Panegírico a los nombres bis.

La temporada pasada tuvo algo de temporada avanzada de liga máster, con Espimas ya en la cárcel por evasión fiscal. Por la desconcertante clasificación final de los equipos para alguien crecido en los 90, por acabar con dos jugadores en la plantilla de aquellos con el nombre repetido. De ellos se vienen sendos perfiles.

Te pintaron periquito.
Te llamaron Luis Miguel, no me jodas. Como para que gustaras a las madres: Luis Miguel Afonso Fernandes. Y admirabas a Juan Antonio, Pizzi. Contemplamos de lejos, todo lo lejos que nos queda Madrid, tu sombra desgarbada de soldado de fortuna (¡del ejército del aire!) carente de toda ella mientras, descuidado y a barlovento, colabas por nuestras fosas el milenario olor de todos los renaldinhos que aún no han sido. Y es que los destellos de equipo grande solo consiguen hacer desconfiar al parroquiano pequeño que, cínico del fútbol, sólo cree en auspicios en forma de nombre, número y calzado salpicado de cemento a medio fraguar.
El caso es que tampoco te costó mucho convencernos, como tampoco te costó mucho ganarte empujones en la calle, pues bien sabes que en potreros y pachangas solo recibe aquel por quien se siente respeto. Te exigían pecho firme y acabaste encontrando el refuerzo en el metal enclenque de las gafas de Harry Potter para volver a hacer magia redentora de ti mismo, que era magia para todos aunque te dijéramos que no que no y que no.
Ahora, mientras Aguirre coge los plastidecor y te pinta periquito para volar más bajo y más firme, te seguimos negando tres veces mientras pensamos en voz baja para que nadie nos saque las vergüenzas que ojalá verte crecer, ojalá verte sacar el carné y encontrar la marcha atrás, ojalá más tú y menos nosotros. Ojalá más Portugal y menos improvisar.

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El emperador cadáver
Te llamaron Claudiano Bezerra, no me jodas. Había algo genial en tu nombre y alguien decidió completar la faena añadiendo un Kaká que te convirtió en el generador de confusión definitivo.
Claudiano, el Emperador del área jugando en el equipo del Emperador de los despachos, los bufetes y las cenas a deshora. Bezerra, para restar glamour, en un toque consciente de comedia bufa. Da Silva, para dar un poco se ilusión, pues aún a día de hoy, y estamos en 2013, seguimos pensando que no hay da Silva malo. Y Kaká, para que al decir “el Kaká malo” no quede demasiado claro de quién estamos hablando.
¡Un suplente del Videoton en el invierno gallego!
¡De Székesfehérvár a Coruña!
¡De Álvaro Brachi a Aythami Artiles!
¡Tráete recuerdos de Stopira, Claudiano!
Gozamos por puro placer estético, ilusionándonos por recordarte dentro de 20 años con lágrimas en las mejillas al ver una camiseta de aquel brasileño que vino de Hungría, el mágico magiar del jogo bonito, el retorno a los 50 de un equipo sin historia (ya, ya, que es la tradición, claro). Pero claro, no.
Pensábamos que serías lluvia y no pasaste de cielo encapotado. Incluso jugaste algunos partidos, pero estábamos tan pendientes de todo lo demás que ni te vimos aparecer por el campo. Te suponemos sólido y no demasiado lucido, cualidades atemporales del brasuca de gama baja, enfundado en tu chupa de cuero azul que reafirma una personalidad misteriosa, muy a juego con un rostro de facciones exageradas y con tu compromiso con una entidad cadavérica como la nuestra.
Te quedas un rato más, Claudiano, y pareces esperar a que realmente te veamos jugar y nos desesperemos y te deseemos una pronta retirada en algún país del este. Pero claro, (quizás) no.

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Atropella a alguien.

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