Berenguel del Pino

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Qué manera de correr, perseguido por los perros, Héctor Berenguel del Pino, que respiraba el óxido aquel de alambrada en la silueta de los invernaderos. Eran las seis de la tarde. Se adivinaba ya el galopar amorfo del futurista lateral, jadeando a diez metros de los vigilantes, que con sus bocas repletas de baba acechaban al chico melenudo levantando polvo y virutas de metal. Echar un ojo al océano de plástico podía salir caro. Héctor lo sabía pero allí que se iba, desoyendo los consejos de su tío Horacio, buen conocedor de la oscuridad que escondían algunos rincones de la Almería intensiva. “Agárrate el culo en la charcutería hasta que salga tu padre de trabajar”. Ni caso, bicicleta y kelmes azules para galopar teñido de ocre, saltando socavones, formando la figura con la que años más tarde graznaría en lugares como Elche, Sevilla o Coruña. Y es que los lugares inhóspitos merecen buenos trastos que los recorran, trastos a medio hacer con vacíos en sus maquinarias que queden bien en medio del páramo. “Por el pan baila el perro”, se repetía el chaval sin entender el dicho, refugiado ya en la gasolinera donde repostaban los camiones llenos de melones, sandías, chopped y gasofo. Miguel, conocido por ser el gasolinero que más pitillos fumaba en todo el Campo de Dalías, salía de la garita con cara de mala hostia. “A entrenar hoy va mi prima!”, le espetaba al niño que subido a la bici salía ya a todo meter por la carretera, desconfiado y sufridor. Entrenar le gustaba pero la cabeza se le iba de cuando en vez a Playa Mojácar, lugar de veraneo de la familia Berenguel donde adolescentes inglesas acompañaban aburridas a sus padres, llenando el cosmos de Héctor de pantorrillas blancas y dientes sudorosos. Ojalá besarlas. Ojalá olvidarme de mi cuerpo. Pero aquello que era chaparro parecía servir en el campo de fútbol: carrera atolondrada pero intensa, frenada en seco y disciplina unilateral, cualidades que llevaron al encorvado almeriense a iniciar una carrera que, aunque discreta, dejó para el recuerdo 80 partidos como blanquiazul, ocupando una posición que en el Deportivo reciente es igual a droga dura: lateral derecho. Manuel Pablo, López Rekarte, Scaloni, Laureano Sanabria, elenco cubista que tuvo a Héctor como invitado durante seis años en los que nos deleitó con torsiones inconcebibles y centros precisos directos a nobles cabezas. Escorzo amorfo, pelo medieval. Un icono del pasado al que nos agarramos con dulzura, un futbolista de una clase hoy prohibida, la de los abruptos sin peinados, la de los Joma sin suela y sin publicidad en la raja del culo. Aún hoy, en el bar Puerta del Sol, algunos viejos salen renqueantes tras sus sombras y exclaman bajo un cielo partido “carallo se era feo, o desgraciado!”

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