Vomito blanquiazul y se lo traga todo

Él me habla de judíos. Yo le hablo del Dépor. Parece israelí, de hecho, lo confunden por la calle y en los bares, pero es catalán. La primera vez que lo vi me dijo que toda su vida la había vivido sobre mentiras, que se había ido a Tel Aviv el año pasado porque estaba enamorado de una. El vómito lo recoge del suelo. Se lo lleva a la boca directamente desde la plaqueta sucia del baño, lo acumula en sus dedos larguísimos, lo sorbe con interés y luego saca la lengua diciendo “mira, ni una gota”. Un catalán de Santa Maria de Palautordera es la pileta en la que echo toda la mierda deportivista que se me acumula en el cuerpo. Le interesa muchísimo, me acompaña en las jornadas y se preocupa muy honestamente por el devenir del equipo. Aquel partido mañanero contra el Málaga lo vimos sentados en el baño de la casa de un amigo después de una noche de drogas infernal. La gente iba entrando para mear y todos se preguntaban qué hacíamos allí clavados, comiéndonos el portátil. “Fútbol”, decíamos. “El Dépor”, decíamos, y hubo uno que dijo algo así como “¿really?” y a los dos nos dieron ganas de aplastarle el esófago.

Vivir en una ciudad como Berlín y que te guste el fútbol no es agradable, menos si eres del Deportivo. Durante los más de tres años (con cortes) que llevo en esta ciudad no he encontrado una puta oreja a la que le entre ni el más mínimo relato acerca de esta pasión. Sacas el tema y todos te miran, es sabido, con esa condescendencia imbécil acompañada de risita y hasta luego. Mierda pura. Pero ahora tengo un socio. Uno que, después estar horas fumando petas y contarle mil historias sobre Lendoiro llega al día siguiente y te dice que por la noche se puso a leer mil historias sobre Lendoiro. Siendo como es medio hincha (disculpad) del Barcelona todo esto es muy de agradecer. Otros barcelonistas te tratan como Cáritas y se adentran en terrenos pantanosos de los que luego salen pringados hasta las cejas. Él no. Con sus ojos de cernícalo que hace guardia en el Monte del Templo atrapa las sombras de un pasado cuya magia volteo. Arsenio, Stoja, Djalma, los coches tristes por Juan Flórez, las cervezas vacías, a todo le hace un hueco. Ahora vivirá el drama o la salvación, se sentará conmigo a cualquier hora para oír cómo me cago en todos los santos. Será, si me esfuerzo, uno más. Me dejaré la piel, la cabeza, me verá arder. Será mi lugar en el estadio, será el viejo de la boina con las chapas, la visión de los Blues, el olor cargado al entrar por la puerta 11, la Curva Delirio, tan maltrecha, pero que aún se agita. En el próximo partido agarraré su chaqueta porque es muy jodido estar solo. Los nervios se cuecen y la mala hostia cruje teñida de anhelo. Le hablaré de lo que es saltar sudando como un payaso, solo, solo y más solo en tu color, en tu puta cueva, lo que es encarar un pasillo sin luz y echar de menos tantas cosas. Le diré que en el futuro nos sentaremos allí y fumando unos cigarrillos veremos a mi gente temblar.

Captura de pantalla de 2015-05-11 18:30:43

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Atropella a alguien.

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