Athletic – Dépor, J27

Jornada 27 de la Liga BBVA 2015-2016. Miércoles 2 de marzo.

Athletic Club 4 – 1 R.C. Deportivo (Muniain, 13, Aduriz, 36, 53, 60; Oriol Riera, 51)

Cuando juega el Dépor yo ya solo puedo pensar en Borxa y Souto. Borxa ni siquiera se llama así, pero nos creemos su hiperenxebrismo. Borxa puede asustar porque te cuenta su oscuridad mientras sostiene su corazón palpitante en las manos, pero su sentido de la lealtad se lo ha traído de otra época. A Souto lo conocí hace poco, visitando a Borxa. Me lo presentaron como uno de los artífices de esta genialidad y vimos juntos un 0-0 del Hertha. Recuerdos inolvidables de los que unen para siempre.

Los dos viven en Berlín y cuando juega el Dépor yo ya solo puedo pensar en ellos vagando por Sonnenallee, buscando un Sportwetten en el que concidir con gente de nacionalidades extrañas. Al final lo único que me interesa es eso, imaginarlos comentando el partido con un ludópata egipcio, aficionado de Al Masry y superviviente de la masacre de Port Said. ¿Qué gracia tiene lo demás cuando uno puede dedicarse a imaginar qué están haciendo Borxa y Souto mientras ven al Dépor?

Llevábamos ya un tiempo avisando de la decrepitud que asomaba en cada partido. Pensemos otra vez en Berlín. En Berlín nieva y, los primeros días, la ciudad cubierta de nieve puede engañar. Brilla y es esponjosa. Pero esos días pasan y la nieve se junta con el barro, aparece el hielo y el frío empieza a doler. Cuando la nieve se va, la ciudad ya no es brillante ni esponjosa. Está sucia, muy sucia, y desvencijada. Eso fue el Dépor ayer y eso fue el Dépor el sábado, aunque al Granada le costó más aprovecharlo. Un equipo sucio y desvencijado donde antes había brillo y esponjosidad. Un equipo que ya no es una foto de Tumblr y sí una calle llena de mierdas de perro sin recoger por la que Aduriz y Susaeta se pasearon sin mancharse.

Cuando juega el Dépor yo ya solo pienso en Borxa y Souto volviendo a casa, abrigados y esquivando las minas por una de esas calles. Pensando que ya poco queda a lo que agarrarse de aquí a mayo, mientras discuten por qué Mosquera era rubio cuando recorría el paseo en agosto y ahora tiene el pelo más oscuro. Por qué Navarro arrastra esa fama de ultracompetitividad y siempre concede por su banda un par de acciones que son de gol o gol. Por qué Víctor hace valoraciones realmente positivas de las deprimentes actuaciones de sus jugadores. Por qué ya no funciona lo que funcionaba. Pensar en Borxa y Souto me hace estar más cerca de casa, que no sé dónde es pero sí sé lo que es.

Y os digo la verdad cuando confieso que, si no pensara en Borxa y Souto cuando juega el Dépor, si no me sintiera más cerca de casa cuando me siento delante del stream, yo ya no vería los partidos.

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