Dépor – Las Palmas, J32

Jornada 32 de la Liga BBVA 2015-2016. Lunes 11 de abril.

R.C. Deportivo 1 – 3 U.D. Las Palmas (Lucas, 47; Araujo, 57; David García, 79; Araujo, 93)

Un cráneo tirado en el suelo, el quebrantahuesos burló miradas porque se sentía con ganas de hacer daño a alguien, merodeó, rápidamente recogió con las garras, voló al son de una psicótica melodía, alas y cola afiladas, abrió las zarpas y dejó caer con meticuloso cuidado, cayó, partió. Lo ingirió con el tiempo justo para, en su primera deglución, dedicarme una mirada, lo disolvió. Repentinamente, como una plaga de polillas en un trigal, se dispusieron cien mil martillos hidráulicos simulando un telón frente a los edificios en la Avenida de Gran Canaria, reventaron las fachadas. Contemplé todo esto mientras echaba la truja.

El sol resulta fantasmal cuando hay oscuridad a su alrededor.

La entrada al estadio alude al cortocircuito. A bocas mortíferas. Alude también a un puñado de sensaciones que hablan de lo mismo, de lo de siempre, en fin, a la melancolía. Entendí, con el máximo de claridad que podía permitirme, que estaba en casa otra vez. Pero entré alerta, precipitadamente retraído. No hay tiempo, hay ansia. De qué, de qué, de qué. Zapatos de hormigón. Transcurrió el partido, con ocasiones, como siempre, sin acierto, como siempre. Obviedades que llegados a este punto ya me comen la polla. El pesimismo, como siempre, conmutó en serenidad. Borges estaba en Hanging Rock, y a mí eso me parece bien.

Avanzó la movida y yo ya había estado allí. En una temporalidad suspendida, una mano helada y pujante se posó sobre el cuello, y, con una delicadeza que me dio puto asco, se paseó por todos los ángulos de mi cara. Vocíferos con máscaras de papel maché pasearon, pasmosamente y con orgullo, la mierda que les nace detrás de los dientes. Mis uñas se preguntaban qué pasaba y Lako, sin gafas, probablemente lo sabía.

El diablo estaba sentado y se reía. Le gusta que la gente se porte mal. Luego los manda a la casa de las serpientes. Se sienta y se ríe. Las serpientes se meten en tu garganta y se comen los órganos. El diablo ronda Riazor.

Al salir del estadio las calles estaban impregnadas de sudor: los bordillos, las losetas, las paredes, los cristales, las farolas, el alcantarillado, los chicles, el alquitrán, los barrotes, los árboles y hasta el Gadis. Yo no sabía a qué andaba la gente que estaba en las aceras, si pedían socorro o estaban intentando enterrar a alguien. Yo iba echando la truja.

el-humo-de-satanas

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