la jornada, Juan Francisco, destrozado. A partir de aquí todo lo gobernará el ‘share’ y lo políticamente correcto. Los dos equipos frenan, Andone dosifica, a Tyton se le pone el led en rojo y da un par de sustos. Mosquera intenta no molestar demasiado a ninguno de los dos equipos y el Valencia se acomoda en el empate dentro de su dominio. Solo les vale marcar un gol bonito así que tampoco se esfuerzan mucho. El Depor asume una postura similar: saca a todo el ataque porque sabe que el camino para lograr la permanencia es superar el récord de empates del año pasado. Cuando el rival ve que nuestro portero no para el juego así haya doce jugadores desmayados en el campo, deciden hacernos daño (o brindar un detalle al gentío) sacando a Cartabia para que se pasee: no funciona el dolor, la grada le aplaude y él casi le devuelve el gesto participando en un gol para su equipo, para terror de las dos aficiones. Al final acaba el partido con la gente completamente afónica (nadie ha parado de hablar desde que entró, nadie ha encontrado ninguna razón) y sacan una traca como en los fuegos artificiales, bombas-bombas, humareda, tarda menos de 5 segundos en esfumarse y de repente todos están de acuerdo.

Lo peor: Muy buen juego, buenas sensaciones, linea ascendente, tenemos para una semana de autoconvencimiento, hay calidad, un punto menos para la salvación, el próximo partido es el importante y toda esa basura que se debería desterrar de los vocabularios. Ha habido tanto ruido que no sé ni siquiera si ha jugado Miguel el que fumaba. Hablemos claro, basta de conformidades: es preferible la motivación a lo temerario que el consuelo de lo mediocre. A ver si, cuando salga del barbecho, nos lo sabe explicar Joselu.

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