Barça – Dépor, J8

Jornada 8 de la Liga Santander 2016-2017. Sábado 15 de octubre.

F. C. Barcelona 0 – R. C. Deportivo 0 (Messi, 58; Luis Suárez, 43; Rafinha, 36; Rafinha, 21)

El encuentro da comienzo con Paco Alcácer recibiendo un pase de la línea de fondo a escasos 2 metros de la portería de Poroto, la distribuye inteligentemente a Arda Turan y se inicia la clásica maquinaria tikitakinética blaugrana. El Dépor, que inició el partido con 10 y con las camisetas sudadas, se deja llevar. Hay un monólogo en el Camp Nou, el de siempre pero más raro. El marcador proyectaba un engañoso 4-0. Primera incidencia: sale Laure del vestuario y entra tan pancho al campo, revisa si la tarjeta roja del árbitro funciona bien y levanta a Neymar del chan con un giro mágico de codo. Las cabezas a punto de estallar. Dos señores intentando atar cabos detrás de mí. Hay un murmullo ininteligible en el estadio. La gente arranca con un aplauso y Messi, como interpelado por este jolgorio, se empieza a abrazar con sus compañeros. En un gesto técnico grandioso le resta un gol a su equipo y le unta un poco de emoción al partido. Los nuestros parecen deprimidos todo el rato. Babelinho y Luisinho se marchan del campo y entran Turkinho y Bruninho como si acabasen de llegar de Vietnam. A Gaizka hay que quererle, entenderle ya tal. Lo comentaba yo eso con mi colega, que me llevó al Camp Nou con los carnets de sus padres, que llevan más de 50 años siendo socios y con dificultad pueden encontrarle incentivos a un Barça-Depor. Pero aquello era una experiencia diferente. Yo me sentía como irradiando rayos de luz y enviándolos al sol, rellenando enfermizamente mi botella de agua con largos escupitajos. En fin, que entre una cosa y otra nos dio el descanso.

La gente se va a devolver las consumiciones al bar de dentro. A donde fueres haz lo que vieres, así que yo también. Iniciamos el segundo acto. Luis Suárez, con el magnetismo de los grandes goleadores, extrae un balón del fondo de la red y pone el 2-0 en el resultado. En el Camp Nou saben lo que es ir 2-0 contra el Dépor y, no nos vamos engañar, se pusieron nerviositos. Y los nervios hicieron lo suyo y, mira tú por donde, ironías de la vida, fue un vigués el que, por partida doble, dispuso las tablas en el marcador. El Depor lo había logrado, otra vez. A partir de ahí nos dedicamos a estar muy ordenaditos en el campo y a mostrar seriedad, camisetas limpias y hasta metemos a Sidnei en el campo para que enseñase la cojera que llevaba un rato ensayando en la enfermería. Y lo fuimos preparando todo para que el árbitro pitase el final con el balón en el punto central. Barcelona es nuestra.

Me largué de allí con el pecho lleno. Exhalando el mejor de los oxígenos. Oyendo cómo los viejos del lugar ponían sobre aviso a los más jóvenes “uy, el Dépor, estamos jodidos, de aquí sacan algo. Siempre.”

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