Real Madrid – Dépor, J23

Jornada 23 de la Liga BBVA 2014-2015. Sábado 14 de febrero.

Real Madrid C.F. 2 – 0 R.C. Deportivo (Isco, 23; Benzema, 73)

La visita del Deportivo al Cementerio Delirante de la Castellana se saldó con una derrota sana, vibrante por momentos, ante un líder cuyo consumo de drogas noquea pero no mata, conservando intacta su belleza de rosca combustible. A saber: salió Víctor Fernández con Manolo y Laureano cubriendo de huesos el flanco derecho de la defensa, cosa emocionante, divertida y legendaria a la vez, manteniendo la estructura ya conocida en el resto de una escuadra que en el Bernabéu disfrutó, alejada definitivamente de aquel saco de miedos que deformaba su figura allá por los meses de noviembre y diciembre. Fue, en efecto, la confirmación de que el equipo es otro, de que respira por cuestiones clasificatorias y de que tiene cierta personalidad, cero tinieblas. Su imagen, ya desde los primeros minutos, se fundió sobre el césped dejando una estela de claridad, con un Cuenca muy vivo que rondó el gol en dos ocasiones. El Madrid, por su parte, no jugaba bien pero hacía ademanes de bestia, muy de la casa, que no parecían importar demasiado al Dépor, que iba a lo suyo de una manera desenfadada pero con suficiente mala hostia como para convertir la broma en sorpresa mayúscula. El blanquiazul, pensando ya en el Celta, se miró más a sí mismo que al rival, acertando de pleno a nivel, digamos, filosófico. Combinó, corrió, alzó sin complejos banderas donde antes reinaba el terror e hizo sentir a la parroquia calambres de orgullo. Mención especial merece el capitán, que jugó por última vez en el estadio blanco, achuchando, balanceándose misteriosamente, redondeando una carrera que tendrá estatua, esperamos clavada en la bahía, cerca de Mera.

Se llegó al descanso con 1-0 y en la reanudación el impulso siguió siendo el mismo, repitiéndose los acercamientos al área del inefable Topor. Borges, con un disparo al palo, y Riera, con un cabezazo criminal, a punto estuvieron de colocar el empate en el marcador, pero nada. O todo. El entrenamiento ya estaba completado. Luego, los minutos se hicieron densos hasta que Benzema estableció el definitivo 2-0 y el madridismo bostezó su celebración de mierda. Cerca de la banda, la mirada esquizoide de Marcelo se cruzó, allá por el minuto 83, con la de Bergantiños, que esperaba el final mientras contraía los labios formando una o. Había un núcleo por allí, una esfera crujiente flotando. Un alma con la que golpear. Y un deseo de seguir jugando que conmueve.

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