Dépor – Granada, J20

Jornada 20 de la Liga BBVA 2014-2015. Domingo 25 de enero.

R.C. Deportivo 2 – 2 Granada C.F. (Piti, 6; José Rodríguez, 34; Lucas Pérez, 38; Ibáñez, 83)

Luuuu-caaaas... El personal se relamía de lo lindo con la vuelta del pirómano del Barrio de las Flores después de que su rodilla izquierda fuese enviada al Centro de Observación Incandescente Saturnino. La visita del colista a Riazor parecía el momento apropiado para que el coruñés realizase unas cuantas incisiones con sus colmillos, azuzando a un público inmensamente necesitado de una inyección como la que le meten a Uma Thurman en Pulp Fiction, pero lo cierto es que fueron los pupilos de Carapiedra los que salieron mejor, más presentes, consiguiendo un gol tempranero cocido en la mantequilla mental de Sidnei y Foda-se Caralha.

La grieta provocada por el tanto de Piti empezó entonces a echar pus, y duró unos cuantos minutos, contagiando la atmósfera y mareando no solo a gaviotas sino también a padres de familia que, vestidos de inútil mañana de domingo, se cagaban dulcemente en las palmas de las manos de sus chiquillos. Fueron ellos los primeros en murmurar y muchos los siguieron, dejando claro que esta temporada el estadio ha perdido tanta magia como el propio club. Sin pueblo y con los Blues aún convalecientes, fueron dos de los elementos más carismáticos y por ende más populares del equipo los que se abalanzaron sobre la defensa comandada por Diego Mainz. En manga corta, con guantes y a la izquierda, Luisinho percutía y montaba una oda al rayo junto a un Lucas Pérez que a día de hoy es de lo poco que nos queda, por empuje y por Amor. Así, tocado por este dúo, el Deportivo configuró dos acercamientos eléctricos a la portería granadina que acabaron por remontar el partido antes del descanso. Dos goles, dos lances, dos luces: pase animal de Bergantiños en el primero, arrancada desde Perillo y posterior penetración en el área de Sidnei Rechel da Silva Júnior en el segundo.

Tras el descanso volvieron las sensaciones torcidas y Lucas dejó su sitio a Fariña entre vítores y sueños orzanísimos. Luisito, también ansiado, rompió la monotonía poco después de ingresar soplando un golpeo tanguero que casi se cuela por la escuadra de Oier. Poco más. El tiempo se hacía plomizo y, aun más o menos asentado, el Dépor olía a tontería y mano a la frente. Al final, pasó lo que les pasa a los equipos azotados por vendavales, inestables, sin alma: empatar con el colista en casa, sin saber muy bien por qué, empapado en lugares comunes, sequedad en la boca, ruedas de prensa vacías, cierto mal fario y expulsiones que lo dicen todo. Ahí plantados. En el dolor de cabeza interminable. El que Luquitas Pérez tratará de reventar.

luquitas

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