Deportivo Tecnicolor

Uno de los objetivos de la globalización (si no el último) es convertir todas las ciudades en la misma. Reorganización urbanística: el Decathlon al lado del Worten, los mendigos debajo de los bancos del parque para que no se vean, un kebab situado a no menos de cien metros de donde estés y una orilla del río mucho más pobre que la otra. Es importante que esos parques tengan aspersores que funcionen todos los días independientemente de que la ciudad tenga clima monzónico. El resto del inventario también es genérico: ceniceros a disposición de los bañistas, ayudas para jóvenes talentos familiares del partido en el poder y concurso de tapas con dos premios, tradicional e innovadora. La ciudad tiene que estar limpia pero no demasiado, no vaya a perder el encanto. El servicio de limpieza deberá contratar a un tipo que camine por las calles soltando, por ejemplo, servilletas manchadas con un trozo de cucurucho de helado. En general pavimentos y muros deben estar acolchados para que no nos hagamos daño ni intentando suicidarnos y no puede existir tampoco ningún símbolo que ofenda a ningún tipo de colectivo formado a raíz de la aparición del símbolo. Para algo somos ciudadanos del mundo y debemos sentirnos en casa –ergo, poner los pies en la mesa– en cualquier lugar. Todos los lugares son éste y de ahí no nos bajamos. El mundo es uno. ¿Celebrar Acción de Gracias? En mi casa se ha hecho de toda la vida del Señor. ¿Hay un chino entrenando en A Madroa? Pues será, como muchísimo, de Oia.

En el fútbol la globalización significa que seis jugadores de cada club son propiedad de un señor que se deja ver por el estadio cada cuatro meses, le explican antes de entrar que los de verde son los suyos y cuando saltan los jugadores al césped ve numeritos con los stats encima de sus cabezas, como si estuviera jugando al FIFA o mejor aún, como si estuviera viendo el catálogo de IKEA, que por otra parte deberá estar situado no demasiado lejos del Decathlon. Es imperativo que cuando asome la cabeza por el palco se le aplauda y se canten canciones populares de su país natal, americanos os recibimos con alegría. También es imperativo que, bastante antes de lo esperado, acabe teniendo que esconderse para que no le tiren al río –el DJ cambia de registro, ahora ni yanquis ni patrones, los vamos a reventar– casi siempre desde la orilla pobre, por cierto.

La vida gira en torno a uno de estos libros de guía de conversación para turistas que te regalan y nunca los abres.

Globalización significa que tus jugadores llevan en el culo y los codos, sin que los distingamos, publicidad de alguna empresa con sede en Júpiter mientras que la LPF y MediaPro dejan la cabeza cortada del dealer de Giovanella en tu cama para que aceptes que gestionen la página web de tu equipo. Esto último porque la liga BBVASantanderInditexCampofrío es, contra todo pronóstico, la mejor liga del mundo. En un futuro no se descarta que, para no ofender, los equipos se conozcan por números y no por nombres y que mascotas dinámicas hiperdrogadas anuncien las hamburguesas que venden en el ambigú por el precio del sueldo diario de un jornalero. En pos de la solidaridad el Real Madrid establecerá su sede en Osaka, siendo el infame estadio de Concha Espina una sucursal del 非常に由緒とレアルマドリードのサッカークラブ (Osaka Ral Madrid CF).

Para cuando esto pase no estaremos muertos, pero aún tendremos que aguantar los resoplidos que salen del recto de los babuínos de turno cada vez que Álex Bergantiños aparece en el 11 titular.
Ojalá hubiera río para todos ellos pero bastante ya se ahogan cuando suena el silbato.

Mientras tanto esperamos el apocalípsis. Vomitamos los empates sobre el pantone, azul real de un Deportivo tecnicolor que planea entre los andamios de Riazor sin escoger en que puesto asentarse, que no sale por la tele pero se filtra en los bares. Desde este parque temático de lipotimia y fe creemos en todos ellos y comienzan a ser ya un revival de la banda que fue. Un regalo de navidad, algo que aprender de nuevo. La gente tiene dudas pero se arranca con algún canturreo. Todo bien. No sé, si Mosquerita no hubiera dejado el hockey, lo seguiría por tierra y por mar. Si por mar en un buque de guerra, si por tierra montado en Fayçal. Prosigamos con la obra.

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