Leavin’ Las Flores

En el 2006 el biólogo y urbanista Juan Freire escribió un potente artículo contra la planificación urbana en el que concluía, entre otras cosas, que el experimento “Barrio de Las Flores” había fracasado. Planteado como un proyecto innovador y revolucionario, contaba con zonas verdes y espacio para locales comerciales, todos esos soldaditos que años más tarde los concejales de turno manejarían con destreza para sacarse sobresueldos ya por los siglos de los siglos y amén. Con tal visión de futuro el Barrio de las Flores consiguió un hito sin precedentes: se convirtió en un supermercado de droga con premios arquitectónicos.

No es que Juan Freire se viera imbuido de la perspectiva ceniza económica que ahora nos cierne y viese decadencia por doquier; en aquellos días en los que el hombre se reposó en su teclado de ordenador para escribir estas lineas, en este lado de la A9 la mayoría ni imaginábamos que en apenas dos años Lehmann Brothers iba a practicar vuelo sin motor y nos iba a ofrecer la segunda mejor hostia de lo que llevamos de siglo. Pero todo eso aún no había ocurrido: ni la crisis fue excusa válida.

Juan Freire, que llegó a ser decano de la facultad de Ciencias, retrataba aspectos del Barrio de las Flores con frases como “la delincuencia parece ser un problema crítico y las portadas de la prensa local se han llenado este fin de semana con la noticia de la última redada que ha localizado a más de 40 jóvenes gamberros y/o delincuentes”. Comentaba también, dejando ver una esperanza muy desganada que “[en el Barrio de Las Flores] Degradado y muerto económica, social y culturalmente, las instituciones públicas y las organizaciones ciudadanas proponen y reclaman estos días nuevos planes para su revitalización.”

Desde que se cortó la cinta en 1967, al Barrio de las Flores se ha centrado en pocas disciplinas y de momento no nos han dejado ni una folklórica ni un torero medio decente. Si que dió, como no, además de todos aquellos jóvenes más “activos” que sirven para ser puestos de (mal) ejemplo en cualquier taberna, otra generación de chavales nacidos entre hormigón y balonazos que más que a Laura Pausini coreaban a los Diplomáticos, se pedían Ronaldo en las pachangas y comentaban comiendo pipas la última pelea que habían tenido los de su quartier, sin saber que el deporte los estaba salvando.

El arquitecto Miguel Toba cuenta en un libro que si el proyecto del barrio salió adelante fue gracias a una prostituta alcohólica llamada Rabo de Cocho que iba a convencer a las mujeres a los lavaderos de que las expropiaciones eran buenas, bonitas y baratas y que las casas que iban a tener después sí que eran casas de verdad y no donde habían vivido siempre. Cuando todo pasó, seguro que algunas de aquellas mujeres la buscaron para que les explicase también como cojones se podía salir de aquel laberinto, que también era de verdad y tenía pinta de quedarse para siempre. Sin duda a la Historia siempre le faltan respuestas.

Pero cuando Lucas Pérez nació allí, todo esto ya lo habían rodado.

A principios de los noventa, las familias que se venían a vivir a la zona tenían que elegir entre el BF, Elviña o el Birloque, como si tuvieran que escoger de manera prematura en cual de las drogas de moda iban a caer primero sus hijos. El Barrio de las Flores era una utopía que les impusieron a los vecinos, que imaginaron por ellos, dejando un bunker gris lleno de todo menos de futuro, opaco hasta la médula que parecía tragarse cualquier rayo de luz que lo cruzase como si lo devorase un agujero negro.

Cuando se fue de allí la comisaría de policía de Nuevos Ministerios, por algún motivo todo mejoró. Algo.
El año pasado montaron un mercado solidario. Éste un concurso de tortillas y hasta un festival de rock.

Cuando Lucas Pérez cogió el avión en el Aeropuerto Internacional de Macedonia, era la estrella del subcampeón de la liga griega.
Cuando aterrizó en Alvedro, lo más que le pudieron ofrecer fue dar el pregón de las fiestas del BF.
Ese día algún periodista se armó de valor y decidió definir el barrio en su periódico como “aquel en el que siempre es primavera”.

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Un pensamiento en “Leavin’ Las Flores

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