Dépor – Llagostera, 1/16 Vuelta CdR

Dieciseisavos de final de Copa 2015-2016. Martes 15 de diciembre de 2015.

R.C. Deportivo 1 – 1 U.E. Llagostera (Juan Domínguez, 68; Jordi López (p), 78)

Oriol Alsina sale del túnel de vestuarios a hora y media del inicio del partido y respira el olor a pasado reciente glorioso que contiene el aire de Riazor. Busca a su alrededor a alguno de sus jugadores, ve a Pitu. Lo coge con cariño rodeando con su mano derecha la arquitectura de su nuca. Tiene una colleja importante, piensa para sus adentros. Es la mayor malicia cotidiana que se permite e incluso ésta le hace sentirse culpable y decide que evitará pensar cosas así en el futuro. “Mira, mira aquí”, dice señalando el banquillo local, “aquí lloró Arsenio cuando lo de Djukic, no quedan restos porque lloró hacia dentro”.

Pitu quería imbuirse en sus auriculares y dedicar unos minutos a fantasear con meter un gol por la escuadra pero Oriol tenía cosas que contarle. “Mira esta banda, por aquí corrió Fernando Vázquez. Qué carrera tenía el tío.” Agazapado sobre el césped, al lado de la línea de cal, “se oyen sus latidos todavía”, dice.

Caminan hasta la portería de Pabellón. El césped del área pequeña lleva varios partidos harapiento, Oriol toma una muestra de tierra con el dedo y la olisquea. “Aquí jugó un príncipe africano, ¡y no era ni titular!”. Mira, macho, yo debuté con Rijkaard, qué me cuentas, pesao. Pitu no dijo esto y desde aquí premiamos su esfuerzo por contenerse. Pero Oriol supo leerlo y le dejó marchar a deambular por el campo.

Oriol Alsina es muy buena persona. Es tan buena persona que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Su campechanía bien le valdría un título nobiliario en algún estado poco serio. Mira Riazor como quien mira un firmamento en el que sólo él es capaz de reconocer constelaciones y si le preguntas te hablará de astronomía durante horas pronunciando eles muy cóncavas y eses muy grasas, como buen catalán. Oriol no odia el fútbol moderno, pero le abruma. Se sabe un privilegiado y no pierde ocasión de sentirse como tal. Por delante le esperan 90 minutos de privilegio y un capricho muy especial, Saúl.

Oriol quiere a Saúl. Ve en él todo lo que puede desear en un jugador. Le busca por el campo, quiere presentarse. Ensaya en silencio varias formas de acercarse a él. “Saúl, ¿cómo vas, jabato?”. Pero no tiene ocasión. Vuelve al vestuario y hace sus cosas de entrenador, pule un par de cuestiones que quedaron abiertas en el entrenamiento anterior y manda a los chavales a calentar. Empata el partido y nos da una lección sobre amor en rueda de prensa.

https://www.youtube.com/watch?v=q5DjnsEifEU

Oriol, nos caes muy bien y esta copa la vamos a ganar por ti.

llagostttereak

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